Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 34

— ¡Mierda! — exclamé, golpeando la guantera del auto de Marc con frustración. — ¡Diecinueve años! ¡Joder! ¡Cómo pude ser tan estúpido! — Marc se rió divertido, sacudiendo la cabeza.

— Bueno, bueno, no te desesperes tanto, pétalo de rosa. Aunque sí, es un poco joven para ti, ¿no? — me miró con una sonrisa pícara, y yo me sentí un poco incómodo.

— No es solo eso, Marc. Es que… — me detuve en seco e intenté darme un golpe en la boca, sin saber cómo explicar mi situación.

— ¿Qué? — Marc se inclinó hacia mí, con curiosidad.

— Nada, olvídalo. — me encogí de hombros, intentando cambiar de tema. — Gracias por ayudarme con la beca de Tom, Marc. Significa mucho para mí. — Marc sonrió de nuevo, y esta vez su sonrisa era más sincera.

— De nada, Bill. Me alegra poder ayudar. — se detuvo un momento, y luego continuó. — Pero dime, ¿qué pasó entre tú y Tom? te veo jodidamente rabioso por la situación. — miró mi rostro con curiosidad, y yo me sentí más incómodo. No sabía cómo explicar mis sentimientos, ni siquiera a mí mismo.

Suspiré profundo hallando las palabras para no entrar a detalles.

— Nada, Marc. Solo fue una estupidez por complacer a mi hija. Veía a Tom como una figura paterna y la verdad yo también quería que sea mi compañero para formar una familia pero me apresuré y mira con que cosas sale. Ahora con más razón tengo que estar lejos de él.

— ¿Entonces por qué le ayudas?

— Se lo debo. Trabajó un tiempo para mí y bueno, es como mi último acto de ayuda como su jefe, nada más.

— Oh, bueno. Ya entiendo. — Marc asintió con la cabeza, pareciendo aceptar mi explicación. Sin embargo, yo sabía que no era la verdad completa. Había algo más que no estaba dispuesto a compartir con Marc.

— Bueno, en cualquier caso, gracias otra vez por ayudar a Tom con la beca. — Marc sonrió de nuevo, y esta vez su sonrisa parecía más auténtica.

— De nada, Bill… ahm… bueno, creo que ya hemos hablado suficiente por hoy. Estoy cansado. ¿Por qué no nos vemos mañana en mi casa para cenar en la noche? Podemos hablar de nuestra vida sin vernos todo este rato y ya. También puedes llevar a Maddnees. — habla con expectativa y yo no estaba seguro de si aceptar pero al mismo tiempo, no quería ser descortés.

— Eh, sí, claro. Me encantaría cenar contigo mañana en la noche. — sonreí, intentando parecer más entusiasmado de lo que realmente estaba. Marc sonrió de nuevo, y esta vez su sonrisa parecía más intensa.

— Excelente. Te espero mañana a las 8 en mi casa. — dió un golpecito en mi hombro, y luego me bajo del auto.
Me quedé parado observando como Marc se alejaba cada vez más de la casa mientras tengo el sobre en mis manos.

«¿Seguirá pensando que Maddy es su hija?» – me cuestiono a mi mismo pero le restaba importancia al asunto y pensaba en algo más.

Diecinueve años…

Uhm.

Mañana a primera hora iría a un fax para que se lo hagan llegar a su casa porque yo no lo quiero ver ni en pintura.

«¿Quién le miente a quién ahora?» – con esa pregunta en mi cabeza entro a la casa para volver con Maddnees quien al verme entrar me abraza al instante.

— ¿Sueño, amor?

— Sí, muchísimo. — sonrió de lado.

— Me gusta lo responsable que eres al dormir temprano aún sabiendo que estás de vacaciones, eso habla muy bien de ti.

Ella rió.

— Por cierto, amor. Mañana iremos a cenar a la casa de un amigo, ¿vale?

— Bueno. — susurró por lo bajo. La cargué en mis brazos, apoyando su peso en una sola mano mientras la otra se encarga de asegurar la casa para ambos subir a la habitación.
Maddy dormía conmigo pero hoy prefería la soledad, así que dejo su cuerpo en la cama de su habitación y cierro mientras bajo para salir fuera de la cocina a fumar uno.

Desesperado.

.

By TOM

Salía de la ducha envuelto la toalla en la cintura mientras goteo el suelo por mis pies descalzos. Al estar en la habitación Gianella seguía durmiendo revuelta entre las sábanas que cubren su desnudez y suspiré. Me entraron las ganas de tener así a Bill a mi lado, realmente no me levantaría por días si estuviera con él así pero no.

No estaba y así se arruina mi mañana por segundo día consecutivo.

Suficiente con no tener la beca y haber molestado a mi papá pidiéndoles ayuda. Me dijeron que se harían un préstamo para costearlo y yo lo pagaría pero nunca te darán uno de un día para el otro, era desesperante. Quizás sí le hubiera aceptado a Georg… ahora ¿con qué cara le diría si está molesto por haber descargado mi frustración en él? no podía buscarlo, me vería muy interesado.

— ¡Tom! — llama mi mamá desde abajo. Me vestí pronto para ir a ver sobre su llamado. Bajé corriendo las escaleras y ella estaba en la puerta frente al cartero. — Ahí está… hijo te buscan.

— ¿Sí?

— Vengo a entregar este sobre para usted, señor Trümper. No sé si puede firmarlo como entregado. — asiento recibiendo el esferografico para firmar aquel papel. Luego acepto el sobre amarillo y el chico se iba a seguir repartiendo la correspondencia. Yo cierro la puerta mientras voy al sofá para sentarme y abrirlo cuidadosamente hasta sacar de el un par de papeles.

Me emocioné jodido al ver el título con las letras más importantes de mi vida ‘…se le otorga la beca a Tom Trümper…’ y salto de emoción, corriendo a abrazar a mi madre que me mira extrañada y se queja ante mi arrebato de cariño. Le lleno de besos por todas partes y salto dando vuelta. Sabía que merecía ser el acreedor de esa beca.

— ¡Mamá, me lo gané! ¡tengo la beca! ¡dile a papá que no se endeude! ¡la tengo! ¡la tengo! ¡dios!

— Felicidades, mi niño. Sabía que lo ibas a conseguir. Anoche le recé mucho a la virgencita para que nos ayude y nos lo cumplió, mi vida. — sonreí con ganas mientras tomo el convencional para llamar a la casa de Georg por la emoción que tenía.
La línea repicaba un par de ves y se escuchaba al otro lado la voz de una niña…

— ¿Holaaa?

Y esa niña era Maddnees. Me quedo congelado porque ¿acaso no llamé a la casa de mi mejor amigo?

— ¿Holaaa? — vuelve a repetir en un tono cantadito y yo suspiré, con el pulso descontrolado. — ¿Quién llama para no responder?

— Maddy. — susurré en un hilo de voz.

— ¿Quién es? — escuché también la voz de Georg.

— Mhmm, es Tom. — mi corazón se rompía en mil pedazos al oír la forma tan fría con la que se dirigió a mí. Me quedé sin respiración y con la mirada en un punto fijo. Bajo la atenta mirada de mi madre que llamaba desde su teléfono de teclas a mi padre, contándole de la noticia.

— Tom, amigo. ¿Todo bien?

— ¿Está contigo? — susurré apretando el móvil en mi mano.

— Sí, ahm… acaba de irse.

— ¿Qué hacía contigo?

— Ha venido a reclamarme el por qué hemos mentido con tu edad, ya sabe que no tienes la edad que le dijimos y que tienes diecinueve. No sé cómo se enteró pero ya está. Le dije que mentimos porque te urgía el trabajo por tus estudios, nada más. Respecto a cosas emocionales si no me meto.

Inhalo y exhalo con dureza.

— Con respecto a eso sí me dieron la beca, amigo. Disculpa por mi actitud de ayer, yo…

— Está bien, no tengo problema. Felicidades. — interrumpe.

— Gracias…

— De nada, por cierto el sábado en la noche haremos la revelación del sexo de mi bebé. Me gustaría que estés aquí y por favor, sin Gianella. Me enoja que estés tan serio cuando estás con ella y no me hagas caso, como si no existiera y ya no fuera tu mejor amigo. Hasta me gritas, perra histérica. — reí a carcajadas divertido liberando la tensión que tenía en mi cuerpo con solo escuchar la forma en la cual se refiere a mi muchas veces. Me alivia saber que no está molesto y que nuestra amistad está tranquila, sin problemas.

— No te prometo nada, siempre la traigo pegada como un chicle en la suela del zapato.

Georg estalló en risas contagiosas.

— La cosa es que vengas, amigo. Ya te aparté tu mesita junto a Bill y Maddy.

— Ay, no puede ser. ¿Eso qué? — siento mis piernas flaquear y la presión subida como nunca. También me quedo en silencio por un momento, procesando la información. Bill y yo volveremos a vernos una vez más, estar juntos en la fiesta. El pensarlo me estaba enloqueciendo.

— ¿Qué pasa, no te alegra? — pregunta con burla.

— ¿Todo bien? — pregunta mi madre curiosa. Hace que vuelva en si y aclare mi garganta.

— Ya, Georg. Debo irme… adiós. — cuelgo la llamada para luego dejar escapar todo el aire acumulado en mis pulmones. — Sí, mamá. Todo está bien.

Mentira, la ansia de volver a verlo me carcomía y no podía esperar a que sea sábado y ver asi sea de lejos.

— Buenos días. — salida Gianella con sueño, tallando su ojo derecho mientras luce una de mis camisas negras con un pantalón de chandal gris.

— Hola.

— Buenos días, hija. Ven, ayúdame a hacer el desayuno y también una lista para comprar unas cositas porque vamos a celebrar esta noche que a Tom le dieron la beca de la universidad.

— ¿¡De verdad!? — pregunta con emoción saltando a mis brazos y yo asiento emocionado. — ¡Oww, mi amor! ¡felicidades!

.

By BILL

Luego de salir de casa de Georg fuimos a una heladería como se lo prometí a Maddnees. Compramos un par de bananas split y estábamos comiendo los dos solos para saciar las ganas que teníamos desde hace rato por comer uno pero no la ví con el mismo entusiasmo de antes, ¿qué le sucedía?

— Amor, ¿todo está bien? — asiente en silencio picando un trozo del helado de vainilla mezclado con chicle. — ¿Segura?

— Sí… no…

— ¿Por qué? ¿pasa algo?

— Es Tom. — susurró dejando la cuchara en su helado y se baja de la silla para abrazarme con tristeza. — ¿Por qué no nos quiere?

— A tí si te quiere…

— ¿Y por qué no me habla, papá? ¿por qué no se disculpa por haberme engañado así con mentiras?

A veces me costaba creer que una niña de siete años estaba hablando de esa forma…

— Ay, Maddy. — suspiré apretando su mejilla sin fuerzas. — Pues no lo sé, hermosa. Quizás su nueva novia es un monstruo y no deja que se acerque a ti.

— Mierda. — susurró. Mis ojos se abrieron a más no poder.

— ¿Qué dijiste? — ella rió volviendo a su asiento para continuar comiendo mientras mi rostro estaba encendido por la palabrota que se le salió. — Oh, Dios. No digas malas palabras, todavía no puedes.

— Pero si solo dije caca en la mala palabra, ¿qué hay de malo?

— Mucho. — suspiré colocando ambos codos sobre la mesa de cristal. — Las niñas hermosas no dicen malas palabras, al menos no por ahora.

— ¿Y de grande las puedo decir?

— Tal vez…

— Entonces ya quiero ser grande y también para conseguir a mi príncipe azul.

Ahora arqueo una ceja.

— Uhm, no. ¿Cómo así? me pongo celoso, Maddnees Kaulitz. — ella reía divertida con picardía.

— ¿O una princesita que también me de besos?

— No, nada. — cruzo los brazos desviando la mirada a cualquier lugar fingiendo molestia haciendo que sonría muchísimo más. — Tú eres mi hija mía, me niego a que tengas novios o novias. Además no sé por qué andas pensando en ello si lo único que debes pensar es en jugar, no sé.

— ¡Solo te estoy molestando! — exclama divertida. — No te pongas celoso.

— Mierda. — murmuré rodeando los ojos.

— ¿A ver? esa palabra, papá. Tampoco la puedes decir. Tienes quince años, Bill Kaulitz.

— Ay, Maddy. — sonrío negando con la cabeza mientras la dejo apoyada en la palma de mi mano.

&

Antes de pasar a la cena con Marc pasamos a comprar un postre junto con una botella de vino y para Maddnees jugo de naranja al supermercado e íbamos en silencio en el auto en la dirección que solía ir siempre. Maddnees iba inquieta en el asiento del copiloto por el vestido de lentejuelas en su pecho, quizás le estaba picando y la entendía pero ella misma quiso ponerse.

Y yo no se lo negué, le quedaba hermoso de todas formas con su piel pálida.

Al llegar estacioné el auto fuera de la casa y me bajé. Maddnees hizo lo mismo para venir hasta donde yo estaba sacando lo comprado. Seguido la puerta se abre dejando ver a Marc muy sonriente con su mandil negro de chef y saludaba con la mano.
Maddy me miró con una ceja arqueada.

— ¿Ese viejito es tu amigo, papá? — murmuró con odiosidad y yo reí por lo bajo al cerrar la cajuela.

— Shh, cualquier reclamo en casa. Te lo acepto, ¿vale? — Maddy asiente con lentitud, tomando mi mano para empezar a caminar al interior de la casa.

— Buenas noches. — saluda dándome un beso en la mejilla.

— Hola. — saludo al separarnos, con una sonrisa de igual forma.

— Maddnees, muñeca. Hola. — saludó emotivo pero mi hija lo fulminó con la mirada, apretando mi mano y bastante seria. Marc arquea ambas cejas en diversión por la reacción de Maddy. — Igualitos.

— Lo siento. — susurré entrando a la casa. Ya sabía perfectamente dónde estaba el camino a la cocina y todo. Maddnees se sentó en el sofá mientras yo dejaba la botella sobre el comedor mientras que el cartón dentro del refrigerador. El postre era torta selva negra y también para el refrigerador. — Huele delicioso. — comento observando el horno.

— Es pavo, la verdad venía corto de tiempo y no me dió para prepararte algo mejor.

— Descuida.

— La verdad pensé que no ibas a venir. — susurra a mi detrás en mi oído, haciendo que voltee a ver a Maddy que mira la situación arqueando una ceja y me pongo nervioso.

— Pues aquí estoy. — muerdo mi labio inferior, agachando la cabeza. — Aprovecho ya que pasamos encerrados vagando todo el día, no hacemos nada. He descuidado mi trabajo también pero personas de confianza de mis padres se hacen cargo.

— ¿Ya no modelas? — pregunta mientras camina hasta tomar la botella que traje para abrirla con el sacacorchos y servir en un par de copas una cantidad considerable. Me dió una mientras que la otra se quedó él. Antes de beber huelo el vino pero de inmediato siento como mi cuerpo lo rechazaba.

— No mucho, siento que le perdí la emoción a todo aquello que me gustaba.

— Uhm, yo te voy a dar un trabajito, ¿qué dices?

— No sé. — miro la copa del vino en mi mano y muevo la misma, jugando con él líquido. — ¿De qué es?

— El modelo para la página principal de la universidad, representando a la carrera que te graduaste y también para promocionar la nueva chompa de la uni, ¿qué dices? ¿te agrada la idea?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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