
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 32
By BILL
Había decidido ir a buscar el cariño de una mamá en medio de un mar de emociones positivas y negativas. Solo necesitaba que mi madre me de un abrazo para sentir que puedo con este tormento.
Golpeo tres veces la puerta en casa de Sam y me abre la morena para dejarme pasar. Mi hermana está tirada en el sofá y al verme se levanta de un brinco para abrazarme. Yo igual lo hago más fuerte, aaprieto los ojos para evitar un drama.
— ¿Todo bien, grandote?
— Sí, eso creo. — nos separamos para tomar asiento. Tomo la tasa de jugo que me ofrece la morena y la tomo de a poco.
Un jugo de naranja bastante frío que me entra demasiado rico. — ¿Simone?
— Probablemente revolcandose con Jörg en su nueva casa, ella ya no vive aquí.
— Ah…
— Desde que salió ese señor se fue, vive en la casa de enfrente. La única pintada de color azul bajito.
— Cómo sea. — me acabo el jugo sediento. — Estoy triste, chicas, ¿quieren acompañarme a tomar? No me emborracho hasta las patas como antes y ahora quiero hacerlo.
— ¿A qué se debe? — pregunta la morena mientras se sienta a mi lado mientras Sam va a la cocina y regresa con algunas latas de cerveza, vodka, whiskey y hielo.
— Mi hija me odia. — empecé por el vodka en una gran cantidad en el vaso de cristal. Lo tomé como si se tratara de agua, me pasa quemando la garganta. — Ni siquiera la infidelidad de Tom dolió tanto como eso. — tomo otro trago más. — Y no me hagan profundizar que ya lloré mucho antes de venir, ahorita quiero disfrutar.
Las chicas se miran y luego me sonrien. Empiezan a tomar para acompañar mi dolor. A este ambiente le agregamos música suave para cantar, otras para oír y luego bailar. Tomamos tanto que para que no nos haga falta salimos a una discoteca y gastamos quinientos euros en bebidas carísimas.
Incluso pedimos una zona exclusiva donde nadie nos moleste y podamos pasarla bien. Ahí nuevamente nos encontramos con Erik que nos puso otras bebidas más y luego se fue a hacer su trabajo de guardia. Mis ojos lo veían más atractivo…
Siento que el alcohol no me ha pegado lo suficiente a si que salgo de la zona exclusiva hasta las barras para preguntarle al mesero:
— ¿Tienes algo más fuerte, amigo? No me siento alegre con tus bebidas.
— Sí. — se agacha, mira para ambos lados y extiende una bolsita de contenido blanco. — Del bueno, solo a diez. Te vas a poner feliz en un ratito. — relamo mis labios observando la coca. Me recuerda a mis días en prisión donde gracias a ello me sentía de maravilla.
— Dame tres. — saco treinta euros para pagarle y recibir la mercancía. Voy hasta el baño para encerrarme en un cubículo. Sobre el aparato del papel higienico pongo una cantidad suficiente, formo tres líneas y las tres mismas las inhalo. Cierro los ojos, los aprieto y los abro. Borro las evidencias antes de salir para reunirme con Sam.
Hay rostros nuevos en la habitación, son mujeres bailando para ellas. Me atrae lo bien que mueven sus caderas y lo enormes que son sus tetas. Una de ellas me sienta para colocarse encima de mí. No paro de ver esas gemelas que me dan ganas de tocar y lo hago, son suaves…
— Amiga. — aparta Sam de mi cuerpo a la bailarina. Comenzo a reir por lo bajo. — No le gustan las chicas, es gay y casado.
Joder.
— ¡Déjalo! — chilla la morena. — Nadie sabrá lo que pasó en este cuarto.
— ¡Sí, Sam! No seas aburrida.
— No, idiota. Respeta.
— Ash.
— Si es gay, tengo alguien que puede venir a ayudar. — la chica llama a uno de sus compañeros. Va entrando un fortachon de piel blanca como la leche, cabello medio rojizo y muchas pecas. Los tres nos acaloramos al verlo.
Tomo más del trago.
Las luces se apagan y el hace un jodido baile precioso. Me muevo a su ritmo desde donde estoy. Él al verme me saca a bailar y me restriega su virilidad en el trasero. Sam y la morena chillan fuerte.
Me luzco dejando que me toque, me baile y me azote.
No hay cosa que me haga retractar.
&
Voy despertando de a poco.
La cabeza me va a estallar del dolor. Observo de a poco el lugar en el que me encuentro y es mi casa, mi habitación.
Tom está sentado en el sofá mirándome con una expresión preocupada. Vuelvo a cerrar los ojos medio mareado para volver a abrirlos hasta sentarme en la cama.
— ¿Se te hizo costumbre mirarme desde ahí cada que pasa algo?
— Hay pastillas para el dolor de cabeza, Bill. — a mi lado está una pastilla con una botella pequeña de agua. Lo tomo de inmediato e igual me acabo la bebida con mucha sed.
No recuerdo mucho…
— Bill…
— ¿Qué?
— ¿Qué es esto? — saca de su bolsillo dos funditas de polvo blanco. Me pongo pálido al verlas ser lanzadas a la cama.
— No sé…
— Estabas inconsciente catorce horas.
— ¿Estás insinuando que es mío?
— Sí. — traga saliva. — ¿Por qué te drogas, carajo?
— No lo hago…
— ¿Por qué las tenías?
— ¿Estás desconfiando de mí? — recoge esas bolsas y camina al baño para botarlas por el inodoro. Sobo mi cabeza con estrés y vuelvo a acosarme en la cama.
— Dime la verdad, ¿es por mi culpa?
— Uhm, no…
— ¿Entonces? — no digo nada. — No quiero que caigas en esas basuras por mi culpa…
— No, Tom. Basta.
— Joder. — de soslayo observo como se tapa el rostro con ambas manos, estaba un poco rojo de la rabia y no sé que cosas más pasaban por su cabeza. Realmente no recordaba casi nada de lo que hice o que consumí.
Solo sé que ahora me siento algo liberado, menos tenso, decidido… sé que ahora puedo seguir con todo sin que los problemas me consuman:
Un nuevo Bill.
— A todo esto, Tom. — vuelvo a sentarme en la cama para verlo de frente. Mi marido también me observa mientras se acomoda en el sofá. — ¿y los niños?
— Ya salieron de la escuela, ya comieron y ahora me imagino que hacen sus tareas.
— ¿Has vuelto a ver a Karol?
— Si, es la ayudante de su maestra.
— ¿Ella… trabaja ahí?
— Supongo.
— Hay que cambiar a los niños de escuela, Tom. Es lo mejor para evitar problemas. — sugerí.
— Sí… de echo lo venía pensando luego de lo que pasó ayer.
— Okay… investigaré.
— Me avisas. — asiento mientras miro como se pone de pie para empezar a caminar hasta la puerta y antes de salir me dice : — Ellos preguntaban por ti.
— ¿Billa también?
— Sí.
— Ah… — arqueo las cejas haciéndome el desinteresado pero en el fondo algo se remueve dentro de mí.
— Si quieres verlos quítate ese olor primero, ¿va? para que no me hagas caer la cara de la vergüenza y tampoco quede como un mentiroso porque les dije que fuiste de viaje por tu trabajo. — sale de la habitación cerrando la puerta con calma.
Yo respiro, cuento hasta tres en mi cabeza y empiezo a desnudarme para entrar a darme una ducha rápida. Al salir me cubro con un albornoz y envuelvo mi melena en una toalla. Aplico algunas cremas en mi rostro para el cuidado.
En la ropa que me saqué, justo en el bolsillo del pantalón encuentro una bolsita de contenido que tiró Tom al baño. Lo tomo con manos temblorosas y dejo en el lavamanos. Observo con atención.
Doy un suspiro largo.
Decido cerrar la puerta con seguro por precaución. Riego un poco de eso en mi mano y lo llevo hasta mi nariz para inhalar un poco. Tomo todo el aire que puedo para expulsarlo con lentitud.
Limpio mi nariz mientras me observo en el espejo. Siento como que me mareo un poco pero solo es un inicio, pongo otra cantidad más grande formando una línea y cuando estoy por aspirar el golpe en la puerta me sobresalta y soplo esa línea para deshacerla. Guardo la bolsa en mis productos para la piel antes de abrir la puerta pero no veo a nadie.
Dios.
Salgo decidido a vestirme de una vez con ropa cómoda y luego a ver a los niños.
Me doy cuenta de que ya no tienen la habitación juntos por el olor a pintura fresca.
¿De qué tanto me perdí?
Me dejo guiar por el olor hasta la habitación del niño quien grita feliz al verme. Salta hasta que lo cargo en mis brazos y le doy muchos besos en la frente.
— ¡Papito, estoy muy feliz de verte! ¿cómo te fue en tu trabajo? ¿te fotografiaron mucho?
— Sí, bebé. — apego mi mentón en su hombro. Sin querer mi ojos chocan con los de Billa, puedo ver a la niña observando con atención mientras ayudaba a acomodar los juguetes de su hermano. — Es lo de siempre.
— Me gusta tu trabajo porque en las fotos sales muy guapo e igual porque mis compañeras se emocionan cuando les digo que eres mi papi, ¡casi nadie lo cree!
— Claro, es que ninguna debe tener un papá tan guapo como yo.
— ¡Sí! — rie divertido. — Quiero ser igual de famoso que tú y guapo.
— Ya eres guapo porque te pareces a papi. — deja de abrazarme para observar a Tom. Yo sonrío más dejándolo en el suelo.
— ¡Nos parecemos mucho!
— Sí.
— ¿Quieres ayudarme en esto, papito? — me acerco hacia él para poner sus juguetes de caja en la pared pero casi no puedo. El clavo se mueve y me molesta.
— Déjame ayudarte. — murmura un Tom estresado. Guia mis manos hasta el acero y hunde la caja en el para que se quede quieto. — ¿Qué te pasa? — susurra en mi oído. Lo observo con lentitud y parpadeo tres veces seguidas.
Veo doble Tom.
— Nada…
— Mejor ve a recostarte, joder. Estás desesperándome. — obedezco sin decirle nada. Salgo de la habitación del niño y me recuesto en la pared. Me duele un poco la cabeza.
— Papito no me hizo caso, papi. — escucho decir a Billa.
— ¿Qué esperabas, tonta? te portas mal y quieres que mi papito te trate bien.
— Niños. — regaña Tom en un tono suave.
— Ya le dije a papi que estoy arrepentida…
— Pero no a papito.
— No empiecen, ¿sí? — suspiré alejándome y dejando de oir su conversación para volver a mi cama. Me acuesto en ella para reposar y dormir otras catorce horas más si es posible.
&
— ¿Vas a recoger a los niños?
No sé que tanto pasa conmigo solo se que es un nuevo día y que Tom está acostado a mi lado abrazándome empiernado con su cabeza escondida en mi pecho luego de dejar a los niños.
— Sí.
— Genial, yo visitaré a mi padre… necesito que me ayude en un par de cosas con ese asunto, ¿va?
— Bien. — levanta su cabeza para verme. Sonrío, acercándome para darle un beso en la boquita.
— Te amo, Billie. — sonrojado le hago mimos en la cabecita. Ronronea como gatito dándome mucha ternura y rio por lo bajo.
— Te amo mucho más, Tommy.
— Quiero volver a casarme contigo, revivir nuestro amor luego de tantas desgracias… se que todavía la llama sigue viva entre los dos.
— Y seguirá viva. — nos besamos nuevamente sintiendo el amor fluir por nuestro cuerpo. Emociones iban y venian del cuerpo de ambos.
— Me voy.
— No. — susurro. Me apego a su cuerpo hasta el punto de quedar sobre él, con las cobijas enredadas en los pies y parte del cuerpo.
— Volveré, ¿está bien? Antes de que tú llegues con los niños.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo. — obligado me separo del cuerpo de mi espocito. Suelto todo el aire que me queda y sonrio mientras lo veo irse de la casa.
Ahora que me siento mejor…
¿Puedo volver a casarme con Tom por tercera vez? quiero decir, renovar los votos y esas cosas para siempre.
Siento que nuestro amor si va para largo con todas la cosas que fluyen en los dos y… me gusta. Es diferente, se que… no volverá a engañarme.
Por eso estoy tranquilo.
Entonces.
¿Cómo hago?
Tom será mi pareja hasta que lleguemos a ser viejitos porque lo que siento si es amor de verdad.
Continúa…
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