Fic TOLL de WifesKaulitz

Husbands capítulo 12

BILL

— ¿Cuántas semanas tienes?

— Diez… casi once. — miraba el techo de la habitación mientras dejaba que aquella mujer me hiciera una valoración previa al aborto que quería realizar.

— ¿Alguna enfermedad?

— Ninguna.

— ¿Has tomado algún medicamento o estado bajo algún tratamiento médico en los últimos días? — preguntó la doctora, anotando algo en su tableta sin levantar la vista.

— No… nada. — respondí, tragándome el nudo de la garganta. La doctora finalmente dejó la tableta sobre el escritorio y se giró hacia mí, cruzando las manos.

— Bien, Bill. Por el tiempo de gestación que tienes, el procedimiento se puede realizar sin complicaciones mayores, pero por ley y por protocolo de la clínica, necesito hacerte una última pregunta antes de agendar tu cita. — hizo una breve pausa, mirándome fijamente a los ojos. — Sé que es una situación difícil, pero debo asegurarme primero… ¿esta decisión la estás tomando por voluntad propia?

— Sí.

— Me comentaste que eres casado, entonces quisiera saber si tu esposo también está de acuerdo.

— Mi esposo no lo sabe pero hablaré con él y quizás… entienda… no estoy seguro.

La doctora guardó silencio durante un par de segundos, mirándome con preocupación.

— Legalmente la decisión sobre tu cuerpo es tuya y de nadie más. Sin embargo, un proceso como este en un matrimonio, lo puede dejar secuelas emocionales muy profundas para ambos.

Me pasé una mano por la frente, sintiendo frío. No quería pensar en Tom. No quería pensar en la mirada de ilusión que tenía cuando estuvimos en el doctor y supo que su hijo se estaba desarrollando bien.

No quiero pensar en nada…

— Lo sé. — susurré, fijando de nuevo la vista en el techo para evitar que las lágrimas se desbordaran. — Pero es lo mejor. — la mujer suspiró con pesadez, asintiendo lentamente mientras tomaba de nuevo su tableta para registrar los datos finales.

— Entiendo que estás pasando por una crisis, pero mi deber es asegurarme de que no actúes bajo un impulso del que puedas arrepentirte después. Te voy a dar la orden para los análisis de sangre preoperatorios y agendaremos la cita para dentro de tres días. Eso te dará setenta y dos horas para hablar con tu esposo, asimilarlo y regresar completamente convencido. ¿Te parece bien?

— Sí. — fingí sonreír.

— Te veo en tres días, Bill. Cuídate mucho.

—Gracias.

Tomé el folleto de recomendación sobre el aborto con las manos temblorosas y los guardé rápido en el bolsillo de mi abrigo. Salí del consultorio con nervios. Tomé un taxi de regreso a casa y veía la lluvia empezar a caer una vez más porque estábamos a punto de entrar al invierno.

Al llegar y entrar a casa veo a Tom que estaba sentado en la barra de la cocina, con una taza de café intacta entre las manos. En cuanto escuchó mis pasos, levantó la cabeza y me sonríe.

Veo que su rostro luce cansado.

— ¿Dónde estabas, amor? Te llamé como tres veces porque no llegaste al almuerzo y me preocupé. — caminé un poco más hasta estar en frente de él y abrazarlo. — No puedes andar por ahí con esos síntomas fuertes, bebé.

— Lo siento, amor.

— ¿Qué es esto? — me tensé cuando Tom sacó del bolsillo de mi abrigo el folleto de la clínica con recomendaciones. Rápido me alejo para darle la espalda y abrazarme a mi mismo.

—Tom… yo…

— Piensas en… ¿abortar?

— Sí… de eso quiero que… hablemos.

— ¿Te quieres deshacer de mi hijo, Bill? ¿En serio?

— No lo hice aún… me dieron tres días para…

— ¿Aún? — Tom hace que gire para verlo pero aún así no pude.

Agaché la cabeza.

— Ujum.

— ¡Ah, qué alivio! ¡Muchas gracias por avisarme tres días antes de matar a nuestro hijo! — estalló cabreado, con lágrimas en los ojos y muy rojo. — ¿¡Te volviste loco!? ¡Es nuestro hijo, Bill! ¡Mío también! ¡No tienes derecho a tomar una decisión así tú solo!

— ¡Tengo todo el derecho porque es mi cuerpo! — respondí gritando con la misma intensidad, dejando salir toda la angustia que llevaba retenida. — Y también porque Bi me ha dicho algo que me hizo sentir tan mal. Me dijo que nuestro hijo si tendrá a Bill presente desde cero, que si es deseado y entre otras cosas más que… Dios… joder, me da cosa decirlo. — relamí mis labios secos y tragué saliva. — Además… el ha estado viendo a Nick a nuestras espaldas y le ha estado metiendo cosas en la cabeza.

— ¿¡Y por eso quieres sacrificar a mi hijo!? ¿¡para calmarle un berrinche alimentado por un criminal!? ¡Te recuerdo que es MI hijo el que está ahí dentro, no solo tuyo!

— Basta. — empecé a llorar sin consuelo por sus gritos. — Por favor, estoy tan confundido.

— ¡Bi y tú necesitan terapia de padre e hijo para superar esto, maldita sea! ¡Pero NO PONGAS LA VIDA DE MI HIJO EN PELIGRO!

— Lo siento pero prefiero que me odies tú a destruir lo poco que he logrado reconstruir con mi hijo y sabes lo mucho que me ha costado.

Tom se quedó mudo.

Sus ojos se llenaron de dolor y decepción.

Negó con la cabeza despacio, dando un paso hacia atrás, como si de repente no me reconociera.

— Si de verdad crees que la solución para sanar el pasado es destruir nuestro presente… entonces estás demasiado mal. — susurró. — Y si entras a esa clínica no solo vas a terminar con ese embarazo. Vas a terminar con nosotros. Porque yo no voy a poder mirarte a la cara sin recordar lo que me quitaste.

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, tomándola de la manija antes de mirarme por última vez sobre el hombro.

— Me voy, por favor no me busques hasta que… yo lo haga o no sé… también estoy… confundido. — cerró la puerta de golpe, dejándome solo, temblando y con el corazón hecho pedazos.

Me dejé caer en el suelo, apoyando la espalda en contra del sofá y con las rodillas pegadas al pecho llorando por horas y no tuve fuerzas para levantarme e ir hasta la cama.

El frío que se colaba por las ventanas me estaba matando pero mejor si me moría, ¿no?

— Joder… — cerré un poco los ojos, dispuesto a dormirme así cuando a eso de las dos de la mañana el sonido de unas llaves chocando torpemente contra la cerradura lo evita.

Me puse de pie de un salto cuando la puerta principal se abrió, golpeando la pared. El olor a alcohol y a cigarrillo inundó mis fosas nasales, haciéndome sentir asco. Tom entró tambaleándose, sostenido torpemente por los hombros de Bi, que no estaba en mejor estado; arrastraba los pies, reía por lo bajo con la mirada perdida y tenía las mejillas encendidas por el alcohol.

— ¡Cuidado, cuidado, que nos caemos…! — balbuceó Bi con la voz arrastrada, soltando una risotada floja mientras intentaba estabilizar a Tom y cuando ambos me vieron parado en la sala se pusieron pálidos.

— Bill…

— ¿Pero qué hicieron? ¡Están completamente borrachos! — exclamé.

Bi solo se encogió de hombros, tambaleándose hacia el sofá.

— Fuimos… fuimos a ahogar las penas, papá. Mi papá Tom me recogió de la casa de mi mejor amigo y… pensamos que siempre tomas malas decisiones en la vida, decidimos que Nick es un imbécil y que en conclusión la vida es una mierda. — soltó Bi antes de dejarse caer de boca en los cojines, quedándose medio dormido al instante con los zapatos puestos.

Pero Tom seguía mirándome a mí.

— Ve a cambiarte esa ropa y ponte pijama. — susurré pasando por su lado para cerrar la puerta con seguro. Luego volví a pasar por su lado pero su mano me detiene, haciendo que lo vea con vergüenza.

Y…

Sus piernas parecieron ceder y se dejó caer de rodillas frente a mí, sobre la alfombra, llorando sin ningún tipo de control, con el rostro empapado en lágrimas y los hombros sacudiéndose violentamente.

— Por favor, Bill… por favor. — gimió estirando las manos temblorosas para aferrarse con desesperación a mi pantalón, enterrando su rostro contra mis muslos. —  Te lo ruego, mi amor… no lo hagas. No me quites a mi hijo.

El corazón se me partió en mil pedazos.

— Tom, levántate, por favor, estás borracho. — intenté agacharme para moverlo, pero él se aferró con más fuerza, como si su vida dependiera de ello.

— ¡No me importa! ¡No me voy a levantar! — sollozó, levantando la cabeza para mirarme. — No lo abortes, Bill… yo lo amo, lo amo tanto… prometo ser el mejor padre, prometo que ayudaré a Bi, que iremos a terapia si él acepta, haré lo que tú quieras… pero no me dejes vacío, Bill. Te lo suplico… no mates a nuestro hijo.

— Sí, amor. Está bien… — mordí mi labio inferior.

Al escucharme Tom empezó a reír en medio de aquel llanto.

— Oh, por dios… ¿de verdad…?

— De verdad, mi amor. — respondí, arrodillándome en la alfombra para quedar a su altura.

Acuné su rostro entre mis manos, limpiando con los pulgares las lágrimas. Tom soltó un suspiro y se inclinó hacia delante, buscando mi boca de la manera más torpe pero desesperada.

— Te amo, joder. Te amo, te amo.

— Vamos a cama.

— ¿Me dejarías hacerte el amor?

— Sí. — murmuré contra sus labios, jadeando.

Nos levantamos como pudimos. Tom todavía estaba inestable por el alcohol, pero el deseo lo hacía moverse con una fuerza renovada. Subimos las escaleras casi a tropezones, sin romper el contacto físico, devorándonos las bocas y en cuanto entramos a nuestra habitación, Tom empujó la puerta con el pie, cerrándola de golpe, y me acorraló contra ella.

Sus manos viajaron por debajo de mi abrigo para tocarme los pezones duros y gemí en medio del beso, donde mi chico aprovecha en meter su lengua hasta el fondo.

En cambio yo decidí empezar a desabrocharle el botón del pantalón y bajar la cremallera para agarrar su miembro, masturbarlo y robarle gemidos roncos.

— Dios, sí… — ahora me lleva para recostarme en la cama, con él encima de mí. Enterró el rostro en mi cuello, dejando besos húmedos y mordiscos suaves que me hicieron arquear la espalda. Su derecha baja entre caricias hacia mi vientre y se detuvo ahí un segundo, presionando su palma cálida contra mi piel. — Perdóname, bebé. Pero le haré el amor a tu papá, ¿sí?

Yo reí entre suspiros.

— ¿Y qué haremos con Bi? — susurré.

— En el desayuno hablaremos con él, ahora relájate, déjame hacer que te sientas bien.

— Mhmm… — muerdo mi labio inferior cuando soy despojado del resto de las prendas, quedando expuesto ante la vista de mi esposo. — Hazlo duro y rápido.

— ¿Sí? — se deshizo de lo que le quedaba de ropa con urgencia, dejándola caer en alguna parte del suelo y volvió a posicionarse entre mis piernas. — ¿Eso quieres?

— Ujum… sí… — un escalofrío me recorrió entero cuando sentí la punta de su miembro rozando mi intimidad, buscando mi entrada ya húmeda con anticipación. — Oh, mierda.

Empujó hacia dentro con lentitud. Un gemido se me escapó de la garganta y eché la cabeza hacia atrás, abriendo las piernas tanto como pude para dejarlo entrar hasta el fondo. Tom gimió ronco y enterró los dedos en mis muslos, deteniéndose un instante para disfrutar de la presión que lo envolvía.

Primero comenzó a moverse pausado, con los ojos cerrados y la boca entreabierta.

Disfrutando.

Me excitó a montones verlo así y creo que se dió cuenta por la forma en que empecé a gemir. Entonces se olvida eso de ser lento para empezar a golpear sus caderas contra las mías con fuerza.

— Ven. — gemí. Enterró su rostro en el hueco de mi cuello, mordiendo la piel suave de mi hombro mientras me embestía sin piedad. Sus dedos se clavaron con fuerza en mis nalgas, levantándome un poco y entrando por completo, tocando mi fondo en cada golpe. — ¡Tom… más… dale más duro!

— Oh, sí. Pídemelo.

— ¡Mhmm!

— Pídemelo más fuerte, Bill. Que se note lo mucho que te encanta que te folle. — decía Tom contra mi oído.

— ¡Ah…! ¡sí, más duro, carajo! ¡no pares! — grité clavando las uñas en su espalda.

— Te gusta que te trate como puta, ¿verdad? Que te use como me dé la gana después de haberme hecho pasar el peor maldito día de mi vida. — agh… Dios… esa voz así de ronca y molesta me pone malo.

— ¡Si, eso es cierto! ¡amor!

— Oh, bebé. Te voy a rellenar tan bien que en vez de un hijo te van a salir dos. — reí a carcajadas divertido. Tom también empezó a reírse dejándose caer del todo sobre mí. Me encargo de abrazarlo fuerte tanto con los brazos y las piernas.

— ¿Qué ha sido eso?

— No lo sé… — suspiraba besando suave mi hombro . — Lo único que sé es que te la quiero seguir metiendo.

— Entonces sigue…

Tom retoma los movimientos con la misma intensidad que antes, uniendo sus labios a los míos. Metiendo la lengua hasta el fondo mientras sus manos volvían a clavarse con saña en mis caderas.

— ¡Mhmm…!

— Oh, Bill. Mhmm…

— ¡Sí…!

— ¿Te la echo dentro? ¿quieres?

— Quiero que me la eches en el rostro, por favor. Necesito de tu cremita, por favor.

— Pídemela, Bill. Dime que quieres que te deje mi leche en la cara para tu skincare.

— Amor… — empecé. — Quiero que te vengas en mi cara ¡por favor!

Tom dió tres estocadas profundas que me hicieron ver estrellas antes de salir de mí de golpe.

— Haremos un seis nueve, ponte. — yo ni corto ni perezoso obedezco.

No tardó tanto en que su rostro quedó encajado perfectamente entre mis muslos abiertos y su miembro erecto quedó en frente de mí. Estiré las manos para sujetar la base caliente de su pene y abrí la boca, deslizando la lengua desde sus testículos hasta la punta, saboreando el rastro salado de nuestro encuentro y Tom jadea contra mi intimidad antes de atacar. Hundiendo la boca en mi entrada, metiendo la lengua en mi interior, buscando mi punto más sensible.

— ¡Mhmm…! — intentaba tragarlo lo más profundo posible.

El estímulo doble nos sacó de quicio en un instante. Mientras mi garganta se contraía alrededor de su polla, subiendo y bajando en un ritmo continuo que lo hacía jadear con desesperación, Tom me abría más con los dedos, clavando las uñas en mis nalgas para estabilizarme mientras su lengua trabajaba sin piedad, lamiendo y succionando.

El calor en mi vientre bajo se volvió insoportable; sentía las paredes de mi entrada latir con fuerza, completamente empapadas y listas para colapsar por culpa de su boca.

Tom empezó a levantar la pelvis, empujando su polla contra mis labios, perdiendo el control a causa del alcohol. Supe que estaba al límite cuando sus manos apretaron mi carne con una fuerza que me dejaría marcas.

— ¡Alista tu cara que me vengo, carajo!

Acomodé mejor mi rostro, esperando que se viniera mientras tenía los ojos cerrados.

Mi chico se dejó venir en medio de un gemido desgarrador dejando salir su esencia espesa y tibia directamente en mi frente, mejillas y labios.
Para que yo me viniera se dedicó a succionar con ansias mi intimidad e igual no duré casi nada porque estaba tan sensible.

— ¡Mhmm! — dejé que mi cuerpo caiga débil sobre el suyo.

&

— ..amor, despierta. — abrí los ojos con lentitud. — Tenemos que hablar con Bi antes de irme a trabajar.

— Mhmm… — remuevo mi cuerpo entre las sábanas con mucho frío. — Cinco minutos más, Tom… — protesté, arrastrando las palabras y hundiéndome un poco más bajo el edredón. El frío de la mañana en pleno invierno era de lo peor y el cansancio podía conmigo.

— No, bonito. Ya es tarde. — sentí el colchón hundirse cuando Tom se inclinó sobre mí. Él ya estaba vestido con su smoking de trabajo y no parecía haberse emborrachado como nunca. — Levanta. — plantó un besito suave en mi mejilla.

— Amor.

— O te levanto.

— No, ya voy… — hice un puchero. Me pasé las manos por la cara, estirando los músculos con un quejido perezoso antes de sentarme en la cama, dejando que la manta cayera hasta mi cintura.
Mi torso quedó expuesto y parte de mi trasero también. Tom aprovecha para nalguearme con suavidad. — Déjame.

Me levanté con suma pereza buscando entre las cosas de Tom una chompa y un calentador de lana.
Estiré la mano para entrelazarla con la suya y así ir hasta la cocina, encontrando a Bill apoyado sobre la mesa del comedor con dolor de cabeza.

— Buenos días. — saludé cruzando mis brazos.

Billem se tensó.

— Hola…

— Necesitamos hablar contigo sobre Nick y sobre el pasado de tu papá y tú.

— Ahora no…

— ¿Por qué no?

— Ya acepté lo que me toca, no hay más.

— Bill iba a abortar solo para que siguieras siendo el hijo único. — mi hijo se tensó de inmediato, poniéndose de pie de golpe para verme pálido. — Y…

— Yo no quiero que lo hagas… — el tono de Bi cambió drásticamente, perdiendo toda la actitud defensiva. Su voz sonaba como la de un niño asustado. — Joder… no. Yo estaba furioso, resentido… pero no quiero eso.

Se pasó las manos por el rostro con desesperación y para no seguir viéndolo agaché la cabeza, abrazándome a mi mismo.

— No se va a hacer ningún procedimiento, Bi. — intervino Tom. — Tu papá y yo lo hablamos.

— Okay… genial… — con recelo caminé los pocos pasos que me separaban de mi hijo y lo rodeé con mis brazos, pegando su cabeza a mi pecho. Bi se aferró a la chompa de inmediato, rompiendo a llorar en silencio.

— Tom y yo decidimos que vamos a ir a terapia contigo para superar esto si estás dispuesto.

— No, por favor. Te prometo que no volverá a pasar. Solo quiéreme mucho y prométeme que no vas a dejarme solo porque ahora vas a tener un nuevo hijo que me va a quitar tu atención, tu amor… todo…

— Te lo prometo, mi vida. Te amo como no tienes idea. Los voy a amar a los dos por igual, bebé.

— Gracias. — sonreía.

Tom en cambio solo nos miraba con una sonrisa, encantado.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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