Forbidden temptations 32

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 32

«»Alista un par de cosas que si mañana lo encontramos llamaré a Stuart para que te deje salir y viajes a la ciudad para solucionar este problema»» – fueron las palabras del viejo antes de abandonar el seminario junto con mamá. Mordía mi labio inferior mientras caminaba, devolviendome a la habitación parte ver a Bill pero ahí estaba Gustav frente a la puerta, recibiendo un sobre que era pasado por el pequeño espacio que había entre el suelo y la puerta.

Fruncí el ceño al verlo irse corriendo hacia Georg. En cuanto estuve frente a la puerta, saco las llaves de mi bolsillo para abrir la puerta y ver a un Bill acostado en el suelo con piernas y brazos abiertos. Cierta cantidad de sudor tenía en la frente y se daba cuenta por el cabello pegado en la misma.

Estaba muriendo de calor y era entendible, el sol pegaba aquí como nunca y parecía un maldito horno.

— ¿Todo bien? — pregunté luego de asegurar la puerta. Bill me mira y después mira el techo.

— Soy un Bill asado, me muero.

— En las noches, alrededor de las diez que ya todos entran a dormir podemos salir a que tomes aire fresco, ¿sí?

— Si. — lo dijo con tanta flojera que hasta a mí se me había pegado. Me quité la sotana quedando en los pantalones negros y me acuesto a su lado, de la misma forma en la que estaba Bill, mirando el techo. — ¿Se lo diste?

— Sí, mi tío está tan seguro de que van a encontrarte.

— Ay. — Bill empezó a reír mientras niega con la cabeza. — No me quiero imaginar la cara que va a poner ese imbécil cuando vayan a su casa a buscarme. — regreso a verlo pero sin mover la cabeza.

— ¿De quién hablas?

— La dirección que te di es de Ángel, mi ex. Vive igual de cerca de la iglesia y se le hará fácil a tu mamá, que por cierto es una buena persona. Tenía miedo de caerle mal.

— Oh, no. — sonreí al mismo tiempo que bajo la mano para ponerla sobre el muslo de Bill y acariciar. — De hecho te mandó comida junto con un agradecimiento.

— Hubieras empezado por ahí. — se levantó del suelo con agilidad para dirigirse hacia la mesita donde se encontraba la comida enfundada. Lo ví tomarla en sus manos para volver a mí, sentarse en mi abdomen para poder curiosear lo que había en el contenido. — Que rico. — inhaló el olor que desprendía de la comida y llegó a mis fosas nasales. El olor para mí era nuevo e hizo rugir mi estómago.

— ¿Qué es?

— Tu mamá hizo lasagna de carne a la boloñesa. Me encanta. — tomó la cuchara de plástico que estaba enfundada en una bolsa transparente, la sacó y con ella agarró una porción del contenido para llevarla a su boca. — Dios mío, qué… — vuelve a meter la cuchara para tomar otra porción y la lleva a mi boca. Empiezo a degustar el increíble sabor y wow.

— Joder, sabe bien.

— Mierda, tu mami acaba de ganarse mi corazón. Amo la comida italiana y ahora la amo a ella.

— No sabía que podía preparar eso. — confesé. — Siempre que se animaba a traerme comida era arroz, rodajas de tomate, huevo, lata de atún y coca cola.

— Se oye rico también, mhmm… — relamía sus labios y me daba una segunda porción del plato ese. El rostro de Bill era de puro deleite, sus ojos estaban oscuros con cada cucharada que metía a su boca y yo  sonreía.

Lo veía muy bonito.

— Por cierto, ¿qué hacía Gustav parado en la puerta?

— Mhmm, le pedí que vaya con Andreas y compre lo que le anoté en el papel. Por favor, no preguntes que. Es una sorpresa.

— Bill… ¡Auch! — recibía un golpe seco en el pecho de su parte. Bill me miró amenazante. Dejó la bandeja de comida en la cama y se acerca a mí, tomando mi mandíbula con presión.

Dió un beso en mis labios y susurró: — Nada de que no me gustan las sorpresas.

— No iba a decir eso. Gustav y Georg apenas conocen el pueblo y dudo mucho que vayan a encontrar lo que sea que les hayas mandado.

Bill bufó antes de retomar su comida.

— Me vale una mierda, la cosa es que me lo traigan hasta la noche.

— Bueno…

&

Ya eran las diez de la noche y me encontraba con Bill en la parte trasera del lugar, recibiendo una bolsa enorme que trajo el rubio mientras me mira con una sonrisa que no supe descifrar con que intención era.
El pelinegro me obligó a llevarla hasta la habitación que compartíamos y al llegar me ganaba la curiosidad.

En una caja grande decía ‘aire acondicionado eléctrico’ e iba a continuar buscando en las fundas más pequeñas pero estas estaban envueltas en papel regalo. Me frustré al no saber lo que había en el interior y volví todo a su lugar.

— ¿Tomaremos aire fresco o no? — entraba diciendo Bill, poniendo seguro a la puerta.

— ¿Ya se fue Andreas?

— Si, irá nuevamente al bar con los chicos. Ojalá pudiéramos ir.

— ¿Por qué no fuiste?

— Mhmm, no. — cruzó los brazos mientras arrimaba su espalda en la puerta. Bill tenía una expresión de odiosidad, muy similar a la de su amigo. — Estoy seguro de que si hubiera ido te hubieras puesto inquieto. No habrías dormido tranquilo y bueno, sé cómo soy cuando bebo un par de tragos.

Arqueo una ceja.

— Confío en ti.

— No es cierto.

— Desde ahora lo hago.

— Ah, ¿o sea que antes no? — me encogí de hombros restándole importancia para no caer en ese tema y evitar una discusión. Bill era de las personas que le encantaba discutir y yo no quería eso.

No cuando sentía mi tiempo limitado con él y una pelea seria lo de menos.

— ¿Antes no confiaba en mí? — preguntó altanero. Cierro los ojos, llevo mis dedos índices a la sien para masajear. — ¿En serio?

— Poco. — respondí apretando los ojos, esperando algún golpe de su parte, algún arrebato, no sé…

— Eres un estúpido. — dió media vuelta para abrir la puerta e irse corriendo. En cambio yo me senté en la cama procesando la situación.
¿Por qué Bill era tan impulsivo y actuaba así? Lo que menos quería era una pelea sin sentido entre los dos y era justo lo que estaba pasando.

Suelto un suspiro para luego ponerme de pie e ir a buscarlo. Tan solo doy dos pasos a la puerta y lo veo corriendo hacia mi con mucha prisa. Asustado.
En cuanto entra a la habitación cierra la puerta de golpe y me abraza con fuerza. Escondiendo su rostro en el hueco que forma mi hombro y cuello.

— Discúlpate. — decía con la voz agitada. — No quiero estar enojado.

— Está bien, lo siento mucho si te hice sentir mal con ese comentario. — respondí acariciando su cabello suave. Bill se aferró más a mi cuerpo y asintió con la cabeza.

— Que no vuelva a pasar.

— Bueno. — reí divertido.
En cuanto se aleja, deshaciendo el abrazo apega sus labios a los míos para besarme con dulzura y suma delicadeza. Rodeo su cintura con ambos brazos y Bill en mi cuello, las mismas que después bajan acariciando mi espalda para ponerlas sobre mi trasero que lo acaricia y aprieta confianzudo.

— Te quiero, Tom.

— Y yo también te quiero a tí… muchísimo. — Bill se aleja de mi cuerpo para ir a la bolsa que se encuentra en la cama y abrirla. Yo en cambio me aseguro de que nadie lo haya visto y cierro la puerta con el respectivo seguro. Vuelvo nuevamente hacia Bill que estaba parado con uno de los regalos en mano y me lo dió con una sonrisa.

— Por tu cumpleaños, ábrelo… quizás no sea tanto pero realmente es algo valioso para mí y estoy seguro que para ti también. — a la hora de abrir regalos yo era un maldito perfeccionista que le gustaba mantener la envoltura de papel para darle un segundo uso. Lo saqué con cuidado y era un portaretrato de una foto en la que estábamos Bill y yo.

Él me tomaba como si fuera una chica para besarme y en el fondo estaba un fondo que hacia el papel de altar donde decía ‘Nuestro matrimonio’.

— Que bonito, y es una mierda porque no recuerdo nada.

— Ni siquiera yo, esa foto la saqué de mi cámara. — responde Bill mientras me entrega un segundo regalo. — Pero no es sorpresa, sabíamos cómo íbamos a ponernos en cuanto llegáramos ahí y bueno.  — el segundo regalo era más grande. Estaba por abrirlo como lo hice con el primero si no fuera porque Bill me arrebató el regalo para romper el papel y yo bufé.

— No era necesario.

— Me desespera. — el siguiente regalo era una caja de chocolates con un sobre blanco. Miró a Bill y después el sobre antes de dejar los chocolates encima de la mesa para leerlo.

No hay palabras suficientes para expresar lo mucho que te he extrañado durante este mes. Cada día sin ti ha sido una eternidad, un vacío en mi corazón que no ha podido ser llenado por nada más. Tu sonrisa, tu risa, tu mirada… todo me ha estado faltando tanto.

Recuerdo cada momento que pasamos juntos, cada risa, cada abrazo, cada beso. Me acuerdo de la forma en que me mirabas, de la forma en que me hacías sentir. Me acuerdo de la forma en que me hacías sentir que era el único hombre en el mundo. Uno muy importante y dichoso.

Quizás no es tu cumpleaños ahora, pero quiero celebrarlo a mi manera con un segundo día de cumpleaños… un día que debería ser de alegría y celebración, pero que para mí ha sido un recordatorio de lo mucho que te he extrañado. Quiero que sepas que mi cariño por ti no ha disminuido, más bien ha incrementado con tu querer y  mi deseo de estar contigo es más fuerte que nunca.

Te deseo un cumpleaños feliz, mi amor. Espero que este día sea solo el comienzo de un nuevo capítulo en nuestra historia, un capítulo en el que podamos estar juntos, sin separaciones ni ausencias. Te adoro más que nunca.

Con todo mi cariño,
Siempre tuyo

ℬ𝒾𝓁𝓁.

— Billy… — mordí mi labio inferior que comenzaba a temblar por querer retener algo imposible. Las lágrimas descienden por mi mejilla y me tapo el rostro con ambas manos. El pelinegro sonreía con emoción mientras yo no podía creer esto. Me había dado justo en el corazón y no podía controlar mis emociones. — Joder, joder, joder…

— Te mereces lo mejor. — respondió con la voz quebrada. Destapé mi rostro para verlo y sus ojitos estaban rojos porque también lloró junto a mi. Me sentí enternecido que lo tomo de la mano para atraerlo hacia mí y abrazarle.

— Tú eres lo mejor.

— Ya. — lloraba más. — No seas estúpido y ve, abre el otro regalo que me estás haciendo llorar más. Soy demasiado sensible. — apuntó la caja más grande del regalo y me dirigí hacia la cama. Me ahorré tiempo al destrozar la envoltura del regalo y deslizo saliva por mi garganta al ver que se trataba de un kit de juguetes sexuales.

Mi rostro se quedó sin expresión al ver el regalo y Bill rió tapándose la boca. Continuo abriendo la caja. En ella encontré una diadema con orejas de conejo, un ¿hilo? con el rabo del conejo, consoladores, plugs anales, lubricante. Había una goma que hacía el papel de trasero con un ano estirable, una parte íntima de mujer igualmente de goma, pinzas, entre otras cosas.

— ¿Ese regalo es para mí? — pregunté con el ceño fruncido, a lo cual Bill asintió eufórico empezando a desnudarse.

— Es la cereza del pastel, o sea yo.

— ¿Y qué harás?

— Necesito que uses el hilo y las orejas que del resto me encargo yo. — mordió su labio inferior con parsimonia y causó una erección notable en mí. Que no tardo en obedecer lo que me puse y en menos de lo esperaba estaba con aquel disfraz que ante los ojos de Bill parecía sexy.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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