
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 47
Desperté en una camilla en una habitación desconocida, con un dolor de cabeza que me martillaba el cráneo. Me senté lentamente, intentando recordar qué había pasado. La última cosa que recordaba era la conversación con Alex en el centro psiquiátrico. De repente, la puerta se abrió y entró una enfermera con una sonrisa amable.
—¿Cómo te sientes? — cuestiona acercándose a mí y tocando mi frente.
—¿Dónde estoy? —pregunté, intentando aclarar mi mente.
—Estás en el centro psiquiátrico. —respondió la enfermera. — Te desmayaste después de una discusión con uno de nuestros pacientes. — me levanté de la camilla intentando recordar los detalles de la conversación con Alex. Me sentía confundido y aturdido. — Cuidado. — volvió a ayudarme a sentarme en la camilla al ver que no podía dar un solo paso porque iba a caer. — Ya llamamos a uno de tus números que tienes en emergencia. Ya están llegando.
Fruncí el ceño demasiado y luego veía a Tom entrar junto a Georg por esas puertas con un rostro de suma preocupación y por supuesto enojo en el de mi novio. Directamente me abrazó rodeando mis hombros con un brazo y su mano del otro brazo me acariciaba el cabello. Yo también me abracé de él con los ojos llenos de lágrimas.
— Vamos, sácame de aquí. Por favor.
— De acuerdo, vamos. — dice al separarse de mi para tomar mis mejillas y plantar un beso sobre la frente cuando cierro los ojos. — Muchas gracias por llamarme, señorita. Le agradezco mucho.
— Está bien, no es nada. Debería tomar un poco de reposo. — Tom asintió entrelazando su mano con la mía para ayudarme a bajar de la camilla e ir caminando hacia fuera. Georg también le agradeció antes de salir a mi detrás con las cosas que me pertenecían.
Íbamos a paso suave pero todos sabíamos que queríamos salir de ese lugar en ese instante y seguramente en casa íbamos a discutir. No quería eso.
— Sube al auto.
— No. — susurré limpiando mis lágrimas. — Yo vine en ese. — señalé el coche estacionado delante del Cadillac. Tom suspiró mirando en esa dirección.
— ¿Las llaves? — señalé la bolsa que tenía Georg y Tom la tomó para buscar las llaves del coche. Se las entregó a su mejor amigo y en ese instante. — Vete en ese auto, nos vemos en la casa de Bill. Luego te iré a dejar a la uni para ir por tu auto y así.
— Sí, amigo. No hay problema.
Tom asintió volviendo a mi para tomar mi mano e ir hasta el auto negro. Hizo que subiera en el asiento del copiloto y luego él rodeó para subir al del chofer. Puso a andar el coche dirección a casa. Todo el camino fue un maldito silencio incómodo entre los dos y era cada vez más incómodo a medida que pasan los minutos. Me sentía confundido y aturdido después de la conversación con Alex, y Tom parecía estar absorto en sus pensamientos con un semblante preocupado o más bien… enfadado.
Al llegar a casa me ayudaba a entrar y Georg metía el auto ya que llegó atrás de nosotros. Yo solo pude huir hasta mi habitación y acostarme en la cama para abrazar la almohada que olía a Tom.
— Pa, ¿qué pasó? — preguntó Maddnees entrando a la habitación, observandome con curiosidad y yo suspiré.
— Ven, amor. Dame un abrazo, por favor. — mi hija corrió hasta subirse a la cama y abrazarme. Sus pequeños brazos estrechan mi cuerpo y los míos estrechan el suyo. Llorando como nunca y Maddnees también parecía llorar conmigo. Me sentí abrumado por la emoción mientras mi hija me abrazaba. Sus pequeños brazos me estrechaban con tanta fuerza, y yo sentía que me estaba ahogando en un mar de sentimientos encontrados.
Lloraba como nunca antes, y mi hija me consolaba con sus propios sollozos. Me sentía como si estuviera desmoronándome por dentro, como si todo mi mundo se estuviera derrumbando. La conversación con Alex había sido un golpe devastador. La idea de que él pudiera ser el padre de mi hijo era algo que no podía procesar. Me sentía como si estuviera viviendo una pesadilla de la que no podía despertar y ahora, con mi hija en mis brazos, me sentía aún más confundido. ¿Qué le iba a decir a ella? ¿Cómo iba a explicarle que ya no quería a su hermanito?
— Pa, no sé por qué estás llorando pero me duele mucho. No quiero que llores.
— Maddy… — la alejé de mi cuerpo para verla, limpiarle sus lágrimas y besarle en la punta de la nariz llena de mocos que caían y trataba de absorber en un intento fallido. — Lo siento, no quiero preocuparte, ¿sí? estoy así porque estoy pasando un mal rato y es todo.
— Está bien, pero ya no llores. — estiró su pequeña mano para limpiar mis mejillas y también besarme la punta de mi nariz roja. Reí conmovido por su gesto. — Los hombres guapos no lloran.
— Oh, por dios. — abrí los ojos en grande aún riendo. — Mira, ya… — limpié mis lágrimas y mis ojos manchados con la manga de mí chaqueta. — Ya, no quiero ser un hombre feo por llorar.
Maddy rió.
— Te amo, pa. No olvides que eres el mejor papá del mundo, ¿sí?
— Y tú la mejor hija del mundo, preciosa. — apreté su mejilla con delicadeza.
— Ya llegué. — finalmente, Tom entró luego de ir a dejar a Georg y todo mi sistema nervioso se activó en ese rato.
No tuve la valentía de ver a Tom. Tenía la mirada fija en cualquier lugar menos en él. Maddy fue a saludarle con un abrazo y no sé que cosas le decía porque estaba susurrando e igual no quería meterme en su conversación. Estaba muy nervioso para querer escuchar. — Ve a tu habitación, Maddy. Déjame hablar con papá a solas, por favor. Y no te quedes tras la puerta, no me quiero enojar contigo, ¿sí?
— Sí. — la niña salía corriendo de nuestra habitación y Tom se aseguró de verla entrar para así cerrar la puerta de nuestra habitación. Lo hizo con seguro y se sentó en el borde de la cama, mirándome. Intercambiamos miradas pero no duró mucho porque la volví a desviar y tragaba saliva en exceso.
— ¿Qué te dijo Alex? — preguntó, con un tono suave pero firme. Me sentí un poco incómodo bajo su mirada. Esta estaba tan diferente a todas. La había visto en alguien más y ese era Alex cada vez que le daba celos y me golpeaba.
— Por favor, no me mires así que me da mucho miedo. Pienso que me vas a golpear. — murmuré con los ojos cerrados y solo escuché el suspirar de Tom seguido de un ‘lo siento’. — Y me dijo que… que él es el padre de mi hijo. — respondí, intentando mantener la calma.
— No es cierto. — responde en tono firme.
— ¿Cómo sabes que no es cierto? — esta vez lo miré tratando de mantener la tranquilidad. Tratando de no alterarme y no empezar a gritar.
Tom tenía una expresión seria.
— Porque es mío y ya.
— ¿Y si no?
— Seguiría siendo mío, Bill. ¿Cuál es el problema?
— No lo quiero tener… no quiero que Alex esté sobre mi otra vez por el bebé o su mamá. — volví a llorar silencioso. — No los quiero en mi vida, Tom. Tú y yo podríamos tener uno nuevo más adelante pero por ahora no.
— Pero estás pensando solo en tí… a mí realmente no me molesta en lo absoluto si no tiene mi sangre. Igualmente lo voy a amar como a Maddnees y te juro que no tengo problema. Y si no quieres que te molesten solo tendrán una orden de alejamiento y ya. Hasta el final diremos que es mío.
— No puedo engañarme a mi mismo, otro embarazo que la pasaría mal así como el de Maddnees y tendría resentimiento durante un largo rato, Tom. — arrastré mi trasero lo suficiente hasta estar cerca de él y tomé sus manos que estaban frías, frías, frías entre las mías para besar en la piel. Después del beso las arrimé en mi mejilla izquierda con los ojos cerrados y sollocé. — Estoy a tiempo, lo puedo sacar.
— No… — susurró quitando sus manos para ponerse de pie y darme la espalda con ambas manos en su rostro y también estaba llorando. Con mucho resentimiento en su llanto. — Yo quiero el bebé, Bill. Quizás soy un egoísta por no entender tus razones pero no sabes lo ilusionado que estaba por eso, mierda.
— Pues yo no lo quiero tener, punto y se acabó. — dije dirigiendo mis pasos a la puerta para abrirla y cerrar de un portazo.
.
By TOM
Me quedé estático mirando un punto fijo en la pared mientras las lágrimas seguían cayendo por mi rostro. Sentía un vacío gigante en el pecho, como si me hubieran quitado algo muy preciado y de hecho me lo quieren quitar. No podía creer que Bill estuviera considerando abortar nuestro hijo, maldición y mi mundo se está derrumbando cada que lo pienso.
Quería morir.
No podía estar más tiempo aquí encerrado, así que me fui de la habitación, sin saber a dónde iba. Solo sabía que necesitaba salir de allí, alejarme de la dolorosa realidad que me rodeaba. Me encontré caminando por las calles, sin rumbo fijo. La lluvia comenzó a caer, y yo la dejé golpearme sobre mi rostro, como si quisiera aliviar el dolor y la tristeza que me invadían. No sabía qué hacer, no sabía cómo convencer a Bill de que no abortara nuestro hijo. Solo sabía que no podía perderlo, no podía perder la oportunidad de ser padre.
La lluvia seguía cayendo, y yo seguía caminando, sin saber dónde iba, pero sabiendo que no podía regresar a la casa, no podía enfrentar a Bill en ese momento.
Seguí caminando durante horas, sin saber a dónde iba ni qué hora era. La lluvia había cesado, pero mi mente seguía turbada.
Finalmente, me encontré en un parque, sentado en un banco, mirando el lago que se extendía frente a mí. La tranquilidad del lugar me ayudó a calmarme un poco, pero la tristeza y la preocupación seguían presente. Pensé en Bill y en nuestro hijo, y en cómo todo había cambiado en un instante. Me sentí impotente.
La oscuridad comenzó a caer, y yo seguía sentado en el banco, perdido en mis pensamientos. No sabía qué hacer, no sabía dónde ir. De repente, escuché el sonido de un teléfono. Miré alrededor, y vi que era el mío, que había dejado en vibrador. Lo saqué del bolsillo y vi que era un mensaje de texto de Georg.
«¿Dónde estás? Bill está preocupado», decía el mensaje. Pensé en responder pero no sabía qué decir. No sabía si estaba listo para regresar a casa y enfrentar a Bill. Así que me quedé sentado en el banco, mirando el lago, y tratando de encontrar una respuesta a mis problemas.
&
Mis piernas caminaron por si solas al lugar dónde trabajaba. No era mi día de turno pero aquí estaba ahogándome con una botella tras otra mientras Gianluca me miraba. Estaba sentado frente a mí limpiando una copa con un trapo, en silencio.
La botella de whiskey se vaciaba lentamente mientras yo seguía bebiendo, intentando ahogar mis pensamientos y emociones. Gianluca observaba con una expresión de preocupación, pero seguía sin decirme nada. Simplemente continua limpiando la copa con el trapo, como si estuviera esperando a que yo finalmente hablara.
La habitación estaba martillando mis oídos por el sonido de la música electrónica que provenía del fondo del bar. La luz era tenue, y las sombras parecían bailar en las paredes mientras yo seguía bebiendo.
— Te ves horrible, ¿sabías?
— Estoy horrible desde el pecho, Gian. Estoy que me muero por dentro.
— ¿Quieres que lo hablemos?
— No, es que… — suspiré jugando con el líquido que había dentro de la tasa. — No creo… estoy muy confundido.
— ¿Es por Bill?
— Sí…
— Anda, hablemos. — rodeó la barra para poder acercarse a mí para jalar mi mano y sacarme fuera del bar casi arrastrando. Al estar fuera arrimé mi cuerpo tembloroso en la pared, observando el cielo que empieza a volverse claro. El frío azotó en mi rostro y me abracé a mi mismo. — Dime, quiero escucharte. — de su chaqueta sacó un par de cigarrillos. Uno lo puso en mi boca para después encenderlo y le di una calada. Gianluca pegó la punta del auto en el mío para encenderlo y se alejaba de mi con una sonrisa. — ¿Qué es lo que le tiene tan mal a mi crush?
— Son muchas cosas pero las más importante es mi Bill…
— ¿Qué pasa con él?
— Quiere abortar el bebé porque piensa que no es mío…
— ¿Y eso es reciente?
— Sí. De hecho ambos estábamos felices, yo… no lo entiendo, ¿cómo puede tener el corazón tan frío para decirme que podemos tener otro pero que este no? — la voz se me quebraba a medida que iba sacando lo que tenía.
— Joder, ¿pero qué le hizo pensar así?
— Mhmm. — mordí mi labio inferior luego de sacar el cigarro en el medio de mi dedo índice y corazón. Tiré el humo al levantar la cabeza y suspiré. — Fue a ver a su ex novio esta tarde y lo supe porque me llamaron del centro psiquiatra en el que estaba porque se había desmayado. Desde ahí. Antes me hizo un rico lonche para llevar a mi primer día de clases. Mierda…
— ¿Qué crees que le pudo haber dicho su ex novio para tenerlo así?
— No lo sé, pero si le pregunto tampoco me va a decir. — susurré volviendo a fumar.
— Entonces vamos al origen del problema, su ex novio. — observé a Gianluca sin expresión alguna pero terminaba asintiendo. Él entró para después salir con sus cosas ya que su turno había acabado y nos metimos en su auto pequeño para comenzar a ir hasta el único centro psiquiátrico de Leipzig.
Me daba escalofríos solo imaginarme las babosadas que pudo haberle dicho a Bill para que se sintiera de esa forma.
Al llegar Gian estacionó bien al auto y se volteó hacia mí mientras sacaba un enjuague bucal. — Abre, no puedes entrar así. Apestas a whisky. — rodeo los ojos abriendo la boca para recibir aquel líquido y sin querer me lo tragué. Muy torpe haciéndole reír divertido.
— Me siento medio estúpido y me pone nervioso estar aquí.
— Entiendo, pero vamos a arriesgarnos. — asentí empezando a bajar del auto con la mirada fija en la entrada del lugar. Gianluca me colocó unos lentes de sol para después tomar mi antebrazo y jalarme al interior de ese lugar.
Continúa…
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