
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 31
Escucho las voces de mis papás cada vez más cerca cuando bajan por las escaleras, venían murmurando cosas que no entendí por los nervios.
Tom se puso de pie y yo también por educación.
— Oh, ya está aquí. — reía Charlotte por lo bajo, tensando mi cuerpo.
— Mamá, papá. — habló Tom con la voz temblorosa e incluso estaba sudando por los nervios. Apreté los ojos mordiendo mi labio inferior. — Les presento a Bill, mi novio. — entonces hizo que me diera la vuelta para encarar a mis papás.
Abrí los ojos y me encuentro con un par de rostros pálidos: mamá tenía el entrecejo tan arrugado que no supo disimular y Jörg.
Jörg no dijo nada con palabras pero con esa mirada asesina ya lo dijo todo.
— Billy, ellos son Jörg y Charlotte. Mis papás.
«Ay, Tom.»
— ¿No lo van a saludar? — la verdad es que los tres nos quedamos tiesos por el reencuentro tan inesperado, nos quedamos tiesos porque los tres sabíamos el origen de Tom y él era el único que no lo sabía.
Para no levantar sospechas ~y conociendo bien a mi madre~ ella estiró la mano derecha dando la mejor de sus sonrisas hipócritas. — Mucho gusto. Encantada de conocer al novio de mi hijo.
Y no, yo no podía jugar a esto.
— Joder, yo… y-yo no puedo estar aquí. — dejando la mano extendida de mi madre salí corriendo de la casa. Tom no entendió lo que estaba pasando pero decidió seguirme atrás.
Yo no quería estar ahí, no quería hablar con él, ¡no quería verlo!
Me saqué los zapatos y dejando de lado el auto empiezo a correr sin rumbo fijo.
— ¡Bill! ¡Detente! — escucho la voz de Tom detrás de mí pero eso no me detiene. Continuo corriendo hasta que la lluvia empieza a caer humedeciendo mi vestido, probablemente el teléfono que traía en la mano y todo lo demás.
El agua se mezclaba con las lágrimas y el maquillaje, nublándome la vista porque aún corría por las calles.
Ya cuando no escuché la voz de Tom y llegué hasta un parque pude sentarme a llorar mientras me abrazaba a mi mismo.
Creo que ese era el presentimiento que tuve y decidí no hacerle caso.
¿Cómo carajos Tom iba a ser mi hijo?
Joder.
Yo lo veo como el hombre que me hace feliz, como el hombre que llegó a iluminar mis días y como el tipo con el cuál quiero compartir mis días.
Y claro, ahora las piezas encajaban a la perfección cuando había echo la llamada con mamá y me había llamado por su nombre. Quizás pensaba que Tom llamó para reportarse y mierda.
Mierda, mierda, mierda.
¡Estaba en toda mi maldita razón y decidí no hacerle caso!
Todo este tiempo estuve durmiendo y haciendo el amor con el hijo que me obligué a dejar atrás.
— No puede ser… no puede ser… — quiero desaparecer. — ¡Me quiero morir! — grité empezando a golpear la banca con rabia, jalándome el cabello y dándome golpes en las piernas hasta aruñarme.
Era mi culpa, total y plena culpa mía por haber abandonado a Tom cuando estaba pequeño. Nunca esperé volver a encontrármelo de esta manera… ¿qué clase de ser humano soy? ¿qué clase de papá soy?
Odio mi vida.
¡Siempre pasa algo cuando creo que ya estoy bien con alguien!
— Maldita sea… — murmuré encendiendo mi teléfono que milagrosamente vivía a pesar de que estaba empapado de pies a cabeza. Habían muchas llamadas perdidas de Tom y mensajes donde decía que me estaba buscando, que le mande mi ubicación pero decido bloquear su chat.
Total, no tenía ni mi número personal y mejor así.
En cambio opté por hacer una llamada que nunca pensé que haría.
— Billy, ¿cómo te fue en tu cena?
— Nat, olvida eso. — traté de que mi voz no sonara tan mal pero es que era imposible. — Por favor… dame el número de Nick, es una emergencia.
— Sí, claro. — colgué la llamada y al instante me llega el número de Nick por mensaje. Pulsé en la pantalla con el dedo entumido y de inmediato empiezo a llamarlo.
— ¿Sí?
— Soy Bill, ven por mí. Por favor.
— Oh, Billy… es muy tarde y está lloviendo.
— Por favor. — sollocé.
— Está bien, ¿en dónde estás? — levanté la mirada hacia la enorme estatua de piedra frente a mí.
— Creo que es el parque central, no estoy seguro. No me siento bien.
— De acuerdo. — colgué la llamada teniendo el terrible pensamiento de querer tirar mi teléfono por ahí.
La lluvia caía cada vez más fuerte y yo seguía pareciendo un perrito sin hogar. Si iba a casa seguramente Tom estaría ahí pidiendo respuestas que no estaba dispuesto a dar.
Solo quiero estar lejos.
Pasaron unos minutos que se sintieron como siglos hasta que el auto de Nick se hizo presente.
Él bajó del auto con un paraguas negro y una ridícula pijama de rayo McQueen. Al verme ahí hecho un ovillo con el vestido empapado pegado al cuerpo y el cabello desecho se sacó la chompa.
— Vamos, quítate eso. — no estaba con ánimo para negarme, así que me quité el vestido para darle a Nick. Él se encargó de escurrirlo mientras yo me pongo su chompa.
Dejé que me abrazara y me sacara de ahí.
&
Estaba ido, borracho, probablemente tenga una gripa y lo más decepcionante es que mi corazón estaba roto. Me encuentro en la enorme casa que Nick compartía con Heidi, misma casa que ya había pisado muchas veces y me había paseado como si fuera mía descaradamente.
Ella nunca pasaba en casa, siempre venia los fines de semana por culpa de su trabajo y Nick siempre está la mayor parte del tiempo solo.
Y… esta era la ocasión.
Paseaba por la casa tan solo con una camisa corta de Nick. Traigo entre manos una botella de ron y mi teléfono con el cuál escuchaba una canción deprimente
Bill Kaulitz con el corazón roto era un peligro.
Siempre tomaba decisiones impulsivas.
— No puedo creer que estés bebiendo.
— Llevo así todo el día. — hablo con desinterés. — ¿Por qué no me llevas al aeropuerto? quiero irme a Los Ángeles ahora.
— Dame eso. — Nick se acercó lo suficiente a mi para quitarme la botella y el móvil. Luego tiró de mi mano levemente y me dirige hasta el sofá para sentarnos juntos.
Miré a un punto fijo con la mirada perdida.
— ¿Me vas a contar lo que tienes o vas a seguir así? — hubo un silencio largo entre ambos que decidí romper sin dar más rodeos.
— Tom Kaulitz es nuestro hijo.
— Sí, eso ya sé.
— ¿Cómo? — arqueo una ceja. — ¿Cómo lo sabías?
— Fui a buscarte a la casa de tus papás porque pensé que seguías viviendo con ellos, pero en vez de atenderme tú, me atendió Tom. Te juro que pensé que como eran novios él estaba de visita pero no.
Bufé recostando mi cabeza en su hombro.
— Tom me dijo que fuiste de chismoso.
— En realidad sí, no te voy a mentir. Pero jamás mencioné tu nombre… le caigo muy mal a Tom y para no levantar sospechas dije eso. Lamentablemente no terminó bien.
— Ya da igual. — remojé mi boca seca con lentitud. — En cualquier momento iba a pasar.
Nick empezó a acariciar mi pierna desnuda con lentitud erizando mi piel. — No sé cómo no te diste cuenta antes.
— Es que él solo se parece a ti en el pene. — susurré haciéndolo reír entre dientes. — No es una copia exacta tuya como pensaba.
Y no decía mentiras… Tom y Nick lo tienen del mismo tamaño.
Al menos algo bien sacó del desgraciado bueno para nada de su papá.
— Oh, me siento orgulloso.
— Vete a la mierda.
— Ay, Bill. — escuché su suspirar. Después rodeó mi cuerpo entre sus brazos para cargarme como un bebé trayéndome viejos recuerdos. Cerré los ojos encantado por el perfume que fue mi debilidad en algún tiempo. — Si se parece a ti.
— No, si no me habría dado cuenta. — Nick empezó a acariciar mi cabello de arriba hacia abajo haciéndome ronronear.
— Me siento culpable.
— No es momento para sentirse así, Nick. Si te hubieras echo responsable te juro que seríamos una familia feliz. Te amaba mucho, cómo no tienes idea.
— Y yo también te amé, Bill… pero no podía dejar a Heidi.
— Sí, sí. Es que Heidi tenía dinero, yo no.
— Y te ganaba por diez años…
— Ajá.
— Pero ahora los dos somos adultos. — abro los ojos para encontrarme con los penetrantes de Nick. Esos me observan con la misma intensidad de siempre y me remuevo entre sus brazos algo incómodo.
— Ya no me… — mis palabras fueron interrumpidas por los labios de Nick que se sentían familiares. No moví mis labios por el shock pero al ver que se sentía exigentes como me gustaba le seguí. Acaricié su mejilla con la mano derecha dejándome llevar. A cambio la mano juguetona de Nick me acaricia las piernas desde las rodillas, subiendo por los muslos hasta que trató de meterse por debajo de la camisa donde no había nada y lo detuve. — Nick… no. — susurré, apoyando mis manos en su pecho. Quería alejarme de él. — No puedes simplemente besarme… nuestro hijo está enamorado de mí, ¿entiendes la gravedad de eso?
— Tom es joven… se recuperará. Lo que importa ahora es que tú estás aquí conmigo. Siempre supe que volverías a mis brazos de una forma u otra. Solo era cuestión de tiempo.
— Eres un hijo de puta. — suspiré.
Nick continuó con besos en mi cuello, subiendo más la mano donde no debía.
— Siempre te ha gustado que sea así, que pase por encima de tu voluntad.
— Pero es que Tom…
— Tom, ¿qué?
— Ah… — gemí al sentir sus dedos muy cerca de mi intimidad. — Tom no sabe que soy su papá y por ende piensa que soy su novio, le debo respeto.
— Está bien, discúlpame. — sonreí dándole un enorme abrazo por haber respetado al menos eso.
&
— Gracias por traerme, Nick. — sonreí dándole un beso suave en la mejilla.
— Te voy a llamar para saber cómo sigues, ¿te parece?
— Sí, gracias. — estiré la mano a los asientos de atrás para agarrar la bolsita de la ropa que Nick había lavado y me bajé. Después me di un golpe en el rostro porque había olvidado las llaves de la casa en el Cadillac y ahora no sabía cómo entrar.
Pero entonces la puerta de mi casa fue abierta por Tom. — ¿Qué hacías bajando del carro de Nick, eh?
— Oh, Dios no. — susurré apretando los ojos y haciendo una mueca a la vez.
— Y esa no es tu ropa. — abrí los ojos para encontrarme con los hinchados de Tom. Me rompió el corazón aquella imagen, entonces para no verlo más pasé al interior de la casa. Lancé la bolsa por dónde vaya y me acerco a la alacena para sacar una botella de vodka mientras le doy la espalda. Le doy algunos bocados para tomar el valor que tanto necesitaba. — ¿No me vas a hablar?
No respondí.
— Mierda, ¿por qué te fuiste corriendo de la casa de mis padres? ¿por qué me bloqueaste de todos lados? ¿o es que… pasaste la noche con Nick? porque si es eso último yo… te juro que le voy a romper la cara.
— Puedo explicarlo. — hablé luego de un silencio largo que me la pasé tomando el vodka como si mi vida dependiera de ello y finalmente volteo a ver a Tom a la cara.
— Oh, mi amor. Por favor…
Ay, mierda.
— Si pasé la noche con Nick. — hablé arrastrando mis palabras. Tom se llevó ambas manos a la cabeza completamente pálido. Fue hasta el sofá para sentarse y recostar su cuerpo en el espaldar. Miraba al techo con la respiración violenta. — Pero no en el sentido que crees… — reí.
Ya me sentía mareado.
— Aunque… — me volví algo pensativo mientras camino hacia donde está él y sentarme a su lado. — Quizás nos dimos un beso. — Tom mordió su labio inferior, aguantando las ganas de llorar pero no lo hizo, agarró la botella que tenía en la mano y la estrelló contra el suelo cabreado. Se levantó y estuvo dispuesto a irse pero yo corrí más rápido hasta ponerme delante de él y gritarle: — ¿¡Qué te pasa, imbécil!?
Continúa…
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