

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 22
El regreso a casa fue estresante, mamá no dejaba de llorar porque «según ella» comenzaba a extrañar a papá. La verdad no le creo ni siquiera lo que respira. Esa mujer se hizo dejar en la iglesia según para distraerse rezando.
De mi parte volví a casa para darle los toques finales al proyecto y presentarlo hoy, como dijo el profesor. Antes de llegar compré dos desayunos para compartir con Hannah.
— Buenos días. — saludé al verla bajar las escaleras. — Compré el desayuno, ¿quieres?
— Obvio, muero de hambre. — sonreí abiertamente pasando hasta la mesa los platos. — ¿Ya se fue tu papá?
— Temprano mismo.
— ¿A dónde se ha ido a trabajar?
— Múnich. — respondí con la boca llena. — Según recuerdo dijo que le ofrecieron reemplazar a no se quién de gerente y se ofreció… yo creo que es por la presión de querer darle a mi mamá sus lujos.
— ¿Tu mami trabaja?
— Creo que no.
— Ah… — arqueó las cejas mientras tomaba su café. — Tu mamá es una fresca, dile que trabaje para que se de sus propios lujos.
— Imposible, ella trató de casarme con Chantelle para mejorar su posición economica.
— ¡Dios! — soltó una carcajada contagiosa. — Es lo más estúpido que he escuchado en toda mi vida.
— Lo bueno es que me di cuenta a tiempo de la clase de persona que es Chantelle Paige porque ¿te imaginas lo que hubiera pasado si no me daba cuenta? ¡Ahora mismo sería un mandarina!
— Que horror, Tom.
— Hay otra cosa más. — sonreí mirando su rostro de desagrado. Empezaba a gustarme hablar con ella, era tranquila y me escuchaba… como él.
— ¿Qué?
— Mi gemelo trabaja en no sé que cosa pero gana mucho dinero, llegué a pensar que mi madre lo lleva a cosas de la iglesia solo por ver cuanto dinero le puede sacar.
— No creo que sea tan estúpido para dejarse sacar dinero, tu hermano debe ser todo un tacaño porque se lo ganó con esfuerzo.
— En realidad no. — suspiré. — Llegó a comprarme un auto que rechacé.
— Carajo, ¿de qué marca? ¡Amo los autos!
— Un BMW convertible de asientos rojos. — tapé mis oídos tratando de amortiguar el grito que pegó Hannah.
— ¡Lo ví! ¡Estaba estacionado fuera de la casa!
— Ese mismo.
Joder.
Ahora me sentía triste otra vez.
Estaba extrañando a Bill más de lo normal y en muy poco tiempo, ¿qué debía hacer? ¿Llamarle y decirle lo que siento? ¿Buscarle una solución al problema y seguir teniendo sexo con tal de que esté conmigo? ¿Buscarlo en donde quiera que esté? o ¿Ser orgulloso y hacer lo mismo que él hizo para que lo sienta en carne propia y se arrepienta?
Sí, creo que lo último está mejor.
Al terminar el desayuno, revisé que todo anduviera bien en el mini juego y en efecto este corría con una velocidad adecuada. No faltaba nada y era resistente a cualquier golpe porque estaba pegado con una goma que te pega hasta los dedos.
— ¿Todo bien?
— Sí.
— ¿Informe listo?
— Sí.
— ¿Qué nos falta?
— Presentarlo y ya. — reimos al mismo tiempo y chocamos los cinco por un buen trabajo en equipo.
&
Llegué a la universidad media hora antes para guardar la maqueta en el aula que cursaba la materia de cinemática. La razón era para no encontrarme con Chantelle o que no hubiera daños irreparables hacia nuestro proyecto.
Al entrar sentí la mirada de las chicas sobre mí, halagos, coqueteos y miradas sexys que me hicieron sentir un poco picardioso.
Salí del aula para estar seguro de lo que pasaba a mi alrededor y en efecto seguían mirándome y lanzando piropos que me hacían sonrojar.
— ¡Tom! — me detuve ante el llamado de una pelirroja y voltee a verla con mi mejor sonrisa. — Creo que perdí mi número de teléfono, ¿me das el tuyo? — reí por lo bajo recibiendo la libreta pequeña junto con el boligrafo que me daba la chica, le anoté mi número y seguí caminando. A mi detrás oí como estas se peleaban por la libreta de la chica.
— Vaya. — susurré sin poder creerlo.
¿Por qué no me había dado cuenta de las maravillosas mujeres que tenía a mi alrededor?
«Me siento el hombre más sexy de la universidad.»
— Mierda, Nicol. Acabo de encontrar al padre de mis hijos. — le lancé una sonrisa coqueta a la pelinegra y me devolvió un beso volado. Ya estaba cerca del baño.
— ¿Te estudio o se la chupo? — me detuve a unos pasos de esa chica de mini falda provocativa, entrecerré los ojos y di media vuelta. La morena se puso un poco roja y adopté la pose de chico malo: la mano en los casilleros y la otra en la cintura.
— Chupamela. — susurré.
— ¿A la salida?
— Ahora. — exijí y me la besé descaradamente en frente de la multitud de estudiantes. Ella tomó mi mano encaminandome al baño pero una mano pequeña y fría me detuvo.
— Sí, amiga. A la salida te lo llevo yo misma al baño.
— Ash. — rodeó los ojos mientras se iba moviendo sus maravillosas curvas solo para que la mire.
— Hannah, esa chica estaba a punto de chuparme el pene. — espeté con un tono de molestia.
— Ja, si supieran que eres gay.
— Mentira. — musité.
— Oye, no me va costar conseguir el número de Bill para que venga y te de un par de cachetadas si sigues queriendo ser el perro de la universidad. Para eso estan Listing y Voormann.
— Te recuerdo que Georg es mi amigo y no me va costar nada ser más cercano a él… mhmm, con respecto a Bill… me tiene sin cuidado.
— Tú no eres así, Tom.
— Ahorita no perdono a nadie, si es de coger con un chico o una chica lo voy a hacer, sea fea o linda, gordita o flaquita, alta o bajita, ¿si? — me fui dejando a mi nueva amiga con la palabra en la boca. Llegué al baño y me miré al espejo.
Tan feo no estaba, las trenzas se veían divinas en mi y les daría un buen uso.
— Kaulitz. — miré a mi compañero Harry a través del espejo. Ojos gatos, cabello castaño, casi de mi tamaño y muy atractivo. — Disculpa que te moleste pero escuché tu conversación con Hannah.
— Ajá.
— Me gustas desde que te ví y creí oportuno acercarme cuando dijiste que no perdonarías nada… sea chico o chica.
— ¿Y?
— Quiero tener sexo contigo. — eso, directo al grano, claro y precizo. Me gustaba. De su bolsa sacó un preservativo para darmelo.
Dios…
Sin esperar más lo tomé de la cintura y entramos a uno de los cubículos del baño, nos besábamos sin retenernos hasta que lo terminé follando como me lo pedía. Una cosa si le agradecía a Bill, de darme un poco de más experiencia con los hombres porque el primero en iniciar esto fue BeKa.
Uhm.
En efecto soy un nuevo Tom Kaulitz.
&
Por culpa de ese sexo «casual» llegué tarde a mi exposición pero al final valió la pena. El proyecto de Gustav, el mío y el de otro compañero más fueron los ganadores, por lo tanto el día que toque el examen no teníamos que asistir porque ya estábamos aprobados. Para sellarlo totalmente solo esperaba la graduación y el titulo con ansias.
— Me gustaría que sus proyectos se presenten en la feria del día de su graduación, estaría interesante que lo expliquen como lo hicieron y que cosas usaron para hacerlo. — Obviamente aceptamos de la emoción. — Bueno chicos, eso es todo. Pueden retirarse.
— ¡Pasamos, Tom! ¡Siiii! — chillaba Hannah con felicidad, yo guardaba mis cosas listo para mi segundo encuentro. — Dios, estoy encantada de haberlo realizado contigo.
— Si, yo también. — cuando estaba todo listo miré a mis tres amigos y sonreí. — Nos vemos. — mi destino era la morena de buenas curvas.
Estaba esperándola afuera de su curso, cuando me vió pidió permiso de ir al baño y corrió hacia mí. Me recibió con un buen beso que me calentó mucho.
— Hay un lugar de la universidad que no va nadie, ¿quieres ir?
— Vamos. — corrimos tomados de las manos hasta llegar a lo que parecía una de las habitaciones de los conserjes. La morena le puso seguro y se me arrodilló.
Desabroché mis jeans oscuros para bajarlos junto con los boxers, mi erección salió por poco rebotando y golpeando un poco su rostro.
— Tenían razón, es grande.
— Cállate. — empujé su cabeza hacia mi polla para que se la trague y me haga una mamadita. Admitía que no había una buena boca como la de mi gemelo pero no estaba y mi pene tiene que acostumbrarse a su ausencia sí o sí.
Pensar en él me ponía tan furioso que empecé a desquitarme con la boca de la morena ardiente, escuchaba como se atragantaba y se me mojaba más.
Por estar con mi ex me perdí de todo esto, ¿en serio?
Buah.
— Parate. — la alcé como una pluma y la senté en el escritorio, me abrí paso entre sus piernas e hice a un lado su tanga. Me desnudé totalmente. En los bolsillos de mi mochila tenía tres preservativos que le robé a Harry y ella misma me lo puso. Entré y la embestía de forma bruta.
Ahogué sus gemidos con mi mano y le apretaba una teta, me sentía poseido por las ganas de experimentar que no podía controlarme ni siquiera un poco.
Pegué mi frente sudorosa con la suya y vi como deslizaba su mano hasta su clip para tocarse, me corrí junto con su squirt que me bañó todo el cuerpo.
— Siento las piernas debiles, mhmm.
— De nada.
— Al fondo hay un baño para que te limpies un poco, si quieres te espero.
— Ven conmigo. — sonreimos con picardía y fuimos al baño. Eso terminó en sesión de besos fogosos.
Mientras tanto con Hannah:
Estaba que explotaba de la molestia, Tom en un completo idiota porque ya le expliqué casi toda la noche lo que vió desde mi maldita perspectiva y me dijo que solo trataba de defender a su hermano.
Ahora mismo junto con Gustav y Georg lo seguimos a la parte de los conserjes, el muy imbécil se estaba cogiendo a la más relajosa de la universidad.
No estaba de acuerdo con este nuevo Tom.
— Oigan, ¿uno de ustedes tiene el número de Bill? — ambos me miraron con una cara fea, por poco y me matan. — ¿Sí o no?
— Yo tengo el de Laila, lo conseguí en la fiesta. — en mi rostro empezó a correr un viento como si me indicara que lo que estoy a punto de hacer esta bien. Listing sacó su móvil y en el empezó a buscar el número de la chica. — Listo.
— Gracias. — sonreí guardando el número de ella en mis contactos. La puerta de los conserjes estaba por abrirse, empujé a esos dos chicos a un lado para ocultarnos y que no nos vieran. Primero salió la chica, segundos después mi queridísimo amigo de trenzas africanas.
— Voy a hacer como que no les ví y seguiré.
— ¡Agh! — chillé molesta, Gustav y Georg solo tenían que hacer una cosa, ¡UNA PUTA COSA!
— ¿También estás tú? Vaya…
— Tom, no hagas que te de unos golpes. — los tres lo seguimos hacia la salida, él ignoró por completo lo que le dije y se puso sus audifonos. Tarareaba una canción, ajeno a lo que pasaba a su alrededor.
Cada vez estaba más convencida de querer comunicarme con Bill y obligarle a hablar con Tom.
— ¿Estás molesta? — preguntó Gustav.
— ¿No es obvio? ¡Su amigo es un gran pendejo!
— Te oí, Hannah.
— ¡Cállate! — le di un golpe en el hombro, eso hizo que diera unos cuantos pasos por la fuerza en la que le pegué. Chocó accidentalmente con un rubio un poco alto que al instante reconocí.
«El mismo que estaba en la casa de los gemelos la noche anterior.»
— ¿Que te pasa? — soltó con altanería.
— ¡A ti que te pasa! — me creía un gallito de pelea, si me decía algo le iba a gritar violador y eso traería serios problemas.
Mejor que se cuide.
— Vamos. — sugirió Georg cagandose en los pantalones del miedo, podía oler su mierda desde aquí. — No hagamos un problema.
— Nada, amigo. — me puso rabiosa que Tom esté tan tranquilo cuando en realidad quería partirle la torta a golpes. — Fue un accidente.
— No te creo, Kaulitz. Seguro lo hiciste por lo que viste ayer, ufff, no sabes lo bien que…
¡Ya sacaste boleto conmigo, pelos de pollo albino!
— ¡Cállate! — le brindé un manotazo fuerte que le rompió la boca.
— ¡No!
Continúa…
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