Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 20: The truth is coming

— ¡Pero qué cabrón eres, Bill! — la voz de Gustav resonó en el patio de la universidad apenas Bill llegó a la mesa donde estaban él y Georg. Bill frunció el ceño sin entender.

— ¿Perdón?

— ¡Ni un mensaje, ni un emoji, nada! — intervino Georg, señalándolo con el tenedor — ¿Nos dejas con la intriga después de que prácticamente te empujamos a salir con Tom?

Bill rodó los ojos y dejó su mochila sobre la mesa antes de sentarse.

— No fue tan grave…

— ¿Ah, no? — Gustav entrecerró los ojos — Te dejamos solo con tu ex después de que él, por voluntad propia, te invitara a salir. ¡Queremos detalles!

Bill suspiró, pero no pudo evitar sonreír un poco.

— Está bien, está bien… — se acomodó en su asiento, fingiendo desinterés, pero por dentro estaba emocionado de contarles — Bueno, después de que ustedes se largaron…

— Después de que te dimos la oportunidad de tener una cita con tu ex, quieres decir — lo corrigió Georg con una sonrisita burlona.

Bill le lanzó una mirada asesina.

— Después de que ustedes se largaron — repitió con énfasis — Tom me invitó a comer pizza.

Gustav abrió la boca, fingiendo sorpresa.

— ¿Tom gastando su dinero en otra persona? ¿Y encima en comida?

— Ese hombre jamás ha invitado a nadie sin segundas intenciones — añadió Georg con un falso aire de sabiduría — Esto es historia, hermanos.

— Dios, ustedes son insoportables — murmuró Bill, pero no pudo evitar reír.

— Bueno, sigue, sigue — insistió Gustav, inclinándose sobre la mesa.

& Comimos pizza, hablamos un poco y después… — hizo una pausa, mordiéndose el labio — Jugamos láser tag.

— ¡¿QUÉ?!

La reacción simultánea de Georg y Gustav hizo que varias personas voltearan a verlos.

— ¿Tom aceptó jugar? — preguntó Georg, incrédulo — ¿Él, el tipo que odia hacer el ridículo en público excepto cuando está borracho?

— Fue él el que quería jugar — bajó la mirada con una sonrisa nostálgica — Fue divertido. Como en los viejos tiempos.

Georg y Gustav intercambiaron miradas y luego sonrieron.

— Bingo.

— ¿Qué? — Bill los miró con desconfianza.

— Nada, nada… — Georg agitó la mano con inocencia — Solo que nuestro plan de que Tom dejara de ser un cabrón contigo está funcionando más rápido de lo esperado.

— No es un plan — replicó Bill, pero su tono no sonaba muy convincente.

— Claro, claro… — Gustav le dio una palmadita en el hombro — Y dime, ¿Qué tal los juegos?

— Fue… genial — Bill apoyó los codos en la mesa, recordando la sensación de correr junto a Tom, de verlo reír, de sentir que por un momento todo era normal — No sé cómo explicarlo.

Gustav y Georg se miraron con una sonrisita cómplice.

— Oye, Gustav… — dijo Georg, con tono pensativo — ¿Tú crees que Bill y Tom…?

— No lo sé, amigo, no lo sé… — fingió estar muy metido en el análisis — Pero a ver, repasemos los hechos — se aclaró la garganta dramáticamente mientras enumeraba con los dedos — Uno: Tom lo invitó a comer pizza. Dos: Tom pagó la cuenta, voluntariamente. Tres: Jugaron láser tag juntos. Cuatro: Bill está aquí sentado, sonriendo como un idiota mientras recuerda la cita.

— ¡No fue una cita! — exclamó Bill, con las mejillas rojas.

— Por supuesto que no — dijeron los dos al mismo tiempo, asintiendo con obvia incredulidad.

— Además, no estoy sonriendo como un idiota — se defendió, cruzándose de brazos.

— Hermano, si tu sonrisa fuera más grande, ya serías el nuevo logo de Colgate —bromeó Georg.

Gustav asintió, muy serio. 

— ¿Sabes qué? Nos alegramos mucho por ti, Bill.

— ¿Por qué?

— Porque después de semanas de que Tom fuera un completo capullo contigo, al fin hay progreso. Nuestro niño está sanando.

— Cállate, Gustav.

— No, no, esto hay que celebrarlo — siguió Georg, ignorando la amenaza en la mirada de Bill — Vamos a hacer una fiesta. Un brindis en honor a que Tom Kaulitz dejó de actuar como un idiota durante un día entero.

— Voy a matarlos — murmuró Bill, pero sin poder ocultar la sonrisa en sus labios.

— Antes de que nos asesines, una última pregunta… — Gustav se inclinó sobre la mesa con una expresión maliciosa — ¿Hubo beso?

— ¡¿Qué?! ¡No!

— ¿Ni un abracito?

— No.

— ¿Ni una mirada intensa en la que sintieron que el mundo desaparecía y solo existían ustedes dos?

Bill apretó los labios.

Georg y Gustav se miraron antes de gritar al unísono:

— ¡¡LO SABÍAMOS!!

Bill se cubrió el rostro con las manos, arrepintiéndose de haberles contado absolutamente todo.

Georg se acomodó en su asiento y suspiró con satisfacción. 

— Bueno, al menos podemos celebrar otra cosa – dijo con una sonrisa.

— ¿Qué cosa? — preguntó Bill, todavía recuperándose del bullying.

— Que Peyton no se te metió en el camino — respondió Georg — ¿Te diste cuenta? No apareció en toda la semana, no le habló a Tom, ni siquiera intentó meterse en la salida.

— Es verdad — asintió Gustav, cruzándose de brazos — Es un milagro que no haya estado pegada a Tom como una garrapata.

Bill soltó un suspiro de alivio.

— Sí… La verdad es que sí me sorprendió. Pensé que haría algún drama o aparecería de la nada, como siempre.

— Pero es raro, ¿No crees? — intervino Gustav, frunciendo el ceño — O sea, de la nada deja de hablarle después de estar desesperada por él.

— Tal vez se rindió — sugirió Bill, encogiéndose de hombros.

Georg soltó una carcajada sarcástica.

— ¿Peyton? ¿Rindiéndose? Nah, hermano.

— Tiene razón — Gustav lo miró con seriedad — Algo debe estar tramando. Esa tipa no se alejaría de Tom así como así. No después de todo lo que ha hecho para llamar su atención.

Bill sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. 

— No digan eso…

— Lo digo en serio — insistió Gustav — O está esperando el momento perfecto para atacar o ya encontró otra forma de joder.

— Tal vez se está haciendo la víctima para que Tom la busque — aportó Georg — O peor… tal vez está planeando algo más grande.

Bill mordió su labio, sintiendo cómo su tranquilidad se desvanecía poco a poco. Recordando su pelea caótica en los pasillos. 

— No quiero pensar en eso ahora…

— Sí, sí — dijo Georg, dándole una palmadita en la espalda — Pero no bajes la guardia, amigo. Porque si Peyton está callada, es porque algo anda mal.

Mientras Bill intentaba convencerse de que no debía preocuparse por Peyton, un manotazo repentino le hizo soltar un respingo… Bueno, en realidad no a él, sino a Georg y Gustav, quienes recibieron un golpe en la cabeza al mismo tiempo.

— ¡Pero qué carajos! — se quejó Georg, llevándose las manos al cráneo.

— ¿Y ahora qué hice? — preguntó Gustav, sobándose la cabeza.

Tom, quien acababa de aparecer detrás de ellos con una expresión tranquila, se encogió de hombros.

— Nada, pero igual quería hacerlo.

Luego, giró la cabeza hacia Bill y, en contraste con su actitud bruta de hace unos segundos, simplemente le dedicó un saludo más tranquilo:

— Hola, Bill.

Él alzó una ceja, notando la diferencia de trato, pero no dijo nada. Mientras tanto, Georg lo miró con indignación.

— ¡¿Y a él por qué no lo golpeas?!

— Porque aún no tengo suficiente confianza para eso — respondió Tom sin inmutarse, tomando asiento junto a ellos.

Bill no pudo evitar soltar una pequeña risa ante la escena. Tom era un caso.

— Bueno, bueno, dejando eso de lado… — intervino Georg, cruzando los brazos — Cuéntanos, Tom. ¿Qué pasó ayer?

— Nada especial. Fuimos por una pizza, jugamos láser tag, luego fuimos a mi casa, vimos una película y Bill se fue.

Bill simplemente asintió.

— Sí… 

Georg y Gustav intercambiaron miradas sospechosas.

— Mhm… — murmuró Gustav, mirándolos de reojo — ¿Solo eso?

— Sí — repitió Bill, sin darle más importancia.

Georg chasqueó la lengua.

— Nah, no me lo creo. Algo más pasó.

Tom frunció el ceño, confundido por la actitud de Georg y Gustav.

— ¿Por qué? — preguntó, ladeando la cabeza — ¿Qué tendría que haber pasado?

Georg y Gustav se quedaron en silencio, mirándose por un segundo antes de encogerse de hombros con indiferencia.

— Nada, nada — respondió Gustav, llevándose un pedazo de comida a la boca para evitar reírse.

— Solo decíamos… — añadió Georg, con una sonrisita traviesa.

Tom entrecerró los ojos.

— Okey… — dijo lentamente, sin entender por qué ahora parecían tan misteriosos.

El silencio duró unos segundos hasta que Bill soltó un suspiro y negó con la cabeza, divertido.

— Ignóralos, Tom. No tienen remedio.

— Sí, eso ya lo sé — respondió Tom, aún con expresión de «que mierda» en la cara — pero no entiendo qué están insinuando.

Georg le dio una palmadita en el hombro.

— No te preocupes, amigo. Ya lo entenderás… Con el tiempo.

— Ajá, claro — Tom los miró aún más sospechoso, pero al ver que ninguno soltaba prenda, simplemente bufó y dejó el tema por la paz…

Georg se limitó a sonreír mientras Bill desviaba la mirada, tomando un sorbo de su café para no meterse en la conversación.

En cambio, Gustav miró su reloj y abrió los ojos de golpe.

— ¡Mierda! — exclamó, tomando su mochila — Mi clase empieza en cinco minutos, ¡Me voy! — se levantó apresurado, despidiéndose con un gesto rápido de la mano — Nos vemos después, idiotas.

— ¡Idiota tú! — replicó Georg, aunque Gustav ya se había ido.

Bill rodó los ojos, acostumbrado a la forma en que se hablaban entre ellos. Luego miró a Tom, que parecía distraído revisando su celular.

— Bueno, ¿Y tú? — preguntó Georg, dirigiéndose a Tom — ¿No tienes clases?

Él suspiró, guardando su teléfono en el bolsillo.

— Sí, ya me voy — dijo, poniéndose de pie — Casi llego tarde otra vez.

— ¿Otra vez? — preguntó Bill, arqueando una ceja.

— ¡Los taxis son una maldición en esta ciudad! — se quejó Tom, frustrado — O tardan una eternidad en aparecer o me rechazan. ¡Es como si supieran que estoy apurado y lo hicieran a propósito!

Georg soltó una carcajada.

— Sí, sí, ya es costumbre en ti. No sería un día normal si no estuvieras quejándote de los taxis.

Bill asintió, divertido.

— Tienes razón. Es como parte de su rutina.

— Muy gracioso — dijo con sarcasmo — Pero no solo eso, hoy salgo tardísimo.

— ¿A qué hora? — preguntó Bill.

— A las siete. ¡A las malditas siete! — exclamó dramáticamente, como si fuera el peor castigo del mundo.

— Oh, pobrecito — se burló Georg — ¿Necesitas que hagamos una colecta para tu sufrimiento?

Tom le lanzó una mirada asesina antes de suspirar.

— En fin, me voy antes de que se me haga aún más tarde.

— Nos vemos, Tom — dijo Bill, mientras Georg le hacía un gesto con la mano.

Tom se alejo, aún murmurando algo sobre lo injusto que era depender de los taxis y salir tarde. Bill miró a Georg y sonrió.

— Más bien, yo salgo temprano.

Georg asintió con una expresión satisfecha.

— Sí, yo también. Qué placer no tener que quedarme hasta tarde como ese pobre infeliz.

Ambos se rieron mientras recogían sus mochilas y salían del comedor. Caminaban con calma por los pasillos, sorteando a los demás estudiantes que iban y venían.

— Bueno, al menos hoy no te toca la clase de ese profesor que odias — comentó Bill.

— Nah, hoy es un día tranquilo. Y además, puedo irme a casa temprano a dormir como Dios manda.

— Qué vida más difícil la tuya — dijo con sarcasmo.

— Ni te imaginas, amigo — respondió Georg, dramático, colocando una mano en su pecho.

Bill negó con la cabeza con diversión. Al llegar a un cruce del pasillo, ambos se detuvieron.

— Aquí me voy yo — dijo Georg, ajustando su mochila en el hombro — Nos vemos después.

— Sí, nos vemos — respondió Bill antes de seguir su propio camino. Llegó al aula y echó un vistazo al reloj. Aún faltaban unos 20 minutos para que la clase comenzara, así que no había prisa. Suspiró y caminó entre los asientos hasta que vio a Astrid ya acomodada en su lugar. Decidió sentarse a su lado y la saludó con un tono tranquilo — Hey, Astrid.

Ella apenas levantó la mirada y le respondió con un simple:

— Hola…

Bill arqueó una ceja ante su tono apagado. 

— ¿Qué te pasa?

Ella dejó caer su cabeza sobre la mesa con un suspiro cansado.

— No dormí nada anoche. Tuve que hacer un ensayo y me tomó más tiempo del que pensaba. Ahora tengo un sueño horrible.

— Vaya, entonces si ves que empiezo a hablar solo en clase, no te asustes, solo estarás soñando.

Astrid rodó los ojos sin mucha energía.

— Muy gracioso, Bill. Mejor cállate antes de que me quedé dormida de verdad.

Pero él notó que Astrid estaba peligrosamente cerca de caer dormida sobre su escritorio, así que decidió hacerle conversación para mantenerla despierta.

— Bueno, ¿Y de qué era tu ensayo? — preguntó con curiosidad.

Astrid apenas abrió los ojos. 

— Historia…

— ¿Historia? ¿Sobre qué exactamente? ¿Algo interesante o uno de esos temas aburridos de siempre?

— Mhm… Revolución… — murmuró ella, con la cabeza aún apoyada en la mesa.

— ¿Solo «revolución»? ¿Cuál de todas? Hay un montón.

Astrid hizo un pequeño esfuerzo por abrir los ojos, pero claramente no estaba interesada en seguir hablando.

— Francesa…

— Ah, la de guillotinas y cabezas rodando. Interesante. ¿Aprendiste algo nuevo o solo repetiste lo que ya sabías?

— Lo mismo de siempre…

Bill suspiró y la miró con cierta diversión.

— Astrid, si respondes con menos palabras, básicamente estarás comunicándote por señas — ella solo gruñó en respuesta logrando que Bill riera un poco — Bien, bien, lo entiendo. Estás al borde de la inconsciencia. Pero si te duermes ahora, te perderás la emocionante clase que viene.

La pelirroja hizo un leve movimiento con la mano, como si le diera igual, y volvió a cerrar los ojos. Pero cuando ella parecía completamente fuera de combate, el sonido de la puerta abriéndose hizo que Bill levantara la mirada. El profesor había llegado, caminando con paso firme hacia su escritorio mientras dejaba unos libros sobre la mesa.

— Astrid, ya llegó el profesor — susurró, dándole un leve codazo en el brazo, ella apenas gruñó y se encogió más en su asiento — Oye, en serio, despierta. Si te pilla dormida, te va a sacar de la clase.

Nada.

Bill chasqueó la lengua y le dio un ligero empujón en el hombro.

— Astrid… – susurró de nuevo, con tono de advertencia.

— Mmm… cinco minutos… — balbuceó ella, sin moverse.

— ¡No hay cinco minutos! — insistió Bill, ya desesperado, viendo que las súplicas no funcionaban, le tomó el brazo y lo sacudió un poco — ¡Astrid, levántate o te juro que le digo al profesor que te pregunte algo!

Astrid hizo una mueca y entreabrió los ojos, todavía medio dormida.

— Qué fastidioso…

— No me obligues a tomar medidas extremas.

Ella suspiró y, con toda la pereza del mundo, se enderezó un poco en su asiento, aunque su cabeza seguía tambaleándose de sueño.

Bill sonrió victorioso. 

— Así me gusta. Ahora finge que te importa la clase.

Astrid lo fulminó con la mirada, pero él solo se encogió de hombros con diversión.

Todas las clases transcurrieron con normalidad, y cuando terminaron, Bill se quedó hablando con algunos compañeros sobre un proyecto que les habían asignado a última hora. La discusión se alargó más de lo esperado y, cuando finalmente terminaron de organizarse, ya eran casi las 7 de la noche.

— Bueno, nos vemos mañana — dijo Bill, guardando sus cosas.

— Nos vemos — respondieron los demás.

Bill comenzó a caminar por los pasillos de la universidad, revisando los papeles que le habían encargado. Mientras lo hacía, sintió el peso del cansancio en sus hombros, pero también una sensación de satisfacción.

Por otro lado, Tom caminaba por el campus con dirección a la salida cuando reconoció a Bill de espaldas entre la multitud.

Frunció el ceño con curiosidad. Bill parecía distraído, mirando unos papeles mientras caminaba sin prestar mucha atención a su alrededor. Tom sonrió para sí mismo y aceleró el paso sigilosamente, acercándose con pasos ligeros para que no lo notara.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le revolvió el cabello de golpe.

— ¡Pero qué… Tom! — se quejó Bill, apartándose rápidamente mientras intentaba arreglar su cabello desordenado.

Tom soltó una carcajada. Le encantaba hacer eso.

— ¿Por qué saliste tan tarde? — preguntó, aún riéndose.

Bill suspiró, sacudiendo la cabeza.

— Reunión de último minuto por un proyecto. Apenas acabamos hace un rato.

— Ahhh, qué aburrido — puso cara de fastidio, pero luego sonrió de lado — ¿Quieres salir?

Bill arqueó una ceja, sorprendido por la propuesta. 

— ¿A esta hora?

— Sí, seguro Georg y Gustav ya se fueron, y no tengo ganas de volver a casa todavía. ¿Qué dices?

Bill se quedó pensativo por un segundo, pero al final sonrió levemente.

— Está bien, vamos.

Y sin más, caminaron juntos.

&

El campus estaba medio vacío a esa hora. La mayoría de los estudiantes ya se habían ido, pero algunos seguían en grupos pequeños, conversando. Entre ellos, Peyton caminaba con paso tranquilo por los pasillos, con la mirada fija en su objetivo: Ethan.

Lo encontró recargado contra una pared cerca de los casilleros, con los brazos cruzados y el ceño ligeramente fruncido mientras miraba su teléfono. Parecía molesto, tal vez porque la había estado evitando toda la semana. Era perfecto.

— Vaya, pensé que me ibas a ignorar toda la vida — dijo ella con una sonrisa, deteniéndose a su lado.

Ethan la miró de reojo y soltó una risa sarcástica.

— No sabía que te interesaba si lo hacía o no — respondió sin levantar mucho la voz.

La rubia solo suspiró con decepción.

— Vamos, Ethan, no seas así. He estado ocupada… Muchas tareas, exámenes, ya sabes. Pero nunca dejaría de hablarte sin razón.

— ¿Y entonces por qué ahora sí tienes tiempo para venir a verme?

Ella sonrió, inclinándose un poco más hacia él.

— Porque necesito tu ayuda.

— Ah, claro. Ahora sí me hablas porque necesitas algo. Qué típico — soltó una risa seca.

— ¿Siempre tienes que ser tan difícil? Solo escúchame, ¿Sí? Es sobre Tom.

La mención de ese nombre hizo que Ethan endureciera la mandíbula.

— ¿Qué pasa con él? — preguntó, su tono ya con un deje de irritación.

— Sabes que no quiero nada con él, ¿Verdad? Es él quien me busca. Siempre está detrás de mí, y yo ya no sé cómo alejarlo sin que parezca que soy la mala de la historia — mentira.

— ¿Y por qué me dices esto a mí? ¿Qué quieres que haga?

— Tú podrías ayudarme.

— No veo cómo — se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

Ella sonrió de lado y se acercó un poco más, bajando la voz con un tono más persuasivo.

— Tom perdió la memoria, ¿Sabías?

— ¿De qué hablas? — trato de analizar lo que Peyton le había dicho, pero no, nada. Había escuchado ciertas cosas de él, pero nada cierto ni nada falso. 

— Amnesia parcial — explicó Peyton, jugueteando con un mechón de su cabello — No recuerda ciertas cosas de su vida.

— ¿Y cómo sabes eso?

— Lo sé por él y… Algunos de sus excompañeros me lo mencionaron. 

— ¿Y qué se supone que haga con eso?

Peyton apoyó una mano en su brazo, apretándolo suavemente.

— Díselo. Dile que antes, él estaba con Bill.

Él solo la miró como si estuviera loca.

— ¿Qué? — lo tomó por sorpresa.

— Tal vez si le recuerdas su pasado con Bill, me deje de una vez por todas y se aleje de mí — dijo con voz tranquila, como si estuviera proponiendo la cosa más lógica del mundo.

Ethan soltó una risa sarcástica y negó con la cabeza.

— ¿Y por qué haría yo algo así? ¿Qué gano yo con esto?

Ella ladeó la cabeza, sus labios curvándose en una sonrisa astuta.

— ¿No es obvio? — murmuró con dulzura — Si Tom recuerda a Bill, dejará de buscarme a mí. Y entonces… Ya no habrá nada en mi camino.

Ethan la miró con una ceja arqueada, aún sin convencerse. 

— ¿Y qué me importa a mí que Tom deje de buscarte?

Peyton soltó una risita y se acercó más, colocando una mano en su pecho con suavidad.

— Porque eso significa que yo ya no tendré que preocuparme por él… Y podré enfocarme en alguien más.

— ¿Alguien más?

— Eres listo, Ethan. No me hagas decirlo.

El corazón del chico latió con más fuerza, pero intentó no mostrarlo.

— Eso suena a manipulación.

Peyton se alejó apenas, con una expresión de falsa inocencia.

— ¿Manipulación? ¿Por qué dices eso? Yo solo… Quiero que todo vuelva a la normalidad. Que Tom me deje en paz y que las cosas sean como antes. ¿O acaso no te gustaría eso?

Ethan se quedó en silencio, su mente procesando lo que ella acababa de insinuar. Si Tom se alejaba, entonces tal vez… Peyton lo miraría a él.

Finalmente, después de unos segundos de duda, suspiró. 

— Está bien. Pero esto lo haré a mi manera.

— Sabía que podía contar contigo — se alejó con una sonrisa satisfecha en los labios, pero por dentro, su mente trabajaba. Cada palabra que había dicho, cada gesto que había hecho, había sido perfectamente calculado para sembrar la semilla de la duda en Ethan. No le importaba si él pensaba que la estaba manipulando; de hecho, contaba con ello. Porque si Ethan creía que tenía algo que ganar, haría exactamente lo que ella quería sin siquiera cuestionarlo demasiado.

Desde que Tom apareció en su vida, las cosas se habían complicado. Al principio, lo había visto como un juego que podía manejar a su antojo. Pero con el tiempo, había notado algo en él, algo que la inquietaba: por mucho que intentara meterse en su cabeza, Tom nunca terminaba de caer del todo en su red. No como los demás. Y eso le molestaba.

Por eso, cuando descubrió el pasado que compartían Tom y Bill, supo que tenía en sus manos la pieza clave para quedarse con él sin ensuciarse las manos. No iba a ser ella quien le dijera la verdad. No. Si Tom se enteraba por alguien más, el golpe sería más fuerte. Se sentiría traicionado, sus «mejores amigos» ya no lo serían, ya no tendría obstáculos en el camino porque Tom seguramente no los perdonaría. Y cuando eso pasara, cuando el resentimiento lo consumiera, ella estaría ahí para consolarlo, para hacerle creer que era la única en quien podía confiar.

Y Ethan… Bueno, Ethan no era más que una herramienta en todo esto. Un peón. Sabía que estaba enamorado de ella, y aunque no tenía intenciones de corresponderle, podía hacerle creer lo contrario por un tiempo. Solo lo necesario para que hiciera lo que ella quería.

Después de eso, él se quedó pensativo. Su mandíbula se tensó y sus pensamientos se enredaron en las palabras de Peyton. Ella no le había dado tantos detalles, y aunque lo que le insinuó sonaba creíble, necesitaba más información antes de hacer algo con ello.

No podía simplemente soltar una bomba sin estar seguro.

Con un resoplido, sacó su teléfono del bolsillo y comenzó a caminar por el campus en busca de sus amigos. No tardó mucho en encontrarlos cerca de las gradas del campo de fútbol, conversando y riendo entre ellos.

— Eh, Ethan, ¿Dónde estabas? — preguntó uno de ellos, un chico alto de cabello oscuro llamado Caleb.

— Andabas desaparecido — añadió el otro, Liam, que jugaba distraídamente con una botella de agua.

Ethan se cruzó de brazos y miró a Caleb con seriedad.

— Tú fuiste compañero de Tom, ¿No?

Caleb arqueó una ceja, sorprendido por la pregunta. 

— Sí, hace un par de años. ¿Por qué?

— Necesito saber algo sobre él. 

Caleb y Liam intercambiaron miradas.

— Depende… — murmuró — ¿Por qué tanto interés?

Ethan apretó los dientes. No podía decirles que quería información para destruirlo, al menos no todavía.

— Solo quiero entender qué tipo de persona es — respondió evasivamente — Peyton me dijo algo de él, pero no me dio muchos detalles.

Caleb frunció el ceño.

— ¿Peyton? ¿Y por qué ella te está hablando de Tom?

— Eso no importa. ¿Me puedes ayudar o no?

Él se quedó en silencio unos segundos, pero luego suspiró.

— Pues si, supongo. 

Ethan sonrió de lado. 

— Perfecto.

Ambos caminaron por el campus hasta alejarse de las multitudes, deteniéndose en una de las bancas de piedra cerca del estacionamiento. Caleb se cruzó de brazos, mirándolo con cierta desconfianza.

— Bueno, ¿Qué tanto quieres saber? — preguntó con un suspiro.

Ethan se inclinó ligeramente hacia él, con los ojos entrecerrados. 

— Quiero saber si es cierto. Si Tom y Bill Trümper tuvieron algo.

Caleb se quedó completamente en silencio. No parpadeó, no reaccionó de inmediato. Solo apretó los labios, mirando a un punto indefinido como si buscara una respuesta en el aire. Ethan notó ese instante de duda y sonrió de lado.

— Eso es un sí — dijo con suficiencia.

— No. No es un sí — parpadeó y lo miró con seriedad.

— Claro que lo es. Si fuera mentira, lo habrías negado de inmediato.

— Ethan, esto no es asunto tuyo.

— No lo sería si Tom no estuviera metiéndose con Peyton. Pero parece que a ella no le interesa, así que quiero ver si al menos se larga con Bill.

— Esto no es un juego.

— No me interesa si lo es o no. Solo dime la verdad.

Caleb se pasó una mano por el cabello, visiblemente incómodo.

— No puedo.

— ¿No puedes o no quieres?

— Le prometí a Bill que no diría nada.

Ethan se inclinó más, bajando la voz en un tono amenazante. 

— Caleb, no seas idiota. Me lo puedes decir por las buenas o por las malas.

Él tragó saliva. Su lealtad a Bill lo hacía dudar, pero la insistencia de Ethan lo tenía atrapado. Sabía que si no hablaba, él encontraría otra manera de averiguarlo. Y si lo hacía, era posible que tergiversara la verdad.

Con un suspiro resignado, Caleb bajó la mirada y habló.

— Está bien… Tom y Bill fueron novios.

— ¿Por cuánto tiempo?

— Siete meses.

— ¿Y qué pasó?

Caleb dudó de nuevo, pero ya no había vuelta atrás.

— Tom tuvo un accidente automovilístico. Perdió parte de la memoria.

— ¿Qué tan grave? — entrecerró los ojos.

— Suficiente como para olvidar a Bill.

Ethan frunció el ceño, sorprendido.

— ¿Me estás diciendo que Tom no recuerda nada de su relación?

— Exactamente.

— ¿Y Bill nunca se lo dijo? — se recargó en el respaldo de la banca, asimilando la información.

— No. Ni él ni nosotros.

— ¿Por qué?

— Porque su memoria quedó frágil. Si le decíamos de golpe, podía ser peor, bueno… Eso es lo que Bill me dijo, yo no lo sé bien. 

— Así que… Tom anda por ahí sin saber que una vez estuvo con Bill — soltó una risa incrédula.

— Sí — confirmó Caleb.

Ethan sonrió de lado, con los ojos brillando por una idea que comenzaba a formarse en su mente.

— Interesante…

— Ethan, no hagas nada estúpido — Caleb lo miró con sospecha, sabía que no había que confiarse del todo. Conocía demasiado bien la tendencia de Ethan a dejarse llevar por sus impulsos, especialmente cuando Peyton estaba involucrada. Sabía que él era capaz de cometer locuras cuando se dejaba influenciar por ella, y no quería que eso sucediera de nuevo.

— ¿Yo? Jamás — pero Caleb no estaba convencido. Algo en la sonrisa de Ethan le daba mala espina — ¿Tienes fotos de ellos juntos? Lo que sea, no importa. 

Caleb solo negó.

— ¿Por que tendría fotos de ellos? 

Ethan entrecerró los ojos con molestia antes de soltar una risa sarcástica.

— Eres un idiota, Caleb — no esperó respuesta y simplemente se dio la vuelta, alejándose con pasos apresurados. Necesitaba pruebas. Algo que pudiera usar para confirmar esa historia.

Con esa idea en mente, caminó hasta encontrar un pequeño café internet en una calle cercana. No iba a regresar a su casa sin antes asegurarse de que esa historia era real.

Entró al local, pagó por una hora de uso y se sentó frente a una de las computadoras. «Si tuvieron una relación, debió haber alguna prueba en redes sociales», pensó mientras abría el navegador y entraba en sus redes sociales.

Primero buscó el perfil de Bill, pero el tipo tenía la mayoría de sus publicaciones privadas. Frunció el ceño y escribió «Tom Kaulitz». Nada útil. La mayoría de las fotos recientes eran de hace tres años.

Probó buscando publicaciones antiguas. 

Nada.

Buscó en los comentarios. 

Nada.

¿De verdad había borrado todo?

Ethan golpeó la mesa con frustración. Bill no era tonto. Seguramente se aseguró de borrar cualquier rastro.

Pero… ¿Y los amigos?

Se le ocurrió otro nombre y tecleó rápidamente. «Georg Listing».

La página cargó, y Ethan comenzó a revisar las fotos de Georg, deslizándose entre publicaciones viejas. Al principio, solo encontró fotos de fiestas, viajes y tonterías con sus amigos. Pero después de unos minutos de búsqueda…

¡Bingo!

Una publicación le llamó la atención. Era una foto tomada en lo que parecía un parque, con un atardecer de fondo. En la imagen, Tom y Bill estaban demasiado cerca, sonriendo, con Bill apoyando la cabeza en el hombro de Tom.

Y justo debajo de la foto, el maldito comentario de Georg:

«Parecen una pareja feliz, aunque Tom se niegue a admitirlo jajaja».

Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Ahí estaba.

Hizo una captura de pantalla y se envió la imagen a sí mismo. 

— No es suficiente… Necesito más fotos. 

Con un gesto serio, se recargó contra el respaldo de la silla y siguió así por un par de horas. Peyton iba a estar feliz con esto. Y Tom… bueno, Tom estaba a punto de recibir un golpe que no iba a ver venir.

No perdió tiempo.

Apenas aseguró la imagen en su teléfono, se dirigió al encargado del café internet y le pidió que imprimiera varias copias en lo que buscaba más pruebas. Mientras esperaba, tamborileaba los dedos contra la mesa, sintiendo una emoción creciente en el pecho.

Tom Kaulitz. Ese tipo le había parecido un completo imbécil desde el primer momento en que lo vio. Creído, engreído, con esa actitud de que podía tener a quien quisiera cuando quisiera. Encima, Peyton se lo había dicho claramente: «Siempre anda tras de mí.»

Apretó la mandíbula. Le daba asco solo de imaginarlo.

Y ahora esto.

Cuando supo la verdad, su primer instinto había sido de puro desprecio. ¿Tom había sido novio de otro tipo? Patético. Y peor aún, ¿El mismo Bill Trümper, que ahora jugaba a ser un buen niño y se hacía el misterioso?

Esto tenía que salir a la luz.

La impresora comenzó a escupir hoja tras hoja con la imagen en grande. Ethan sonrió.

Esto iba a ser perfecto.

Ya lo imaginaba: los pasillos de la universidad llenos de esas fotos, la gente susurrando, burlándose, señalándolos. Quería ver la cara de Tom cuando se enteré. 

— Aquí tienes — dijo el encargado, entregándole un grueso montón de hojas.

Ethan las tomó, sintiendo una satisfacción venenosa recorrerle el cuerpo. Mañana, Tom Kaulitz se iba a llevar la humillación de su vida.

Continúa…

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por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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