Fic de WifesKaulitz. Temporada II

Capítulo 2

Tom y la chica fueron a hacer los datos, tomar su firma junto con algunas preguntas. Yo seguía subido en el auto imaginando las escenas más sucias entre los dos en los asientos de atrás.

Dios mío.

Debo dejar de pensarlo demasiado porque voy a tener una jodida erección y en este momento no es buena amiga.
Agh.

— Bill, necesitan tu firma para que quedes de garante porque le dije que pagaríamos entre los dos.

— Ah, está bien. — me bajé del auto con su ayuda, caminamos hasta donde estaba la señorita muy feliz con su venta.

— Aquí, por favor. — tomé el esfero y firmé en la pantallita que mostraba, también le puse mi número de cédula más abajo y estaba listo. — Mañana  nosotros les entregamos el auto con su respectiva placa, documentos, matricula y es todo suyo.

No dormiría porque estaba ansioso de tenerlo con nosotros.

— Tiene cinco años de garantía igual en caso de algún desperfecto de fabrica, nos haremos responsables de ello.

— Joder. — mordí mi labio inferior, entrelacé mi mano con la de Tom con fuerza. — ¿A que hora venimos por el?

— Mañana en la mañana ya está listo. Gracias por confiar en nosotros. — me devolvió la tarjeta, un recibo y salímos de ahí contentos.

— ¿Feliz?

— Demasiado. — besó mis labios mientras caminabamos ahora a buscar su trabajo. — No sabes lo feliz que me sentí de poder hacer estas cositas con la persona que amo.

— Me siento igual, cielo. Se siente demasiado bien. — otro beso empalagoso y seguíamos andando hasta el centro de la ciudad. Recuerdo que Laila me dijo que era el único taller en el centro y que Tom ya estaba recomendado ahí, que solo tenía que ir, presentarse y ya.

Se nos hizo un poco confuso porque ni siquiera sabía donde estabamos parados. De por si nos tocó coger un taxi, realmente contabamos con el auto para poder ir.

Agh.

— Servidos.

— ¿Cuanto es?

— Cinco dólares. — Tom sacó un billete y le pagó. Agradecimos antes de bajarnos al famoso taller llamado «El centro de la ciudad» había un monton de autos esperando y seguramente Tom tendrá mucho trabajo que no le va a dar tiempo para nada.

— Mierda. — sonrió. — Esto es el paraiso, Bill.

— Buenos días, ¿en qué les puedo ayudar?

— Buscamos al dueño, ¿lo puede llamar? — el chico asintió con una sonrisa y corrió a llamar a un señor pelirrojo de estatura promedio.

— Bill, ¿te he dicho lo sensual que se oye tu voz hablando inglés? — mordió su labio inferior y me tocó la nalga de manera disimulada, estaba que el pene se me ponía duro de la emoción.

Uh.

— Buenos días. — estrechamos las manos de manera amable con el tipo. — Tom Kaulitz, ¿cierto? — mi novio asentía con una sonrisa perfecta. — Soy Christopher Starkey, te estaba esperando. Laila me contó que ya eres graduado en esto y tienes experiencia, no me queda de otra más que hacer la prueba y el trabajo es todo tuyo. Puedes empezar ahora si quieres, como ves tenemos muchos clientes y necesitamos de trabajadores que sepan desenvolverse. El sueldo que ganas aquí cada mes es de cinco mil quinientos treinta dolares como mínimo trabajamos para los duros de los Angeles pero creeme que nuestro trabajo vale la pena, a si que… tu decides.

Tom me miró a mi en modo de reproche.

— Cariño, no tengo problema en que comiences con tu trabajo hoy. Yo me encargaré de seguir arreglando las cosas.

— ¿Seguro?

— Sí. — me dió un beso rápido antes de seguir al señor a donde le daría su uniforme junto con los materiales que usaría. Me quedé ahí mirandolo con una sonrisa, le asignaron su primer cliente y Tom lo atendió con todo el entusiasmo.

Voltee para salir del lugar e ir a casa, lo esperaría ansioso y con la casa arregladita solo para que llegue a darse un baño, mierde y se eche a la cama sin hacer nada más.

«Quería que Tom viva conmigo como un jodido rey.»

El regreso a casa no se me hizo tan complicado, se me quedó grabado en la mente las calles y bueno, todo iba bien por el momento…

Saqué las llaves de mi bolsillo y entré al edificio, tomé el ascensor hasta el octavo piso. Ascendía con mucha calma mareandome un poco. El aparato se abrió y salí de él, abrí la puerta de mi casa para entrar. Le puse todos los seguros posibles porque estaba un poco asustado con lo de esa Denisse.

No me comía el cuento de que muy mexicana.

Mexicanos mis huevos, maldita sea.

Me dediqué a arreglar lo que restaba, se me fue toda la mañana pero los resultados fueron increibles. No parecía que los arreglé yo.

El sonido de mi móvil comenzó a sonar, salí a la sala para poder atenderlo.

Era Tom.

— Tengo el trabajo, amor.

— Lo supe desde que entraste , Tom. Te felicito mucho.

— Sí… te llamaba para avisar que no llegaré a almorzar, hice amigos que me van a enseñar la ciudad y acepté para luego enseñarte yo.

— Wow, me parece bien. — sonreí caminando hacia el balcón, recibí todo el aire de una manera refrescante. — Con cuidado, ¿si?

— Siempre, te amo.

— También te la mamo… digo te amo.— escuché su carcajada antes de colgar la llamada. Al menos él ya hizo amiguitos aquí, eso es genial. No pasaría tan aburrido como yo.

El timbre sonó sacandome de mis pensamientos, suspiré y fuí a ver por el huequito de la puerta. Era un nueva vecina junto con un niño en brazos, abrí la puerta para atenderlos.

— Hola, veci. ¿Cómo estás?

— Bien. — sonreí forzado.

— ¿Podemos pasar? — asentí luego de hacerme a un lado. — Hoy es nuestro turno de dar la comida, preparamos estofado de cerdo con papas cocidas, arroz y ensalada rusa. — recibí el recipiente de la charola, hice que me siguiera hasta la cocina, luego la invité q sentarse y les serví a ambos un poco de jugo de manzana con galletas.

— Huele bien, gracias.

— Oh, no es nada. — me senté junto a ella, coloqué los codos sobre la mesa para darle mi atención. — ¿De donde vienes tú?

— Alemania, solo vine por un intercambio en la universidad.

— Yo también tengo familia ahí. — sonrió de lado. — Tengo a mi primo Georg, seguramente lo conoces.

— ¿Listing? — asintió con una sonrisa y yo arqueé las cejas asombrado. Ahora va a resultar que todos en este edificio son parientes de personas que conozco. — Es el amigo de mi novio.

— Lo que más envidio de él es su cabello, lo tiene largo y cedoso. ¡Yo me aplico muchos tratamientos para que crezca y ninguno me funciona!

— Esperame un momento. — me dirigí al baño, saqué el frasquito oscuro que solía ponerme luego de cada baño para regalarle. No era problema para mí porque tenía otros tres adicionales. — Te recomiendo ponerte luego de cada baño comida para el cabello y luego me lo vas a agradecer.

— ¿Puedo quedarme con él?

— Sí, te lo regalo. — me senté de nuevo en la mesa. — Funcionará de lo lindo.

— Gracias. — sonrió de lado. — Soy Viviana Listing.

— Bill.

— Bueno, veci. No te interrumpo más, ya me voy porque tengo trabajo y debo ir. dejar a mi bebé a la guardería. — le acompañé hasta la puerta, le ayudé a abrir para que salga. Yo me quedé arrimado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. — Estoy trabajando en una panadería y ya me toca ir.

Se me ocurrió una idea para hacerle el gasto y ayudarle.

— ¿Puedo pedirte un favor?

— Sí, ¿dime?

— ¿Puedes traerme todas las mañanas un dolar de pan? Prometo darte algo extra si es necesario, aun no conozco bien la ciudad y me es complicado.

— Está bien. — sonrió de lado. — Ya es una ayudita, gracias Bill.

— A ti.

— Vivo en el sexto piso, cualquier cosa puedes ir nomás. — me despedí de ella con un beso en la mejilla y entré a la casa luego de verla irse. Es la primera persona que no me causa inseguridad en este edificio por el simple echo de ser la prima de Georg.

En fin.

Las horas pasaban y yo me aburría, no se a que hora iba a llegar Tom a casa. Miré el reloj, ya eran las siente de la noche. Fui a calentar la comida que trajo Viviana, me di el lujo de probar y me encantó.

Le voy a pedir su receta porque sabe muy bien, espero que me salga igual si llega a darme.

«Si Tom no llega rápido, que se olvide de merendar porque estoy que lo acabo de un bocado.»

— Ya llegué. — salí corriendo de la para recibirlo a penas escuché su voz, hice que me cargue en sus brazos y caminó conmigo hasta la cocina. Me sentó en el mesón de los platos e hice que se acerque a mi rodeando su cintura con mis piernas. — Te extrañé, Billy.

— Yo también. — mi corazón latía como un loco desenfrenado.

— Huele bien, ¿cocinaste tú? — apartó un mechón de cabello poniendolo detrás de mi oreja.

— No, lo trajo una prima de Georg.

— Ah, cierto… — arqueó las cejas. — Viviana, ¿no?

— Sí. — fruncí el ceño.

— Era mi ex novia. — comentó, le di un golpe en el hombro. No me divertían sus historias tontas. — ¡Tuya también hace mucho! Acuerdate que fue ella la que nos hizo dar el beso a los dos esa vez…

— Mierda. — cubrí mi rostro con ambas manos. — Lo olvidé completamente, es que está muy cambiada y a parte tiene un hijo.

— Georg nos mataría si llega a enterarse que ambos nos comimos a su prima.

— Ni lo digas así, joder. Suena vulgar.

— Es la realidad. — besó mi mejilla. — Te cuento que ya conozco gran parte de la ciudad. — me hice un espacio para empezar a repartir la comida en la
mesa junto con un poco de bebida. Me senté al lado de Tom y empezamos a comer. — Que delicia. — asentí con la cabeza. — Como te decía, amor, me llevaron a recorrer la mayoría así de pasada, me explicaron bonito y créeme que cuando salgamos juntos te va a gustar.

— Espero que sí, pero… ¿qué días nomás trabajas?

— Todos los días. — suspiró con pesadez. — De ocho y media de la mañana a siete de la noche, en serio es mucho trabajo.

— Mirale el lado bueno, no vas a pasar solo aquí como me toca a mí.

— El domingo trabajo de diez de la mañana a cuatro de la tarde, ese es el único día que pasaremos juntos en gran parte.

— Bien. — terminamos de comer y lavamos los trastes que ensuciamos. Tom entró a darse un baño rápido mientras yo trataba de comunicarme al móvil de Gordon pero no me tomaba. Intenté al de mamá y esta vez si contestó.

— ¿Hola?

— Ma, ¿cómo estás?

— Billy, que bueno que llamas. Estabamos preocupados por ustedes, ¿llegaron bien?

— Ayer mismo pero no pudimos llamarte porque estabamos ocupados en arreglar y todo eso…

— Bueno, bebé, lo importante es que llegaron sanos y salvos. — confieso que me gusta mucho que Simone me hable así de bien, me siento mimado.

— Sí…

— ¿Y Tom? ¿Cómo está?

— Yo creo que feliz, desde hoy empezó a trabajar con lo que le gusta y bueno, si lo extrañé mucho porque necesitaba su companía.

— Cariño, ya no lo vas a extrañar mucho porque por la emoción de tus estudios ni te vas a acordar de él.

— No digas eso, ma. — reí con nervios. — Siempre paso pensando en él…

— …como él en ti. — culminó por mí. Mis mejillas se pusieron de un ligero tono rosita, mordí mi labio enteramente tratando de calmarme. — Tom te adora, Bill. Por favor cuidense entre los dos, saben muy bien que en una relación debe haber comunicación, respeto, confianza y dedicación. Me gustaría que su amor perdure por siempre, ya sea como hermanos o novios. Yo los voy a apoyar en todo momento, no me importa la circunstancia, siempre estaré ahí para apoyarlos.

— Gracias…

— No te preocupes, mi cielo. Fue lo que le dije a Tom antes de que vaya por ti y ahora te lo digo a ti, bebé.

Quería ponerme a llorar…

— Te amo, Billy. No lo olvides.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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