
Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 28
Su mano formó un puño y lo descargó en mi abdomen con fuerza.
Tampoco me dejé y le devolví uno en el rostro con la misma fuerza que golpee a Tom hace un rato. Cayó al suelo y me subí sobre él para seguirle golpeando.
Estaba cansado de sus secretos y verdades a medias.
— ¡Auxilio! — gritaba este tratando de esquivar los golpes que le estaba dando. — ¡Ayuda!
— ¡Cállate! — gruñí a punto de darle otro pero su voz me detuvo.
Maldita sea.
— ¡Bill! — gritó Tom separandome del cuerpo de mi padre. — Dios, no. Así no. En serio.
Gordon gateó con miedo escudándose con la única protección que tenía en ese momento.
Me quedé quieto en los brazos de Tom empezando a llorar sin control.
— ¿Qué pasó?
— Perdió el control cuando le dije que su madre huyó con tu padre ¡eso pasó!
— Ah. — me sorprendió la forma tan simple en la que lo tomó. — Ya lo sabía.
— ¿Qué? — me alejé para verlo a los ojos.
— Vámonos que en el camino te explico. — miró su reloj. — Se nos hace tarde. — trató de jalarme la mano pero no le dejé. — Bill.
— ¡No! ¡Quiero saber que pasa!
Suspiró acomodandose la bandana.
— Era obvio que huirían cuando yo mismo coloqué la denuncia por intento de asesinato. Ahora, ¿nos vamos? — rodeó mis hombros con sus brazos obligandome a salir, nos subimos al auto y lo encendió.
— ¿Asesinato?
— Lo que hizo mi padre es intento de asesinato y ahora lo están buscando, ¿acaso no viste las noticias o el periódico?
— Hmm no.
— Los están buscando a los dos.
Me quedé en silencio mirando al cielo a través del parabrisas del auto.
¿Y la visita que me hizo? Joder.
Mi madre ha llegado hasta tantos extremos que ya no lograba reconocerla. Tenía que ser conciente de lo que hacía y aceptar sus culpas de una buena vez.
— Ya llegamos.
— ¿Tan pronto? — asintió con una sonrisa bajandose del auto, yo también me bajé con la boca bien abierta. La casa era mucho más grande de lo que parecía. — ¡Rápido!
Tomó mi mano y nos adentramos hasta la casa pasando unas gradas un poco inclinadas.
— ¿A dónde vamos?
— Al jardín.
— Mierda, ¿por qué tan lejos? — di mi último suspiro pisando la ultima escalera y me incliné en una posición bastante rara. — Dios…
— ¡Sorpresa! — gritaron todos al verme llegar. Volví a mi postura de antes sonriendo a las personas que estaban ahí y me acerqué a saludar a todos.
— Dios pero que guapo estás.
— Gracias Mile, tu no te quedas atrás.
— ¡Bill!
— ¿Erik? — pregunté con el ceño fruncido mientras lo veía acercarse a mi.
— Es bueno que estes libre. — me abrazó en son de paz. — ¿Cómo estás?
— Bien, ¿cómo estás tú?
— Enamorado de la mujer más hermosa. — rodeó la cintura de Sandy con una sonrisa.
— ¡Carajo! ¿Desde cuando?
— Pasaron muchas cosas desde que ustedes se desaparecieron y una de ellas es mi relación con Erik.
— Mierda. — sonreí abrazandolos a ambos. — Felicidades, en serio.
— A ti, Bill. — les regalé la última sonrisa y seguí.
— ¡Billie!
— ¡Geo! — corrí dramáticamente hasta mi mejor amigo y lo abracé con muchas ganas. — Te extrañé mucho, mucho, mucho.
— ¿Más que yo? ¡No! — nos reimos tomados de las manos al separarnos. — Ya me siento aliviado de saber que no volverás más a ese horrible lugar.
— Ay, no es tan horrible. — mi amigo me dió un golpe en el brazo. — ¡Au! ¡Me dolió!
— No hables tonteras.
— Tengo que ponerte al día sobre todo lo que hice en ese lugar.
— ¡Pues vamos de una vez y hablemos en un lugar privado!
— No Geo, prefiero hacerlo mientras vamos de compras.
— ¿Mañana?
— ¡Mañana mismo! — exclamé sin dejar de sonreir. — Al rato vuelvo contigo, quiero seguir saludando.
— Ayyy, como te extrañé. — nos dimos el último abrazo y seguí saludando a mis amigos con los cuales compartí momentos únicos.
— ¿No vas a saludarme a mi?
— Sam. — rodeó mis hombros con su brazo acercandome a ella. — Hola…
— Dios, cada día estás más grande y más maricón.
Bufé arrebatandole el cigarrillo de la mano, le di una calada al mismo y expulsé el humo en su rostro.
— Cállate y mejor dame un abrazo. — sonrió abiertamente, me abrazó con una fuerza tremenda casi ahogandome. — Sam.
— Perdóname, es la emoción. — empecé a toser sin control y me separó de su cuerpo. — Ya dame mi cigarro. No quiero probar las babas de Tom porque seguramente te llenó de ellas a penas te vió.
— Ay si. — me reí con discreción y seguí saludando a los demás con abrazos, bromas malas y un par de golpes bruscos por parte de Alex y Beto.
Mi corazón latía como un loco de la felicidad, me tomé un par de tragos gracias a JC y su insistencia de «A mi no me digas que no.»
— Bill.
Arquee las cejas y miré al rubio que recién llegó acercarse a mi con sus brazos abiertos.
— Gustav. — me acerqué de la misma forma para abrazarnos de una vez. — ¿Todo bien?
— No.
— ¿Por qué?
— Cada día tengo que ver más al cielo. Si no es contigo es con Tom, pero de que veo al cielo, lo veo.
— Ay. — me reí junto con él.
— ¿Dónde está Tom? — lo busqué con la mirada entre todos mis amigos. Mis ojos se detuvieron en la silla que parecía columpio blanca. — Oh, ahí está. Voy a saludarlo.
Ni siquiera le respondí. Vi como Gustav caminaba hasta acercarse a Tom quien hablaba plácidamente con una rubia nunca antes vista. Supuse que ella era la nueva asistente. No tenía cara de ser mayor que él y me molestaba la forma en la que se reían.
— ¿Quieres? — preguntó Georg dandome un poco de su bebida. La recibí tomandolo todo. Me quemó la garganta al sentir que era aguardiente purita sin mezclar nada. — Uy, tengo que ir por más.
Solo lo miré.
— Bill, ¿qué pasa?
— Ahí. — señalé el lugar donde estaba Tom.
— Ah…
Empecé a caminar con mi mejor amigo a mi detrás insistiendome en que no vaya hacer un show y unas cuantas cosas más pero solo lo ignoré. Me posicioné frente a Tom cruzado de brazos y arqueando ambas cejas mientras lo miraba a los ojos.
— Bill. — mi esposo se puso de pie con una sonrisa junto a la rubia y su mejor amigo. — Te presento a Heidi, ¿te acuerdas que…
— Sí.
— Bueno ella es Heidi… — cerró los ojos pensante. — Heidi…
— Heidi Klum, mucho gusto.
Continúa…
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