Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 35

— Ven aquí… — lo ví sentarse en el sofá. Voy gateando hasta él. Alcancé a darle un beso en su entrepierna casi roja y luego me alzó como si fuera una pluma para que lo pueda montar. Sus ojos no perdieron de vista mis movimientos alocados sobre su pene. Colocó ambas manos en mis nalgas para ayudar a que su pene entre y salga de mi interior como un loco. Le abracé fuerte mientras mordía mi labio inferior dando lo mejor de mi en mis movimientos. — Mhmm…

Escucho como suspira pesado en mi oído, logra erizar mi piel como nunca.
Estoy a punto de venirme por segunda vez por lo cual decido pedirle que aumente su ritmo. Logra ponerme en pose de misionero y así cumple mi petición. Ambos mirándonos a los ojos. Quiero guardar la imagen de su rostro sudado en mi cabeza para siempre porque quizás no volvería a verlo nunca más así.

Uní mis labios a los suyos para aumentar mi placer mientras estimula con un toque encantador toda mi entrepierna para darle un toque final. Muerdo su labio inferior hasta el punto de lastimarle y mis uñas clavadas en su espalda firmemente. Así logré venirme como nunca manchando su pecho y gran parte del mío. Tom aún bombeaba mucho más rápido. Estaba sintiendo espasmos increíbles como solo él era capaz de hacerle sentir a mi cuerpo.

Sentí como todo su líquido me llenó por completo y sonreí satisfecho. Al instante cayó rendido sobre mí cuerpo, abrazándome como si no hubiera un mañana hasta recobrar el aliento.

— Tengo que volver con… — sus labios fueron los causantes de callar mis palabras.

— ¿Por qué me dejaste? — pregunta una vez más, haciendo que en mi pecho se instale una sensación junto ese nudo fastidioso en la garganta.

— Yo no quería dejarte, maldición. — dije luego de tanto silencio. — Tu padre me obligó a irme lejos de ti porque sabía bien que yo te ocuparía tiempo y no le pondrías toda tu dedicación a su maldito trabajo de narcotraficante.

— No te creo… — eso logró enojarme demasiado.
Tuve que demostrarlo con una mirada de inexpresiva y el ceño fruncido.

— Veámonos mañana y te llevaré las pruebas, ¿okay? yo… no sacaría nada mintiendo.

— Bien, paso aquí.

En medio de un silencio ambos empezamos a ponernos de nuevo la ropa para retomar nuestro rumbo y hacer como si no nos conociéramos.
Salí de esa habitación dándole la espalda y ahí fuera me encontré con Marc, mirándome desconcertado.

Yo pensé en «ya me cacharon en la movida».

— ¿Qué haces aquí?

— Ehm, yo… buscaba el baño y me equivoqué, creí que era aquí p- pero no…

— Hey… — sus ojos se desviaron de mi hacia Tom y sonrió tomando mi mano para ponerme a su lado. Rodea fuerte mi cintura para así poder presentarme. — Que bueno verte, Marc.

— Jefe, quiero presentarle a mi prometida, Bill.

— Oh, mucho gusto. — sonríe de lado tomando mi mano. Tragué grueso la saliva y con el corazón acelerado. — Es una mujer muy bonita, cuídala mucho que si te descuidas te la pueden robar en cualquier momento.

Finalizando esa gran indirecta se fue con una sonrisa en el rostro y Marc ni siquiera lo entendió. Comencé a sentirme demasiado incómodo con mi pareja y mi ex aquí. Juntitos. Jefe a empleado.

— ¿Qué te parece? — se dirige hacia mi en medio de una sonrisa ingenua. — Se que tiene cara de ser mala persona pero ese tipo es el más amable del planeta.

— Ah… — arqueo ambas cejas. — ¿Puedo saber cómo lo conociste?

— En la exposición fotográfica, había sido amigo de Jack, el pretendiente de tu amiga que me apodaba «huevos». — entrecerré los ojos siguiendo su paso para volver a la barra. Pedí algo fuerte al ver a Tom mezclarse entre las personas, específicamente el grupo de mujeres solteras que suelen venir a lugares así para casar fortunas y, maldición. Que guapo se veía con ese nuevo estilo.

Una chaqueta negra, un chaleco de seda azul junto con una camisa blanca. Sus pantalones holgados y sus tenis. Se ha quitado las rastas para reemplazar por unas trenzas que lo hacen ver maduro, sensual y comible.

— Hace cuatro años exactamente.

— ¿En Roma? — pregunté con desinterés.

— Sí, recuerdo que… el señor Kaulitz se robó un par de fotografías tuyas y ahora que pienso me sentí muy bien porque el también sabe a la preciosura que tengo a mi lado.

Negué con la cabeza y luego seguí tomando hasta emborracharme.

Que mal me puso nuestro reencuentro.

— ¿Me das un permiso, Marc? — el asintió en silencio. Me levanté para salir del lugar a la calle para respirar aire puro y oír con claridad los latidos de mi corazón.

Se había vuelto loco.

&

Entre todos los documentos que tenía en la computadora, la cual era para las cámaras de seguridad estaba buscando algo con lo que le pueda comprobar a Tom que lo que decía era verdad.

Buscaba la fecha, hora exacta y reproducía todos los vídeos hasta que encontré el que me hizo amargar el momento. Lo descargo en una flash memory, como respaldo en el celular y salí en busca de Tom hacia el restaurante.

Para él usé mi ropa de siempre. Coloqué unas gafas que oculten la mala noche que pasé por estar sobrepensando las cosas. Lo bueno es que para cuando Marc llegó yo ya me había dormido y no tenía que darle explicaciones porque ¿qué le iba a decir?

«— Cielo, tuve un lío amoroso con tu jefe. Su padre provocó la perdida de mi bebé y ahora, cuatro años después volví a coger con él sin protección alguna… y claro que me la echó dentro. —»

Joder.

— Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar? — miré con altanería a aquella mujer que estaba el día anterior con Tom. Se veía unos años más grande que él.

— Vengo a buscar al señor Kaulitz.

— Disculpa pero el señor no te puede atender. — dice en un tono arrogante. — Está en una reunión importante con los demás socios, vuelve después.

— No, no puedo. Tiene que ser ahora.

— Ya le dije que no.

— Llámale o estoy dispuesto a armar un maldito escándalo aquí mismo. — la rubia tragó saliva, tal vez sintiéndose desafiada. Tomó el teléfono de la recepción y empezó a marcar. Le di la mejor sonrisa hipócrita que puedo tener.

— Señor Kaulitz, aquí afuera hay un tipo que pide verlo. Ya le dije que se encuentra ocupado y que no puede atenderlo… — le arrebaté el teléfono para hablar yo, personalmente con Tom.

— Tom, soy Bill.

— Claro, un momento… — en menos de lo que pensaba unas cuantas personas empezaban a desfilar por las escaleras mientras Tom los miraba de brazos cruzados. El pecho me dió un saltito con solo verlo y el calor llegó a todo mi ser.

No le había perdido las ganas.

Antes de dirigirme hacia donde estaba le di una última mirada a la rubia junto a una sonrisa y seguí hasta donde estaba. Entramos a la oficina. Sentí más nervios al escuchar el seguro de la puerta.

— ¿Qué tienes para mí? — saqué la flash para que reprodujera el vídeo en su enorme pantalla. Yo no lo quería ver. No quiero sentirme mal una vez más. Escuchaba los gritos del papá de Tom hacia mí.

Por poco lloraría.

— Mierda. — murmura. — Y yo ayer fui a ver a ese hijo de puta, le rogué entre lágrimas que me hablara de lo que realmente pasó y me juraba que no tenía nada que ver.

Mordí mi labio inferior.

— No puse una denuncia por miedo. — murmuré también. — Estaba asustado, traumado y también con él pensamiento de que esa era la mejor forma de dejar atrás todo, no meterme en más problemas.

— Estoy enojado, ¿cuántas veces te he dicho que confíes en mi? que éramos una puta pareja, novios, futuros padres… no sabes el daño que quería hacerte pensando lo peor de ti, mierda.

— Entiéndeme. — le dije tomando sus manos entre las mías. Tom me mira con los ojos algo rojos porque está a punto de ponerse a llorar. Igual que lo estaba haciendo yo. — Se supone que el no me haría nada luego de esa carta y que me alejaría de ti tranquilamente sabiendo que lo bueno se quedaba conmigo, nuestro bebé.

Tom relame sus labios mirando a cualquier parte menos a mí antes de levantarse para darme la espalda.

— En la fiesta de disfraces modernos yo estaba ahí, llegué algo tarde y Zamira me vió. Me convenció de ir a su hotel para hablar contigo al siguiente día pero le llamaste a decirle que no irías porque Marc te lo pidió y también le dijiste que… que cogieron, Bill. ¿Te imaginas lo diferente que hubiera sido todo si tan solo le hubieras echo caso?

Quedé sin palabras.

Deslizo saliva por mi garganta recordando la  pelea que me armó Zamira en el momento que llegué y en el cual me gritaba que era un imbécil, estúpido, que Marc me había vuelto otra persona y entre otras cosas más.

Creo que ella tenía las esperanzas de que mi relación con Tom volviera a funcionar.

Continúa… 

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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