
Fic TOLL de Lett_kltz
Capítulo 21
— Y se los juro, en ese momento todo se me salía de las manos —les explicaba a las chicas mientras sostenía mi taza de café, buscando la mirada de cada una— Me di cuenta de que me estaba dejando llevar demasiado. Empecé a sentir cosas por él… cosas reales, y eso no estaba en el plan. Tom es… Tom, y yo estaba me estaba comportando como un idiota. Al final, tuve que devolverle todo lo que me había dado y cortarlo de raíz antes de que esto vaya aún más lejos. Fue lo mejor que pude haber hecho…
Sasha, Lia y April me escuchaban en completo silencio, prestando atención a cada una de mis palabras con rostros que reflejaban una mezcla de asombro y comprensión.
Sasha fue la primera en romper el silencio, tomando un sorbo de su bebida y asintiendo con la cabeza.
— Te entiendo perfectamente, Bill, y de verdad qué bueno que tuviste los pantalones para pararlo en seco —dijo con voz suave pero firme— Ya hiciste lo que tenías que hacer. Además, piensa en lo que se te viene encima: con todo este rollo del modelaje, las cámaras y la prensa van a estar sobre ti muy pronto. Estar metido en un lío con un tipo casado habría sido súper peligroso para tu imagen.
— Sin contar la amenaza de Rodrigo —intervino Lia, cruzándose de brazos mientras miraba hacia la ventana— No te olvides de ese enfermo. El tipo está completamente loco y en cualquier momento pudo haber descubierto lo tuyo con Tom. Bill, fue lo mejor que pudiste hacer; ese hombre es una amenaza constante y nunca se sabe de qué es capaz.
— Lia tiene toda la razón —apoyó April, inclinándose hacia la mesa para bajar el tono de voz— Rodrigo los vio juntos un par de veces. Aunque ahora hayas cortado a Tom, si Rodrigo sigue al acecho, su cabeza enferma va a seguir atando hilos. Necesitas confundirlo por completo, hacerle creer que lo que vio entre ustedes no fue nada o que fue un simple malentendido.
— ¿Y cómo sugieren que haga eso? —pregunté, frunciendo el ceño con curiosidad.
— Consíguete una fachada —respondió Sasha sin vacilar, mirándome a los ojos con determinación— Empieza a dejarte ver públicamente con otra persona. Sal con alguien más, que te vean riendo, en citas, que sea evidente que tu atención está en otro lado. De esa forma, si Rodrigo intenta buscar algo para destruirte a ti o a Tom, la pista se le va a romper en la cara. No va a tener por dónde atar los hilos si te ve con alguien completamente diferente.
Me quedé en silencio unos segundos, analizando la propuesta.
— Tienen razón —admití, soltando un largo suspiro— Rodrigo está loco y no puedo darme el lujo de bajar la guardia. La verdad es que ahora mismo no tengo ganas de meterme con nadie, quiero estar solo, pero mantener una fachada para distraerlo es lo… mejor que puedo hacer.
Ladeé la cabeza y, sin querer, la cara de Dante se me vino a la mente.
— Tal vez Dante sea el candidato perfecto para eso… —murmuré casi para mí mismo.
Me sentí extraño al pensarlo. Era un sentimiento absurdo y ridículo porque he usado a chicos a mi conveniencia sin que se me moviera un solo pelo, pero con Dante sentía una ligera culpa; el chico era realmente atento, divertido y simpático, y la idea de usarlo como un simple escudo contra Rodrigo me dejaba un mal sabor de boca. Sin embargo, en este juego las reglas eran claras: mi seguridad e imagen iban primero.
— En fin, ya veré cómo manejo a Dante —cambié de tema, pasándome las manos por la cara con pesadez— Lo que me tiene enfermo es lo que me espera dentro de unas horas en mi casa. Va a ser un auténtico calvario.
— ¿Por qué? ¿Qué pasó? —preguntó Lia con curiosidad.
— Mis padres fueron a la agencia hace unos días a revisar todo, les pareció seguro y firmaron los permisos —les conté, relamiéndome los labios— Y ahora resulta que mi papá quiso organizar una reunión en la casa para «celebrar». Invitaron a toda la familia, y aunque les rogué que no invitaran a la estúpida de la tía Heidi, mi papá se negó rotundamente. Me salió con el cuento de que «es de la familia» y que, como ella también trabaja en el medio, podría darme varios «consejos».
Solté una risa amarga y negué.
— ¿Y que consejos me va a a dar esa bruja? Por favor. Sé perfectamente que no me dará ni uno. Solo va a ir a mi casa a intentar desanimarme con sus comentarios de mierda y su actitud pasivo-agresiva.
Sasha se estiró en la mesa y me dio un apretón cariñoso en la mano.
— Ni le prestes atención, Bill. Tú sabes lo que vales y el talento que tienes. Mantén la cabeza fría, quédate sereno y no le des el gusto de ver que sus comentarios te afectan.
— Sí… eso haré —asentí, tratando de mentalizarme— No voy a dejar que me arruine el momento.
Después de unos minutos, nos despedimos. Caminé de regreso a casa disfrutando del aire fresco, intentando dejar la mente en blanco. Al llegar, subí directamente a mi habitación, me metí a la ducha para intentar despejarme y me vestí con algo impecable pero relajado, ideal para recibir a los invitados.
Me miré al espejo una última vez, ajustándome el cuello de la camisa y comprobando que estuviera perfecto.
Baje abajo después de ordenar un poco mi habitación, encontrándome a mis padres en la cocina de aquí para allá, preparando bocaditos y bebidas.
Mi madre me vio y sonrió, agarrando un trapo para limpiarse las manos.
— Bill, cariño. Ayúdanos con las bebidas, ¿puedes ir a dejar estás dos botellas al patio? —sonrió, extendiendo dos jugos de naranja.
Asentí, tomándolos con cuidado y llevándolos al taburete bajo la pérgola para que el sol no les de. Me senté ahí e inmediatamente mi mente viajó a otra dimensión. No sé cuántos minutos estuve así, hasta que escuché las puertas abrirse y a mi padre parado ahí.
— Ya llegó la familia de tu madre —abrió un poco más las puertas, mientras las voces y risas dentro de la casa se hacían más audibles.
Sonreí.
La familia de mi madre era la mejor, con ellos sí me entendía.
— ¡Bill! —dijo la voz de mi abuela en cuanto me vio.
Me paré de un brinco y fui corriendo a abrazarla.
— ¡Ah, mira! —ella me recibió, dándome muchos besos en la mejilla. Se separó un poco y me vio mejor, mientras tocaba mi cabello con fascinación— ¿Qué te hiciste en el cabello? ¡Estás hermoso! ¿A qué sí Nora? —le preguntó a mi tía, que entraba con los demás.
— Solo un pequeño cambio de look… —respondí, medio avergonzado.
— Si, estás muy bonito, Bill —sonrió.
Fui a recibirlos a ellos también, dándoles besos y abrazos, mientras me halagaban y me felicitaban a montones. Después de estar platicando como media hora más llegaron Heidi, sus hijas y… Tom.
Se me fue el aire al verlo otra vez, pero ya no había alegría sino una amargura que me recorría la boca y todo el cuerpo. No les quise dar importancia, así que me concentré más en mi abuela.
— ¡Bill! —giré el rostro y ví a mis abuelos paternos acercarse. Los abracé también mientras les ofrecía bebidas.
Al final, ellos se quedaron hablando con mi otra abuela. No quise entrometerme en sus conversaciones de adultos. Mejor, fui a la cocina para traer los bocaditos, pero al entrar ví a Brian hablando con mis padres…
— Hola, Brian —salude, parándome a su lado— ¿Dónde están Robert y Bianca? —pregunté con curiosidad porqué no lo había visto rondando por la casa.
— Hola, Bill —me saludo también, con media sonrisa— Ellos están por llegar, no te preocupes.
— Ah… —solté yo— Mamá, voy a llevar los bocaditos afuera.
Ella asintió sin mirarme, siguiendo en lo suyo.
— Está bien, cariño.
Me di media vuelta, agarré las charolas y salí de la cocina como pude, pero en cuestión de segundos, ya tenía a Brian a mi lado, ayudándome.
— Debo admitir que me sorprendió la noticia… —dijo después de estar caminando en silencio por el pasillo.
Fruncí el ceño, mirándolo de reojo.
— Ahm… ¿por qué?
— Tu sueño siempre fue ser cantante, por eso… —murmuró, agarrando mejor las bandejas.
Infle las mejillas, lo pensé un momento y dejé salir el aire.
— Las cosas cambian… decíamos eso cuando teníamos diez, éramos muy pequeños e indecisos… ahora, esto me llama la atención, aunque eso no significa que no me gusta como cantaba —me encogí de hombros, frunciendo los labios.
— Si, tienes razón. Me alegro y te deseo lo mejor. Ten por seguro que yo estaré viendo cómo triunfas, eh.
— ¿Oye, y… lo tuyo y la beca ya es un hecho?
—Sip… —respondió, con una sonrisa más grande— Estaré una semana más en Alemania, luego empacare mis maletas y le diré hola a Japón.
—¿Estudiaras la universidad allá también? —volví a pregúntale, lleno de curiosidad.
Mis palabras le borraron la sonrisa un poco, se aclaró la garganta y soltó una risita para que no lo notará.
— Si… es difícil, voy a extrañar a mi familia, pero es un sueño por el que he luchado desde niño.
— En cierto… me alegro mucho por tí…
Abrí la puerta con una mano, cuidando de no dejar caer nada al suelo. Le dije a Brian que me ayudara y se encargará de los invitados del fondo (una solución para no tener que ir y tener a Tom frente a frente) yo me fui por el otro lado. Cuando termine, deje la bandeja y me senté, sirviéndome un vaso lleno de jugo que me tomé en un dos por tres.
El resto de la tarde me la pasé hablando con Brian, aunque no podía evitar que mis ojos se fueran a Tom de vez en cuando. En eso, la voz de mis padres puso fin a las conversaciones de todos. Ellos estaban en medio, con copas de champagne.
— Por favor, un brindis por Bill…
Todos los invitados alzaron sus copas, haciendo resonar un murmullo de felicitaciones y buenos deseos en el patio. Yo solo sonreí de forma comprometida, tomé la copa de champagne que estaba sobre la mesa y me la bebí de un solo sorbo.
Poco después, Brian se retiró a la mesa del fondo a platicar con sus abuelos y me quedé completamente solo en mi lugar. No pasaron ni dos minutos cuando el ambiente a mi alrededor se volvió extrañamente pesado, helado y denso. Ni siquiera tuve que adivinar; ya presentía perfectamente quién se estaba acercando.
Escuché el siseo de la tela de su vestido y sentí el peso de alguien sentándose en el espacio vacío a mi lado. Me volteé a medias y ahí estaba la víbora de Heidi, sonriéndome con falsedad.
— Y dime, Bill… ¿cómo está eso de que vas a ser modelo? —preguntó, cruzándose de piernas.
— Ajá, si… —solté sin ganas, desviando la mirada hacia las plantas del patio para no tener que verle la cara.
— Mhmm… ¿Y cómo fue que lo lograste, eh? —insistió, inclinándose un poco hacia mí— ¿Fuiste a rogarles a la agencia a que te dieran una oportunidad? Porque sé muy bien cómo funcionan estas cosas cuando alguien no tiene contactos ni trayectoria…
Rodé los ojos con fastidio y dejé salir un resoplido de pereza. Luego, me giré lentamente hacia ella, barriéndola de arriba abajo con la mirada más arrogante y despectiva que pude poner.
— Mhm… ¿no? —respondí— La verdad es que yo no tuve que ir a rogarle a nadie… como otras.
Hice una pequeña pausa para asegurarme de que la indirecta le diera directo, antes de continuar con una sonrisa radiante.
— Estaba caminando tranquilamente de regreso del colegio y un hombre me paró a mitad de la calle. Me halagó a montones, me dijo que soy absolutamente perfecto para el modelaje y que tenía presencia. Digo… tía, ¿acaso no ves esta cara? —bromeé con pura superioridad, apoyando la palma de mi mano en mi mandíbula y posando para ella— Me dió su tarjeta y fue a una prueba fotográfica.
A Heidi se le tensó la mandíbula y la cara de envidia se le notó a leguas, aunque intentó disimularlo soltando una risita seca y nerviosa.
— Ah, sí, claro, seguro… —murmuró, cruzándose de brazos— Y a ver, según tú, ¿cómo se llamaba ese «hombre»?
Hurgue un segundo en mi memoria buscando el nombre que me abordó en París.
— Jean-Luc —respondí con total naturalidad— ¿Por qué?
En cuanto el nombre salió de mis labios, la máscara de Heidi se cayó a pedazos. Apretó los labios, sus ojos se abrieron de par en par con un destello de sorpresa y desconcierto, y hasta pareció perder el aliento por un segundo.
— ¿J-Jean-Luc? —titubeó, bajando el tono de voz, incapaz de disimular que conocía perfectamente ese nombre en el mundo de la alta costura.
— Sí, Jean-Luc —repetí, asintiendo.
La víbora se aclaró la garganta rápidamente, reajustando su postura en la silla y tapando su evidente sorpresa detrás de una sonrisa falsa y condescendiente.
— Vaya, qué suerte la tuya… —soltó con un tono dulzón, emponzoñado de veneno— Aunque, cariño, déjame darte unos cuantos consejos de profesional. No quiero que te coman vivo apenas pises un set. Por ejemplo, en la cámara hay que saber esconder los defectos… y bueno, tú con esa fisonomía tan andrógina y esos vestuarios vas a tener que esforzarte el doble para no parecer una… caricatura de los sesenta.
— Ah, claro… lo haré —dije fingiendo atención total, asintiendo con la cabeza como si estuviera tomando atenta nota mental, aunque por dentro la estaba quemando viva en la hoguera.
— Te lo digo porque ahora seremos compañeros, ya sabes —continuó, inclinándose un poco— Yo trabajo frecuentemente con las mismas agencias y marcas que ellos manejan. Es una industria muy seria, Bill. No es un juego de niños ni una pasarela escolar. Intenta no hacer el ridículo, porque una mala primera impresión te arruina la carrera para siempre. De verdad te deseo mucha suerte intentando hacerte un nombre… es un camino larguísimo y sumamente difícil para la gente común.
Solté una risita ahogada, quite la mano de mi mandíbula y desvíe la mirada hacia mis uñas antes de volver a clavarle los ojos.
— Agradezco muchísimo tus «preocupaciones», tía, de verdad —comencé con una voz suave— Pero no te mortifiques tanto. En la prueba de cámara que me hicieron quedaron completamente fascinados conmigo. Y bueno… es normal, al final del día la industria siempre está buscando rostros jóvenes, frescos y con talento nato, no estéticas que ya van de salida.
A Heidi casi se le atraganta el sorbo de vino que acababa de dar. La vena de su cuello se le marcó por un segundo.
— El entusiasmo de la juventud siempre es muy tierno —contraatacó ella, entrecerrando los ojos— Pero el modelaje de alta costura requiere elegancia, madurez y disciplina, algo que no se consigue solo por tener diecisiete años y ponerse unos trapos negros. Ya veremos cuánto te dura el encanto cuando veas lo exigentes que son los diseñadores de verdad.
— Tienes razón, la disciplina es clave —le regalé mi sonrisa más descarada y perfecta— Pero supongo que cuando uno nace con ese «algo» especial que la cámara ama, la mitad del trabajo ya está hecha. No dejaron de repetirme que tengo una presencia magnética que no se puede fabricar. Así que quédate tranquila, tía… estoy más que listo para brillar. Y quién sabe, tal vez pronto me veas en las portadas que tú siempre quisiste.
Al terminar de decir aquello, me puse de pie, le tiré un beso al aire a su rostro congelado por la rabia y le di la espalda.
Caminé hacia el interior de la casa y me encerré directamente en el baño. Apoyé ambas manos sobre el lavabo, respirando con agitación mientras me miraba al espejo. Inmediatamente, una ola helada de déjà vu me atravesó el pecho. Recordé la vez que Tom me había seguido hasta este mismo baño y nos devorarnos de una manera salvaje contra la pared.
Sacudí la cabeza con desesperación, abrí la llave del agua fría y me mojé la cara sin importarme en absoluto si arruinaba mi maquillaje. Necesitaba apagar el ardor que me quemaba por dentro. Me sequé toscamente con la toalla y salí de ahí.
Sentía una opresión extraña en el estómago, una inquietud constante que me empujaba a buscar algo con qué ocuparme. Fui directo a la cocina con la idea fija de buscar bocaditos; abrí la alacena, tomé un par de galletas y las devoré casi sin masticar, buscando instintivamente platos y charolas para seguir picando cualquier cosa que estuviera al alcance de mis manos.
Estaba de espaldas acomodando una pequeña charola con chocolates cuando una presencia a mi lado me hizo congelar los movimientos.
Me giré despacio encontrando a… Tom, apoyado contra la barra, tomándose un vaso con agua a pequeños sorbos.
Me detuve un segundo, sintiendo cómo el pulso se me aceleraba de golpe. Sin embargo, apreté los dientes, fingí que no me afectaba y me adentré más en la cocina para tomar lo que faltaba. El silencio entre los dos se volvió tan denso y pesado que ni siquiera el sonido de nuestras respiraciones parecía escucharse en el aire.
Agarré la charola con fuerza y me di media vuelta para salir de ahí lo antes posible. Justo cuando estuve a un paso de cruzar el marco de la puerta, su voz resonó.
— Me alegra que hayas cumplido eso de ser modelo…
Dejé salir un aire tembloroso por la boca, manteniendo la mirada fija hacia el pasillo, incapaz de voltear a verlo.
— Gracias… —susurré apenas.
Sin decir una sola palabra más, apresuré el paso y subí corriendo las escaleras directo hacia mi habitación con el corazón desbordando y amenazando con salir de mi pecho.
&
Pasaron los días, luego las semanas… y la vida siguió su curso con una rapidez aterradora.
Mi carrera como modelo se convirtió en un éxito rotundo. En poco tiempo mi cara comenzó a aparecer en revistas locales, vallas publicitarias y campañas de marcas reconocidas en el mundo de la moda. Los fotógrafos amaban trabajar conmigo y la fama empezaba a crecer como la espuma. Además, el plan de usar a Dante funcionó a la perfección: Rodrigo nos vio juntos en un par de ocasiones, paseando y riendo por la ciudad, lo que pareció ahuyentar sus sospechas sobre Tom y mantenerlo a raya.
A los ojos de todo el mundo, yo lo tenía absolutamente todo, pero por dentro… por dentro me sentía completamente solo.
Era una soledad fría y aplastante que se instalaba en mi pecho, incluso cuando estaba rodeado de decenas de personas en los sets de fotografía, los desfiles o el colegio. Esta sensación constante de que algo me faltaba era desesperante y frustrante, porque ya no quería seguir sintiéndome así. No quería ser este cascarrables melancólico, pero la rutina que inconscientemente había creado al lado de Tom empezó a caerme encima con todo su peso.
Extrañaba sus llamadas a deshoras, su presencia, la adrenalina de vernos a escondidas, sus manos, sus besos… hasta su maldita posesividad. Las cosas ahora se sentían monótonas, grisáceas y sin chiste. En el colegio me estaba exigiendo al máximo, estudiando hasta la madrugada para no bajar mis calificaciones y cumplir la promesa que le hice a mis padres. Lo manejaba, claro que sí, a mi manera, pero el cansancio físico y mental me estaba consumiendo. Aunque era un precio a pagar, yo elegí esto, no podía quejarme más.
— “Eres un imbécil, Bill” —me repetía a mí mismo cada noche frente al espejo, regañándome con rabia.
Me daba coraje conmigo mismo porque fui yo quien decidió cortar todo de raíz. Fui yo quien le dijo que solo era un maldito juego. Sé que fue la mejor decisión que pude haber tomado, la más sana para mi vida y mi futuro… pero entonces, ¿por qué demonios me dolía tanto? ¿Por qué sentía que me faltaba el aire cada vez que lo cruzaba en alguna cena familiar y actuábamos como dos completos extraños?
Me estaba volviendo loco…
Empujé la puerta de la cafetería y el aroma a grano tostado me recibió de golpe. Caminé hacia una mesa, me dejé caer en la silla y apoyé los codos sobre la madera, sobándome las sienes con frustración.
Había llegado temprano para encontrarme con Sasha, Lía y April, pero tener unos minutos a solas solo fue la peor de las ideas. De inmediato, la imagen de Tom volvió a invadirme la mente. Me carcomía recordarlo… ¡Ugh, me odiaba! Me odiaba con toda mi alma por haberme metido en este laberinto, me odiaba por extrañarlo como un imbécil. Miré la taza frente a mí y empecé a mover la cuchara con violencia, haciendo un ruido metálico desesperante sobre la porcelana. Estaba irritado, inestable, con los nervios a flor de piel.
A los pocos minutos las chicas llegaron riendo, hablando sobre algún examen o alguna tontería del colegio, pero yo apenas las registré. Me quedé ido, con la mirada clavada en mi regazo, apretando las manos en puños hasta que los nudillos se me pusieron blancos.
— ¿Bill? —la voz de Sasha me trajo de vuelta, aunque sonaba lejana— Oye… ¿estás bien?
— ¿Eh? Sí, claro —respondí de golpe, alzando la cara con una sonrisa rígida que no me llegó a los ojos— Perfectamente…
Lia y April intercambiaron una mirada de preocupación y se inclinaron hacia la mesa.
— Bill, por favor, llevas semanas actuando así —insistió Lia, cruzándose de brazos— Estás distraído, distante, como si estuvieras en otra dimensión. Te hacemos una pregunta y tardas tres años en responder o te pones de un humor insoportable sin razón. ¿Qué te pasa?
— Les dije que no me pasa nada… —solté con un tono más alto de lo que pretendía, haciendo que April se sobresaltara— Solo… es el colegio, ¿bien? Y las sesiones de fotos. Estoy agotado, tengo mil cosas en la cabeza y no me da la vida para andar aguantando cuestionarios.
— No nos mientas, somos tus amigas —dijo April suavemente, sin engancharse con mi ataque— Con nosotras no tienes que ponerte esa armadura. Confía en nosotras, Bill.
Apreté los labios. Sentí un ardor caliente detrás de los ojos y la garganta se me cerró de golpe. Mi cerebro gritaba «Cállate, no seas débil, no les digas nada», pero la presión en mi pecho era tan destructiva que terminó explotando.
— ¡Es que no lo entienden! —comencé a hablar a mil por hora, gesticulando de forma errática y desesperada— Llevo días… no, ¡Semanas! pensando en Tom todo el maldito tiempo. Y me da una rabia enferma porque me repito que no debo, que yo fui el que cortó todo y sé que hice lo correcto, ¡juro por mi vida que sé que fue lo mejor! Pero luego… no sé, me entran unos ataques dementes de querer salir corriendo a buscarlo, de ir a su casa, de gritarle, de rogarle ¡Lo que sea con tal de tenerlo enfrente! Y me da un miedo que me ahoga porque yo nunca me he sentido así por nadie…
Me pasé las manos por las rastas con violencia, halándomelas un poco como si quisiera arrancarme la cabeza para apagar los pensamientos.
— Y luego pienso en Dante y me siento como una basura porque el chico es perfecto y a mí me importa un carajo, solo quiero a Tom, pero al segundo siguiente lo detesto y me digo que soy un genio por haberlo dejado, pero me despierto a mitad de la noche queriendo escuchar su voz… ¡Es algo que me está volviendo completamente loco! Siento que la cabeza me va a estallar, de verdad quiero arrancarme el cerebro para no sentir esto.
Me detuve en seco, respirando con agitación, con el pecho subiendo y bajando bruscamente.
Sasha, Lía y April se me quedaron viendo en silencio. La velocidad y el caos con el que solté todo las había dejado completamente descolocadas; mis palabras sonaban tan confusas, inmaduras y desbordadas que claramente no sabían ni por dónde empezar a procesar la maraña de emociones que traía encima.
— Y sí… la verdad es que me siento vacío —añadí en un susurro amargo, bajando la cabeza para mirar mis manos temblorosas— Tal vez sea ese maldito vacío el que me impulsa a querer buscarlo cada vez que la tristeza me gana. Y es tan absurdo, porque no estoy solo. Se se supone que tengo una vida increíble ahora: modelo, voy a fiestas, estoy rodeado de cámaras, la gente me conoce… pero aun con todo eso alrededor, hay un hueco en mi pecho que no se llena con nada.
Sasha suspiró hondamente, pasándose una mano por la frente, visiblemente abrumada porque ni ella misma sabía muy bien qué decirme ante semejante desastre.
— Bill… estás en medio de una crisis gigante —murmuró con cautela, mirándome con preocupación— Pero lo que sí te digo es que bajo ninguna circunstancia puedes ir a buscar a Tom ahora. Sería un error…
Lía se inclinó un poco más sobre la mesa, clavando sus ojos en los míos.
— Bill… ¿Te enamoraste de él?
Me le quedé viendo congelado por un segundo y negué con la cabeza de inmediato.
— No… no sé —balbuceé, sintiendo un nudo ahogante en la garganta— Mis sentimientos son un asco de confusos. En el fondo sé que estaba empezando a sentir algo por él, pero ahora… no sé si es algo más grande o si simplemente me acostumbré a su presencia, a tenerlo ahí. Pero tampoco lo quiero cerca de nuevo, ¡juro que no quiero volver a caer en eso! Pero, pero… pero luego lo extraño, aún así no quiero, yo… ¡ahg!
— Ay, Bill… te estás recontra negando —intervino April, cortando mis excusas de un solo golpe— Estás en una contradicción total y absoluta.
La miré, pero ella continuó mirándome directamente a los ojos.
— Escúchate hablar por un segundo —siguió, haciendo un gesto con la mano— Por un lado, tu orgullo, tu ego y tu cerebro te dicen que lo odias, que hiciste lo mejor al dejarlo… pero por el otro, tu corazón está completamente enganchado. Te enamoraste de él, Bill, aunque te dé pavor admitirlo porque sientes que perderías el control. Tu cabeza dice una cosa, pero tus emociones dicen otra completamente distinta. Por eso sientes que te vas a volver loco.
Me quedé completamente callado. Sus palabras cayeron como baldes de agua helada sobre mi cabeza, dejándome sin un solo argumento para defenderme. Tenía razón. Era exactamente eso: mi orgullo peleando a muerte contra lo que de verdad estaba sintiendo por dentro.
— Pero escucha lo que te dijo Sasha —retomó Lía con tono firme pero comprensivo— Aunque te estés muriendo por dentro y aunque lo ames, no es bueno que lo busques. Tienes que aguantar. Es algo dificilísimo y te va a doler como un demonio, pero es completamente necesario para tu vida.
No fui capaz de articular ni una sola palabra. Me limité a quedarme ahí en silencio, con la mirada perdida en la mesa, tratando de procesar, analizar y digerir cada una de sus palabras mientras el peso de la verdad me aplastaba el pecho.
— Sí… seguro. Eso haré —murmuré después de unos largos minutos, sin fuerza, asintiendo de manera mecánica con la cabeza.
Las chicas continuaron hablando, dándome más consejos, tratando de consolarme y explicándome con paciencia cómo debía llevar el proceso, pero mi mente simplemente se apagó. Volví a desconectarme por completo de la realidad; sus voces se convirtieron en un murmullo lejano que ni siquiera podía procesar. Solo quería huir, quería estar solo.
En cuanto pude, me despedí con una excusa torpe y regresé a casa a paso apresurado. Subí las escaleras, cerré la puerta de mi habitación con seguro y, sin siquiera quitarme los zapatos o la chaqueta, me dejé caer de golpe sobre la cama.
Me abracé a mí mismo, apretando la almohada contra mi pecho con una rabia desesperada, tratando de contener ese nudo helado que amenazaba con destrozarme por dentro.
— Tonto corazón… —susurré contra la tela, con la voz ahogada y temblorosa— Perdiste tú… yo no. Tú perdiste, yo no… Por favor, sal de mi pecho y vete con otro idiota…
Pero no pude contenerlo más.
El dolor estalló en mi garganta y las lágrimas comenzaron a brotar a montones, ardientes y sin ningún control. Me encogí sobre las sábanas, soltando un llanto desgarrador, de esos que te dejan sin aire en los pulmones. Era esa rabia punzante mezclada con la más pura impotencia. Me sentía patético, pequeño y vulnerado.
Es una mierda sentir que por más que tu mente entienda perfectamente qué es lo correcto, el pecho simplemente no entiende de razones.
Es horrible extrañar la presencia de alguien que sabes que no es bueno para tí, y da un pánico brutal darte cuenta de que le entregaste el control de tus emociones.
Lloré por mi orgullo pisoteado, por la soledad que me quemaba por dentro, por la rutina que extrañaba, por todo.
— No debí… no debí dejar que pasara… desde un principio no debí meterme ahí —me recriminaba entre hipos, limpiándome la cara toscamente con el antebrazo mientras las lágrimas no paraban de caer.
Lloré hasta que la cabeza me retumbó y la garganta me ardía. Las emociones me tenían atrapado en un remolino violento del que no podía escapar. Yo lo sabía, sabía que el fuego quemaba y decidí jugar. Yo sabía que el vidrio cortaba y… Aún así lo agarre con las manos. Ahora estas estaban sangrando. ¿Dónde está el Bill de antes? ¿Dónde está? Toma mi cuerpo, toma mi mente, no quiero esta versión de mí…
En un impulso por acallar el ruido en mi mente y encontrar un poco de paz, estiré la mano hacia la mesa de noche. Mis dedos tropezaron con el pequeño frasco de medicamentos para dormir que me había visto obligado a comprar días atrás, cansado de dar vueltas en la cama hasta el amanecer.
Con las manos temblorosas y la vista completamente borrosa por el llanto, destapé el frasco. Saqué dos pastillas, me las llevé a la boca y las tragué con dificultad, sintiendo el nudo amargo atascado en mi garganta.
Me volví a acomodar en la cama, abrazando la almohada con fuerza. Me quedé ahí acostado, sintiendo las lágrimas rodar en silencio por mis mejillas, esperando con desesperación a que el efecto de la medicina finalmente me apagara la mente y me arrastrará al abismo del sueño.
No sabía qué hacer, no sabía a quién escuchar…
Continúa…
Gracias a ustedes por leer y no olviden dejar su amor en los comentarios 😉
DIOOOOOS soy Bill extrañando a mi ex y el ya ni me piensa, ni le importo, ya hasta nueva pareja tiene 🤧
JAJAJAJ somos dos Cami 💔😭
AMOOOOO, DE VRD ESTABA ESPERANDO ACTUALIZACIÓN DEL FIC LETT 💕😭 amo tu forma de escribir no me cansaré de decirlooo, no quiero q terminen separados Bill y Tom amo q estén juntos dios de vrd q no puedo. Esperaré la actualización con muchas ansias y emoción 💘
Muchas gracias, Val. De verdad me motivas muchísimo a seguír escribiendo 💞🥰