5: No more Kimberly

Fic Toll de ZenTortugaHua

Capítulo 5: No more Kimberly

Había pasado un mes desde aquel reencuentro.

Desde entonces, ambos habían comenzado a pasar cada vez más tiempo juntos. Nunca hablaron de lo que eran. Simplemente ocurría.

Tom aparecía cada tarde para verla, la acompañaba al terminar su turno y, siempre que podía, encontraba cualquier excusa para robarle un poco más de tiempo.

Las miradas de años atrás seguían ahí. Y había veces que Kimberly se armaba de valor y dejaba un beso breve sobre los labios del mafioso, un pequeño roce que duraba un instante. Él siempre respondía del mismo modo, con la misma delicadeza, sin intentar ir más allá.

Era un hombre paciente, respetuoso y atento.

En más de una ocasión le había pedido que dejara el club.

—Quiero darte la vida que mereces— Le había dicho con total sinceridad.

Pero la pelinegra siempre terminaba negándose; no quería depender de nadie, ni siquiera de Tom.

Aún así, muchas cosas habían cambiado.

Ya no trabajaba de lo mismo. Ahora solo era una mesera, que atendía mesas y entregaba las bebidas.

—Aquí tiene.

Dejó una copa sobre la mesa con una sonrisa educada y se giró para marcharse.

—¿No te cansas de trabajar?

La voz grave la hizo detenerse de inmediato.

Kimberly sonrió antes siquiera darse la vuelta.

—Hola, Tommie.

Él estaba de pie a pocos pasos, con esa expresión tranquila que solo tenía con ella.

—Te hice una pregunta.

La pelinegra ladeó la cabeza.

—No. No me canso de trabajar. Me gusta.

—No me gusta que trabajes.

Kimberly soltó una pequeña risa.

—¿Ah, no?

El de trenzas negó.

—No.

Ella cruzó los brazos, divertida.

—Dejaría de trabajar si fuera tu chica.

Tom la miraba sin apartar la vista ni un segundo.

—Lo eres.

La sonrisa de la pelinegra se amplió más.

—¿Soy tu chica?

El de trenzas dio un paso hacia ella.

—Eres mi chica.

Durante unos segundos, Kimberly solo pudo mirarlo. Después, negó despacio aún conservando su sonrisa.

—Vaya forma de pedir que sea tu pareja.

Tom arqueó apenas una ceja.

—¿Funcionó?

Ella dejó escapar una risa y, sin pensarlo demasiado, se puso de puntillas para dejar un pequeño beso en la comisura de sus labios.

—Funcionó, Tommie.

Unos segundos después, sonrió de lado y alzó ligeramente una ceja.

—Entonces… si soy tu chica…

El mafioso la miró con curiosidad, esperando a que terminara.

Kimberly dio un paso más hacia él, acercando sus rostros con esa sonrisa traviesa que siempre conseguía desarmarlo.

—Supongo que eso significa que tendrás que invitarme a conocer tu piso.

&

Tom le cedió el paso con caballerosidad. Kimberly entró primero. Sus tacones resonaron suavemente contra el suelo de mármol oscuro.

El mafioso encendió las luces y de inmediato el enorme ventanal del salón se reveló ante ellos.

Kimberly se llevó las manos a la boca. Sus ojos avellana brillaron ante la vista.

Desde esa altura, la ciudad entera parecía un mar de luces diminutas, parpadeando como estrellas caídas. Los edificios se veían pequeños y lejanos. La noche de Berlín se extendía infinita frente a ella, hermosa y abrumadora.

—Dios mío…— Susurró acercándose al cristal sin poder apartar la mirada.— Tommie… esto es… increíble…

El de trenzas se quedó unos pasos atrás, observándola con una media sonrisa.

—No es para tanto.

Ella se giró hacia él.

—Para mí sí lo es— Respondió con la voz llena de emoción.— Me encanta. Se ve todo tan pequeño.

Tom se acercó, y sin decir nada, tomó las manos de Kimberly entre las suyas con delicadeza. Sus ojos oscuros se clavaron en los avellana, serios y sinceros.

—Entonces vente a vivir conmigo.

El corazón le dio un vuelco tan fuerte a la pelinegra que pensó que Tom lo había escuchado.

—Vente a vivir conmigo— Repitió el hombre sin apartar la mirada.— No quiero que sigas en ese club más de lo necesario. No quiero que vuelvas a una habitación pequeña y sola. Quiero que estés aquí. Conmigo.

Los ojos de Kimberly empezaron a brillar, llenos de lágrimas que aún no caían. Tragó saliva, intentando controlar la emoción que le cerraba la garganta.

—Dime… todo esto, ¿lo dices en serio?— Preguntó con voz temblorosa.— Tommie… ¿en verdad sientes algo por mí? ¿Algo de verdad?

Tom apretó suavemente sus manos y dio un paso más cerca.

—Sí. Desde siempre. Desde ese día cuando éramos solo unos niños. Nunca dejé de pensar en ti. Y cuando te vi esa noche en el club… supe que eras tú.

La pelinegra sonrió, las lágrimas por fin salieron lentamente. Cerró los ojos. Y el de trenzas entendió perfectamente ese gesto.

Tom soltó una de sus manos solo para tomar su mejilla.

Entonces se inclinó y la besó.

Un beso lleno de años de espera. Sus labios se movieron con delicadeza, como si tuvieran miedo de romper algo tan frágil y hermoso. Ella respondió con timidez al principio, pero luego subió las manos hasta el cuello de Tom, atrayéndolo más cerca. El beso se volvió más cargado de todo lo que no se habían dicho en voz alta durante semanas.

Se separaron. Ambos tenían la respiración agitada.

—Te amo, Kimberly— Dijo en voz baja, reverente.

Ella dejó escapar un sollozo suave, lleno de felicidad.

—No llores— Susurró.

—No estoy llorando— Mintió con una sonrisa húmeda.— Es que… nunca pensé que te volvería a encontrar. Y mucho menos que me dirías algo así.

Tom rozó su nariz contra la de la pelinegra, igual que aquella noche después de su reencuentro.

—Pues ya lo hice. Y no pienso irme a ningún lado.

Kimberly abrió los ojos, brillantes y llenos de amor. Se mordió el labio inferior un segundo antes de susurrar:

—Entonces bésame otra vez, Tommie.

Él no necesitó que se lo pidiera dos veces. Volvió a besarla, esta vez con un poco más de urgencia pero todavía conteniéndose. Sus labios se movieron con hambre contenida, saboreando los de su amada. Llevaba años esperando ese momento.

Pero Kimberly quería más.

Tomó el control del beso. Profundizó el contacto, inclinando la cabeza y buscando su lengua con la suya. Sus manos subieron por el pecho firme de Tom. Y bajaron lentamente, deslizando las palmas por sus abdominales, pero se detuvo justo antes de llegar a la cintura del pantalón. Solo rozó con los dedos el borde, tentándolo.

El de trenzas soltó un gruñido grave contra sus labios. Sus manos apretaron la cintura de la pelinegra con más fuerza.

Ambos se separaron respirando agitados. Los ojos de Kimberly brillaban con deseo y algo más profundo.

—Llévame a la cama, Tommie— Susurró con la voz ronca y suplicante.

En un movimiento fluido, Tom pasó un brazo por debajo de las rodillas de Kimberly y otro por su espalda, cargándola con facilidad.

Ella soltó una risita sorprendida y se aferró a su cuello, escondiendo el rostro en su hombro mientras el mafioso caminaba con paso firme por el pasillo.

La habitación principal era enorme, minimalista y elegante, con una cama que dominaba el espacio.

Tom la depositó con cuidado sobre el colchón, como algo precioso. La chica apenas tuvo tiempo de acomodarse antes que el hombre se subiera encima de ella cubriéndola con su cuerpo.

Y volvieron a besarse, esta vez más lento.

Las manos de Tom recorrían sus costados con reverencia, bajando por sus caderas y apretando suavemente.

Kimberly gemía bajito dentro del beso, sintiendo el peso y el calor del mafioso sobre su cuerpo.

Pero quería más. Quería tomar el control.

Con un movimiento hábil, empujó el pecho del de trenzas y rodó con él, invirtiendo las posiciones. Ahora era ella quien estaba encima, sentada a horcajadas sobre las caderas de Tom.

Lo miró desde arriba con una sonrisa traviesa y llena de deseo. El cabello azabache le caía sobre los hombros.

Él la observaba con los ojos oscuros ardiendo, sus manos apoyadas en los muslos de Kimberly.

Y sin decir nada, empezó a quitarse la ropa con deliberada lentitud, disfrutando cada segundo la mirada hambrienta de Tom.

Primero se sacó la blusa ajustada, deslizándola por sus hombros con sensualidad. Sus pechos pálidos quedaron al descubierto. Tom tragó saliva visiblemente, pero no se movió, solo la devoraba con la mirada.

Ella sonrió, mordiéndose el labio inferior.

Bajó las manos hasta su falda corta y la desabrochó con calma, moviendo las caderas para dejarla caer a un lado de la cama.

Se quedó solo con unas braguitas negras de encaje que apenas cubrían nada. Sus dedos juguetearon con el borde de la tela, bajándola muy despacio por sus caderas, revelando centímetro a centímetro su piel pálida y su sexo húmedo.

El de trenzas respiraba más pesado, sus manos apretaban las sábanas con fuerza, conteniéndose para no tocarla todavía.

Kimberly, completamente desnuda encima de él, se inclinó hacia adelante, apoyando las manos a ambos lados de la cabeza de Tom. Su cabello cayó como una cortina alrededor de sus rostros. Sus pechos quedaron colgando justo sobre el rostro del mafioso.

Se frotó contra la erección dura que se marcaba bajo los pantalones del hombre, lento y provocador, presionando su sexo contra él.

—Tommie…— Susurró con voz dulce y provocadora, rozando sus labios contra los de él.— Te siento tan duro…

Tom soltó un gruñido bajo y, en un movimiento rápido pero controlado, volvió a cambiar las posiciones. Ella soltó un pequeño grito de sorpresa cuando se encontró de espaldas contra el colchón, con aquel cuerpo grande y pesado encima de ella.

El de trenzas empezó a prepararla. Sus dedos fueron suaves, explorando, abriéndola poco a poco mientras no dejaba de mirarla a los ojos.

Kimberly jadeaba, tenía las mejillas sonrojadas, y le devolvía la misma mirada.

Una mezcla de deseo profundo y amor que llevaba años guardado.

—Eres tan hermosa…— Murmuró Tom.

Se posicionó entre sus piernas y apoyó la punta de su erección gruesa contra su entrada. Y empujó lentamente hasta que toda su extensión quedó dentro.

—Dios… sí…— Kimberly se abrió más para él, rodeando su cintura.— Es justo como me la imaginaba…

Ella gemía con cada movimiento.

Tom le agarró las muñecas con una mano y las subió por encima de su cabeza, sujetándolas contra el colchón mientras seguía penetrándola con un ritmo constante. Nunca dejaron de verse.

—Kimberly…— La llamó.

Ella negó ligeramente con la cabeza. Tenía los ojos brillantes y vidriosos de placer.

—No…— Dijo— Llámame Bill.

F I N

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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