

Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 25
Compré algunas revistas que me parecieron interesantes, comida rápida y de vuelta al departamento en el cual, por suerte no había nadie.
Coloqué música suave para mayor relajación en lo que abría una de las revistas para leer.
Lo malo es que no podía concentrarme, pensaba mucho en Tom.
De alguna extraña manera, deseaba sus caricias en mi piel, su trato tan tosco, los besos, abrazos… todo.
A mis ganas no le iba a negar nunca lo que se le antojaba y le llamé al número telefónico:
— ¿Sí?
— Te quiero ver. — el susodicho cuelga la llamada sin responder nada. Tiré el móvil al sofá de enfrente y me senté mirando al techo, frustrado.
Que tonto soy, ¿qué me hace creer que va a venir luego de la actitud tan de mierda que he tenido con él?
Entonces, en medio de todos esos pensamientos la puerta sonó. Fui a abrir con mala cara pero de inmediato la cambié al verlo con una ropa limpia, un gorro de lana gris con negro y en ambas manos traía bolsas.
Hice un espacio para que ingrese y se ponga cómodo. Lo sentí raro porque en mi interior se removió algo extraño, una sensación que me provoca suspiro tras otro.
Claro que no puede faltar la taquicardia.
Ambos nos sentamos en el sofá, sin mirarnos. El silencio abundaba en la sala. Próximamente se oiría a los grillos hacer ‘crick’ ya que ninguno se animaba a hablar.
— ¿Para que querías verme? — arqueé una ceja al mismo tiempo que muerdo la piel interna de mi mejilla. Juego con mis dedos, dudando mucho sobre lo que iba a hacer y finalmente me lanzo a él, con las ganas de besar sus labios. Duda un poco en corresponder pero lo hace, tengo su caliente aliento mezclándose con el mío.
Mis manos acarician suavemente su rostro, mientras me voy acercando más a su cuerpo. Siento el latir desenfrenado de su corazón, casi igual que el mío. Quito la camisa de su cuerpo y toco ligeramente su torso desnudo.
Que se note lo mucho que Tom me encanta…
— Estoy confundido, Bill.
— ¿De qué? — nuestro beso se vuelve más apasionado, mordiéndose con delicadeza. Mi deseo va incrementando a medida que de igual forma empieza por quitarme la camisa. El tiempo parece detenerse por completo en lo que nos dejamos llevar, cada roce de nuestros belfos es una explosión de sensaciones y me estremezco bajo las caricias.
— Actúas como si no me conocieras y luego me llamas, haciéndome sentir cositas en el estómago.
Tiré de una de sus rastas hacia atrás.
— No me sentía nada bien. — dejamos los besos para otro momento, simplemente nos abrazamos el uno al otro con fuerza. Entrelazando nuestras manos. Tom acaricia mi abdomen, provocando un ronroneo en mí.
— ¿Puedo saber la razón?
Palidecí.
— Mucho sexo causa calambres en el trasero. — bromeo para evadir la verdadera respuesta.
— Ah, ¿por eso me evitas?
— Quizás no quieres saber nada sobre una persona que ya no te serviría sexualmente.
— Bill. — dice, serio. — ¿Olvidas que somos novios? que me gustas, me encantas, eres todo para mí.
— Es que los noviazgos no son eternos. — susurré.
— Yo quisiera que el nuestro sea así, ¿tú no?
— Me encantaría.
— ¿Pero?
— Nada. — suspiré ahora alejándome de sus brazos. Aún aferrado a la idea de no hablar más de lo debido. — Solo tengo un presentimiento.
— ¿No confías en mí?
Dios, ya no podía callar más.
— Tom yo…
— Yo sé que la forma en la que me acerqué a ti no fue la mejor pero si me dejaras demostrarte que yo no soy igual al resto, confiarías más. Yo soy… diferente. Puedo llevar las cosas como se debe, soy más maduro para cualquiera de mi edad. — deslizo saliva por mi garganta, nervioso. — Te quiero mucho, ¿qué digo mucho? muchísimo, bastante, algo gigante.
Yo sentía lo mismo pero algo en mi interior no me deja quererle co…
— Sé que estás esperando un Kaulitz bebé. — traía la presión muy baja. Las manos completamente frías y en la mente se hace eco su voz una y otra y otra y otra vez. — Entiendo lo difícil que fue para ti asimilarlo pero me hubiera encantado ser el primero en saber, créeme que no tengo intenciones en alejarme de ti porque voy en serio.
— Yo…
— No digas nada. — interrumpe. — Estaré ahí para ti, en el proceso, encantado de ver ese lado tuyo con un bebé y sobre todo yo, quiero darle todo el amor que a mí me faltó.
¿En verdad él me estaba hablando así?
Siento que todo esto es un maldito sueño del que quiero despertar en este preciso instante para enfrentarme a la realidad.
Empiezo a rascarme los brazos inconscientemente, ansioso. El labio inferior temblaba. Tenía mucho frío.
— ¿Quién te dijo?
— De todo lo que te he dicho ¿te importa más quien me dijo? ¿en serio?
— ¿Fue Zamira? — esta vez volteé a verlo a la cara. — ¡Habla!
— Ah, ella también lo sabe. — soltó con ironía. — Me siento excluido por mi pareja, en desconfianza, en duda, lo sabían todos menos yo, maldición. ¿Sabes que pienso? que has jugado conmigo.
— Eso jamás. — hablo en voz baja ya que el llorar me lo impedía. — Yo no quería decirte.
— Está bien, te dije que lo entiendo pero no es obstáculo para cumplir lo que quiero contigo, joder. Estoy tan… enamorado de ti, Bill.
— Creí que solo era tu pasatiempo, que no te gustan los hombres.
— No, no me gustan los hombres, me gustas tú. — rió con una sonrisa nostálgica que me ablandó el corazón. — Es curioso porque cuando le conté a mi madre en una noche de cena juntos, le dió un nombre lindo a mi sexualidad, ¿quieres saber cuál?
— ¿Cuál?
— Billsexual.
Esta vez fui yo quien rió.
— Siento pavor al ver a otros hombres besándose o cogiendo pero cuando lo hago contigo siento todo bien, genial, me fascina… no soy Tom cuando Bill está conmigo.
Sus palabras me llegaron en lo más profundo de mi alma que me rendí y dejé todo mi ser entre sus manos, a su disposición.
Estoy tan tragado por él que juro por lo que más quiero que Tom será mi último amor.
El amor de mi vida.
&
Al parecer hoy había salido el sol en todo su resplandor, junto con ella mi sonrisa y la mano de Tom entrelazada a la mía. Las calles de Leipzig se veían bonitas con la multitud de personas caminando por todos lados. Todo me resultaba extraño porque sentía demasiada paz.
Los pensamientos malos se fueron, ya no estaban conmigo y estaba muy feliz.
Admito que hice una tormenta en un vaso de agua.
— ¿En qué momento uno debe comprar la ropa para el bebé, eh? estoy ansioso por saber. Ya le quiero comprar sus primeras tenis Nike. — yo solté una carcajada mientras niego con la cabeza.
— Falta mucho, pero puedes comprarle un par si gustas, como recuerdo, lo único que nos lleva la desventaja es que no se sabe si es niño o niña.
— Lo que sea, debe lucir unos. — volví a negar con la cabeza sin dejar de sonreír. Continuamos caminando en frente de un local de ropa a su estilo. Pude notar que Tom estaba algo tenso y me atreví a preguntarle la razón, para descartar cualquier pensamiento que me haga dudar.
— ¿Estás bien, cariño?
Él se sonrojó.
— Perfectamente, solo hay algo que no me ha dejado dormir como se debe.
— ¿Qué es? — entramos a la plaza para dirigirnos a la heladería a comer unos waffles con crema y extra queso gracias a mi antojo. Mientras esperamos el pedido, Tom batallaba entre si hablar o no. — Ayer Isaac estaba hablando con tu papá. — mi novio frunce el ceño, con evidente molestia. — Los descubrí cuando iba llegando con Zamira de la plaza. No parecían personas que se odien, sino al contrario, por eso te llamé.
— Dios, ese hijo de puta…
— Sí, ¿tiene algo que ver con él?
— La herida que tengo me la hizo él porque lo golpeé con todo el enojo del mundo, cosas sin importancia, claro.
— Si no es nada importante, ¿para que ha venido?
— Quizas quiere que vuelva a Moscow a ocupar su lugar mientras el va a vivir la vida como un jubilado soltero. Desea que yo, sea el sucesor de los Kaulitz en ocupar su negocio mayoritario. Debo viajar a todos lados entregando mercancía, matar enemigos y cobrar mucho dinero entre otras cosa más… te cuento esto porque confío en ti, se que… no vas a hablarlo con nadie.
— Gracias por eso.
— Sí… la cosa es que no tendría tiempo para nadie, ni para una pareja sería y no quiero vivir mi vida así. Soy muy rebelde, no me gusta seguir las reglas.
— Si no quieres, hazle entender que eso no es lo tuyo, que tienes otros planes o algo.
Negó con la cabeza, mirando como la mesera ponía el pedido sobre la mesa. Nos dedicamos a comer aún conversando.
— Ya he tenido más parejas antes las cuales se decepcionan en cuanto saben quién soy y quien es mi papá.
Continúa…
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