
Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 2

A penas nos levantamos nos dimos la oportunidad de conocer el crucero y joder, era una maldita ciudad flotante. Caminamos tomados de las manos por el Central Park, un pasillo gigante al aire libre lleno de plantas reales que me dejó con la boca abierta. Pasamos por las zonas de las piscinas donde la música retumbaba y mucha gente se divertía.
Acepto que Sara tiene buen gusto para los regalos y que se lució.
Ya para el resto de la tarde nos la pasamos comiendo delicioso en los buffets, tomando un par de tragos coloridos junto a la piscina y riéndonos de cualquier tontería. Cuando la noche cayó decidimos ir a uno de los restaurantes de lujo del barco para nuestra primera cena oficial como esposos.
Nos arreglamos impecables para la ocasión y en cuanto nos ven, asignaron una mesa apartada con una vista hermosa al océano iluminado por la luna. Todo está perfecto, la comida era un manjar y Tom no dejaba de acariciar mi mano que está encima de la mesa.
¡Parecía un sueño lo que estoy viviendo!
— ¿En qué piensas? — cuestiona Tom posando sus dedos en mí mandíbula para hacer que lo mire.
— Esto es perfecto para ser verdad. — murmuré soltando un suspiro. — Siento muchas ganas de llorar por lo bien que me siento y quizás te suene extraño pero mi vida siempre fue un caos, Tom.
— Lo sé, mi amor, y no me suena extraño. — respondió con calma. — Sé perfectamente lo mucho que te ha tocado pasar y todo el caos que has tenido que arrastrar antes de llegar hasta aquí, pero no es momento de pensar en eso, ¿está bien? — se inclinó un poco más sobre la mesa, acortando la distancia entre nosotros y plantó un beso suave en mis labios.
Quería morir.
— Está bien…
— Genial y quiero que te metas algo en esa cabecita hermosa, Billy… esto no es un sueño. Esto es real y es lo que te mereces. Estás conmigo, eres mi esposo y mi único maldito trabajo en esta vida es asegurarme de que seas feliz, de que te sientas seguro y de que nunca más vuelvas a pasar por una mierda tú solo. — sentí un nudo en la garganta y mis ojos se humedecieron un poco por la emoción. — Así que si quieres llorar, llora, igual pienso consentirte y darte la vida perfecta que siempre debiste tener, señor esposo de Tom Kaulitz. — añadió en un murmullo travieso guiñándome el ojo.
— Eres un idiota… un idiota perfecto. — susurré ladeando una sonrisa, limpiándome los ojos con la servilleta y apretando su mano con fuerza.
Joder, lo amaba tanto que me dolía el pecho de solo pensarlo.
— Así que vamos a brindar, marido mío. — se alejó lo suficiente para servir un par de copas de vino tinto para los dos. Ambos tomamos nuestras respectivas copas y la levantamos al aire. — ¿Por nosotros?
— Por nosotros, Tom.
— Salud. — hablamos al mismo tiempo y chocamos las copas antes de beber teniendo la mirada fija en el otro.
Tom en el proceso me guiñó un ojo, poniéndome jodidamente sonrojado.
&
Por la mañana decidimos ir a las piscinas porque el calor era insoportable.
Tom se encargó de hacer que pongan una sombrilla para que estuviera cómodo. Se encargó incluso de que me trajeran una bebida con suficiente hielo y una revista de las que a mi me encantaba leer cuando no hacía nada.
Estaba tan concentrado en mi lectura y en darle pequeños sorbos a mi trago que no me di cuenta en qué momento el agua salpicó ligeramente cerca de mi camastro. Alcé la mirada por encima del borde de la revista y ahí estaba él, saliendo de la piscina. Mis ojos lo vieron como si fuera un vídeo en cámara lenta.
Las gotas de agua se deslizaban por su pecho bronceado, bajando por su abdomen hasta perderse en el resorte de su traje de baño, justo en esa zona V que traía a más de una de las tipas de las camastros de al lado con el cuello torcido.
Tom se sacudió las trenzas mojadas con una mano, haciendo que un par de gotas volaran por el aire, y caminó hacia mí. Tenía una sonrisa de suficiencia en el rostro, claramente consciente del espectáculo que estaba dando y de las miradas que robaba, pero sus ojos estaban clavados única y exclusivamente en mí.
— ¿Disfrutas de la vista, Billy? — se burló con voz ronca deteniéndose justo frente a mi camastro. Apoyó ambas manos en los descansabrazos, inclinándose lo suficiente como para que pudiera oler el cloro mezclado con el aroma de su piel. Desde esa distancia, los rasguños de la primera noche en su hombro y espalda eran perfectamente visibles.
Me había pasado de salvaje.
— Podría estar mejor. — mentí con descaro bajando la revista y mirándolo de arriba abajo. Tom soltó una carcajada y sin importarle que estuviera empapado, se inclinó un poco más para robarme un beso rápido.
— Eres un mentiroso. — murmuró contra mis labios, estirando la mano para tomar un cubo de hielo del vaso de mi bebida. — Vi cómo me estabas devorando con la mirada desde que me metí al agua.
Antes de que pudiera quejarme, pasó el cubo de hielo con delicadeza por mi clavícula, haciéndome soltar un jadeo por el cambio tan brusco de temperatura. El hielo comenzó a derretirse rápido por el calor sofocante, dejando un camino húmedo que Tom no tardó en seguir con su lengua, subiendo de nuevo hasta mi cuello.
— ¡Tom, muévete, estás mojando el camastro! — protesté entre risas aunque mis manos ya se habían posado en sus caderas de forma automática, reteniéndolo ahí.
La revista había pasado incluso a segundo plano.
— Que se moje, no me importa. — finalmente sube a mi boca para darme un beso. En cuanto se separa lo miro con un puchero en los labios.
— Me caes mal.
— Tú también a mí y aún así te amo.
Iba a continuar besándolo pero…
— Oye… — detrás de él había un niño pequeño con un salvavidas mirando a Tom con cierta timidez.
— ¿Sí?
— He visto como nadas y y-yo quisiera que me enseñes… por favor… — la timidez del niño era adorable. Se aferraba a su flotador inflable mientras miraba a Tom como si fuera un superhéroe o algo parecido.
— Yo… — Tom carraspeó rascándose la nuca. — A ver, campeón… ¿tus papás saben que…?
— Están allá. — interrumpe y señala con su manito hacia unos camastros del otro lado, donde una pareja de mujeres nos saludaba con una sonrisa disculpándose a lo lejos. — Dijeron que si no te molestaba… eres muy rápido nadando. — no pude evitar soltar una risita, cruzando las piernas mientras miraba a mi esposo.
— Anda. — alenté con una sonrisa ladina. — No lo hagas esperar.
Tom sonrió.
— Está bien, vamos. — le dijo Tom, revolviéndole el cabello con cariño. — Pero tienes que hacerme caso en todo si quieres nadar rápido, ¿entendido?
— ¡Sí! — chilló el niño emocionado, saltando un poco.
Tom caminó de regreso a la piscina con el niño siguiéndole los pasos. Tomé un sorbo de mi bebida y me dediqué a mirarlo desde mi lugar. Ya no solo era un niño, ahora eran varios y joder, verlo interactuar así con los chiquillos me ponía algo nervioso.
No quisiera que por su cabecita loca se le cruce la idea de querer tener un hijo conmigo porque si no, pfff, ¡moriría!
— Estás pálido. ¿Te pegó fuerte el sol? — una voz femenina me sacó de mis pensamientos de golpe.
Alcé la mirada y vi a una de las madres del primer niño, que se había acercado a mi camastro sosteniendo una bebida. Me miraba con una sonrisa amable y luego desvió los ojos hacia la piscina, donde Tom acababa de lanzar a su hijo por los aires para que cayera con un chapuzón.
— Tu pareja tiene un don natural. — comentó ella cruzándose de brazos. — Mis hijos no le hacen caso ni a su pediatra, pero a él lo siguen como si fuera el flautista de Hamelín.
— Oh. — reí un poco negando con la cabeza.
— ¿Ya tienen hijos?
— Ehm, no… entre los dos no lo tenemos pero si tengo uno aparte.
— Deberían ir pensando en tener un hijo juntos, harían una pareja de papás increíble.
Sentí que me daba un tic nervioso.
Verlo en medio de la piscina rodeado de como cuatro niños que lo imitaban chapoteando y tratando de flotar me generó un cortocircuito mental. Tom los cargaba de a uno, les daba indicaciones con paciencia y se reía con esa soltura floja que solo usaba cuando estaba realmente relajado.
Tragué saliva, sintiendo que el hielo se me quedaba atorado en la garganta.
Un hijo. La sola palabra me causaba un vértigo terrible en el estómago. Con Billem las cosas habían sido terribles y el proceso insoportable, pero pensar en pañales, llantos a mitad de la noche, biberones y la miniatura de un Tom Kaulitz corriendo por la casa con trenzas rebeldes… joder, sentí que la presión se me bajaba de golpe.
— Nosotros… recién nos casamos, creo que es muy reciente para pensar en ello. — atiné a responder con una sonrisa forzada que debió parecer más una mueca de terror.
— Oh, bueno… deberían considerarlo, se nota que a él le brillan los ojos con los niños.
— Ujum.
— De acuerdo, nos vemos. — la mujer se despidió con un gesto y regresó a su sitio, dejándome con una terrible crisis existencial por los cielos.
— Esos enanos son agobiantes, carajo, pero nadan bien. — decía Tom llegando hasta mi camastro luego de despedirse de los niños con un choque de palmas. Mi chico se secaba con la toalla teniendo su mirada fija sobre mí y yo no le había dicho nada porque estaba sumido en mis pensamientos. — ¿Bill?
— ¿Mhmm?
— ¿Qué tienes? — me quedé mirándolo fijamente detallando las gotas que le caían y tratando de descifrar si la tipa de al lado tenía razón con eso de que le brillaban los ojos.
— Nada… — mentí dejando la revista a un lado y encogiéndome de hombros a pesar de que la duda me carcomía. — Solo pensaba en que te ves ridículo haciendo de profesor de natación. — Tom entrecerró los ojos, detectando mi mentira al instante. Tiró la toalla a un lado y se arrastró por el camastro hasta quedar acostado junto a mí.
— Bill, hemos vivido juntos por mucho tiempo. Ya sé cuando me mientes y cuando no. — susurró apegando su cabeza en mi brazo. — Tienes esa línea en la frente que se te pone cuando estás sobrepensando una mierdita, así que mejor dime.
Okay, me atrapó…
— Ahm… tú… ¿deseas tener hijos, Tom?
Tom guardó silencio por unos segundos, y joder, juro que el corazón me dio un vuelco tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho. Su cabeza seguía apoyada en mi brazo, pero sentí perfectamente cómo su respiración se detuvo por un instante antes de volver a la normalidad. Desvió la mirada hacia el frente, observando el agua de la piscina que aún brillaba bajo el sol, y luego volvió hacia mí.
— ¿De dónde carajos salió esa pregunta, Billy? — inquirió con voz suave, pero arrastrando las palabras con calma. Estiró una de sus manos y empezó a delinear distraídamente uno de los tatuajes de mi brazo. — La señora metiche de hace un momento te metió esa mierdita en la cabeza, ¿verdad?
Tragué saliva, sintiendo la garganta extrañamente seca, y asentí apenas odiando el hecho de que me conociera tan bien como para notar el más mínimo cambio en mi postura.
Tom soltó un suspiro largo por la nariz, una mezcla de fastidio por la gente entrometida y de pura ternura hacia mí. Se acomodó mejor a mi lado, subiendo una de sus piernas pesadas sobre las mías para atraparme y buscó mi mano libre para entrelazar sus dedos con los míos, apretándola con fuerza.
— Seria bonito ver una miniatura mía corriendo por la casa, sí… tenemos estabilidad económica y todo pero quiero seguir compartiendo más tiempo contigo y siento que un bebé a estas alturas nos va a quitar tiempo de intimidad. — no sabía si estaba bromeando o no pero lo cierto es que me sentí tranquilo. — Quizás en unos cinco años podamos tener pero ahora soy egoísta y no te quiero compartir.
— Y si en el momento que tú desees hijos… yo ya no puedo tener, ¿qué haremos? — ladeo la cabeza para observarlo. Tom sonrió dándome un besito rápido en los labios.
— No lo tenemos y ya.
Inflé mis mejillas con el aire suficiente para expulsarlo con lentitud.
No iba a agobiarme por eso porque pensaba también en la idea de que nos quitaría tiempo de para divertirnos.
Continúa…
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