Recuerdos 34

Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 34: An opportunity

Toqué la puerta con los nudillos, esperando escuchar la respuesta de Leandro.

— ¡Adelante! — giré la perilla y entré a la oficina. Leandro estaba sentado detrás de su escritorio, con algunos documentos frente a él. Cuando me vio, sonrió — Tom, qué bueno que viniste.

— Gracias por la oportunidad — respondí con una leve sonrisa mientras me acercaba. Justo cuando iba a sentarme, alguien tocó la puerta.

— Permiso — dijo un hombre al entrar.

Asentí y me hice a un lado mientras él se acercaba al escritorio de Leandro.

— Disculpe la interrupción, señor, pero ya todo está listo. Mañana el nuevo diseñador gráfico vendrá a iniciar su trabajo con el equipo de imagen. Todo está coordinado para renovar la identidad visual de la empresa. 

Leandro sonrió, asintiendo con satisfacción.

— Perfecto. La nueva imagen nos vendrá bien. Es importante que todo esté listo para la presentación de la próxima semana.

El hombre confirmó con un gesto y luego continuó:

— También están listos para recibir a los candidatos para la evaluación.

Mi atención se enfocó completamente en esa parte.

— Muy bien, haz que los llamen. Quiero que todo se haga hoy mismo.

El hombre asintió y salió de la oficina, dejándonos solos otra vez. Leandro se giró hacia mí con una sonrisa.

— Bien, Tom. Como te mencioné por teléfono, no podemos contratarte sin antes hacer una evaluación. Primero tendrás una prueba para medir tus habilidades y, después, la entrevista formal.

Asentí, tratando de mantener la calma.

— Lo entiendo.

— Bien, entonces acompáñame.

Leandro se levantó y me hizo un gesto para que lo siguiera, sentí cómo mi corazón se aceleraba. Salimos de la oficina y caminamos por un pasillo amplio con paredes de vidrio que dejaban ver varias oficinas ocupadas. Traté de no parecer demasiado nervioso, pero mi mente iba a mil por hora.

— Tom, antes de la entrevista, tendrás una prueba técnica — explicó Leandro mientras caminábamos — Queremos ver cómo manejas las situaciones que se te puedan presentar en el trabajo.

— Tiene sentido — respondí, aunque la ansiedad me estaba matando. En este momento solo quería un cigarro para acallar las malditas ganas y no sentirme así, pero no sería prudente.

Llegamos a una sala con varias computadoras y escritorios organizados en filas. Había otras personas ahí, probablemente candidatos como yo. Algunos estaban sentados, revisando papeles, otros parecían más relajados.

— Toma asiento en cualquiera de los puestos disponibles — indicó Leandro — La prueba está diseñada para medir tu capacidad de análisis, resolución de problemas y manejo de datos financieros. Tendrás una hora para completarla.

Me senté en una de las computadoras y respiré hondo. La pantalla mostraba un formulario donde tenía que ingresar mi nombre antes de empezar. Mis manos estaban un poco frías mientras tecleaba Tom Kaulitz.

Hora de demostrar lo que sé.

Presioné «Iniciar».

La primera parte tenía preguntas teóricas sobre economía. Nada que no hubiera estudiado antes, pero igual me ponía nervioso.

«Si una empresa tiene un margen de beneficio del 20% y sus costos operativos aumentan un 10%, ¿Cómo afecta esto su rentabilidad?»

Leí la pregunta dos veces antes de escribir mi respuesta. Usé los cálculos necesarios y pasé a la siguiente.

La segunda parte era más práctica: análisis de estados financieros. Me dieron un balance general con errores y tenía que identificarlos. Revisé cada línea con cuidado, buscando inconsistencias.

Bien, esto lo vi en la universidad… solo tengo que concentrarme.

Empecé a marcar los errores. Había discrepancias en las cuentas por cobrar y en la depreciación de activos. Lo anoté y seguí adelante.

Luego venía un caso práctico. Nos daban una situación real de una empresa con problemas financieros y debíamos proponer una solución.

«La empresa ha tenido una caída del 15% en sus ingresos trimestrales debido a una disminución en la demanda. ¿Qué estrategias recomendarías para mejorar su rentabilidad?»

Pensé en todo lo que había aprendido y comencé a escribir. Reducción de costos innecesarios, diversificación del mercado, renegociación de contratos con proveedores… tenía que demostrar que sabía lo que hacía.

Cuando terminé la prueba, el reloj marcaba exactamente una hora.

Listo. Ojalá haya sido suficiente. Me levanté y fui a hablar con la encargada.

— He terminado.

Ella asintió y me dio una pequeña sonrisa.

— Bien. En breve te llamarán para la entrevista.

Asentí y fui a sentarme en la sala de espera. Saqué mi teléfono y me pasé una mano por la cara, intentando calmarme. Lo difícil ya pasó… o al menos eso espero.

Después de unos minutos, escuché mi nombre.

— Tom Kaulitz.

Me puse de pie inmediatamente y me acerqué a la sala donde me esperaban.

Dentro había un escritorio largo con dos personas sentadas. Uno era Leandro y el otro un hombre de unos 50 años, con gafas y un traje impecable.

— Tome asiento, Joven Kaulitz — dijo el hombre, con voz firme, me senté y traté de mantener una postura recta — Soy el señor Martínez, director del departamento financiero. Leandro me ha hablado de usted.

— Un placer — dije con la mejor sonrisa que pude poner.

Martínez asintió y miró un documento.

— Vemos que acaba de graduarse. ¿Por qué decidió estudiar economía?

— Siempre me ha interesado la administración y las finanzas — respondí con sinceridad — Me gusta analizar datos, encontrar soluciones y mejorar estrategias.

Martínez me observó por un segundo antes de hablar.

— Bien. Vimos su prueba y sus respuestas fueron bastante sólidas. Pero dígame, ¿Cómo maneja la presión? En este trabajo hay plazos ajustados y decisiones importantes.

«Manejar la presión…»

— Creo que la presión es inevitable en cualquier trabajo, pero la clave está en la organización. Cuando tenía mi empleo de medio tiempo durante la universidad, tenía que equilibrar trabajo y estudios. Hubo momentos en los que apenas dormía, pero aprendí a priorizar, a trabajar bajo presión y a cumplir con todo.

Martínez pareció conforme con la respuesta.

— Bien. Ahora, imagínese que encuentra un error en los estados financieros de la empresa que podría generar pérdidas millonarias si no se corrige. Sin embargo, su jefe insiste en que lo deje pasar porque arreglarlo tomaría tiempo. ¿Qué haría?

Mierda.

Sabía que esta era una de esas preguntas trampa.

— Le informaría a mi jefe de las consecuencias de no corregir el error. Aunque tomaría tiempo solucionarlo, el daño a largo plazo sería peor. Si él aún así insiste, buscaría una segunda opinión dentro de la empresa. Lo importante es que la empresa no sufra por una decisión apresurada.

Leandro sonrió levemente y Martínez tomó nota.

— Buena respuesta — dijo Martínez — ¿Tiene alguna pregunta para nosotros?

Pensé por un segundo.

— Sí. Me gustaría saber qué oportunidades de crecimiento ofrece la empresa a los nuevos empleados.

Martínez pareció impresionado por la pregunta y asintió.

— Nos gusta que nuestros empleados se desarrollen. Hay capacitaciones constantes y posibilidades de ascenso según el desempeño.

Leandro me miró y sonrió.

— Eso es todo, Tom. Muchas gracias por venir.

Respiré hondo y me puse de pie.

— Gracias a ustedes por la oportunidad.

Martínez y Leandro estrecharon mi mano y salí de la sala. Cuando crucé la puerta, solté el aire que ni sabía que estaba conteniendo cuando a mi derecha ví a un hombre que parecía esperarme.

— Sígueme, ahora solo queda esperar — dijo con una leve sonrisa.

Asentí y lo seguí por el pasillo hasta una sala de espera más cómoda. Tenía sillones, una máquina de agua y hasta una pequeña mesa con bocadillos.

— Puedes quedarte aquí hasta que haya novedades — me informó — Si quieres algo de comer, la cafetería está en el primer piso.

— Gracias — respondí, tomando asiento.

Y ahí empezó la larga espera.

Al principio traté de distraerme revisando el celular, pero la ansiedad no me dejaba concentrarme en nada. Miraba la hora cada cinco minutos, esperando que el tiempo pasara más rápido. Cerca del mediodía, decidí ir a la cafetería para comer algo. Pedí un sándwich y un café, pero apenas sentí el sabor de la comida con la ansiedad que tenía encima.

Volví a la sala de espera y traté de relajarme, pero cada minuto se sentía como una eternidad. Pasó la una, luego las dos, las tres… Veía entrar y salir a empleados, escuchaba teléfonos sonar, pero nada pasaba conmigo.

Para cuando dieron las cinco de la tarde, ya había perdido la esperanza. Seguramente habían elegido a otra persona. Suspiré y estaba por levantarme para irme cuando el mismo hombre que me guío aquí me hablo haciendo que me sobresaltara, prácticamente salió de la nada y ahora estaba al lado mio.

— El señor Leandro le espera  — dijo sin darme más información.

Tragué saliva y me puse de pie al instante mientras le agradecía. Fui directo a su oficina, sintiendo que cada paso pesaba más que el anterior. Toqué la puerta y escuché su voz decir:

— Adelante.

Entré y lo vi con una expresión que no lograba descifrar. Me quedé de pie frente a su escritorio, esperando el veredicto.

Entonces sonrió.

— Felicidades, Tom. Estás contratado.

Parpadeé, sin procesar bien sus palabras.

— ¿Qué? ¿En serio?

— Sí — asintió — Martínez cree que tienes potencial y que puedes aportar mucho a la empresa. Sabemos que no tienes años de experiencia, pero todos tienen que empezar en algún momento. No podemos cerrarle la puerta a alguien con talento.

Leandro se inclinó ligeramente sobre su escritorio y continuó:

— Por eso, hemos decidido darte la oportunidad de empezar como Asistente Financiero. No es un puesto alto, pero es una puerta de entrada. Si te esfuerzas y demuestras tu capacidad, con el tiempo podrás ascender y asumir mayores responsabilidades. Aquí valoramos el desempeño y la dedicación, y estoy seguro de que puedes llegar lejos.

Asentí, procesando sus palabras. No estaba mal. Empezar desde abajo significaba aprender, ganar experiencia y demostrar de lo que era capaz. Quizás no era la gran oportunidad que había imaginado, pero al menos era un inicio. Y eso ya era algo positivo.

— Gracias… De verdad, gracias — logré decir, todavía sorprendido.

Leandro se rió.

— No me des las gracias todavía, ahora viene lo difícil: el trabajo real. Te espero aquí mañana para firmar tu contrato y empezar.

— Aquí estaré — dije con una sonrisa.

Al salir de la oficina, aún tenía una sonrisa en el rostro. Lo había logrado. No era un puesto alto, pero era una oportunidad. Algo en mi pecho se sentía más ligero, como si un peso que llevaba días acumulándose finalmente se hubiera disipado.

Subí a mi auto, lo encendí y puse música, disfrutando del trayecto de regreso con un ánimo renovado. Por fin tenía algo seguro. La idea de trabajar cualquier otra cosa ya no era una jodida opción y eso me ponía el doble de feliz. 

Cuando llegué a casa, eran las seis de la tarde. Entré con normalidad, dejando las llaves en su lugar, y antes de siquiera decir algo, escuché los pasos apresurados de Nataly y mamá acercándose.

— ¡Tom! — exclamó Nataly emocionada — ¿Cómo te fue? ¡Dinos!

— ¿Te dieron el trabajo? — preguntó mamá, mirándome con expectativa.

Les lancé una mirada seria, suspiré y bajé la cabeza fingiendo tristeza. 

— No… — murmuré.

Vi cómo la expresión de ambas cambió de inmediato. Mamá se acercó con preocupación y Nataly frunció el ceño, como si estuviera a punto de decir algo para animarme.

Justo en ese momento, no pude evitar reírme. Solté una carcajada y abracé a mamá fuertemente.

— ¡Sí me lo dieron! — exclamé con entusiasmo — ¡Me dieron una oportunidad! Voy a empezar como asistente, pero eso es bueno porque voy a ganar experiencia.

Nataly me golpeó el brazo con una mueca de indignación.

— ¡Idiota! Nos asustaste.

Mamá suspiró, llevándose una mano al pecho.

— ¡Tom! ¿Por qué haces eso? ¡Casi me da un infarto!

Me reí de nuevo y la solté para mirarlas.

— Tenía que hacerlo más emocionante.

Mamá negó con la cabeza, pero tenía una sonrisa en el rostro.

— Felicidades, cariño. Sabía que lo lograrías.

— ¡Esto hay que celebrarlo! — exclamó Nataly con emoción.

Mamá decidió celebrar la noticia con spaghetti, mi comida favorita. Apenas el aroma llenó la casa, mi estómago rugió de hambre y eso era algo sorpresivo, supongo que tanta alegría me ha abierto el apetito. Nos sentamos a la mesa y, mientras comíamos, ellas no paraban de preguntarme cómo me había ido.

— ¿Y cómo fue la entrevista? — preguntó mamá con curiosidad.

— Bien, creo que Leandro me tenía fe desde antes, así que no fue tan difícil — respondí, tomando un bocado — Me explicaron, me hicieron algunas preguntas y eso.

— Pero dime, ¿Vas a usar traje todos los días? — soltó Nataly con una sonrisita burlona.

Rodé los ojos y asentí.

— Obviamente. ¿Qué esperabas?

— ¡Wow! — exclamó, llevándose las manos a la boca dramáticamente — ¡Tom Kaulitz, el de las ropas tres tallas más grandes, ahora irá en traje todos los días! ¿Dónde quedó el hermano que conocía?

Mamá rió y yo le lancé una mirada divertida.

— Sigue aquí — respondí — Solo que, de lunes a viernes, usa traje. Pero sábado y domingo… — me incliné un poco hacia ella con una sonrisa — Mis prendas anchas volverán.

Nataly soltó una carcajada.

— ¡Entonces el Tom original sigue vivo los fines de semana!

Negué con la cabeza mientras mamá sonreía.

— Te acostumbrarás — dijo mamá — Lo importante es que ahora tienes estabilidad y un futuro claro.

Después de terminar de cenar, ayudé a mamá y a Nataly a lavar los platos. No me quejé, después de todo, hoy había sido un buen día y merecía cerrar bien.

Cuando terminamos, todos decidimos ir a dormir. Antes de subir a mi habitación, noté a Scotty dormido en un rincón de la sala.

— No puedes irte a la cama sin cenar, amigo — murmuré, acercándome a servirle su comida y agua.

Scotty apenas abrió un ojo, pero en cuanto sintió el aroma de la comida, se incorporó con pereza y comenzó a comer tratando de no caer dormido. Sonreí, dándole unas palmaditas en la cabeza.

— Buenas noches, mamá. Buenas noches, Nataly — dije antes de subir las escaleras.

— Buenas noches, hijo — respondió mamá con una sonrisa.

— Buenas noches, Tom, y felicidades otra vez — agregó Nataly.

Caminé a mi habitación con Scotty siguiéndome de cerca. Como siempre, él tenía su propia cama en el suelo, aunque muchas veces terminaba subiéndose a la mía a mitad de la noche.

Me quité el traje con un suspiro de alivio y me puse mi pijama habitual. Definitivamente extrañaba la comodidad y era mil veces mejor. 

Me metí en la cama y solté un largo suspiro, sintiendo cómo el cansancio del día me atrapaba poco a poco y pronto caí dormido. 

Pero claro, los sueños no se hicieron esperar. 

Todo era borroso, pero tranquilo.

El aire era fresco, la luz del sol caía con suavidad sobre un campo abierto. Uno grande lleno de vegetación verde y una que otra flor de colores llamativos sobresalía entre tanto pasto. No sabía dónde estaba, pero tampoco importaba. Porque él estaba allí.

Bill.

Mi corazón se aceleró al verlo. Estaba de pie, mirándome con una sonrisa cálida, como si todo estuviera bien, como si todo lo que pasó entre nosotros jamás hubiera ocurrido.

Mis pies se movieron solos, corriendo hacia él. 

— Bill… — mi voz tembló cuando lo alcancé, él me recibió con los brazos abiertos, y sin dudarlo, lo abracé con fuerza. Lo apreté contra mí como si pudiera quedarme con él para siempre. Era tan real que dolía — Perdóname… — susurré contra su hombro.

Bill me sostuvo sin decir nada, su calor me envolvió como un recordatorio de todo lo que habíamos sido. De lo que nunca dejamos de ser, de lo que perdí.

Pero entonces, el mundo cambió.

El sol desapareció, el campo se difuminó en sombras. Sentí que el cuerpo de Bill se desvanecía entre mis brazos, y cuando quise sujetarlo, ya no estaba.

El aire se volvió pesado, el suelo oscuro.

— No eres suficiente.

Esa voz.

Mi cuerpo se tensó. Frente a mí, entre las sombras, apareció mi padre. Su figura se multiplicó en la nada, rodeándome, repitiéndolo una y otra vez.

— No eres suficiente. Nunca lo fuiste, Tom.

— No es verdad… — mi propia voz sonó rota.

— ¿Ah, no? — la burla en su tono me erizó la piel — Bill pensó lo mismo.

Mi estómago se revolvió.

— Bill… — susurré, tratando de decir más, pero su voz me interrumpió.

— Claro que lo hizo. Prefirió su felicidad sin ti, porque tú lo destruiste. Lo dañaste tanto que tuvo que alejarse para poder respirar.

Sentí un nudo en la garganta.

— Yo…

— Lo hiciste sufrir. No fuiste suficiente para él. Igual que no lo fuiste para mí.

La risa de mi padre resonó en la oscuridad, envolviéndome, arrastrándome hacia un abismo donde las mismas palabras se repetían sin cesar.

— ¡Déjame en paz! — grité, con la respiración agitada. Pero su risa solo se hizo más fuerte — Siempre estás aquí — solté entre dientes, con rabia contenida — En mis sueños, en mi cabeza, en mi maldita mente. Como una maldita sombra. ¡Déjame en paz de una vez!

— ¿Por qué habría de hacerlo? — su tono era burlón, disfrutando de mi desesperación — Eres débil, Tom. No sirves para nada. Toda tu vida has estado huyendo de lo que eres.

Apreté los puños con fuerza.

— Yo lo dejé ir — mis palabras salieron entrecortadas — Decidí dejarlo ser feliz sin mí.

— ¿Feliz? — mi padre rió con desprecio —  No. Lo obligaste a alejarse, lo empujaste al abismo con tus propias manos. No querías lastimarlo, ¿Cierto? ¡Pero lo hiciste de todos modos! Lo arruinaste todo, como siempre lo haces.

Sentí un ardor en el pecho.

— ¡Nunca quise hacerlo!

— Pero lo hiciste. Igual que lo hiciste con todo lo demás en tu vida.

Las sombras a mi alrededor se movieron. De pronto, ya no era solo mi padre, sino cientos de voces repitiendo lo mismo, en eco, en burla.

— Nunca fuiste suficiente.

— Nunca lo serás.

— Y en ese trabajo tampoco lo serás.

Fruncí el ceño.

— ¿De qué hablas?

Jörg sonrió con crueldad.

— ¿De verdad crees que vas a lograrlo? — su voz se volvió más fría — No has hecho nada bien en tu vida. ¿Por qué eso sería diferente?

Mi pecho se oprimió.

— Voy a intentarlo.

— ¡Ja! — se burló — No tienes disciplina, no tienes constancia. Eres un fracaso. No sirves para esto.

Su risa se volvió ensordecedora, y sentí que el suelo se derrumbaba bajo mis pies.

— ¡Es solo un sueño! — susurré, desesperado. Tenía que despertar.

Intenté abrir los ojos, intenté moverme, pero era como si las sombras me retuvieran.

— ¡Es un maldito sueño!

— Sí, Tom. Pero cuando despiertes… — mi padre se inclinó hacia mí, susurrando con malicia — Seguirás siendo el mismo fracaso de siempre.

Y entonces, desperté con la respiración entrecortada, el pecho subiendo y bajando de forma errática mientras trataba de aferrarme a la realidad. Mi corazón latía con fuerza, y por un instante, todavía sentía su voz en mi cabeza, sus palabras resonando como un eco imposible de acallar.

Siempre era lo mismo.

Desde aquella noche en la que todo se quebró, en la que lo perdí todo. Las voces, mi padre, Bill, los sueños me habían perseguido sin tregua. Las mismas sombras, las mismas burlas, la misma condena. Y lo peor era la sensación. Esa sensación sofocante, frustrante… como si estuviera atrapado en un bucle interminable, incapaz de despertar del todo.

A veces, llegaba a creer que lo veía.

Mi padre, de pie en algún rincón, observándome con su maldita sonrisa burlona.

Bill, mirándome con decepción.

Era aterrador.

Al principio pensé que me estaba volviendo loco, que tal vez había llegado al punto en el que mi propia mente se rebelaba contra mí. Pero nunca dije nada. No quería preocupar a nadie. Aprendí a lidiar con eso solo.

Suspiré y me llevé una mano al rostro, pasándola por mi cabello antes de fijarme en la hora.

Las tres de la mañana.

— Maldita sea… — susurré.

A mi lado, Scotty dormía plácidamente, ignorando mis demonios como siempre. Sonreí con suavidad al verlo ahí. En su camita nunca duraba, siempre terminaba subiéndose conmigo.

Me giré en la cama, quedando de espaldas y fijando la vista en la oscuridad del techo. Pensé en todo y en nada.

Pensé en Bill.

¿Dónde estaría ahora? ¿Qué estaría haciendo? ¿Qué pensaría de mí, después de todo? Había pasado tiempo, tantas cosas… pero en la oscuridad, cuando no había ruido, cuando no tenía que fingir ser fuerte, podía admitirlo, podía enfrentar lo que sentía.

Lo extrañaba.

Me dolía admitirlo, pero lo extrañaba. No solo su presencia, sino todo lo que éramos, todo lo que alguna vez tuvimos.

Lo dejé ir y aunque sabía que fue mi culpa, aunque lo aceptaba, no cambiaba el hecho de que… Dios, cómo deseaba verlo una vez más, pero eso era imposible. Después de todo lo que pasó, después de cómo terminó todo… Bill seguramente ya me había olvidado. Quizás ya conoció a alguien más, alguien que lo hiciera feliz, alguien que no lo lastimara como yo lo hice… alguien que le diera lo que yo nunca pude darle.

La idea me provocó una punzada en el pecho.

Cerré los ojos con frustración y presioné mis sienes, tratando de sacar esos pensamientos de mi cabeza. No podía permitirme esto. Ya no.

Suspiré y me pasé una mano por el rostro. Mi boca estaba seca, como si la pesadilla hubiera drenado hasta la última gota de saliva en mi cuerpo.

No iba a poder dormir así.

Me senté en la cama y miré a Scotty, quien seguía dormido plácidamente, ajeno a mis mierdas. Qué envidia. 

Me levanté sin hacer ruido y salí de la habitación, caminando por el pasillo con el eco de mis pasos resonando en la casa silenciosa.

Al llegar a la cocina, abrí el refrigerador y saqué una botella de agua. El frío del envase me hizo sentir un poco más despierto, más presente. Me serví un vaso y bebí un sorbo, sintiendo el líquido refrescar mi garganta.

Apoyé una mano en la encimera y bajé la cabeza con los ojos cerrados.

Necesitaba dormir.

Pero la idea de volver a cerrar los ojos y revivir la misma maldita pesadilla me ponía los pelos de punta. Sabía que iba a pasar. Siempre pasaba.

Respiré hondo y terminé el agua antes de regresar a mi habitación. Me metí bajo las sábanas con desgana y me acomodé en la cama, girando de un lado a otro, buscando una posición en la que mi cuerpo y mi mente pudieran encontrar algo de paz.

Nada.

Miré al techo, miré la pared, miré a Scotty, que se había acurrucado más cerca de mí sin despertarse.

Suspiré.

Tal vez el cansancio terminaría venciéndome eventualmente, o tal vez me pasaría el resto de la noche con los ojos abiertos, viendo sombras en la oscuridad.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!