
Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 27
— Ah… — arqueó las cejas y me sonrió.
— No tienes a donde negarte porque ya estoy aquí, Andy, a punto de ver las estrellas contigo en la cama.
— Sí. — susurró y luego se relamió los labios. — ¿También quieres que le pida disculpas por lo imbécil que he sido con él?
— Si quieres… — no sabía si estaba hablando en serio o en modo sarcástico. Le desamarré una mano, creo que con eso era suficiente para que saque su móvil y le haga la llamada a su padre. — Tom no me importa.
«Debo dejar de mentir.»
— Se ve que tú eres más ardiente en la cama, más arriesgado… Tom no es así.
— Uy. — suspiró fuerte. La llamada la puso en voz alta y sonreí con satisfacción. — ¿Hola, papá?
— Andy, ¿todo bien?
— Sí, ehm… necesito que le devuelvas su puesto a Tom, recuerda que el es uno de tus mejores empleados y mi buen amigo, quiero devolverle con ese favor su amistad.
— Sí, de echo nos hace mucha falta pero no estaba seguro si hacerlo o no, pero, ahora que tengo tu aprobación lo llamaré ahora mismo.
«Fue más fácil de lo que pensé.»
— Okay, pa. Hablamos luego, estoy en una situación bastante prendida. — y colgó. Le arrebaté el móvil y lo aventé al suelo, ni siquiera se donde cayó. Volví a amarrar sus manos y sonreí. — ¿Qué esperas para ponerme el antifaz y apagar la luz?
— Oh, cierto. — le puse el antifaz y me encargué de que no vea nada, apagué la luz y corrí hasta donde estaba Mattew y que haga con él lo que le diera la gana.
Yo estaba un poco desanimado porque tenía que quedarme oyendo lo que esos dos hacían, «hoy tenía el plan de querer colarme a la habitación de mi gemelo y calentarme un poco porque hace muchísimo frío, sí.»
Me encerré en el baño para quitar la molesta lencería, ponerme ropa cómoda y hacer una pequeña cama para ponerme a leer un libro.
No voy a decir mentiras, pasaron exactamente siete minutos de lo que estaba leyendo el libro y Mattew ya estaba entrando al baño con cara de pocos amigos. Me reí por lo bajo esperando a que hablara.
— Malo, malo, malo, malo, malo.
— ¿Por qué? — me tapé la boca con la mano, evitando que salga una carcajada.
— Amigui, el chico es guapo…
— ¿Pero..?
— … a parte de que es precoz y la tiene pequeña, ¡no sabe como coger con un hombre, por dios! — susurró/gritó inconforme. — Quiero un aumento solo por eso.
— Sí, no hay problema. El dinero es lo de menos, Mat.
— ¡Tuve que lubricarme yo solo para que me la meta! — no podía aguantar más, iba a explotar de la risa. — Me dijo que le disculpe pero que hacerlo por atrás le pareció excitante y que por eso acabó rápido.
— ¡Que horror! — negaba con la cabeza mientras reía. Saqué del bolsillo de mi chaqueta la mitad del efectivo que traía y le dí. — Tranquilo, tómalo como una mala experiencia, ya del resto me encargo yo.
— Hizo que le meta el dedo por detrás, Bill.
— ¿¡Qué!?
— Sí, no solo le gusta dar, también le gusta que le den. Ojo con eso, mi vida.
— Ay, no.
«Andreas me sorprende cada vez más.»
— Bueno, cariño. Suerte con the flash man. — nos despedimos de besitos en ambas mejillas y lo vi marcharse con sus pertenencias hacia la salida.
Saqué la cabeza y encendí la luz de la habitación, en efecto estaba bien dormido.
— Oye, asqueroso. — le daba golpes en la mejilla con fuerza para que se levantara. — Dios. — reí aun más.
Ahora que lo veo me daba pena, tanto drama para que dure solo siete minutos, en serio?
— Wow.
&
No pegué un ojo en toda la noche, creo que estuve alerta en caso de que se despierte. No quería que me haga nada porque esta vez si no habría un Tom que interrumpa esa dolorosa situación o una Hannah que me consuele mientras lloro.
Si tenía sueño, no iba a negarlo pero ya descansaría cuando llegue a la casa. Todavía está largo el día para que yo pueda dormir.
El cuerpo tumbado de Andreas se removía en la cama despertando, me puse un poco nervioso. Me levanté y me acerqué hasta él para verlo.
— Buenos días. — susurró mientras se tallaba los ojos. — ¿Cómo amaneciste después de lo de ayer?
— Bien. — respondí con una sonrisa. — ¿Qué tal tú? ¿Disfrutaste?
— Mucho. — se levantó de la cama para empezar a vestirse. Yo miraba con atención sus movimientos, tuve la desdicha de verle el trasero pálido y un poco rojo, ¿por qué? — ¿Te puedo pedir un favor?
— ¿Cuál?
— No le digas a nadie que me dejé meter… eso.
— ¿Eso qué?
— Eso…
— ¿¡Eso qué!?
— ¡El dedo, Bill! ¡El dedo!
— Ah. — arquee las cejas y negué con la cabeza. — No te preocupes, no revelo mis encuentros sexuales a nadie.
«Creo.»
&
— ¿¡Qué!? — chilló Laila muerta de la risa oyendo lo que le decía. — ¡No puedo creerte!
— ¡Sí! — reía yo también. — ¡Me dijo que la tiene pequeña y que no dura mucho porque hacerlo por atrás le gustó mucho! Ah, y también dijo que no se lo cuente a nadie, eh.
— Yo creo que deberías contárselo a su novia. — arquee las cejas y dejé de reir para tomar un poco del batido de vainilla que pedí.
— ¿Novia?
— ¿Qué no sabías?
— No. — otro bocado más a mi batido y lo daba por finalizado, estaba demasiado rico. — ¿Cuál es?
— Si la conoces, prácticamente tuviste sexo… entre comillas… con tu cuñado.
— ¡Mierda! — chillé sin creerlo, me tapé la boca porque las personas del restaurante regresaron a verme como si fuera un extraterrestre. — ¿Está saliendo con Angela?
— Así como lo oyes. — burló. — Míralo como si estuvieras a mano, ella te quitó a Lucas y tú…
— No, nunca pasó nada y yo no soy así, como ella. Además, Andreas no es la gran cosa.
— ¿Tom sí?
— Sí. — sonreí mostrando mis dientes.
— Gustav ya nos dijo que Tom ya sabe la verdad, ¿cómo lo tomó?
— Bien y de una vez te aclaro que no quiero profundizar en ese tema porque me voy a poner de mal humor.
— ¡Dios! Ya voy a decirle a Tom que te de una mamadita para que se te baje.
— Por favor. — susurré cerrando los ojos y suspirando. — Que me lo haga ahora mismo, oh, pero no se puede porque le dije que ya nos tomemos en serio el papel de hermanos.
— Estás idiota. — ella me dió un golpe que me despertó de mi ensoñación. — Ya no sé que mismo quieres de él.
— Todo, Laila, quiero todo. A ti no voy a mentirte.
— ¿Y qué esperas?
— Una señal, tan solo una para mandar a la mierda lo que le dije y volver a tenerlo en mi cama. — ella y yo nos miramos fijamente a los ojos, arqueamos las cejas al mismo tiempo cuando mi móvil comenzó a sonar. Lentamente moví la mano y agarré el móvil.
«Love❤️»
— ¿Quién es tu amor, Bill? — traté de ocultar la sonrisa estúpida que se formó en mi rostro a penas vi la llamada. Cambié el nombre de mi gemelo cuando empezamos a salir y luego nunca más lo cambié porque no me acordé de ello.
— Nadie. — rechacé la llamada y me crucé de brazos.
— ¿Acaso ese amor es Tom?
— ¡No!
— ¡Entonces contesta a ese amor porque te está llamando de nuevo! ¡Esa es la puta señal que estabas esperando, maricón!
— Agh. — contesté la llamada y quedé en silencio esperando a que él hablara.
— Estoy borracho. — suspiré y me levanté mientras tomaba mis cosas. — Te necesito, en serio.
— Okay, dime dónde estás y voy a buscarte.
— En casa, no he salido de ahí en todo el día y tampoco comí, solo bebí y bebí. Me di cuenta que ni siquiera llegaste a dormir, ¿me cambiaste por alguien más?
— No. — salí casi corriendo dejando a Laila en el restaurante sin darle una explicación, ahorita Tom era importante. Me metí al auto y lo puse a correr como una fiera. — Ya estoy volviendo a casa.
— También bebí de felicidad, el padre de Andreas me devolvió el trabajo y quería compartirlo contigo pero como te dije… no llegaste a dormir.
— Te felicito, Tom. — puse el manos libres, así podía conducir con más facilidad.
— ¿Llegas pronto?
— Sí, ¿quieres que te compre algo para la resaca?
— Sí.
— ¿Qué?
— Unos besos de Bill Kaulitz.
— Ay. — volví a sonreir como tonto y reduje la velocidad, ya estaba a punto de llegar. — Inmediatamente ya te llegan los besos de Bill Kaulitz, Tom.
— Genial. — colgó la llamada, abrí la puerta automática del garage de la casa y estacioné el auto. Me bajé a toda prisa hasta llegar a su habitación, no golpee la puerta y entré con toda confianza.
Lo primero que hice fue taparme la nariz con la camiseta que traía, olía a mucha cerveza y cuando se acercó a mi su aliento por poco hace que me desmaye.
— ¿Te doy asco, Billy?
— No. — susurré abrazándolo con fuerza, sintiendo su cuerpo con el mío y mi corazón latiendo como un loco. — ¿Qué te pasó?
— Solo abrázame y quédate conmigo.
— Pero ven, vamos a bañarte. — dije mientras lo guiaba al baño, él forcejeaba para no hacerlo. — Si quieres que me quede contigo obedece.
Ahí se dejó llevar al baño, le quité la ropa con calma y abrí todo el grifo de agua para que caiga agua fría. Estaba seguro que eso ayuda a bajar un poco el subidón que tiene. Tomé su mano e hice que se meta a la ducha pero no contaba con que Tom se iba a resbalar y caer al suelo conmigo encima.
Casi me da algo, el agua estaba demasiado fría y estaba arruinando todo lo que traía puesto.
— ¡Está muy fría, Bill!
— ¡Dime algo que no sepa! — le chillé devuelta mientras me levantaba. — Mira lo que me hiciste.
— Te ves lindo de todas formas. — reí por lo bajo despojando mis prendas y dejándolas a un lado para que el agua escurra. La mirada de mi gemelo se posó en una cierta parte de mi cuerpo y me di cuenta de que veía el tatuaje con mucha atención. — Lo quiero lamer.
— Y yo quiero que lo hagas. — susurré.
— No. — hizo un puchero adorable mientras cerraba los ojos. — Tú me prohibiste hacerte cosas.
— Mentira.
— Deshace lo que dijiste y te lameré las veces que quieras.
No.
No podía más con eso.
— ¿Recuerdas que me preguntaste sobre que iba a pasar entre los dos?
— Sí, me duele tu respuesta y el golpe que me diste.
— No quiero ser tu hermano, ni tu amigo, ni un desconocido, yo… quiero ser tu novio Tom y estoy seguro de lo que estoy diciendo.
— ¿No me mientes? — negué mientras me acercaba a él con una sonrisa sincera. — Tiene que ser una broma.
— Claro que no.
— ¿Eres mi novio de verdad?
— Sí, Tom. — uní su frente con la mía y ambos cerramos los ojos al mismo tiempo. — Es hora de dejar los moños que cree entre los dos y nos dejemos llevar por lo que sentimos, ¿qué dices?
— No.
— ¿Cómo que no? — fruncí el ceño y me alejé de él, me sentí un completo idiota.
— Es que tengo miedo que vuelvas a dejarme solo.
— Oww. — le di besitos en todo el rostro con ganas. — Prometo que no va a volver a pasar, te amo. Te juro que te amo y eso nadie lo va a cambiar, quiero ir en serio contigo.
— Entonces somos novios. — asentí y sonreímos enamorados, no me molestó darle un beso con el aliento horroroso que tenía porque nada que sea de Tom me molesta y más ahora que es mi pareja.
— Te amo.
Volví a repetir de la manera más sincera del mundo, quería que le quede claro de una vez lo que siento por él. Que no le quede ni una maldita duda de mis sentimientos y que se deje amar al igual que yo quiero ser amado.
— También te amo, Bill
Suspiré.
Sólo espero que esta vez Simone no se meta en lo nuestro porque no sabe de lo que soy capaz de hacer con tal de que Tom se quede conmigo.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉