Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 4

La mañana llegó demasiado pronto. A las ocho en punto, Thomas ya tenía su maleta en la mano, parado junto a su auto estacionado frente a la casa.

Bill, envuelto en una bata de seda que le cubría hasta sus tobillos, seguido por los gemelos en pijama y pantuflas. Sus ojos brillaban debido a lágrimas contenidas.

Tom, no estaba presente. Raramente, ni siquiera estaba en casa, durmiendo como lo hacía habitualmente. Bill, que solía ser el primero en despertar, no lo vio salir en ningún momento. Era como si hubiera desaparecido en el silencio de la madrugada.

Thomas dejó la maleta en el suelo y se acercó a Bill, tomando su rostro entre las manos con ternura.

—Prometo traerte demasiados obsequios de Berlín, bonito— Le dio un beso suave en los labios antes de acariciar su mejilla con el pulgar.— Dos semanas pasan volando, ya verás.

Bill cerró los ojos un instante, apoyando sus manos unidas entre su pecho.

—¿Y… a nosotros qué nos vas a traer?— Interrumpió Nick al lado de Bill, tomando firmemente la manita de Nikki, quien se limpiaba los mocos con la manga de su pijama, con los ojos hinchados de tanto llorar.

Thomas sonrió con ternura y se agachó hasta quedar a la altura de los gemelos, besando la cabecita de cada uno con cuidado paternal.

—A ustedes también, pequeños— Dijo, mirándolos con seriedad cariñosa.— Pero con una condición: que cuiden muy bien a su mami mientras papá no esté. ¿Pueden hacer eso por mí?

—Sí, papá— Respondió Nick, bajito y triste, pero asegurando que cumpliría cuidando a su madre.

—No te vayas, papi…— Nikki sollozó, limpiándose las lágrimas con la manga del suéter.— Quédate un poquito más…

—Volveré antes de que se den cuenta, mis pequeños. Los amo muchísimo.

Thomas se incorporó y abrió los brazos.

Los gemelos corrieron hacia él y se arrojaron a sus brazos con desesperación. Thomas los abrazó fuerte, respirando el aroma dulce de sus cabellos mientras Bill observaba la escena, mordiéndose el labio para contener las lágrimas.

Cuando los niños finalmente lo soltaron, Thomas se volvió hacia Bill. Lo tomó de la cintura y lo atrajo hacia él. Sus labios se encontraron en un beso lento y profundo, cargado de amor y despedida.

Bill rodeó la cintura de Thomas con los brazos, aferrándose a él.

Cuando el beso terminó, lo abrazó con fuerza; no quería dejarlo ir.

—Cuídate mucho…— Susurró contra su pecho.— Y vuelve pronto a casa.

—Siempre vuelvo a casa, bonito. Siempre.— Thomas lo besó en la frente con ternura.

Se separaron lentamente. Thomas tomó su maleta y la puso en el maletero, pero antes de subirse al auto, regresó una vez más hacia Bill. Le tomó el rostro entre las manos y le dio un último beso en los labios, lento y dulce.

—Te amo— Murmuró contra sus labios.

—Yo también te amo— Respondió Bill, con la voz apenas en un susurro.

Thomas subió al auto y arrancó el motor. Desde la acera, Bill y los gemelos lo despidieron con la mano, viendo cómo el vehículo se alejaba por la calle hasta desaparecer completamente.

&

Eran las siete de la noche cuando Tom finalmente decidió regresar a casa. No había estado presente para despedir a su padre, y tampoco le importaba.

Lo primero que vio al entrar lo detuvo por un momento.

En la sala, sobre la alfombra, Bill estaba sentado en el suelo con los gemelos recién bañados. Sus cabellos húmedos brillaban bajo la luz de la lámpara mientras reían y jugaban. Bill sostenía un cepillo pequeño, peinando con delicadeza el cabello de Nikki, quien jugaba con su gemelo que esperaba su turno.

—Quédate quieto, cielo, o nunca terminaremos— Habló Bill, riendo también, con esa voz llena de ternura maternal.

Nick, sentado al lado, jugaba con una tortuga de peluche que derribaba los bloques de colores que Nikki construía. Sus carcajadas llenaban la casa y el corazón de Bill con alegría.

Tom observó en silencio, notando inmediatamente algo diferente en Bill. Hoy no llevaba esos camisones cortos y provocativos que solía usar. En su lugar, vestía un camisón largo que le llegaba hasta los tobillos, y por encima, una bata de pijama que cubría completamente su cuerpo. Tom entendía perfectamente por qué.

Bill levantó la mirada y lo vio parado a cierta distancia de ellos. Su sonrisa se mantuvo, aunque algo más cautelosa.

—Tom, qué bueno que ya llegaste.— Dijo con voz suave.— He dejado tu cena en el microondas. ¿Tienes hambre?

Tom no dio una respuesta. Su rostro permaneció serio, impasible, mientras lo observaba con esos ojos oscuros que parecían atravesar todo lo que veían. Los gemelos, ni siquiera voltearon a mirarlo. Sabían que cuando su padre no estaba, era mejor mantenerse alejados de su hermano mayor. Algo que no hacían siempre. Pero que en ese instante ameritaba.

Bill se levantó, acomodándose la bata, y caminó hacia la cocina. Tom lo siguió en silencio, sus pasos resonando contra el piso de madera. Se sentó en su lugar habitual en la mesa, observando cada movimiento de Bill mientras él abría el microondas y comenzaba a calentar su comida.

El silencio se extendió unos momentos, solo interrumpido por el zumbido del electrodoméstico. Entonces Tom habló. Una voz tranquila pero cargada de una intención que Bill no pudo identificar completamente.

—Hoy no andas descubierto como las otras veces.

Bill se detuvo. Sus manos se quedaron inmóviles sobre los botones del microondas, dándole la espalda a Tom.

—¿Será porque no está mi padre…?— Tom continuó, su voz adquiriendo un matiz más peligroso.— ¿O porque no quieres que los gemelos vean lo que tienes y te hagan preguntas incómodas?

—…— Bill quería responder, pero las palabras se le atascaron en la garganta. Su mente trabajaba rápidamente, tratando de procesar lo que Tom estaba insinuando. ¿Qué tanto sabía? ¿Cómo podía saber?

—Lo entiendo perfectamente.— Tom añadió, y Bill pudo escuchar una sonrisa en su voz.— Así se empieza a hacer un bebé, ¿no?

Los ojos de Bill se abrieron completamente. Se dio la vuelta lentamente, encontrándose con la sonrisa de Tom, esa sonrisa que había abandonado la seriedad y ahora mostraba una satisfacción peligrosa. Tom sabía. Lo había sabido todo el tiempo.

Antes que Bill pudiera responder, Nick irrumpió en la cocina corriendo, con lágrimas en los ojos y algo en las manos.

—¡Mami, mami!— Gritó, interrumpiendo el momento tenso.— ¡Nikki le arrancó la cabeza a mi tortuga!

Bill parpadeó, tratando de enfocar su atención en su hijo. Se agachó frente a Nick, tomando el peluche que el niño le extendía.

—No te preocupes, cielo.— Dijo Bill, su voz recuperaba esa dulzura maternal a pesar de la tensión que aún sentía.— Ahora voy por a hilo y aguja y lo arreglamos juntos, ¿sí?

—¡Ujum!— Nick asintió con entusiasmo, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.

Bill se incorporó y salió de la cocina, dirigiéndose a su habitación para buscar el costurero. Nick se quedó parado en la cocina, tratando inútilmente de encajar las dos partes del peluche, concentrado.

Después de un momento, dejó de mirar su tortuga rota y alzó la vista. Tom estaba ahí, comiendo con tranquilidad aparente, pero unos segundos más tarde, Nick sintió esos ojos oscuros fijos en él. El niño se quedó paralizado, sin saber qué hacer, el miedo comenzando a trepar por su columna vertebral.

De pronto, Tom comenzó a inclinarse ligeramente hacia él. En un murmullo lo bastante bajo pero audible, soltó un repentino:

—¡Buh!

El pequeño saltó del susto, y salió corriendo de la cocina tan rápido como sus pequeñas piernas se lo permitieron. La risa de Tom resonó por toda la casa, una carcajada profunda y genuinamente divertida ante el terror del niño.

Cuando su risa se desvaneció, Tom volvió a su comida, pero la sonrisa satisfecha permaneció en sus labios.

&

Tom terminó de comer en silencio, dejando el plato vacío sobre la mesa. Se levantó con movimientos lentos y deliberados. Pero lo que encontró allí lo detuvo en seco, creando una sensación extraña en su pecho que no supo identificar de inmediato.

Bill estaba sentado en la alfombra, con Nikki acurrucado en su regazo. El pequeño tenía la cabeza hundida contra el pecho de su madre, respirando con la tranquilidad profunda del sueño infantil. Sus bracitos rodeaban débilmente la cintura de Bill, aferrándose incluso en sueños. Nick ya hacía en la alfombra, envuelto en una manta suave, usando una almohada pequeña, también profundamente dormido.

La voz de Bill era melodiosa. La canción que Tom no reconocía tenía algo hipnótico, algo. Su mano libre acariciaba suavemente el cabello de Nikki, mientras que con la otra sostenía firmemente al niño para que no se cayera.

«Bebé, bebé, dulce bebé. Es hora de partir. Bebé, bebé, dulce bebé».

Era una escena de ternura pura y maternal.

Tom se quedó ahí, parado en el umbral, observando sin moverse. Sus ojos siguieron cada gesto de Bill, la forma en que mecía ligeramente su cuerpo para arrullar a Nikki, cómo su rostro se veía sereno y lleno de amor incondicional. Era hermoso.

Bill percibió su presencia y levantó ligeramente la mirada, pero al encontrarse con los ojos intensos de Tom fijos en él, inmediatamente desvió la vista hacia Nikki. Su canción se transformó en un tarareo más bajo, sus mejillas adquiriendo un leve rubor. Mantuvo los ojos enfocados en sus hijos, evitando a toda costa volver a mirar hacia donde estaba Tom.

—Deberías llevarlos a sus camas— Rompió el silencio.

—Sí— Respondió Bill suavemente, aún sin mirarlo.— En un momento.

Después de la tranquila escena en la sala, llegó el momento de llevar a los gemelos a sus camas. Bill cargó a Nikki, quien se había quedado dormido en su regazo, y se dirigió a Nick que estaba en la alfombra con su tortuga de peluche recién reparada.

—Nick, cielo— Susurró Bill suavemente, agachándose con cuidado para no despertar a Nikki.— Es hora de ir a la cama.

Pero Nick, aunque tenía los ojos cerrados, se hizo el dormido profundamente. Cuando Bill intentó moverlo, el niño se las ingenió para hacerse completamente pesado, aferrándose a su tortuga.

—Vamos, cielo, tienes que ir a tu camita.— Insistió Bill con paciencia, pero Nick no cooperaba en absoluto.

En ese momento, la puerta principal se abrió. Tom entró a la casa con pasos medidos, el olor a tabaco impregnado en su ropa. Había estado fumando afuera, y su expresión era la misma de siempre; fría, seria, sin mostrar ninguna emoción. Sus ojos se posaron inmediatamente en la escena frente a él.

Bill lo miró, recordando involuntariamente las palabras que Tom había dicho durante la cena. Un nerviosismo se instaló en su estómago, pero la necesidad de ayuda era más fuerte.

—Tom…— Dijo con voz vacilante.— ¿Podrías… podrías ayudarme con Nick? No quiere levantarse y yo no puedo cargar a los dos.

Tom lo observó en silencio por un momento. Finalmente se acercó con movimientos lentos y deliberados.

Se agachó junto a Nick, quien seguía fingiendo dormir profundamente.

—Nick— Dijo Tom con voz firme y fría.— Levántate. Ahora.

El efecto fue inmediato. Nick abrió los ojos de golpe, recordando perfectamente el susto que Tom le había dado en la cocina. Sin protestar ni una sola vez, se incorporó rápidamente, aferrando a su tortuga contra el pecho.

—Vamos— Ordenó Tom, levantando al niño sin esfuerzo.

Bill subió las escaleras primero, cargando a Nikki, sintiendo la presencia de Tom detrás de él. Podía sentir sus ojos siguiendo cada uno de sus movimientos, y eso la ponía más nervioso. Las palabras de la cena resonaban en su mente, y no podía evitar preguntarse qué más sabía Tom y qué más había visto.

Una vez en la habitación de los gemelos, Bill acostó a Nikki en su cama con cuidado. Tom depositó a Nick en la suya sin ninguna delicadeza, pero tampoco con brusquedad. El niño se metió rápidamente bajo las mantas, evitando mirar a su hermano mayor.

—Buenas noches, pequeños— Susurró Bill, dándole un beso en la frente a cada uno.

Tom se quedó parado en el umbral, observando la escena con esa expresión impasible que siempre llevaba. Cuando Bill terminó de arropar a los niños, se dirigió hacia la puerta donde él estaba.

—Gracias…— Murmuró Bill, sin levantar completamente la mirada.

Y como siempre, no tuvo respuesta. Solo lo observó con esa intensidad. Finalmente, una sonrisa apenas perceptible se dibujó en la comisura de su boca.

—De nada… madrastra.

La forma en que pronunció esa última palabra hizo que Bill se estremeciera ligeramente. Había algo en su tono, algo que no terminaba de identificar pero que lo llenaba de inquietud.

Tom se apartó para dejarlo pasar, y Bill salió rápidamente de la habitación, sintiendo esa mirada clavada en su espalda.

Bill iba a despedirse con un «buenas noches» y luego dirigirse a su habitación. Pero la voz de Tom detuvo sus palabras.

—Acerté, ¿verdad?

Se giró lentamente, encontrándose con Tom parado a un metro de distancia.

Tom sonrió ligeramente.

—Vi todo. Lo sé todo.

El color se desvaneció en el rostro de Bill. Su respiración se volvió más superficial mientras procesaba las implicaciones de lo que Tom acababa de decir.

El de rastas se acercó un paso más. —Anoche y antier, mi padre y tú… Muy entusiasmados con la idea de un nuevo bebé. Y algo más…

Bill se quedó paralizado, sintiendo como si el suelo se abriera bajo sus pies. La humillación y el horror de saber que Tom había estado observando su momento más íntimo con Thomas lo golpearon como una avalancha.

—Tom…

—Ya no hay nada que ocultar…

Continúa… 

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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