Forbidden temptations 10

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 10

By Bill

Estaba feliz porque ya estábamos de vuelta en Leipzig. Salimos de ese lugar a las tres de la mañana en punto y llegamos a las once. Realmente estaba emocionado porque a penas bajé del autobús, mi padre se encontraba fuera de la iglesia esperándome con una sonrisa de alegría.

No pude evitar correr hasta él y darle un abrazo grande.

— Oh, ¿cómo te fue, Billy?

— Bien. — sonreí de oreja a oreja. — Aunque hay una señora que al parecer me odia, no le gusta que Tom se lleve bien conmigo. — dije al ver como Tom estaba parado frente a Susan con la cabeza baja y mal encarado. Mi papá solo suspira mientras agarra mi maleta para subirla al auto en la parte de atrás.

— ¿Es su mamá?

— No, es solo una perra parecida de no sé dónde y ya. — Jörg me dió un golpe suave en la cabeza que me hizo reír por lo bajo.

— No digas eso.

— ¡Está bien! — exclamé levantando los brazos. — Lo siento.

— ¿Qué tal si vas a salvarlo y vamos a una heladería?

Por un instante me sentí como un niño pequeño…

— Dudo mucho que pueda venir, más tarde le escribo. — dije mientras me encaminaba al coche y subía en la parte del copiloto para acomodarme. — Pero vamos tú y yo. — propuse sin dejar de sonreír. — Tenemos mucho tiempo que no voy compartimos como padre e hijo, eh.

— Me encanta la idea. — sonrió mientras se acercaba a darme un beso suave en la frente. — También quisiera hablarte de algo importante. — asentí en silencio mientras nos íbamos al centro de la ciudad. Coloqué la canción de Modern Talking ‘Cheri Lady’ e íbamos cantando los dos.

— ¿Es la canción que le gustaba a mamá en su juventud, pa?

— La amaba tanto que me tenía harto.

Reí divertido mientras negaba con la cabeza.

— Me gusta oírla porque en uno de los CD’S que tienes oculto en tu biblioteca ví como ella la cantaba como si la viviera.

Jorg no dijo nada solo se limitó a sonreír y repetir la canción una vez más hasta que llegamos a una heladería. Bajamos del auto y pedimos un par de helados con mucha crema y queso antes de sentarnos en uno de los miradores hacia la ciudad.

Él se notaba bastante nervioso y no podía comprender el por qué.

— ¿Todo bien?

— Ojalá pudiera decir que si pero no. — murmuró. — Estuve tan cegado bajo la influencia de tu madre que no me dediqué a pensar en ti.

— No entiendo.

— Bill, te debo una disculpa por no estar presente contigo en los momentos que necesitabas del amor de un padre o de una madre. Me siento el ser más estúpido del planeta y más por dejarme llevar de las cosas que decía tu mamá. Lo que tengo que decir no es fácil de digerir pero no lo puedo callar más, no quiero que en nuestra relación exista secretos de esa magnitud. — el corazón empezó a latir con fuerza.

Dejé que el helado se derritiera en la mesa y me abracé a mi mismo.

— Mucho tiempo antes de la boda se tiene la costumbre realizar la típica fiesta de despedida de solteros. Los dos estábamos compartiendo con nuestros amigos y bebimos hasta el punto de no poder reconocer ni quien éramos. Entonces como ambos estábamos mal, le sugerí volvernos a casa pero ella no quería y me enojé mucho que la abandoné… algo que no debí hacerlo. — ví como sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. — La dejé y me fuí a casa para descansar hasta que unas horas después unos lloriqueos me despertaron. Era ella encerrada en el baño, llorando porque l- la habían violado y me lamenté demasiado.

Tragué saliva muy grueso.

Sentí como ahora algo se quebró dentro de mi y me daba mucha ansiedad.

— Y eres tú el resultado de ese abuso, Bill. — lloró aún más. — Ella no te quiere porque dice que le recuerdas ese momento, esa pesadilla y…y te odia… por eso se fue. Yo también me negaba a verte como mi hijo, te mantenía alejado de mí con dinero y todas las cosas que te tenían distraído y solo te hice un mal.

— Joder, eso explica muchas cosas. — fue lo único que dije antes de ponerme a llorar como un niño pequeño.

— Siempre supe dónde está porque yo vivía con ella, tratábamos de hacer una vida lejos de ti, intentamos tener hijos para reemplazarte pero no se puede, los doctores me dicen que fue un milagro de que hayas nacido con salud porque está destrozada, no los puede tener.

— ¿Y qué te hizo recapacitar ahora? — pregunté abrazándome a mi mismo. — ¿Por qué tú actitud tan de repente?

— Hablé con un amigo y me dijo cosas que me abrieron los ojos, me hicieron sentir un imbécil y no sé si estoy a tiempo de poder tener a mi hijo de vuelta.

— ¿A pesar de saber que no llevo tu sangre?

— Eso no importa, quiero comp…

— ¿Tú sabes dónde está esa perra? — interrumpí con evidente molestia. — ¿Eh?

— En L.A… muy lejos…

— Quiero verla. — ordené con exigencia.

— Ella te odia.

— Quiero verla. — repetí. — Si es posible hoy mismo vámonos a Estados Unidos, ¡necesito verla a la cara para que me lo diga de frente! — di un golpe en la mesa con desesperación. — ¡Dime algo!

— ¡No! ¡No puedes verla! ¡Te hará daño!

— ¡Si realmente quieres ganarte mi confianza hazlo, Jörg! ¡Llévame con ella!

— Perdóname, Bill… no lo haré, por tu bien.

Lo miré por última vez a la cara antes de abandonar la heladería a pasos rápidos. Tomé un taxi mientras le dejaba un mensaje a Tom para que me alcanzara en el aeropuerto.
Quizás suene a una decisión estúpida pero no le puedo creer… mi corazón se niega a aceptar que mamá me odia si sabe que no es mi culpa.

Al llegar compré un par de vuelos rápidos que salen en una hora e iría directo a L.A. ahí buscaría en los registros.

Solo espero que me vaya bien…

— ¿Bill? — a penas veo a Tom le doy un abrazo fuerte. — ¿Qué pasa?

— Papá me ha contado algo horrible y no le puedo creer… el sabía todo el tiempo donde estaba mamá y no me dijo ¡se calló todo este tiempo! y… y también dice que ella me odia que me hará daño y no le creo. Es por eso que tengo que ir a verla.

Tom hizo una mueca.

— Me alegro de que por fin te haya dicho y si te dijo eso es por algo, ¿no crees? mejor obedece y hazle caso. Esa señora puede ser capaz de muchas cosas. — veo a Tom con cara de pocos amigos.

— ¿Que por fin me haya dicho? — entrecerré los ojos. — ¡Claro! tú eres el amigo que le hizo cambiar de opinión. Mierda, Tom. Creí que éramos buenos amigos.

— Lo siento, pero…

— Cállate. — le hablé con voz fuerte. Tom solo asiente mirando a cualquier lugar mental a mi. — Si de verdad valoras nuestra amistad me vas a acompañar. — Tom no me respondió, tan solo fue a buscar una butaca dónde sentarse a esperar alguna señal para poder partir.

Yo caminaba de un lado a otro en desesperación sin dejar de llorar hasta que se ve interrumpido por la llamada entrante de mi móvil.

Lo tomé sin más.

— Bill, hijo. ¿Dónde estás? No quiero que vayas, ¡por favor!

— Es que he vivido engañado todo este maldito tiempo y voy en busca de respuestas. Ahora dime dónde carajos se encuentra exactamente o te juro que…

— No. — me interrumpió con mucha tristeza en su voz. — No soportaría que me odies, por favor. No más.

— Empieza a hablar…

— Tu mamá trabaja en un puesto de Sushi en Los Angeles, se llama ‘Kentucky’s L.A’. Es nuestro propio por ende vivimos ahí… — y colgué la llamada porque nuestro vuelo pronto fue anunciado.

Eran alrededor de nueve horas de viaje.

&

Por más que intenté no había logrado conseguir el sueño, estaba bastante ansioso por verla. Todas las horas de viaje sin contar con las paradas realizadas fue estresante, al menos para mí. Tom durmió mejor de lo que creía y solo se encontraba en absoluto silencio.

Quizás apenado.

A mí parecer todo pasó tan rápido porque en menos de lo que creía estamos tomando un taxi que nos llevaría hasta aquel restaurante y fueron solo quince minutos que tardó en llegar. Una vez que bajamos del taxi empiezo a temblar de desesperación porque el local estaba cerrado y ¿cómo no? si eran las siete de la mañana. La mayoría de estás cosas abren a partir de las diez.

— Creo que hay que volver más tarde. — sugirió Tom a lo cual me niego con la cabeza buscando alguna puerta cerca del restaurante para golpear pero solo vi un portón grande y corrí hasta el para timbrar.

Al instante se deja ver una mujer de piel canela con un informe de sirvienta y me sonríe con amabilidad.

— Hola, buenas días. ¿A quien busca?

— ¿Es la vivienda de Jörg Kaulitz y Charlotte?

— ¿Quien lo busca? — fruncí la boca.

— Bill Kaulitz, el hijo de los señores.

— Oh, está bien. Siga. — agarré la mano de Tom con fuerza antes de seguir a la mujer por aquella puerta que nos llevaba a la enorme casa de un lindo estilo. — Ya le informo a la señora.

— Gracias, pero no le diga mi nombre… es una sorpresa. — ella asiente extrañada pero aún así obedece, mientras tanto me dedico a observar un poco la casa con atención. Habían fotos de mis padres colgadas en la pared, fotos de un par de perros de raza grande esponjados y algunas fotos de personas que no conocía. — Hay de todo menos fotos mías.

— Ya te imaginarás. — responde Tom agarrando la foto de mi madre para pasármela. Sonreí al ver lo idéntica que era a mí, nos parecíamos en todo, sin excepción.

«Y pensar que me odia.»

— La señora ya baja, ¿les ofrezco algo de tomar?

— No, gracias. — respondió Tom y yo también pero con la cabeza. La mujer solo asintió con la cabeza antes de retirarse.

Entonces unos ruidos de unos tacones nos hizo regresar a ver en dirección a las escaleras. Los ojos de inmediato se me llenan de lágrimas al ver a la mujer que hace tanto tiempo no he visto y mi corazón empieza a latir locamente.

— Mamá. — susurré para después ir caminando a pasos lentos hasta tenerla de frente y querer darle un abrazo pero me lo negó, dándome un empujón y pasando por mi lado.

— Sabía que ibas a encontrarme.

Su voz por un instante tembló pero se mantuvo neutra.

— ¿No estás feliz de verme?

— No, no lo estoy y de haber sabido que eras tú la persona que vino a buscarme jamás hubiera aceptado verte porque te odio, ¿lo oyes bien? TE ODIO.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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