
Administración: Esta es la continuación de «Sugar Rush» debes leer la primera temporada, para que esto tenga sentido 😉 Y ahora a disfrutar.

Fic TOLL de WifesKaulitz
Husbands capítulo 1
Dos años después, luego de vivir juntos, experimentar, conocernos a fondo, vivir en familia…
—…yo, Tom acepto a Bill como mi futuro esposo para amarlo, respetarlo y cogerlo hasta que la muerte nos separe.
Ahí estaba yo finalmente frente al altar del registro civil, dándole el toque definitivo que le faltaba a mi vida con la persona que amaba.
Él se veía hermoso llevando un smoking negro que se ajustaba bien a su medida y no pude evitar morderme el labio inferior a penas lo ví. En lo que respecta a mi traje era igual al de Tom con la diferencia de que era color blanco y traía un velo sobre mi cabello que daba para largo.
¡Me veía increíble!
Volviendo a la boda, aquel comentario de Tom aceptando ser mi esposo había causado gracia a los invitados y a mí también por encima de los nervios que me estaban carcomiendo por dentro. De fondo alcancé a oír el grito escandaloso de Tasha diciendo «¡Eso cuñado, ponle las cosas claras!», seguido de un silbido de Georg que hizo que el juez carraspeara la garganta, tratando de recuperar la compostura y la seriedad en la ceremonia.
Miré a Tom fijamente a los ojos a través del encaje que me caía sobre el rostro. Su mirada brillaba con una intensidad que me hizo suspirar y ese piercing en su labio inferior se curvó en una sonrisa de suficiencia que me derretía por dentro.
— El novio siempre tan poético. — susurré sintiendo cómo mis mejillas se teñían de un ligero rubor mientras él me sostenía firmemente de las manos.
— Solo estoy siendo honesto, Bill. — respondió Tom en un murmullo inclinándose hacia mí. — No voy a prometer mentiras en mi propia boda. Te voy a cumplir cada palabra. — el juez que parecía estar arrepintiéndose de haber aceptado casar a los Kaulitz, acomodó sus gafas sobre la nariz y miró su libreta con resignación.
— Bien… prosigamos antes de que el señor agregue más detalles a sus votos. — dijo el hombre haciendo que Tom soltara una carcajada. — Ahora, es el turno del novio… ¿acepta usted a Tom como su legítimo esposo, para amarlo, respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe? — relamí mis labios y sonreí emocionado.
— Acepto.
— Por el poder que me ha sido conferido… — apresuró el juez, queriendo terminar el martirio. — Los declaro unidos en matrimonio. Puede besar al novio.
Tom no esperó un segundo más. Antes de que terminara la frase, dio un paso al frente, atrapó mi cintura con una fuerza posesiva que me descolocó y levantó el velo de encaje con brusquedad para estampar sus labios contra los míos en un beso mientras los aplausos estallaban a nuestro alrededor.
Cuando nos separamos apoyó su frente contra la mía y suspiró medio tembloroso.
— Ya eres mío, mi esposo. Me voy a encargar de demostrarte lo mucho que te amo.
— Joder… — susurré ladeando una sonrisa al mismo tiempo que dejaba escapar el aire de mis pulmones. Lo veía tan decidido. Eso me hacía sentir confiado y tranquilo a la vez. Nos giramos hacia los invitados y el lugar entero fue un caos de gritos y aplausos.
En primera fila, Billem aplaudía con una sonrisa de oreja a oreja, limpiándose una lagrimita indiscreta de la mejilla. A su lado, Tasha agitaba un pañuelo blanco en medio de un llanto, Georg le daba palmadas en la espalda para calmar su emoción y Gustav sonreía satisfecho por su amigo. Caminamos por el pasillo central tomados de la mano hasta llegar a la salida con los invitados detrás de nosotros y sonreímos.
— ¡Felicidades, perras! — chilló Tasha apareciendo frente a nosotros con una sonrisa y un enorme regalo que recibió Tom por mí. — ¡La boda del año, carajo! ¡Casi me meo de la risa con los votos de Tom!
— Tenía que dejar los puntos claros desde el principio.
— Me encanta, que bonito. Son mi pareja favorita.
— Felicidades, amigo. — Georg y Gustav también se acercaron a abrazarnos. Estábamos aglomerados de gente que ni siquiera conocíamos pero no había problema porque como no haríamos fiesta, no tendríamos que alimentar a personas insignificantes… ¿verdad?
— Ya dejenlos. — comentaba Sara desde atrás llegando con un coche de bebé que hace emocionar a Tasha y dejar todo de lado por ver al bebé. — El auto ya está listo para que se vayan. — señaló el Cadillac dónde Billem ya estaba subido en el asiento del chofer dispuesto a llevarnos al crucero donde iniciaría nuestra gran luna de miel por una semana.
El regalo fue por parte de Sara…
— Cuidense mucho, por favor. — hacia un puchero Tasha sin dejar de mimar al bebé.
— Y tú cuida a Billem. — añadió Tom con preocupación mientras Tasha asiente con la cabeza.
— No quiso ir con nosotros porque anda de novio con Dana Eggers, entonces ajá. — rodeo los ojos.
Los chicos se rieron de mi expresión.
— Está bien, no los quito tiempo. Vayan pronto.
— Que tengan buen viaje. — dijeron todos al mismo tiempo y rápido nos despedimos para luego subir al auto, dejando que Bille nos llevara hasta el punto de partida. En el trayecto Tom se aseguraba de haber metido todas las maletas que iban en la cajonera del auto e iba dándole algunas indicaciones a Bi de como tenía que comportarse con sus tíos este tiempo que estaríamos ausentes.
Se le da súper bien el papel de padre que Billem empezó a llamarlo «papá» como si fuera su verdadero progenitor.
Amaba mucho a la familia que tenía.
Al llegar al puerto sentí mucha nostalgia.
— ¿Estás seguro de que no quieres venir con nosotros? — susurré haciendo un puchero y estrechando su carita entre mis manos. Bille sonrió de lado negando con la cabeza. — Ay…
— Merecen este tiempo de descanso para ustedes dos, no sería correcto que yo estuviera interrumpiendo su luna de miel.
Tom soltó una risita por lo bajo. — No sería interrupción porque eres nuestro hijo y hubiera sido genial que compartamos los tres este momento.
Billem le sonrió de vuelta.
— Tendremos muchos viajes más en familia, ¿okay?
— Bueno. — susurré resignado.
— Por cierto, pa. Te ves increíble… bueno, los dos. Felicidades.
— Gracias, amor… — estreché el cuerpo de Bi entre mis brazos dándole un besote en la cabeza. Había estado en mis momentos de ansiedad cuando los días de la boda estaban por llegar.
Fue un apoyo muy lindo y lo valoro demasiado…
— Los amo, papás. Que tengan el mejor viaje de sus vidas. — murmuró Billem contra mi hombro dándome un último apretón antes de separarse con una sonrisa. Le dio un fuerte apretón de manos a Tom, quien terminó jalándolo para un abrazo corto y protector.
Vimos a nuestro hijo caminar de regreso al Cadillac, despidiéndose con la mano antes de subir y arrancar. Me quedé mirándolo alejarse, sintiendo ese huequito en el estómago que siempre me daba cuando me separaba de él, pero una mano grande y cálida se coló por mi cintura, pegando mi espalda contra un torso firme y seguro.
— Se va a quedar en buenas manos, cielo. — susurró Tom al oído, dejando un beso húmedo justo en la curva de mi cuello que me hizo estremecer. — Ahora, si me permites… tenemos un barco entero esperándonos.
Me giré entre sus brazos, acomodando el velo sobre mis hombros, y le sonreí con esa altanería que tanto le gustaba.
— Espero que el camarote VIP que pagó Sara valga la pena, eh. — Tom soltó una risa ronca y me robó un beso rápido saboreando el gloss de mis labios una vez más.
— Te aseguro que la cama va a ser lo de menos, señor de Kaulitz. — respondió con una mirada lasciva, tomándome de la mano para guiarme finalmente hacia la rampa de abordaje del imponente crucero de nombre «Icon of the Seas».
Pasamos los controles de seguridad en un parpadeo junto con las maletas y el regalo. El personal del barco, al ver nuestros trajes y notar el apellido en las reservas, nos guio de inmediato por el área preferencial. Subir las escaleras con la enorme capa blanca de mi traje arrastrándose fue todo un espectáculo; la gente se nos quedaba mirando y murmuraba, pero a mí me importaba una mierda. Me sentía el rey del mundo caminando al lado de ese hombre de negro con trenzas rebeldes y porte de dios.
Cuando el tripulante abrió la puerta de nuestra suite presidencial en la cubierta más alta, casi me caigo de espaldas. El lugar era jodidamente enorme. Tenía una enorme cama con sábanas de seda blancas, un jacuzzi privado en el balcón que daba directo al océano abierto, y una botella de champaña helada esperándonos en una mesa de cristal.
— Bueno… parece que Sara se lució. — comenté dejando mi velo en el suelo y caminando hacia el balcón para sentir la brisa marina en mi rostro. El sol empezaba a ponerse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados y violetas.
Escuché el clic de la puerta cerrarse con seguro a mis espaldas.
Me giré lentamente y vi a Tom deshaciéndose de la chaqueta de su smoking negro, arrojándola sin cuidado sobre un sillón. Sus ojos se habían oscurecido por completo, fijos en mí con una intensidad que hizo que mi pulso se disparara en un segundo. Empezó a caminar hacia mí con paso lento, felino, desabrochando los primeros botones de su camisa blanca.
— El barco ya va a zarpar, Bill. — susurró con esa voz ronca que me ponía malo, acortando la distancia hasta quedar a un centímetros de mí. — Y quiero aprovechar cada segundo contigo.
Tragué saliva sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo envolverme por completo. Ladeé una sonrisa coqueta, aunque mis manos empezaban a temblar ligeramente por la anticipación.
— ¿Y qué es lo primero que haremos? — Tom atrapó mi mandíbula y rozó su piercing contra mi labio inferior con una lentitud tortuosa.
— Empezar a cumplir mis votos… ahora mismo.
No me dio tiempo de responder. Tom acortó ese último centímetro de distancia y capturó mis labios en un beso que me dejó sin aliento en un segundo. Su lengua empujó con fuerza dentro de mi boca y gemí entre sus labios, enredando mis manos en su cuello, sin importarme arrugar la tela de su camisa.
Tom bajó sus manos grandes hasta mis caderas, apretándome contra su cuerpo lo suficiente. Pude sentir perfectamente su hombría ya dura y demandante presionando en mi contra. Ese contacto me encendió por completo.
Bajó sus besos por mi mandíbula hasta clavarse en mi cuello, justo en el punto que sabía que me volvía loco. Mordió la piel con suavidad y succionó, dejándome una marca clara que ya no tendría que preocuparme en ocultar.
— Ah… Tom… — jadeé echando la cabeza hacia atrás, entregándome por completo al dolorcito placentero de sus dientes.
Sin romper el contacto, Tom me empujó hacia atrás con paso firme hasta que mis pantorrillas chocaron contra el borde de la cama y caí de espaldas sobre el colchón. Tom se posicionó de inmediato entre mis piernas, atrapando mis muñecas contra la almohada con una sola mano mientras me miraba con atención.
— ¿Todo bien?
— Mejor que nunca. — murmuró usando su mano libre para desabrochar lentamente los botones de mi chaqueta blanca. Después se encargó de quitar los de mi camisa y deja al descubierto mi pecho, que subía y bajaba al ritmo de mi respiración agitada. — Te amo.
— Yo también, amor. — susurré, lamiendo mis labios de forma inconsciente. — Hazme tuyo ya, por favor. — Tom asiente bajando la cabeza para atrapar uno de mis pezones entre sus labios, haciéndome dar un respingo sobre la cama.
Poco a poco la ropa fue sobrando hasta que quedamos completamente desnudos y nos entregamos al placer con una intensidad que llevábamos semanas conteniendo. Entre besos hambrientos, caricias y comentarios eróticos por medio de susurros Tom me hizo suyo con una pasión salvaje pero llena de una devoción que me hizo llorar de felicidad. El vaivén del crucero acompañó cada uno de nuestros movimientos hasta que tocamos el cielo juntos, consumando nuestro matrimonio de la forma más perfecta y sucia posible.
Al terminar caímos rendidos el uno sobre el otro, con los corazones latiendo desbocados. Tom me pegó a su pecho húmedo, abrazándome por la cintura mientras dejaba un beso tierno en mi cabeza.
Así nuestra luna de miel acababa de empezar oficialmente.
Continúa…
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