Notas: Este fic tiene contenido explícito, personaje trans y temas de adulto. Lea bajo su responsabilidad.

Fic Toll de ZenTortugaHua

Capítulo 1: Kimberly

El Cadillac negro se detuvo frente al club con la suavidad de quien no tiene prisa.

Un hombre de traje negro descendió del asiento del conductor. Tenía una expresión tan fría que nada parecía perturbarlo.

Los guardias en la puerta se apartaron y abrieron de inmediato.

Cruzó la entrada sin mirar a nadie.

Las conversaciones se apagaron apenas lo vieron, como si el silencio fuera una regla no escrita.

El hombre continuó avanzando por el lugar con el mismo paso firme, sin detenerse, sin volver la cabeza.

Nadie hizo preguntas y nadie habló.

Parecía conocer aquel lugar mejor que cualquiera de los presentes.

Subió aquellas gradas elegantes sin vacilar. Y al final del pasillo giró a la derecha, camino hacia la tercera puerta.

La abrió sin tocar.

La escena que encontró era exactamente lo que esperaba.

Un hombre gordo de unos cuarenta años, sudoroso y jadeante, estaba follándose sin nada de suavidad a una mujer sobre la cama.

La mujer tenía la espalda arqueada y las piernas abiertas rodeando la cintura gruesa del cliente. Sus senos se movían con cada embestida brutal, y gemía con voz ronca y placentera, claramente disfrutando.

Poseía un cabello azabache que parecía tener destellos. Lo traía desordenado, y poseía una piel tan pálida que estaba cubierta de sudor. Pezones rosados duros por la excitación y una vulva del mismo tono de sus pezones que tragaba aquella polla con facilidad.

Ella tenía los ojos entrecerrados de placer, mordiéndose el labio inferior mientras movía las caderas para encontrarse más con las embestidas.

—Más fuerte…— Jadeó con voz entrecortada y llena de lujuria.— Así… oh, sí…

El hombre se quedó un segundo en la puerta, observando.

No por morbo. Solo evaluando.

El imbécil que le debía más de ochenta mil euros ni siquiera notó su presencia. Estaba demasiado ocupado gruñendo y embistiendo como un animal.

La mujer, en cambio, sí lo vio.

Sus ojos avellana se abrieron de golpe al ver a ese desconocido parado en la puerta.

Por un instante, su mirada era de sorpresa, curiosidad y sobre todo de un brillo de interés.

Pero él no le dio tiempo de reaccionar.

Sacó la pistola con silenciador en un movimiento fluido y apuntó.

Un solo disparo limpio en la nuca.

El hombre gordo cayó hacia adelante, muerto en el acto, directamente sobre el pecho de la pelinegra.

La sangre caliente salpicó su torso pálido, sus pechos, su cuello y parte de su rostro.

Ella soltó un grito ahogado de puro terror.

—¿¡Qué carajos!?— Gritó, empujando el cuerpo pesado con asco y miedo. La sangre le corría por la piel.— ¡Hijo de puta! ¡Estaba a punto de correrme!

El hombre en la puerta guardó la pistola con calma, sin inmutarse.

La mujer lo miró furioso, respirando agitada. Su cuerpo todavía temblaba de excitación interrumpida y ahora de adrenalina.

—¿Sabes cuánto me iba a pagar este cerdo?— Escupió, empujando el cuerpo hasta que cayó al suelo en un golpe sordo.— ¡Me arruinaste la noche, idiota!

Él la miró en silencio. Sus ojos recorrieron su cuerpo desnudo y ensangrentado.

Había algo salvaje y hermoso en esa imagen.

Sin decir una palabra, metió la mano en el bolsillo interior de su saco y sacó un grueso fajo de billetes, que cayó sobre su pecho.

Más dinero del que ese gordo le habría pagado.

Confundida, vio el dinero, luego al hombre, que ya se estaba girando para irse.

—Espera…— Dijo, en la cama sobre sus codos.— ¿Quién carajos eres tú?

El hombre se detuvo. La miró por encima del hombro una última vez. Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella con una intensidad que hizo que la mujer sintiera un escalofrío.

—Alguien que acaba de pagar por tu noche.

Su voz era grave, serena y carente de cualquier emoción.

Dicho eso, cerró la puerta.

La pelinegra permaneció inmóvil unos segundos con la respiración aún acelerada.

El corazón le latía desbocado. No sabía si era por el miedo, por la rabia o por la forma en la que ese hombre la había mirado.

Sus ojos seguían fijos en el lugar por donde el hombre había desaparecido.

Sintió un extraño calor recorrerle el pecho.

No tenía sentido; acababa de presenciar un asesinato. Y, aún así…

—Qué hombre tan guapo…— Murmuró para sí misma, incapaz de apartar la mirada de la puerta.

Se mordió apenas el labio inferior.

¿Quién demonios era?

&

La tarde siguiente transcurría con la misma rutina de siempre.

Frente al espejo del camerino, Kimberly terminaba de acomodarse el cabello mientras Sara delineaba sus labios con calma.

—Te ves distraída desde que llegaste— Comentó Sara, observándola por el espejo.— ¿Es por lo de anoche?

Kimberly soltó una risa breve.

—No me vas a creer.

Sara arqueó una ceja.

—A ver— Dijo con una sonrisa.

—El hombre que entró a la habitación y mató al cliente que tenía… me tiró un fajo de billetes. Más de lo que me iban a pagar.

El lápiz de maquillaje se detuvo.

—¿Qué?

—Así como lo oyes. Fue tan… no sé. Entró como si el lugar fuera suyo. Ni siquiera dudó. Lo mató… y después me lanzó el fajo de billetes y se fue.

—¿Y ya?

—Sí…

—¿No dijo quién era?

La pelinegra negó con la cabeza.

—No. Pero era… extraño.

—¿Extraño cómo?

Kimberly sonrió sin darse cuenta.

—Guapo. Muy guapo. Y serio… demasiado serio.

Su mejor amiga soltó una pequeña carcajada.

—¿Estás diciendo que te impresionó el hombre que mató a uno de nuestros clientes?

—No, no es eso…— Respondió desviando la mirada.— Solo… no dejo de pensar en él.

La castaña dejó el maquillaje sobre la mesa.

—Kim, es casi seguro que es un hombre de poder.

—¿De poder?

—Sí. Aquí solo entra gente importante. Y eso, que alguien cruce la puerta, y haga algo así y nadie se atreva a detenerlo… eso… eso no lo hace cualquiera.

Kimberly guardó silencio.

—Era un mafioso, Kim. Estoy casi segura.

La palabra quedó suspendida en el aire.

Kimberly bajó la mirada sin saber por qué esa idea, lejos de asustarla, despertaba todavía más su curiosidad.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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