Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 21

— Si le dices algo te juro que a ti te va a ir peor. — con eso se levantó bien campante mientras hacía como que se acomodaba la ropa para irse. Yo me hice bolita bajo la atenta mirada de mi gemelo y de su compañera, traté de cubrir un poco el cuerpo y escondí el rostro entre mis piernas, avergonzado. — Terminaremos lo que empezamos mañana, Bill y Que gusto verte de nuevo, Tom.

— Bill, si vas a hacer tus cosas te rogaría que las hagas en tu habitación. — lentamente alcé la cabeza para mirarlo y quizás explicarle que no era lo que el pensaba pero ya no estaba. Solo su compañera mirandome con un poco de lástima.

— ¿Qué? — musité sin ganas. Miré como se sacaba su chaqueta y se acercaba con nervios.

— ¿Puedo? — asentí pausadamente. — Soy Hannah. — ella rodeaba su chaqueta en mi cuerpo y terminó por abrazarme. Recosté mi cabeza en su pecho mientras sollozaba.

— ¿Qué hora es? — miró en su pulsera e hizo cuentas.

— Mhmm, faltan cinco minutos para las diez.

— Gracias…

— ¿Quieres hablarlo?

— No, gracias.

— Perdona por lo que voy a decir, quizás suene un poco metiche de mi parte pero… parecía que no estabas de acuerdo con lo que ese tipo te estaba haciendo y si es así, vamos de una vez a la policía para levantar una demanda porque no tiene que obligarte a hacer algo que no quieres.

Quedé mudo, sin decirle nada. Obligué a mis piernas a levantarse e ir hasta la maleta para ponerme algo que no esté roto.

— Lo siento.

— Gracias, Hannah. — devolví su chaqueta a su respectiva dueña y saqué la maleta hasta el cajón del auto, como pude le subí para luego cerrar el cajón. Ella seguía de pie en el umbral de la puerta, así que solo la ignoré.

Saqué de mi bolsillo un cigarro para fumarlo antes de irme, eso me ayudaba a liberar un poco la tensión de mi cuerpo.
Hannah de nuevo se acercó hasta donde yo estaba, por cortesía le ofrecí de mi tabaco al cual ella lo recibió.

— Tom se hizo un cambio de look para ti. — recibí el cigarro y le di una calada, expulsé el humo por los huecos de mi nariz. — Se ve atractivo, ¿por qué no vas a verlo?

— Porque ya tengo que irme y sé que no quiere verme después de lo que vió.

— Explicale.

— No.

— Incluso compró una maleta, no sé para qué.

— No le diré. — tiré el cigarro, lo apagué con la zuela de mi zapato y abrí el auto, listo para subirme. — Tom es libre, haz con él lo que te de la gana.

Di por terminada la charla subiendome al auto y desapareciendo entre las calles con una alta velocidad. Llamé a Laila para que estuviera lista de una vez.

Saqué otro cigarro para fumarlo, me lo acabé en menos de quince segundos. En el momento en el que llegué a la casa guardé el auto y salimos en un taxi hasta el aeropuerto, justo a tiempo.

Abordé el avión en completo silencio, coloqué los audifonos y puse música para hundirme en la absoluta depresión por una hora.

Fuerzas es lo que iba a necesitar.

&

— Al fin llegamos. — la castaña se tiró a su cama luego de dejar su maleta en el suelo. Repetí su acción pero con los brazos abiertos y los ojos cerrados. — ¿Qué es lo primero que haremos? ¿Ir a una fiesta para desestresarnos del viaje?

— No. — susurré. — Ve tu sola, yo no tengo ganas.

— ¿Estás bien?

No quería responderle, me pondría a llorar si le cuento lo que ese estúpido trató de hacer conmigo hace un momento. Mi mente estaba en blanco y aun tenía recuerdos de eso.

Por poco y me vomito.

Empecé a desnudarme para darme un baño y quitar la saliva de mi rostro, también deshacer el cosquilleo que sentía en todo el cuerpo y sus huellas sucias. En eso suena mi móvil y extiendo mi mano para revisar.

«Anónimo»

— ¿Quién es? — preguntó Laila con curiosidad.

— Tom.

— ¿Qué esperas? ¡Contéstale!

— Es que no me llama a mí, si no a BeKa.

— Por lo mismo. — exhalé con fuerza y luego me aclaré la garganta para poder contestar la llamada. Escuchar su voz me hizo sentir más mal.

— ¿BeKa?

— Tom, que bueno oír tu voz de nuevo, ¿qué se te ofrece?

— Hablar… — susurró. — ¿Podemos vernos? Te invito un café.

— No creo que sea posible, estoy ocupado en unos asuntos, pero… si quieres puedes contármelo por aquí. — oí su respiración un poco agitada en el momento que se calló. — Sólo si quieres…

— Ponlo en voz alta. — miré a Laila al mismo tiempo que ponía en el alta voz.

— Esta tarde salí con una amiga Hannah, me ayudó a hacerme unos arreglos para la persona que me gustaba, mi intención era irme con él porque me dijo que se iba a un viaje de negocios y todo se arruinó. Lo vi a punto de tener sexo con Andreas, un ex amigo mío. — el corazón se me rompió lenta y dolorosamente. — Estoy jodido, ¿sabes? Yo sé perfectamente que no debí involucrarme de forma sentimental con él pero… ¿qué hago si ya me enamoré?

— Ya…

— Acepté tener sexo con él sólo para tenerlo cerca de mí. — Tom soltó una risa irónica. — Ayer terminó ese trato conmigo sólo para acostarse con él y lo… yo lo odio. Odio a Bill y a Andreas por hacer mi vida una mierda entera.

La castaña me miró con una cara de desaprobación y de «dame explicaciones ahora mismo».

— ¿Has hablado con Bill?

— No y tampoco quiero hacerlo, desde hoy lo que él haga o deje de hacer me da igual, BeKa. — le iba a colgar y a ponerme en posición fetal para llorar pero no, ¿qué es eso de andar llorándole a un hombre?

¡Basuras!

— Habla con él. — insistí. — Al menos ten el valor de decirle lo que sientes en la cara y siéntete libre, no le guardes rencor. Según recuerdo Bill es tu hermano y quieras o no vas a verlo en tu casa, convivir con él.

— Si vuelve me voy de la casa o haré que mi madre lo vote sea lo que sea.

— Sólo toma mi consejo, habla con él. Haz que te escuche y tú escúchalo. No lo hagas por él, si no por mí.

— Cuando regrese será.

— Okay, ahora debo irme. Suerte con eso. — colgué la llamada y huí al baño. Laila al parecer se dió cuenta de mis intenciones porque me detuvo jalando el cabello, quería morirme.

Ella mejor que nadie sabía que no me gusta que me toquen.

— ¡Agh, Laila! ¡Suelta! — le brindé un manotazo en la mano que sostenía mi cabello. Se quejó haciendo una mueca y yo solo pude cruzarme de brazos, listo para la puteada de mi vida.

— ¿Qué mierda fue lo que escuché, Bill?

— Mhmm, ¿palabras?

— Ah. — arqueó las cejas. — No me digas.

— Si te digo.

— Suéltalo todo, Bill. No hagas que te saque la información a golpes. — Laila se colocó en una super posición de pelea, yo no estaba dispuesto a pelear. Volví y me acosté en la cama, en posición fetal llorando como un niño pequeño al mismo tiempo que le contaba lo que sucedió con Andreas y su intento de querer abusar de mí.

— ¡Yo lo mato!

Estaba demasiado furiosa, pateaba una y otra vez su maleta. Le daba golpes a la cama mientras hacía sonidos de enojo y se culpaba por no estar ahí conmigo, también lloró mientras me escuchaba.

— Le voy a denunciar, te juro que lo haré.

— No. — me apuré a decir. — Si le dices… Tom se va a enterar de la verdad y me va a odiar aún más, ¿te das cuenta, maldita sea?

— ¡Me importa una mierda! ¡Ese hijo de puta no se va a quedar tranquilo después de lo que te hizo y de eso me encargo yo: Laila Isabela Munich Weber!

— Oye. — llamé su atención para cambiar de tema, hablar de eso solo me ponía furioso. — ¿Te das cuenta de que estamos en la puta ciudad que tiene tu apellido?

— Es cierto. — caminó hasta la cama y se sentó frente a mí, me causó un poco de gracia la forma tan repentina en la que su rostro cambió de uno furioso a uno de como si hubiera hecho un gran descubrimiento. — Bienvenido a mi ciudad, hijo de perra.

.
By TOM

4:13 a.m.

No podía dormir pensando en lo que vi la noche anterior, ¿por qué Bill tuvo que jugar conmigo así? ¿qué fue lo que hice mal? ¿acaso no le demostré que era él único a quién yo quería de verdad?

Otra de las razones es porque ya mismo tenía que acompañar a mamá a despedir a papá. Dijo que le salió un trabajo de unos días en Múnich y que aprovecharía la oportunidad sólo por el dinero, que quería darnos lo mejor.
Obviamente la noticia le cayó como bomba a mi madre porque sin duda aceptó que él se fuera los días necesarios porque entre más días, más dinero.

— ¡Oye, Kaulitz! — los golpes tan estruendosos en mi puerta hicieron que me siente de golpe, con susto. — Ponte algo rápido que ya vamos a despedir a tu padre.

No respondí.

— ¿¡Qué fue!?

— Ya voy, mamá.

A penas me quité el resto de las cobijas del cuerpo, desee no haberlo echo. Estaba soplando un viento bien frío, me erizó la piel totalmente. Saqué la cabeza y a través de la ventana empañada pude ver la lluvia cayendo a cantaros.

«El frío estaba como para abrazar a alguien y ver películas mientras nos abrazamos bien rico.»

Usé el calentador abrigado de mi pijama azul, una chompa impermeable y uno de mis gorros nuevos para tapar las trenzas recién elaboradas.

«Sufrí mucho porque las apretaba como si me odiara.»

El celular en mi bolsillo, una bufanda y ya estaba listo para salir de una vez al aeropuerto. No desperté a Hannah para que nos acompañara porque se le veía durmiendo muy a gusto en la cama que ella misma se elaboró.
La pobre me acompañó en mi sufrimiento toda la noche hasta que cayó rendida…

Insistió hasta el cansancio en que debí fijarme bien en la escena de la cocina y en el rostro de mi gemelo pero, ¿para que recordar lo evidente? Si sí estaba a punto de tener relaciones con él, uhm.

También me mencionó algo que me cuesta creer… me dijo que existía la posibilidad de que Andreas estaba tratando de abusar de él pero sigo sin creerlo.

Insisto, ¡estaba a punto de acostarse por voluntad propia!

Fin del tema.

— ¿Vas a Múnich? — mi padre asintió sin despegar la vista de la carretera, muy concentrado. — ¿Puedo visitarte?

— No tendré tiempo para las visitas, trabajaré hasta el fin de semana.

— Bueno.

— Espero que tu nuevo trabajo sea de bien, para que al fin compremos una casa más grande y un auto más actual como el que Tom le rechazó a Bill. — entonces vi como la mandíbula de mi padre se tensó al escuchar el nombre de mi hermano.

¿Por qué?

— Era un BMW con-ver-tible, ¿tienes idea de cuanto cuesta? ¡Una millonada, Jörg!

— No hagas planes, mujer. Con lo que me van a pagar si me alcanza para alquilar una casa más grande pero el auto no, eso si que no.

— ¿Por qué no?

— Me gusta. — dudé mucho al oír esa respuesta, sentí que mentía. — Llegamos.

— ¿Qué esperas para estacionar el auto?

— Entraré solo, los parqueaderos aquí cuestan casi diez euros la hora y a penas llevo lo justo. — mi madre no dijo nada más y se cruzó de brazos molesta. De mi parte me despedí de él con un abrazo fuerte. — Cuidate, Tom. No dejes que tu madre controle tu vida y oblígala a trabajar para que ella sola se de sus gustos y deje de ser mantenida. — ambos reimos por lo bajo, era cierto lo que decía.

— Cuidate tu también, pa. — el viejo asintió, tomó sus cosas y se adentró al lugar un poco triste.

Supongo que era porque le dolía abandonarnos.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!