

Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 16
Ya dentro del local nos sentamos en una mesa junto a la vitrina, pedimos dos mocaccinos «a petición de Bill» y un par de tostadas de jamón y queso para mí.
— Simone sigue pensando que soy raro, ¿no? — me encogí de hombros sin poder darle una respuesta sobre ello. — Déjame decirte que tienes una madre fríamente calculadora.
— No le hago mucho caso, ya conozco los dramas que hace.
— Aún así. — le dimos un sorbo al mismo tiempo a la bebida y nos miramos con una sonrisa ladina. — Estaba buscándote una vida con la rubia sólo para dejar de trabajar, sigo sin creerlo.
— Chantelle ya no me interesa, siento que no voy a poder volver a verla con los mismos ojos después de que me dijera que vaya a matar o robar para darle sus uñas.
— Dios. — habló con desagrado, yo observé cada una de sus expresiones a detalle. — Lo bueno es que conmigo no vas a tener esos problemas porque yo si tengo mi dinero, es más, no me voy a molestar si me pides que te mantenga.
Reí con nerviosismo tratando de encontrar en su rostro cualquier rastro de broma pero no, él estaba hablando muy en serio.
— Tengo dinero hasta para regalar, Tom. — aproveché la oportunidad de preguntarle sobre su trabajo ahora que estábamos siendo sinceros.
— ¿De qué trabajas? — él suspiró y luego comió un poco de mi tostada. Esperé paciente a que trague para que me responda.
— Hago la voz de una caricatura de nombre «Arthur» y me pagan bien por ello.
— Me suena. — entrecerré los ojos haciendo memoria de si he visto o no he visto.
— Obtuve su papel gracias al padre de Laila que fue el director de la película y bueno, ella me incitó a eso. No te voy a negar que si me daban muchos nervios pero lo logré.
— Iré a ver la película sólo por tí, ¿va?
— No seas tonto. — rodeó los ojos de forma odiosa. Le di mi último bocado a la bebida para salir en dirección a mi nuevo hogar.
— Lo haré en mi tiempo libre.
— Ajá. — sonreí con inocencia. — Tom, ¿puedo tomar tu mano? Tengo frío.
— No lo preguntes y hazlo. — entrelazamos nuestras manos aun caminando.
— Entonces cuando lleguemos a tu casa voy a meterte el dedo en el culo y espero que no te andes quejando.
— ¡No! — me apresuré a decir un poco alterado. — ¡Aún quiero ser virgen!
— Es que no está mal que me dejes tocar, digo, porque ya estamos en confianza y bueno, ¡es normal!
— Eso si que no te voy a dejar hacer.
Respiré con serenidad en el momento en que dejó de insistir sobre el tema.
Unos cuantos pasos más y llegamos hasta la puerta de mi casa.
Ahora que lo veo desde afuera era un espacio muy amplio para una sola persona pero fue lo más barato que encontré. Lo único que era mío de todo esto era solo la ropa porque de ahí me la entregaron amoblada.
Dejé que Bill pasara hacia la sala y se pusiera cómodo, cerré la puerta con seguro porque no quería que nadie me moleste como el día en mi antigua casa.
— ¿No es muy grande para ti solito?
— ¿Por qué? — desprendí de mi cuerpo la sudadera gigante junto con mi camisa y la tiré al sofá. — ¿Quieres venir a hacerme compañía?
— Si me lo pides…
Ahora era él quien se quitaba la sudadera y caminaba hacia mi de una forma emocionante, desabrochó su jean y bajó la bragueta.
—… vengo a vivir contigo el tiempo que quieras, Tom.
No voy a decir mentiras, estaba siendo seducido por él y me encantaba. Yo también dejé que mi jean cayera al suelo junto con los boxers para masturbarme.
Ya era hora que deje salir mi lado salvaje en el sexo, siempre fuí un reprimido al momento de hacerlo con la rubia. Le iba a dar lo mejor de mí.
— Ven aquí y ponte de rodillas, quiero que te tragues mi pene. — el contacto visual no podía fallar nunca en una de estas situaciones a si que lo estaba aplicando.
Obediente iba a arrodillarse pero no lo dejé, le hice una seña para que se quite la ropa bajo mi atenta mirada.
Sin temor se la quitaba y me la ponía más rígida.
— ¿Qué es eso? — arrugué el entrecejo al ver que tenía una gasa en el lado derecho de su cintura.
— Es una herida.
— ¿Puedo ver? — negó poniéndose de rodillas en frente de mí, por poco y me desmayo. — ¿Qué tan malo puede ser?
— Se me va a infectar si te lo muestro, se me hizo en la playa.
No muy convencido dejé de insistir.
Respiré con fuerza, la boca de Bill atrapó el glande y lo succionaba de una manera que ni siquiera puedo explicarlo.
Lo único que voy a decir es que sabía usar bien su boca.
Mordía mi labio inferior tragando los gemidos que amenazaban con salir.
Si seguía de esa forma me iba a hacer correr rápido y eso era lo que menos quería en este momento.
— Para.
— ¿Por qué?
— Es que cuando te atragantas con mi pene y me miras con esos ojitos lindos, esa carita de inocente yo… me vuelvo loco. — le ayudé a ponerse de pie, unimos nuestros labios para iniciar un beso. Gimió contra mi boca por el roce de ambos miembros restregandose.
Me di el lujo de cargarlo entre mis brazos y caminar hasta el segundo piso, al llegar a mi habitación cerré la puerta de una patada. Seguimos hasta llegar a la cama. Recosté su cuerpo en ella con cuidado para mayor comodidad.
Repartí besos por su mandíbula, bajé hasta su cuello «en donde me aseguré de dejar algunos chupetones», lamí sus clavículas, seguí por sus pezones. Descendí con besos hasta llegar a su pelvis.
— Bill, yo…
— No tienes que hacerlo si no te gusta…
No, no le iba a hacer un oral, de eso si estaba seguro. A si que solo agarré su miembro y lo toqué suave de arriba hacia abajo. Él me abrió más sus piernas y con picardía comencé a lubricarlo.
— ¡Mhmm! — no sé de donde me salía tanta saliva pero estaba embarrado casi toda la boca y gran parte de ambas mejillas. — Tom, ¿estas seguro que nunca has cogido con un hombre?
Si le decía quizás se arruine el momento.
— Shh, no hablemos de eso.
Subí hasta quedar sobre su cuerpo, guié mi pene hasta su entrada y se la metí sin una pizca de piedad. Moví mis caderas, sintiendo cada parte de su agujero, el cual me acogia con gusto.
Los gemidos de Bill eran demasiado dulces, delicados y mi piel chocando con la suya… dios, era algo que me gustaría oír siempre.
Sus manos calientes acariciaban mi espalda, erizando mi piel y mientras descendía iba dejando rasguños que solo me impulsaban a meterle más duro a modo de descargar el dolor.
— ¡Joder, Tom! ¡Sí!
Más abajo ya me apretaba las nalgas, quizás ahí también queden las señales de sus uñas.
Ese rostro angelical estaba sudoroso y sonrojado, el cabello se le pegaba en la frente y sus labios entreabiertos.
Ay…
— Tom, me estoy corriendo. — sonreí como todo un pervertido, yo también sentía que iba a eyacular. Esta vez no lo haría en su interior si no en su abdomen.
— Mierda. — me dejé caer a su lado cansado, el pene se puso flácido al instante y los ojos los sentía pesados.
No estuvo tan mal.
— ¿Sueño? — asentí dejándome abrazar, posé mi cabeza en su pecho y sentía el ritmo cardiaco de su corazón a mil. — Hay que dormir.
— No… hay algo que quiero saber.
— ¿Qué cosa?
— ¿Qué somos, Bill? — quizás mi pregunta le sonará muy obvia pero quería saber.
— Somos hermanos que cogen. — me reí por lo bajo.
— No me refiero a eso.
— Yo tampoco lo sé… mejor tú dime, ¿qué quieres que seamos?
— Quiero ser más que tu hermano, mhmm… algo más allegado, más íntimo.
— ¿Novios? — confirmé con lentitud, estaba nervioso. — Tom, yo… no puedo darte una relación así de novios porque no quiero volver a sufrir, Lucas me dejó con un maldito trauma que…
— Está bien, entiendo. — interrumpí.
— Lo único que si puedo aceptar es una hermandad sexual. — burló. — Podemos coger y ya.
— Mhmm, me conformo con eso.
— Lo único que te pido es que seas sincero y me digas cuando ya consigas una novia porque si me entero que juegas a dos mujeres y un camino no vas a vivir para contarles una gran historia de terror a tus nietos.
— Cumpliré mi palabra. — y más porque no engañaría a Bill con nadie, quería que confie en mí.
— Okay, nada de celos y cosas así porque yo soy una persona bastante social y no soportarías con eso, si vas a aguantar todo bien.
— Acepto. — nos dimos un besito y esta vez fue Bill quién se acostó en mi pecho. — Buenas noches, Billy.
— Buenas noches, Tom.
.
By BILL
Como de costumbre me desperté a las ocho de la mañana con una hambre que era capaz de devorar al mundo entero.
Miré el cuerpo tumbado de mi lado que dormía plácidamente así que me levanté con cuidado de la cama.
Bajé hasta la sala para recoger la ropa y doblarla a un lado para que no se vea mal, odiaba el desorden.
Me puse mi boxer, la camisa de Tom y algo de dinero para ir a comprar para hacer el desayuno. Se me antojaba un té de canela con unos sanduches de huevo.
Cogí las llaves y me dirigí a la tienda para comprar lo necesario.
Se hizo algo lejos porque la casa de Tom estaba ubicada en un conjunto habitacional llamado «El Girasol» y su casa estaba casi al final.
Al llegar compré todo lo necesario y volví rápido, no quería que me vean en estas putas fachas.
Que horror.
Me lavé bien las manos y me puse a cocinar, quería que Tom pruebe mis dotes culinarios en la cocina.
Felizmente acabé de prepararlo y lo serví todo en la mesa con cositas extra porque no sabía que tanta era el hambre que tenía él.
Iba de camino a su habitación pero el timbre me interrumpió. Rodee los ojos cambiando mi rumbo esta vez para abrir la puerta.
«Mejor no la abría y la ignoraba.»
— Oh. Buenos días, Simone. Buenos días, Chantelle, ¿qué se les ofrece? ¿Quieren pan, croquetas, atún..?
— Compórtate, Bill. — regañó la mejor madre de todas mientras entraba a la casa sin permiso. Cerré la puerta con seguro y las seguí. — ¿Dónde está mi hijo? Tengo que hablar con él de cosas importantes.
— Quizás Tom está…
— Mamá, ¿qué haces aquí?
— Maldición. — murmuré y tragué saliva enojado, Tom interrumpió mi gran momento de hacer sentir mal a su madre.
Después de la estúpida conversa que oí por accidente nos peleamos, no fue tan grave pero si nos dijimos cosas de las cuales no me arrepentía y yo creo que ella tampoco.
— Mejor dicho, ¿cómo llegaste hasta aquí?
— Estaba pasando por aquí en el auto de mi madre y vi a Bill en la tienda, así todo fachoso, feo… — me miró con asco, yo solo le sonreí con ganas. — El caso es que fui a buscar a tu madre y aquí estamos.
— No sabes lo preocupada que estaba por ti, Tommy.
— ¿Por él o por él dinero? — Simone me miró ofendida, pero a la que se iluminó el rostro fue a la Chantillí.
— Por él.
— ¿Ya tienes dinero y no me dijiste?
— No es su dinero. — hablé antes de que Tom la cagara. — En realidad es mío.
— Con razón vives ahora bien.
Ya.
Empezaban a cansarme.
— La casa también es de Bill. — apoyó mi gemelo.
— ¡Ya está! — exclamó su madre tan feliz. — Si Tom se casa contigo, Bill les puede regalar esta casa para que vivan los dos aquí… será un buen regalo de parte de hermanos.
— ¿Estás loca? — el rostro me ardía, estaba a punto de ponerme peor que un perro rabioso.
— No, sólo velo por tus intereses.
— Mamá, yo no voy a casarme con Chantelle, porque ya no la quiero. A parte estoy saliendo con otra persona y estoy enfocado en eso.
Miré a Tom sin entender lo que quería decir con eso, ¿acaso jugó conmigo?
— Ahora si me disculpan, pueden retirarse.
Continúa…
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