
Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 24
— Más vale que lo firmes porque si más no me equivoco, él está conociendo a alguien más.
Se me bajó la presión. Comenzaron a aparecer puntitos negros mientras miraba a Rafael con la boca y ojos bien abiertos sin parpadear.
«¿A dónde irías si digo que ya no te amo..?»
«Con todo el dolor del mundo y sintiendo el amor intacto hacia tu persona… iré inmediatamente a divorciarme de ti…»
«¿Divorciarte?»
Mierda.
«Me concentraré en crecer en otro país desde cero olvidando todo lo que tenga que ver contigo…»
«Ya no estoy para actuar como dos niños enamorados, tengo que pensar como un adulto y si eso conlleva separarme de ti lo voy a hacer…»
Esto tenía que ser una broma de mal gusto.
«¿Qué va a pasar entre los dos..?»
«Lo que tu quieras que pase, Bill…»
— ¿Hola? — el abogado agitó su mano. — Tierra llamando a Bill.
Entonces enfoqué mis ojos a la persona que tenía frente a mí dandole una mirada furiosa y bastante despiadada.
Tom no iba a librarse de mi tan fácil y me encargaré de ello.
¿Cómo puede burlarse de mí así?
Si por él es que estoy metido en este maldito lugar pagando una condena que no lo merecía y ahora me votaba como a un perro cualquiera.
¿Era en serio?
No puede pagarme de esta manera si mi amor por él nunca cambió. Yo no quería que nuestra relación vaya de esta manera pero él así lo quiere.
Como dije anteriormente y lo vuelvo a decir.
— No me voy a divorciar de Tom. — agarré el sobre y comencé a partirlo por la mitad en la cara de su maldito abogado. Seguí rompiendo los papeles hasta hacer picadillo y lo espolvorié en el suelo. Le di un puño al cristal que me separaba de su cuerpo con rabia haciendo que se haga un diminuto rasguño. Rafael me miraba con temor y entonces le sonreí con ganas. — Dile que se meta su maldito divorcio por el culo.
Me dí la vuelta para salir.
— ¡Bill! — gritó tratando de que le diera atención pero solo seguí. — ¿¡Qué hay de la buena noticia!?
— ¡Tú también métete esa buena noticia por el culo! — me reí de forma macabra.
Caminé por los pasillos vacíos de la cárcel en compañía del guardia que me llamó hace un momento. Me sentía bastante eufórico y quería descargar la adrenalina en ello pero no era violento…
— ¡Comisario!
— Damian. — sonreí mordiendome la lengua. Entrecerré los ojos mientras lo miraba esperando a que hablara.
— Jerry ya puedes irte.
— Sí, está bien. Adiós. — podría decir que el idiota se fue casi corriendo del lugar.
— ¿Qué pasa? — pregunté mientras seguía caminando sin rumbo fijo.
— Necesitamos mercancía, ¡las tachas se vendieron como dulces! Y ni hablar de la harina, fue todo un éxito.
— Rambo sabe dónde lo tengo, ¿por qué no le pediste a él?
— Créeme que si lo hice, pero cuando llegué interrumpí algo que no quería y ni me imaginaba ver en tres de.
— ¿Qué cosa?
— Meche estaba cantando con el micrófono de Rambo.
— ¿Qué tiene de malo? Solo estaban… Ah, ya. — estallé a carcajadas dandole un golpe fuerte en la espalda a mi mano derecha.
— Es una lástima… quizás yo también estaría cantando este momento si tú me lo permitieras.
— Lo permito.
Sus ojos se abrieron en grande con asombro.
— ¿En serio?
— No. — seguí riendome esta vez con moderación.
— Joder. — murmuró sacando un cigarrillo de su bolsillo junto con el encendedor. Lo acercó a mi boca y lo recibí con calma mirando como encendía la fosforera y acercaba el fuego a la punta del tacabo. Le dí una calada y expulsé el humo por mi nariz. — Muero por que el comisario me de la follada de mi vida.
— ¿Ansioso?
— Desesperado también.
Me quedé en silencio un buen rato deteniendome en el lugar que ya no se veía a ninguno de los presidiarios.
— Tu momento llegó.
— ¿Qué? — me incliné un poco para bajarme los pantalones junto a los boxers. El cigarro que seguía en mi boca lo tomé entre mis dedos y con la misma mano bajé a mi intimidad para masturbarme.
Tragó grueso.
— Chupamela ahora y si me gusta te follaré.
— Dios mío…
— ¿Qué? — llevé otra el cigarro a mi boca pero esta vez lo dejé ahí.
— Es grande y grueso.
— Exageras, no es mucho. — me burlé mirandolo. Con ganas se arrodilló en el suelo empezando a masturbar la erección que no me costó tener.
El estar en modo enojo me ponía cachondo.
— Tu marido debe estar muy contento con ello. — susurró deslizando su lengua en mi miembro de una forma sucia. — Que afortunado es.
— ¿Por qué? Con él ni siquiera lo usaba.
— ¿Dices que él te la metía a ti?
— Eso no te importa, Damian.
El solo se limitó a mirarme mientras se atragantaba con mi polla. Acaricié sus trenzas suavemente mientras le daba una última calada a mi cigarro y lo tiré al suelo.
Hmm, me sentía bastante raro dejando que Damian haga esto.
Traté de no pensarlo mucho porque a él le gustaba y le estaba dando algo que quería. Me la chupaba bien y no iba a negar que me sentía gustoso pero… había una diferencia tan grande entre él y mi esposo en lo sexual.
Tom era más intenso como aquella noche que estaba borracho y lo llevé a dormir en mi casa. Follamos por un buen tiempo esa vez.
Quisiera que se repita nuevamente.
Me relamí los labios sintiendo que mi erección se tornó más dura en la boca de mi contrario.
Le obligué a levantarse dejando mi pene libre y escurriendo de saliva. Estampé su rostro en la pared mientras le bajaba lo necesario para penetrarlo. Con su propia saliva lubriqué su ano y miré como su piel se enchinó. Me extendió un condón de látex y me lo puse con toda la facilidad del mundo que hasta yo mismo me sorprendí.
Moví mis caderas con un buen ánimo sintiendo como sus paredes acogían mi miembro en su interior. No pude evitar gemir mientras apegaba mi cabeza a la suya con los ojos cerrados.
Hace tanto tiempo que no usaba mi pene. Solo me masturbaba cada que Tom me cogía a su antojo o me lo chupaba.
Santo Dios.
Los gemidos de Damian eran similares como una chica y no sabía si me prendía más imaginarme a Tom o sus gemidos.
No me lo podía creer.
Continúa…
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