

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 9
He aquí ambos en la habitación con mayor privacidad mientras todas las personas siguen divirtiéndose en el programa. Nuestra infiltración en la habitación fue rápida y sin dificultad.
Puse la puerta con el mayor seguro posible para que no haya problemas con mi contrario.
Al voltear lo veo sentado en la cama con timidez, sin saber que hacer. En cambio yo parecía un puto loco deseando hacerle de todo.
— ¿Me… quito la ropa?
— Yo te la quitaré. — empecé por unir mis labios con los suyos una vez más mientras le acariciaba la entrepierna que nuevamente empieza a despertar junto a la mía. Hago que se recueste en la cama y con una sola mano voy deshaciendo el botón en su pantalón para meter mano. Me sorprende lo tieso que está, lo mojado que se encuentra su glande y me excita los pequeños ruidos que salen de su boca ahora que dejé de besarlo.
Mi boca recorre en su mandíbula, le doy pequeños mordiscos y bajo al cuello donde hago pequeños hematomas. La mano que se encuentra libre se escurre por debajo de la camisa y pellizca los pezones duros.
— ¡Mhmm!
— Shhh. — vuelvo a silenciarlo con mi boca en un beso bastante fogoso. Me encanta como sus labios se deslizan fácilmente sobre los míos a causa de la saliva. Al separarme me pongo de pie, frente a él para sacarme el buzo que empieza a ser molesto. Hace sudar mucho mi cuerpo.
Después le quité la camisa y me coloqué de puntita en frente de él para empezar a quitar sus pantalones. Tom se acomoda para tener una buena vista de mi y le sonreí de forma inocente.
De su boca se escapa un suspiro entrecortado en el instante en que mi boca se posiciona sobre la tela roja de su boxer mojado. Tom vuelve a gemir, echando su cabeza hacia atrás, mirando el techo y mordiendo el dorso de su mano.
— Se siente incómodo si sigue ahí. — susurró. Yo reí decidido a jugar un poco más. — Duele… — vuelve a decir y yo, como toda buena persona finalmente acabé con su sufrimiento. Su polla sale a relucir de forma brillante ante mis ojos. La boca se me hace agua y no dudo en dar la primera lamida. La piel de mi amigo se erizó, apretó las sábanas sintiendo como el placer envuelve la punta sin escapatoria alguna. — Ayquebuenosesienteesto. — lo dijo tan rápido que me provoca más calentura. — Bill… mhmm…
— Tom. — llamé su atención metiendo toda su longitud hasta lo más profundo de mi boca, lo cual le estremeció. Sus piernas también se tensaron y eso era señal de eyaculación. Entonces no quería eso por el momento.
— Mhmm… — se deja caer en la cama con los brazos abiertos. A propósito le bajé la tela que tenía en la frente para que quede en sus ojos. Me encargué de apretarlo un poco más y sonreí. — ¿Bill? — aproveché para sacar la cámara y tomarle un par de fotos para mí colección de desnudos. Después la guardé y saqué un vibrador pequeño para anchar culos, lubricante y preservativo. — Bi, ¿qué pasa?
No le respondí, solo terminé de desnudarle y le abrí las piernas. Le coloqué el preservativo en mi juguete para primerizos. Riego una cantidad en el mismo y después en mis dedos para acariciarle el trasero.
Yo estaba excitado pero no del todo y quería mi pequeño impulso.
Entonces le metí.
Tom se estremeció, se puso más rojo y su cuerpo, absolutamente todo se tensó y se vió más fuerte, varonil. La mano libre se dedica a masturbar mi entrepierna. Se siente genial ver lo mucho que se aguanta para no dejar salir gimoteos de dolor porque para nada estoy siendo cuidadoso.
— Bill, m- me duele…
— Está bien. — reí por lo bajo sacando el juguete de su interior. No le había entrado mucho y en el preservativo había un poco de sangre. — Disculpa pero me prende hacer esas cosas…
— Entiendo. — Tom se quitó la tela de sus ojos para poder mirarme. Estaba inmóvil, quizás adolorido.
— ¿Te masturbas?
Tom se sonrojó.
— Lo haremos los dos. — propuse sentándome junto a él. Guié su mano hasta su polla, le puse una cantidad pequeña de lubricante en la punta y luego en la mía. Empiezo por tocarme yo primero mirando su rostro lindo. Rodeo sus hombros con mi brazo libre y me lo beso salvajemente.
Una vez que empezó ya no pudo parar. Me gustó la forma en que se tocaba el pene descontrolado. Ambos gemíamos en la boca del otro y de ves en cuando nos miramos a los ojos. Le acariciaba las mejillas, con la lengua recorría la comisura de sus labios y le mordía el hombro.
— ¡Mhmm! — con eso último Tom dejaba salir su escencia. Mi boca se entreabrió al ver el gesto tan sensual de Tom al acabar y ahí pude terminar yo, explosivamente.
&
La cena estaba bastante incómoda para decir verdad. Desde que nos sentamos no han dejado de regañar a Tom por desaparecer del programa y claro, a mi también. Mi amigo no había metido nada en su boca, estaba cabizbajo, deprimido y probablemente avergonzado.
— ¿Ya me dejas hablar? — murmuró con un tono serio, un poco fuerte e hizo callar a Susan al instante. Todos en la mesa lo miran asustados menos yo porque pensaba que estaba bien. — ¿Qué parte de que Bill no se sentía bien no entiendes, Susan?
También la excusa barata de que no fuimos porque no me sentía bien.
Quería reírme y solo pude toser para evitar una carcajada en un momento tan serio.
— El programa iba a salir bien conmigo o sin mí, no hubo quejas, los niños tienen lo que les trajimos y no pasó nada. Absolutamente nada, ¿cuál es el problema?
«Que a Susie no le caigo bien.»
— Faltaban manos para ayudar.
— Ya, por favor. Estamos en la mesa. — interrumpió el sacerdote. — ¿Qué importa si faltaron manos? Tom estaba ayudando a su amigo y está bien. — veo a esa mujer con un rostro de diversión.
— Pero…
— Basta, ¿podemos cenar tranquilos? la comida se va a volver amarga. — todos se dedicaron a comer menos Tom, quien al instante pidió permiso y se retiró del comedor. Yo me aclaré la garganta antes de hablar.
— Voy a verlo…
— No, tú te quedas aquí. — arqueo una ceja. — Yo iré a verlo, pásame el plato de comida.
Anthony fue quien lo hizo y Susan de inmediato salió detrás de Tom.
.
[Mientras tanto con Tom…]
Entré a la habitación muy estresado, me tiré en la cama con los brazos extendidos y miraba el techo con el ceño fruncido. Pronto se escuchó la puerta de la habitación abrirse y me senté creyendo que era Bill pero no.
Era Susan.
— Tom…
— Casi ni se notó que Bill te cae mal. — tomó asiento junto a mi luego de dejar la comida en la mesita de noche. — ¿También eres de las personas que se dejan llevar por las apariencias?
— No, cariño. Sabes que no… pero hay algo en ese muchacho que no me deja tranquila. Me da unas vibras malísimas y yo quiero los mejor para ti.
— Bill es una buena persona, ¿sabes? mucho mejor de las que conozco.
— Quisiera que no te haga seguir malos pasos, recuerda la vocación sana que quieres seguir. — tragué saliva mirando al suelo. — Ese chico parece cargar muchos problemas. — rodeo los ojos mientras niego con la cabeza.
— Claro que Bill tiene problemas. — murmuré con un poco de recelo. — Y yo le pienso ayudar, a si que no voy a alejarme de Bill pase lo que pase, ¿oíste? si está en mis manos hacer de él una buena persona pues lo voy a hacer.
— Yo lo dudo mucho, esas personas no cambian nada y cuando te veas perdido te vas a lamentar. — dijo en un tono fuerte antes de irse. Sentí un ligero ardor en mis ojos y parpadeo reiteradas veces para ahuyentar las lágrimas.
Yo creo mucho en que Bill sí va a cambiar con el debido apoyo que merece…
— ¿Qué te dijo esa zorra? — entra diciendo Bill de mala gana y en un tono arrogante.
— Bi…
— ¿Qué te dijo? — insistió. Dejé escapar mi último aliento antes de responderle lento, pausado.
— Que… tú no ibas a cambiar y cuando me vea perdido me iba a… a lamentar.
— ¡Pff! — cerró la puerta a su detrás. Caminó directo hasta sus cosas para empezar a guardar sus pertenencias. — Yo a esa señora no le hice nada y me odia tanto, ¿¡qué le pasa!? ¿acaso así son todos los hipócritas que van a la iglesia a usar el nombre de Dios? ¡todo el mundo se fija en las demás personas y no se ven ellos mismos! ¡agh..! ¿¡Sabes que es lo mejor!? ¡me largo! ¡no quiero causarte problemas con la perra esa!
— ¿Qué? — sentí un hueco en mi pecho.
— Perdón. — dice en un tono más bajo al ver que me levanto de la cama para acercarme a él, frente a frente. — Siento que te estoy causando tantos problemas solo con mi presencia, Tom… y ya… no podemos ser amigos. — no le respondí, solo me impulsé a darle un abrazo fuerte con los ojos cerrados. — No quiero eso para ti. — musitó.
— No es justo. — ya no había logrado controlar mis lágrimas y solo lloré, aferrándome mucho a su cuerpo.
Estaba angustiado porque ni siquiera me abrazaba. Sus brazos los tenía quietos, sin ninguna intención.
— …y ya hicimos cosas que tú no debías hacer. Quizás ella tiene razón, si te doy problemas.
— ¿Y crees que me arrepiento? — finalmente me separé de Bill para darle la espalda. Miraba por la ventana sellada hacia la oscuridad. Daba pequeños golpes en la pared tratando de no entrar en desesperación.
— Tom…
— No tienes que dejar de ser mi amigo por eso… de pequeño fui privado de tantas cosas, mi mamá fue la que me puso esa mentalidad de querer ser un sacerdote para no perder otro hijo y yo acepté porque no quería decepcionarla. Con él tiempo fui aceptando, dejando de lado muchas cosas que me gustaban y aprendí a vivir de ello. Nadie queria ser amigo del rarito que quería ser sacerdote y ahora, luego de mucho tiempo que alguien quiere ser mi amigo solo se va a alejar por no causarme problemas.
— ¿Entonces esto no es lo que querías?
Negué con la cabeza.
— Ah, ya entiendo. — sentí el cuerpo de Bill detrás de mí, después sus manos en mis hombros y dejé de estar tenso. — Pues te recomiendo que pienses en ti antes que en los demás, en tus gustos, sueños, deseos. También en si ponerla o dejarse poner.
Ambos reímos con un toque de picardía.
— Ay, Bill. Solo no dejes de ser mi amigo. — volteo a verlo a los ojos. Levanté la mano para ponerla en su mejilla y acariciar. — Por favor, sabes que te quiero mucho. Susan no es obstáculo para nuestra amistad, solo es una…
— Perra.
— ¡No! — me escandalicé mientras el se reía a carcajadas. — Es una persona preocupada ¡nada más!
— Ay, yo sé que eso no era lo que querías decir. — mordió su labio inferior. — Vamos, di lo que realmente querías decir.
No respondí.
— ¡Hazlo!
— No…
— ¡Hazlo, Tom! — suspiré antes de contestar.
— Ay, si. Es una perra. — y Bill estalló en risas mientras se tiraba a la cama, pataleaba, daba golpes a la almohada.
Le había causado tanta gracia mi forma de decirlo.
En cambio yo solo mantenía una risa avergonzada.
Continúa…
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