
Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 27

Le di una última mirada a Heidi antes de salir tras de mi esposo. Caminaba rápido porque no lo encontré. Al salir vi como su auto se iba. Fui hasta el mío para alcanzarlo hasta la casa pero no iba a donde mencioné si no a un lugar diferente.
Estacionó el auto fuera de una casa de cerámica beige. Para que no me vea decidí dejar el auto a un lado y caminar hasta ocultarme en uno de los autos que estaba ahí. De esa casa salió el tipo que la otra noche le llevó serenata. Bill lo agarró por los hombros y le dió un beso.
Mi corazón se rompió por lo que ví. Tragué saliva. No tenía ánimos ni siquiera de encararlo porque fui yo el que falló primero.
«¿Lo hizo porque me vió seguirlo?»
No, no sé… solo… no puedo con esto, me lastima.
No vuelve a ser lo mismo después de que rompí su corazón.
Cogí la poca dignidad que me quedaba y me fuí de ahí hasta llegar a casa. Por suerte nunca deshice las maletas de mi ropa. Solo las saqué hasta el coche para poder ir a mi antigua casa.
Volví a salir para retirar a los niños de la casa de mi madre y llevarlos a la suya. Ambos estaban dormidos. Es bueno porque no me harían preguntas incómodas hasta tal punto de querer hacerme llorar. Recosté a ambos niños en su cama. Me despedí de ellos dando un beso en la frente a cada uno y salí.
Bill no llegaba y me parecía mejor.
«Habría una posible discusión si llegábamos a topar.»
Volví hacia el hospital con Heidi. Me instalé en el sofá de su habitación. Ella dormía con y yo me sumía en un mar de pensamientos.
«… estoy cansado…»
Como ahora no va a querer saber nunca nada más de mí, voy a alejarme de su vida. Desapareceré con mis jodidos problemas, me iré lejos y quizás… darle una oportunidad a Heidi para empezar de cero.
Solo si me animo.
Busqué en mi móvil el número de teléfono de Andreas para comunicarme con él.
— Tom, ¿cómo estás? Justo pensaba en ti luego de la llamada de Bill.
«Se me adelantó.»
— ¿Llamada de Bill? — suspiré cerrando los ojos, haciéndome uno con el sofá suave. — ¿Qué te dijo?
— Después de siete años, Tom. Bill llamó a pedir un divorcio.
Mi mundo se desmoronó enteramente…
—… no quiere que te acerques a su casa y mantengas su distancia con él. Cumplas con los horarios establecidos para los niños y nada más…
— Ya… — aclaré mi garganta. — ¿Algo más?
— Él como que tenía la voz rara, Tom. ¿No estará…
— ¿Qué?
— Nada…
No le dije a Andreas ni una sola palabra más antes de colgar la llamada. Acabo de comprender que hice mal al irme de su hogar. Tuve que salir nuevamente a mi casa, tomar mis maletas y devolverlas a la casa de Bill en su lugar. Para mi jodida suerte él no llegaba. Fui hasta la habitación de los gemelos para acostarme en su pequeña alfombra. La noche comenzaba a caer un poco más oscura.
— ¿Papi?
— ¿Sí, cariño? — de inmediato me levanté para sentarme en su camita de princesas. Billa rascaba su ojito somnolienta. Pude acariciar su cabello con amor.
— Acuéstate conmigo, no en el suelo. Quiero abrazarte mucho. — sonreí de lado. Di un beso en su frente y me acomodé junto a ella para dormir rodeado de sus pequeñas manitos.
.
By BILL
Desperté mucho más de la hora de costumbre. Me sentía un mal padre. Me dormí pasado de las dos de la mañana y la hora de entrada de los bebés ya se había pasado. Bueno, un día menos de clases no afectaba en nada.
¿Verdad?
Como sea, envolví mi cuerpo semidesnudo para tomar una ducha. Colocar la misma ropa de ayer e irme a casa.
Pasé la noche con Paul. Estuvimos a punto de tener relaciones pero como a ninguno le funcionó preferimos beber, conversar, reír mientras tomabamos una botella de zhumir. Estaba tan fuerte. Hablamos de muchas cosas que en una de esas temo que se me haya escapado alguna cosa y ahora esté en compromiso con él.
Volví a casa con dolor del cuerpo. Reemplacé la ropa por una pijama limpia y fui a ver a los bebés.
No estaban.
Por ver la ropa de Tom ahí supuse que si fueron a la escuela.
— Tom… — murmuré tomando su camisa, aspirando ese aroma varonil que tanto me encanta. — ¿Por qué no te has ido luego de lo que viste? ¿en serio me amas?
Uhm…
Sonreí de lado emocionado.
Arreglé la habitación de los mellizos. Acomodé la ropa de Tom en el sofá y recogí todo lo sucio para lavar, dar de comer a los perros y al gatito. También para alistarme yo e ir por los niños como siempre.
A penas iba a entrar al baño para lavarme la boca suena mi celular interrumpiendo, era un número desconocido. Probablemente más contratos, joder.
— ¿Hola?
— Buenos días, Bill. Habla Heidi, ¿podemos hablar?
— No, adiós. — alejé el móvil con fastidio para colgar pero su grito y mi curiosidad hicieron caso.
— ¡Espera!
— ¿Qué quieres?
— Disculpa a Tom, por favor. No sabes como te ama… ayer lo que viste no fue nada solo culpa de mis sentimientos y lo obligué, en ningún momento quiso besarme. Te puso en primer lugar y sigue haciéndolo a pesar de lo complicada que está su vida, ¿sí me entiendes? No dejes tu matrimonio por…
— Heidi. — interrumpí. — Cuando dijiste que me puso en primer lugar y lo sigue haciendo, ¿hablas de ir contigo para seguir viéndome la cara?
— No… — suspiró. Estaba poniéndome un poquito rabioso con su misterio. — En el momento indicado, Bill. Solo… de todo corazón, no te pongas así con él. Necesita de tí y de tus hijos.
— Okay, Heidi. ¿Es todo? Tengo que irme.
— Se nota que te vale. — fruncí el ceño y mordí mi labio inferior. Colgué la llamada dejando de lado el móvil para hacer lo que tenía pendiente.
Ahora que recuerdo, mañana es la boda de Georg y Gustav. No he buscado la ropa para mí, para los niños.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar 😉