

Fic de WifesKaulitz. Temporada III
Capítulo 10
Estalló en risas al ver mi rostro de frustración. Le dí un golpe seco en la espalda haciendo que su risa aumente más y sea bulliciosa. Yo. Dispuesto a no seguir oyendo como se burlaba. Me salí en bolas hasta el lago y me metí en el sumergiéndome.
Me creía una sirena de bajo presupuesto nadando bajo el agua cristalina.
Al salir a la superficie observé a Tom sentado en la puerta de la pequeña chocita comiendo de las frutas y el vino mientras me observaba. Me hizo un saludo con la mano y lo ignoré por completo.
La charla de hace un momento no fue gracioso. Era algo serio para mi.
¿Qué tal si en algún momento de nuestras vidas realmente quería tener hijos conmigo?
Dios…
No quería pensar en ese momento.
Además tampoco me veía con un bebé en brazos.
Que horror.
— ¡Bill! — llamó Tom desde su lugar. — Tenemos que irnos. Está comenzando a soplar mucho viento y te vas a enfermar.
Volví a ignorarlo.
— Bill, por favor.
Bueno…
Yo también quería jugar un poco.
— Ayúdame. — le pedí extendiendo mi mano abriendo y cerrando repetidas veces. — ¡Rápido!
— Yo paso. — habló mientras guardaba las cosas en la bolsa que traía su caballo. — No soy tonto.
— La cara nomás. — salí directo a la chocita para secarme un poco y vestirme. Se me hizo un poco complicado por el cabello mojado pero lo logré.
Salí y me subí en mi caballo para ponerlo a andar.
— La cara tengo de coqueto, no de tonto.
— Ajá.
— ¿Estás molesto?
— No me veo con un hijo en brazos, Tom.
— Ah, ese es el problema. — volvió a reirse de mi.
— Sí.
— Tranquilo cariño… yo tampoco me veo en esa situación y lo sabes.
— ¿No? — pregunté incrédulo. — ¡Pero si embarazaste a Doménica!
— Te aseguro que no. — se rió por lo bajo. — ¿Es que no te a dicho Sam?
— ¿Qué cosa?
— Nunca se embarazó, no sé como lo descubrió Sam pero me lo contó y por eso estoy tranquilo.
— Al volver te harán creer que aún sigue… La inteligencia de esa mujer y de tu madre superan los límites.
— Me tiene sin cuidado. — lo miré con el ceño fruncido.
¿Hablaba en serio?
— ¡Debería Tom! — le grité medio molesto. — ¡Te harán creer que sigue embarazada dándote pruebas falsas y tú caerás como un idiota!
— Ya te dije que no, Billie. Sam me abrió mucho los ojos y ya no soy el Tom de antes… el que se dejaba y ya.
Me mordí el labio inferior dándole una mirada rápida.
— También por tu amor, apoyo, comprensión y por no dejarme cuando yo trataba de alejarte. — suspiré bajándome del caballo junto a Tom. Joel los recibió e hizo lo que tenía que hacer.
— Adiós Joel.
— Adios. — empezamos a caminar abrazados en dirección a la casa
— Me encantas, Bill. — me besó en la mejilla. Cerré los ojos disfrutando de la sensación de sus labios mojados en ella. Juraba que su saliva era mejor que cualquier mascarilla hidratante que usaba en mi casa. — ¿Me perdonas?
— Que sea la última vez que hablas sobre ese tema. — advertí obligándolo a separarse de mi cuerpo cuando entramos por las puertas, nos detuvimos un instante ahí. — Te amo, ¿está bien?
— Shí. — respondió como un niño pequeño, no evité reirme. — Te amo también.
Me incliné hacia sus labios para besarle rodeando su cuello con mis brazos. Sus manos abrazaron mi cintura bajando hasta mis nalgas y apretándolas como si fueran dos bolitas anti-estres en sus manos.
Bajé mis manos de su cuello acariciando sus brazos. Empujó mi cuerpo contra el suyo rozando nuestras intimidades entre sí cuando se dió cuenta de mis intenciones de quitar sus manos de ellas.
— Tom. — susurré contra su boca tratando de separarme. — Vamos a… a la habitación. — mi respiración estaba agitada.
— Vamos. — me alzó y comenzó a caminar conmigo en sus brazos. Me dediqué a darle besos en el cuello con muchas ganas.
— Hasta que al fin tengo el gusto de volverlos a encontrar.
Una sensación de miedo, culpa, ansiedad y taquicardia se apoderó de mi cuerpo cuando escuché la voz del padre de Tom tan cerca de lo que parecía.
Este me bajó de sus brazos y me paré junto a él. Tomó mi mano apretándola con fuerza mientras miraba a las personas que estaban en la sala sentadas con esposas.
— Agradécele a tu hermana, Bill. — fruncí el ceño mirando a Samanta que tenía la cabeza bajada mirando al suelo. — Gracias a su móvil pude rastrearlos.
— ¿Tu móvil, Sam? — preguntó la morena molesta. — ¡Se supone que no debías traerlo! ¡Y tú mejor que nadie, Samanta!
— No entiendo como llegó hasta mi maleta, lo juro.
— Mierda. — susurré apretando mis ojos y colocando dos de mis dedos en la frente.
Estaba sintiéndome mal.
— Sí, sí, sí. Yo diría… Gracias Sam. — sonrió de manera socarrona mientras nos miraba a ambos. — Ahora agente policial. — se dirigió al hombre de smoking beige y luego me apuntó. — Es él quien secuestró a mi hijo junto con ellas, ¡detengalos ahora!
— ¡No es verdad! — gritó Tom tratando de ayudar. — Nadie me secuestró. Yo vine por voluntad propia.
— No es cierto oficial, tal vez lo amenazaron con hacerle daño para que no lleve a la cárcel a ese ¡secuestrador!
Secuestrador, secuestrador, secuestrador.
Esa palabra hizo eco en mi cabeza como si me lo hubieran dicho a través de un megáfono.
— Mira. — el oficial le extendió una carpeta de papel a Tom. Este la tomó y verificó lo que había en ella. — Es la denuncia que hizo la señora Kaulitz por tu secuestro y debemos proceder con ella. Es nuestro deber. Adelante chicos.
Uno de los oficiales se acercó a mi con un par de esposas mientras los otros me apuntaban con sus armas. Traté de soltar el agarre que Tom tenía en mi mano pero no pude.
No me lo permitió.
— Tom. — murmuré mirando su rostro que estaba rojo de la molestia. — Por favor.
— Hazlo Tom, de una vez. — habló su padre irritado.
— No… — insistió apretando más al ver que el par de policias comenzaba a acercarse amenazantes. El policía de las esposas tomó mi antebrazo jalando con fuerza. — ¡No lo toques! — gritó dándole un puño al oficial en la cara y este cayó al suelo patas arriba.
Continúa…
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