
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 9
— Mierda. — susurró y me obligó a acostarme entre sus brazos como si fuera un bebé. Empezó a restregar su mejilla en mi cabeza mientras yo trataba de calmar mi llanto. — ¿Y cómo te sientes? ¿qué te ha dicho o qué?
— De la patada, cielo. Ella ya estaba haciendo su vida omitiendo el hecho de que tenía un hijo por ahí. Ya tiene una hija de doce años con su nuevo esposo y… — suspiré terriblemente en el instante en que Bill plantó un besito suave en mis labios. Me sacó incluso una sonrisa de estúpido y juro que me ha relajado demasiado.
— Solo dime algo.
— ¿Qué?
— ¿Sientes que la necesitas?
— No en realidad, pero se siente extraño. Tus papás se encargaron de que nada me faltara y… agh. — hice una mueca de disgusto. — Ni siquiera sé por qué me pongo así.
— Porque quizás mereces explicaciones, amor.
— No lo sé… — subí una mano hacia el cabello de Bill para inclinarlo hacia adelante un poco más y así darnos otro besito. — Odio llorar y ya no quiero hablar de eso, ¿podemos olvidarlo? — Bill asiente en completo silencio.
— Si quieres podemos co… — empecé a reír a carcajadas sin dejarlo terminar porque me imaginaba a la perfección lo que quería. Me reincorporé a su lado, sujetando mi estómago sin dejar de reír. En cambio Bill tenía el rostro sonrojado, los brazos cruzados y me miraba con muchísima seriedad.
— No, amor. ¿Qué? ¿por qué estás con tantas ganas?
— Solo quería hacerte sentir bien…
— Pero, mi vida. Nuestro hijo está en casa y…
— ¿En qué momento iremos al hospital? — cuestiona Billem desde el marco de la puerta con los brazos cruzados. Tenía exactamente la expresión de Bill cuando está molesto y eso me dió mucha más risa.
Ya me imagino cuando tenga mis hijos con él y me miren así.
Les tomaría una foto para colgarla en la pared de mi oficina y estar de buen humor todo el día, riéndome solo.
— Iremos mañana, amor. ¿Por qué no vas a dormir? — Billem negó con la cabeza, entrando del todo a la habitación para acostarse en el medio de ambos. Abraza a su papá con los ojos cerrados mientras Bill le acaricia el cabello.
— Estoy preocupado y ya, cuando me enfermo me obligas a ir. ¿Por qué nosotros no podemos hacer eso contigo?
— Porque no, bebé. Y ya.
Yo reí al mismo tiempo que me ponía de pie para buscar pijama. — Tú papá está enfermo para todo menos para pedir… sexo.
Los dos Bill me miraron al mismo tiempo, atónitos.
— ¡Tom! — exclamó Bill, mientras Billem soltaba un gruñido ahogado, tapándose la boca con una de las manos mientras seguía abrazando a su padre con la otra.
— ¿Es en serio? — replicó Billem, con la voz un poco más aguda de lo normal por la vergüenza. — ¡Papá estás mareado, vomitando y estás pensando en… en eso! ¡Eres un caso perdido, de verdad!
— ¡No tenías que haber dicho eso, Tom! — me encogí de hombros sintiendo que esa pequeña chispa de humor era lo único que me mantenía cuerdo luego de mi pequeña crisis.
— Solo estaba bromeando…
— No me pareció que lo hayas dicho de broma, papá.
— Pues no sé…
— Si me voy lo harán, ¿verdad?
— Sí.
— ¡No! — aclaré abochornado, tirándole una camiseta a Bill en el rostro y que atrapa en el aire. — ¡Nunca hemos echo eso contigo estando en casa!
— Eso es cierto, ni siquiera quiere darme besos. — murmuró un Bill indignado.
— ¿Por qué no? ¿¡cómo es posible que no le des besitos!?
— ¡Claro que le doy besitos! — exclamé ahora yo indignado. — ¿Qué clase de esposo sería si no le doy besos a mi vida?
— Uno malo.
— ¡Exacto! Lo que pasa es que este hombre… — señalé a Bill con el dedo mientras él intentaba ahogar una risita. — …es un exagerado y le gusta hacerse la víctima frente a ti para dejarme en mal lugar.
Billem, que seguía en medio de nosotros, soltó un bufido y se acomodó más contra el pecho de su padre.
— Ya veo cómo se llevan… son tan estresantes ambos. Los amo.
Ahora Bill y yo lo miramos ofendidos mientras Bi se reía a carcajadas. Finalmente entré al baño para ponerme la ropa cómoda y salir. Billem ya se había dormido casi al instante junto con Bill. Lo único que pude hacer yo es acomodarme en el enorme sofá con una cobija térmica y descansar ahí sin problema.
Cuando ambos estaban en momentos así de bonitos no me gustaba interrumpir.
Lo necesitaban.
&
Camino de un lado a otro en la oficina, con un café en las manos y demasiado atento a mi teléfono personal.
Antes de venir al trabajo le pedí a Bill de por favor que me avisara todo, sin omitir detalles, como le había ido con el médico y ya habían pasado cuatro horas desde ese entonces y no tenía ni una tan sola llamada.
— ¿Puedes sentar el culo ya? — murmuró Gustav cabreado, dejando de escribir en unas hojas para verme y yo me niego totalmente. — ¡Entonces llámale!
— No quiero ser acosador, Gustav. Quiero ser paciente y que me llame él sin problema.
~¿Y si no lo hace?~
— Oh, mierda. — dejé el café de lado para sacar mi teléfono del bolsillo y no marco directamente a su número. Si no al de Billem y continuo ansioso.
— Hola, papá. ¿Todo bien?
— Dime cómo salió Bill con el doctor, ¿qué ha dicho? ¿¡cómo está él!?
— Eh… si yo pensé que irías tú con él.
— ¿Cómo? — fruncí el ceño. — Si él me ha dicho que iría contigo, por eso no… agh…
— ¿Tú crees que de verdad fue al hospital, papá?
— Le voy a llamar. — suspiré colgando la llamada sin darle oportunidad a responder. Entonces marqué de inmediato el número de Bill pero me mandaba al buzón de voz.
Eso me desesperó, entonces volví a llamar a Billem.
— ¿Mande?
— No me contesta.
— Ni a mi tampoco. — formé una pinza con mis dedos índice y medio para ponerlos en el puente de mi nariz, cerrando los ojos con evidente molestia.
— ¿¡Por qué tu papá actúa así, maldita sea!? — exclamé cabreado para volver a colgar la llamada y guardar el teléfono en mi bolsillo con rabia. Mi mejor amigo me veía atento, teniendo miedo de que si decía una tan sola palabra yo estallara en su contra. — Gustav…
— ¿Qué?
— Voy a buscar a mi esposo…
No le doy tiempo de responder.
Salí de la oficina casi corriendo, ignorando los gritos de mi asistente hasta que llegué al estacionamiento y subí al coche. Mis manos estaban temblando tanto sobre el volante que me costó arrancar.
Conduje hacia casa lo más pronto posible mientras intentaba marcarle una vez más, solo para escuchar el maldito tono del buzón de voz.
— Contéstame… — susurré pero nada, volvía a mandar al buzón. Entonces al llegar a casa, estacioné el auto como vaya y bajé para abrir la puerta con ansias. Me sentí terriblemente estúpido al ver a Bill sentado, cargando la bebé de Tasha mientras conversaban y se reían ajenos al lío que tenía en mi cabeza pensando que pudo haberle pasado algo.
Mierda, fui un completo exagerado…
— Hola… — sonreía extrañado, ladeando la cabeza. — Hoy saliste temprano, Tom.
— Mierda. — susurré cerrando la puerta y caminando hasta sentarme a su lado. Le di un beso en la mejilla y trataba de controlar mi respiración. — Dios, Bill. ¿Por qué mierda no contestas el maldito teléfono?
— Porque está tijereando conmigo, Tom. ¿Por qué más va a ser?
Bufé cruzándome de brazos y Tasha empezó a reírse con gracia.
— Agh… okay, lo siento… mejor dime, ¿cómo te fue en el médico? Bi me dijo que no fuiste con él. — Tasha y Bill se miran al mismo tiempo, poniéndome nervioso.
— Estoy bien. Solo no debí comer tantos dulces y así. Me mandó a comprar una receta, a comer saludable y ajá.
Pero no me miraba… le dedicaba toda su atención a la bebé y me frustraba porque es la única forma en la que me doy cuenta de que me está diciendo la verdad y no está diciendo respuestas superficiales.
— ¿Puedes mirarme?
Él no lo hizo. Simplemente se removió en el sofá. Tasha, que hasta hace un segundo se reía, ahora parecía estar analizando la pintura de la pared, evitando el contacto visual con cualquiera de nosotros.
Esa complicidad silenciosa me puso los pelos de punta…
— No es una enfermedad terminal, deja de actuar como si estuviera a punto de morirme.
— No estoy actuando, estoy preocupado.
— Ya te dije que estoy bien.
— Bueno… — inflé mis mejillas lo suficiente para luego dejar escapar el aire por la nariz.
Qué estrés sentía ahora mismo.
&
Salimos a comer pollo asado por petición de Bill y hasta ahora no ha tocado ni una tan sola papa frita de su plato.
Estaba empezando a cabrearme porque fue demasiado insistente y para que no coma nada, ufff… yo le iba a dar sus buenas nalgas por malcriado.
— Papá, ¿no piensas comer?
— Estoy comiendo. — murmuró agarrando una papá tan pequeña y llevándose a la boca con la intención de fingir que comía.
— Si supuestamente el doctor te dijo que estás bien, ¿por qué mierda no comes?
Bill me miró con unos ojitos de huevo tibio para luego hacer un puchero. — ¿Por qué me hablas así? si sí estoy comiendo.
Ahora iba a llorar…
— Ay, papá. — Billem deja de lado su plato para ir a abrazar a su padre mientras le acaricia el cabello. Yo solo me dedico a comer mi pechuga antes de que se ponga tiesa y no pueda tragar. — A ver… — agarró el tenedor para picar unas tres papas y llevarlas a la boca de Bill.
Mi esposo abre tímido y empieza a masticar con la mirada perdida.
— ¿Así está mejor?
— Sí, amor. Gracias por entenderme, no como el imbécil de tu papá que solo me grita.
— Ujum, tienes razón. Soy un imbécil. Un imbécil por preocuparme mientras me ocultas lo que realmente te está pasando. — y me levanté de la mesa completamente indignado.
— ¡Papá, siéntate! — exclamó Billem, mirándome con una mezcla de súplica y decepción. — No es el momento de pelear, joder. Mira cómo está de sensible.
Suspiré haciendo caso omiso. — Paga la cuenta cuando terminen. Me voy al coche.
Salí del restaurante hacia la calle sin mirar atrás. Me apoyé contra la puerta del Cadillac, prendiendo un cigarrillo con las manos temblando por el frío y demasiado confundido.
Si es que está actuando como un jodido caprichoso por querer darme una lección por lo que pasó con Heidi lo estaba consiguiendo.
Estaba haciendo que me frustre y me sienta el doble de ansioso.
Cinco minutos después, la puerta del restaurante se abrió y vi salir a Billem, solo. Se acercó a mí con el rostro malencarado y frotándose los brazos por el frío.
— Se puso a llorar en cuanto te fuiste y de nuevo fue al baño a vomitar. Él no está bien.
— Voy a… — no termino mi frase porque Bill sale por esas puertas hasta el coche y se sube en los asientos de atrás. Billem me da una mirada que no supe descifrar antes de subirse junto a su papá.
Me terminé el cigarrillo dándole el último jalón para también subir y así ponerlo a andar rumbo a casa en completo silencio.
En cuanto llegamos el primero en salir fue Billem, luego Bill y finalmente yo.
Esta vez ni siquiera metí el coche en su garage, simplemente me encargué de que estuviera asegurado y entré tras de mi esposo.
En el proceso me despido de Billem, que se encerró con los gatos en su habitación y luego voy hasta donde está Bill buscando pijama.
— ¿Ahora sí podemos hablar? — cuestioné cerrando la puerta con seguro.
Bill asiente lento, empezando a desnudarse y pienso que es una trampa porque mis ojos no pueden dejar de ver su desnudez.
Deslicé una mano por mi rostro sonrojado… quería ocultar que me sentía algo… caliente.
— ¿Qué te ha dicho el doctor?
— No lo sé… estoy… nervioso.
— Puedes decírmelo sin problema, Bill. Si es algo malo buscaremos la solución y estaremos más juntos que nunca. Bi y yo te vamos a apoyar de la mejor manera.
— ¿De verdad no lo adivinas?
— No… — caminé hasta la cama para sentarme dándole la espalda. — Mi cabeza no piensa.
Siento como Bill se sube a la cama ~aún estando desnudo~ y me abraza por detrás. Su pecho se apega a mi espalda lo suficiente mientras me acaricia el pecho con la mano izquierda y con la derecha me toca la entrepierna, volviéndola más rígida de lo que estaba.
— No piensa porque estás pensando con esta, ¿verdad?
— Tal vez… pero ignórala y dime.
— Uhm, no… — suspiré profundo, echando mi cabeza hacia atrás mientras dejo que su mano se meta debajo de mis pantalones y se mueva sobre mi miembro.
— Te voy a desbaratar por malcriado, ¿oíste?
— Sí, por favor…
— Ajá y mañana iremos al doctor, te harás un chequeo y no solo será general, también ginecológico.
Hago que su mano deje de tocarme la polla para quedar cara a cara con él. Empiezo a besarle en el cuello, descendiendo por sus clavículas y llegando hasta sus pezones mientras Bill gime delicado. Continuo bajando por su abdomen hasta llegar a su punto más sensible y merodeo un poco.
Me planté del todo entre sus piernas, sujetándole de las caderas para besarle la piel sensible de las piernas. Dejando lamidas y suaves mordiscos que le cortan la respiración.
— Tom…
— Shhh, vas a despertar a nuestro hijo y me daría una pena que no te imaginas.
— Entonces pon tu boca ahí, lo necesito.
Obedecí y Bill soltó un gemido delicioso. Logró que mi polla se sintiera apretada entre mi ropa y que en cualquier mínimo movimiento doliera. Deslizaba mi lengua de arriba abajo y levanto una mano para tocarle los pezones mientras la otra afloja el botón de mi pantalón.
Cuando finalmente logré liberarme, el deseo me nublaba el juicio.
Me moví con precisión, haciendo que cada lamida fuera mejor que la anterior. Sus manos desesperadas tiraban de mis trenzas, guiándome, incitándome a seguir. Cada vez que mis labios encontraban su punto más sensible, su cuerpo se sacudía y un jadeo largo, casi un lamento de placer, se escapaba de sus labios, obligándome a esforzarme más.
— Tom… por favor… no puedo más. — suplicó entrecortadamente.
Sin dejar de atenderlo subí hasta él, atrapando su boca en un beso. Me coloqué entre sus muslos empezando a quitarme la ropa que me cubre el torso. Sus dedos bajaron hasta nuestra unión, sintiendo mi dureza.
Ambos vemos como hace que mi punta juegue en su intimidad, haciéndome temblar.
— ¿Te lo meto ya?
— Sí…
— Guíalo y empujaré. — Bill obedece y sin más me hundí en él. Empezando a moverme rápido desde el principio porque, ¿cómo explicarlo? estaba tan necesitado, tan estresado y quería liberarme junto con él.
Mi chico me abraza, logrando que pusiera todo mi peso encima de su cuerpo mientras le tomo de las piernas para abrirlo más a mí.
Siento como me muerde en el hombro para callar sus gemidos.
A estas alturas de la vida valía una mierda el: «no tendremos sexo cuando Bi esté en casa».
Me sentía más excitado de lo normal y Bill estaba jodidamente húmedo.
¡Más de lo normal!
— Amor… mhmm…
— Estoy enojado contigo, te comportas como un mocoso. — como pude le doy un azote en el culo y Bill gime más duro. — Maldito malcriado. — y le doy otro.
— Oh, dios…
Ahora me separo lo suficiente para tomarlo del cuello y darle un golpe suave en la mejilla, sin ser brusco.
Entonces aprovecha para meter mi pulgar a su boca. Yo gemí ronco, con la cabeza nublada y concentrado solo en el placer que podía darme.
— ¿Te gusta como mi polla te castiga, Billy?
— ¡Tom…! — sollozó entre dientes cuando lo obligo a cambiar de posición. Cargué su cuerpo como si fuera una jodida pluma para llevarlo hasta la peinadora donde tenía sus productos. Él mismo se encarga de tirarlos al suelo para que lo siente ahí y continúe follándolo contra la madera. — Oh, joder.
Mierda, así lo sentía más estrecho.
Iba a perder la cabeza aquí y ahora.
— Tom, sí… — apoyó las palmas de su mano sobre la madera. Abrió un poco más las piernas y me dediqué a succionar sus pezones completamente urgido. — ¡Ya..! ¡ya voy a acabar!
— Yo también, maldita zorra. — murmuré entre besos, ascendiendo hasta su cuello y, finalmente, su boca.
Las paredes internas de Bill empezaron a contraerse a mi alrededor ~porque se estaba dejando venir~ debilitándome y haciéndome correr en su interior de forma explosiva. — ¡Mhmm, Bill!
— Mierda, amor… uff… yo… yo estoy embarazado.
Continúa…
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