Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace

Capítulo Final

Tom apretó su agarre en torno al cuerpo flojo que llevaba en los brazos. Bill estaba alarmantemente ligero; era puro hueso y sus extremidades se veían muy largas. Su piel se sentía fría y húmeda contra el cuerpo de Tom y estaba empapado con sudor y, más que eso, con otro fluido pegajoso y aceitoso. Tom había levantado a Bill de la mesa en donde había colapsado y el Danachi no había hecho sonido alguno. Sólo el roce apenas perceptible de su exhalación contra el cuello de Tom le aseguraba que Bill seguía vivo. De alguna forma, las venas que habían marcado líneas en su piel, sangrando de sus ojos, se habían desvanecido. Aunque Tom estaba seguro de que cuando Bill despertara, podría ver todavía los orbes negros en el lugar donde las pupilas de Bill deberían estar.

Cuando despertara.

No quería pensar en un si despertaba.

Tom no se había molestado en checar a los demás después de que la onda de energía bajara. No tenía ni la menor idea de si estaban muertos o si sólo habían quedado aturdidos y tirados boca abajo en el desastre de lo que había sido la sala de control, pero no quería esperar para averiguarlo.

—Nos vamos de aquí, ¿bien? —murmuró al caminar apresuradamente por el pasillo de metal que llevaba lejos del centro de la base.

Bill no hizo sonido alguno para indicar que lo había escuchado.

Tom se apresuró hacia su habitación, yendo tan rápido como podía, pero teniendo el cuidado de no sacudir mucho a Bill. Con cuidado, puso al Danachi sobre su cama, haciendo una breve pausa para tocar la mejilla de Bill antes de darse la vuelta y tomar algunas ropas y otra arma. No tenía idea de a dónde iban a ir. ¿Podían siquiera escapar en ese desierto? Durante el día, el calor los chamuscaría y por la noche se congelarían. No había forma de reabastecer ningún vehículo y colapsarían antes de llegar a cualquier otro establecimiento si iban a pie. Y también estaba el virus. Tal vez Bill era inmune, pero Tom estaba bastante seguro de que él no lo era.

Rápidamente, tomó el revisor de pulso y lo sostuvo contra su muñeca para presionar el gatillo. Sintió el disparo de succión y el breve picotazo contra su piel antes de que los números aparecieran en la pequeña pantalla. Seguía limpio.

Tom dejó escapar un suspiro de alivio.

—¿Tom?

Tom se dio vuelta y corrió hacia donde estaba Bill, intentando levantarse débilmente.

—Hey, hey —dijo Tom, tocando los brazos de Bill—. Con cuidado.

Deslizó un brazo alrededor de Bill y lo ayudó a sentarse.

—¿Estás bien?

Bill sólo parpadeó.

—Tenemos que salir de aquí. —dijo, de modo inexpresivo.

—Lo sé —dijo Tom. Se aseguró de que Bill pudiera permanecer sentado por su cuenta, apoyándolo incómodamente contra un par de almohadas antes de levantarse de nuevo y juntar una pila de ropa que había tirado en medio de la habitación—. Toma, tienes que vestirte.

Le ofreció una camisa a Bill, pero el Danachi no levantó sus brazos. Su rostro estaba laxo y sus ojos ciertamente seguían inyectados con un color negro. Sus manos estaban temblando contra sus muslos.

—Bésame. —pidió.

Tom exhaló y su estómago dio un vuelco.

—Bill, no tenemos…

—Está bien —interrumpió Bill, sonando sorprendentemente coherente, a pesar de la debilidad en su voz—. Sólo necesito… algo. La energía sigue en mí… está atrapada. Necesito algo.

—Está bien, está bien —Tom apretó la camisa que estaba en su puño y se hincó frente a Bill otra vez. Estiró su brazo y quitó el cabello empapado del rostro del Danachi, tomando su mejilla—. Ahora estás bien.

Bill sonrió débilmente, pero no dijo nada más así que Tom se inclinó y tocó los labios de Bill ligeramente con los suyos. El Danachi no reaccionó, aunque Tom pudo sentir que sus  manos dieron una pequeña sacudida, así que se inclinó un poco más, atrapando el labio inferior de Bill entre los suyos y chupándolo ligeramente. Besó a Bill por unos minutos largos y silenciosos y comenzó a temer que no podrían salir, hasta que Bill finalmente comenzó a moverse un poco debajo de él, juntando energía suficiente para mover su boca y corresponderle el beso a Tom. Las luces a su alrededor comenzaron a titilar un poco cuando la energía enrollada en el delgado cuerpo de Bill despertó y comenzó a desbloquearse.

El ligero toque de la lengua de Bill contra la de Tom hizo que todos los pensamientos salieran de la cabeza de Tom. De repente fue asaltado por los eventos que acababan de transcurrir y una intensa oleada de alivio lo bañó, haciéndole sollozar. Sintió las manos de Bill deslizándose alrededor de su cintura y retrocedió sólo lo suficiente para darle un fuerte abrazo al Danachi.

—Pensé que era el fin. —logró decir con la cara enterrada en el cabello de Bill.

Los dedos de l Danachi se flexionaron contra la espalda de Tom por un momento.

—Lo sé.

Tom lo besó nuevamente, esta vez de una forma desesperada, exhalando calientemente su alivio sobre las mejillas de Bill y sintiendo un sabor salado ahí.

—Te amo. —se escuchó gruir y escuchó a Bill gimoteando como respuesta.

Tom retrocedió lo suficiente para presionar su boca en la frente del Danachi. Tuvo que controlarse para no abrazar a Bill con mucha fuerza contra su cuerpo y tuvo que forzar a sus manos a acariciar el cabello de Bill en vez de apretarlo en sus puños por el alivio que sentía. La frente de Bill se frunció contra él.

—Estás lastimado —dijo Tom y su estómago se apretó dolorosamente—. Oh, por dios, ¿estás bien?

Una imagen de Bill de rodillas sobre la mesa de luz llegó a sus ojos y tuvo una visión del Danachi lastimado y sangrando.

—Esos hijos de puta… ¿Ellos te…

Bill sacudió su cabeza un poco, intentando alejarse de las manos alborotadas de Tom.

—No, no —dijo, débilmente—. Estoy bien, n-no puedo… no puedo… había mucha energía. Sólo puedo recordar eso.

Su ceño se frunció.

—No me lastimó realmente. La energía estaba aumentando, como si fuera presión… y yo estaba tan… tan perdido. Pero luego llegaste tú —levantó la cabeza—. Estoy bien.

Tom hizo un sonido de dolor y presionó sus labios contra los de Bill nuevamente, queriendo que su energía ayudara al Danachi y deseando saber de alguna manera que estaba funcionando.

Al final, Bill lo alejó lentamente y cuando Tom parpadeó vio que los ojos del Danachi habían vuelto a la normalidad. Seguía pálido, pero ahora su piel estaba brillando; lucía completamente revitalizado y la imagen hizo que Tom se preguntara cuánta energía Bill había logrado generar antes  si había liberado semejante explosión y aparentemente aun así seguía teniendo un poco en reserva.

—Fuiste tú. —dijo Bill, captando su pensamiento.

Tom frunció el ceño.

—¿Yo?

Bill sonrió y sus mejillas se tornaron un poco rosadas.

—Bueno, nosotros —corrigió—. Juntos. No pude hacer nada hasta que llegaste, estaba atrapado y estaba aumentando… fue tan doloroso. Pero tú lo liberaste. Me liberaste.

Las palabras hicieron que algo revoloteara en el estómago de Tom, pero se levantó al concientizarse de repente de todo el tiempo que había pasado y le ofreció una mano a Bill.

—Vamos, tenemos que irnos.

&

Ante la insistencia de Bill, tomaron unas cuantas provisiones que Tom pudo recoger rápidamente y las llevaron a la unidad de almacenamiento en la que estaba el viejo auto. Tom había protestado, apasionadamente. No había combustible suficiente para tomar un vehículo, y de todos los que se podían llevar, el viejo auto azul era el menos confiable que había en la base. Tom sólo lo había visto funcionar una vez, precisamente aquella en la que Bill había encendido el motor.

—Está bien —le aseguró Bill—. Confía en mí.

—¿A dónde vamos a ir? —preguntó Tom, sintiéndose un poco desamparado.

Bill había sonreído un poco con eso, mirando a Tom a través de su cabello.

—Al norte.

Y manejaron. Tom entrecerraba los ojos debido a la luz del sol y Bill, que iba  a su lado, cerraba los suyos. El Danachi tenía sus manos extendidas sobre el asiento en el que estaban sentados y sus pies descansaban en el suelo. Tom prácticamente podía sentir el aire a su alrededor zumbando mientras Bill vertía energía en el auto, manteniéndolo en movimiento a pesar de que el tanque estaba vacío y los engranajes oxidados. El asiento trasero estaba cargado con contenedores de agua y suministros de barras de proteína. No era suficiente para un viaje largo, pero Tom mantuvo su mirada enfrente. Alejarse era la mayor prioridad; ya después solucionarían los detalles. Antes de que el auto saliera del almacén, Tom escuchó unos arañazos de metal contra alguna superficie de concreto desde adentro de la base, y peor aún, pudo distinguir también un leve rugido gimiente desde afuera. La infección.

La pistola de pulsos de Tom yacía entre ellos, sobre el asiento.

Atravesaron el desierto, despertando una ola de polvo y arena que se levantó y se mezcló en el humeante aire color naranja. Marcaba el camino de donde venían, aunque Tom esperaba poder estar ya muy lejos para cuando intentaran seguirlos. Ni siquiera estaba seguro de que quedara alguien que pudiera hacerlo.

Le preguntó a Bill sobre eso. Parecía un poco más fácil que mencionar el asunto que quemaba a través de la mente de Tom, haciéndole ver llamas si pensaba en ello por mucho tiempo. Georg y los otros hombres rodeando a Bill como buitres acechando un animal moribundo. Las manos de Tom se apretaron en el volante.

El Danachi había abierto un ojo, como si hubiese sentido lo que en realidad pasaba por su mente y había mirado a Tom antes de encorvarse más en su asiento. Había encogido sus hombros.

—No lo sé —contestó Bill, lentamente—. En verdad no puedo… no puedo recordar lo que pasó. Era demasiado… demasiados…

Su voz se debilitó al final y aclaró su garganta, cortando la protesta que colgaba de la lengua de Tom.

—Está bien. —dijo Bill, en voz bajita.

Tom no sabía si el Danachi se lo estaba asegurando a sí mismo o a él, y exhaló forzadamente.

—Pero ellos… Debí…

—Estoy bien. —dijo Bill con una voz más firme.

Cuando Tom lo miró, vio que el Danachi lo estaba observando; su rostro estaba pálido y sus ojos oscuros.

—Por favor. Estoy bien. —repitió, y por un momento, Tom sintió el ligero roce de los dedos del Danachi en su rodilla antes de que Bill cerrara sus ojos.

—No vendrán tras nosotros —exhaló—. Llegaremos al muro, todo estará bien. Me encargaré de que crucemos.

Tom quería recordarle a Bill que los humanos no podían llegar al muro, que no podían llegar a ningún lugar cercano a él sin que la respiración comenzara a tornarse difícil. Pero después de ver a Bill hundiéndose un poco más, decidió apretar los labios hasta formar una línea delgada y pisó el acelerador con más fuerza. Después de un rato, Bill se movió nuevamente y puso sus pies sobre el tablero, como si de esa forma pudiera impulsar energía en el auto y acelerar.

El tiempo le dio la espalda a Tom en un giro brusco mientras continuaban su camino hacia el horizonte. Parecía como si hubieran conducido por días, aunque no estaba seguro. El cielo ya se estaba tornando de un entintado color púrpura cuando el auto comenzó a crepitar finalmente y Tom sintió que el poder debajo de sus pies se desvanecía.

—Mierda. —masculló, presionando frenéticamente su pie izquierdo sobre el embrague en un intento por mantener el auto en marcha.

Con una última sacudida, la energía se terminó y el auto siguió avanzando una corta distancia, ignorando el intento de Tom por encenderlo nuevamente hasta que se detuvo y las llantas se hundieron un poco en la arena.

—¡Mierda! —Tom golpeó el volante con una mano y volteó su cabeza.

De repente, se dio cuenta de que Bill estaba desplomado contra la puerta del pasajero. Su piel estaba pálida y Tom maldijo nuevamente cuando tocó su mejilla.

—¡¿Por qué no me dijiste que te estabas debilitando tanto?! —le exigió al cuerpo inmóvil de Bill. Puso sus dedos contra el cuello del Danachi y cuando sintió el pulso, suspiró un poco aliviado. Parecía que la reserva de energía de Bill finalmente se había agotado.

Tom jaló el freno de manos y se estiró hacia el asiento trasero para tomar un poco de agua y una manta que habían echado ahí. Los tiró al suelo polvoriento al darle la vuelta al auto, yendo hacia el lado del pasajero. Con cuidado, abrió la puerta y atrapó a Bill antes de que pudiera resbalarse.

—Vale —jadeó Tom, levantando a Bill contra su cuerpo—. Vamos, Bill.

Se sintió incómodo al sacar al Danachi del auto para acostarlo sobre la manta. Bill permaneció inmóvil. Tom dudó un momento antes de inclinarse y besarlo en la boca. Al igual que antes, los labios de Bill permanecieron flojos bajo los suyos por un largo momento mientras Tom lo besaba, hasta que finalmente un ligero sonido escapó y Tom sintió que el Danachi comenzó a besarlo también. Tom metió su lengua en la boca de Bill poco a poco, saboreando su calidez familiar, pero no se separó hasta que sintió que las manos de Bill se levantaron de la manta para tocarlo ligeramente.

—No lo vuelvas a hacer —dijo, alejándose para mirar el rostro pálido de Bill bajo la luz que se consumía—. No te esfuerces tanto. Es mejor si… bueno, si me avisas, ¿bien?

Bill asintió débilmente, sin hablar. Su boca estaba de un color rojo oscuro y Tom sintió un jalón en algún lugar de su torso cuando se inclinó a besar al Danachi de nuevo.

—¿Estás bien? —preguntó, en tono bajo—. ¿Necesitas…?

Bill asintió una vez más y, parpadeando, bajó la vista avergonzado.

Tom tocó su mejilla.

—Está bien —hizo una pausa y sus manos bajaron por el cuello de Bill para levantar su rostro—. ¿Está bien? Digo, ¿tú estás bien? ¿No estás lastimado?

Una breve sonrisa titiló en los labios de Bill y luego negó con su cabeza.

—No estoy lastimado —murmuró, débilmente—. Mi cuerpo…

Su mirada volvió a bajar.

—Se… se adapta. O sea… no me lastimaron. Estoy bien.

Tom asintió, pero una ráfaga de tristeza protectora llenó su estómago y presionó su frente contra la de Bill por un momento. Pudo sentir a Bill exhalando sobre su mejilla y presionó un beso ahí antes de separarse.

—Déjame ayudarte.

Se besaron de nuevo y Tom se acostó a un lado de Bill sobre la manta áspera, sosteniendo el cuerpo frío del Danachi contra el suyo. Podría parecer romántico en las partes en las que el miedo no seguía tiñendo la periferia de Tom.

—¿Es seguro? —preguntó, recordando con facilidad la última vez que habían estado afuera en el desierto por la noche. El grito desesperado de la infección colgó de sus oídos.

Bill miró a su alrededor lentamente, ya un poco más despierto.

—Está bien. No pueden llegar tan lejos —dijo—. Normalmente ustedes no pueden.

Tom parpadeó.

—¿Ya estamos tan lejos? —preguntó, sorprendido. Sabía que habían estado manejando rápido, pero no tan rápido—. Entonces, ¿cómo… por qué estoy bien? Estoy respirando.

Bill sonrió ligeramente, levantando una mano para tocar la mejilla de Tom.

—Antes —murmuró—. Cuando la energía se liberó…

—No me lastimó —dijo Tom—. ¿Por qué no? Los otros…

Los dedos de Bill se movieron suavemente sobre la mejilla de Tom.

—Nunca podría lastimarte. Te hizo diferente.

Tom tragó saliva.

—¿Soy… ahora soy como tú?

—No —los dedos de Bill se inmovilizaron, fríos contra la piel de Tom—. No eres exactamente igual que antes, pero sigues siendo humano. Es sólo que… supongo que ahora puedo extender mi poder hacia ti.

Sus ojos parpadearon mientras observaba el rostro de Tom. Se veía nervioso.

—Eso es… es lo que pasa cuando estamos… enamorados.

Enamorados.

Tom sintió que una sonrisa se extendía en su rostro. El revoloteo en su estómago aumentó, mezclándose con la tensión de su huida de la base para alejarla por un momento.

—Enamorado. —murmuró.

Debajo de su cuerpo, Bill sonrió también, luciendo aliviado.

—Gracias —murmuró Tom, besando ligeramente al Danachi—. Salvaste mi vida.

Bill hizo un sonidito y jaló a Tom contra su cuerpo firmemente.

—Tú salvaste la mía.

Tom besó su mejilla.

—Estamos a mano.

 Esa noche, cuando Tom se adentró en el calor de Bill, se encontró a sí mismo jadeando por aire. Su garganta se apretó con las palabras que no podía lograr que su boca articulara. El Danachi besó su rostro, lamiendo la sal, murmurando palabras tiernas y susurrando “lo sé…” hasta que Tom echó su cabeza hacia atrás, gritando.

Las lágrimas cosquillearon en sus ojos cuando los dedos de Bill se presionaron en sus hombros y los gemidos que tragó de los labios del Danachi lo llenaron con energía, ahuyentando la fatiga adormecedora que había estado jalando sus extremidades desde que había despertado en el piso de su contenedor mientras la electricidad chispeaba a su alrededor.

El aire en el Norte era frío y cuando Tom lo inhaló a sus pulmones, sintió un ligero sabor acre, pero la piel de Bill se sentía suave contra la suya y el aroma de su cuello era cálido y familiar.

&

Condujeron por dos días más, aunque en realidad Tom creía que podía ser más tiempo que eso. Se sentía como menos; un largo hilo de horas que se transformaban en un viaje que parecía desafiar todos los patrones lógicos de noche y día. ¿Quizá el tiempo era diferente cerca del muro?

Se detenían sólo cuando Bill necesitaba descansar o juntar más fuerza para mantener el auto en marcha. Los suministros en el asiento trasero comenzaron a disminuir lentamente conforme Tom los consumía constantemente, con poca ayuda de Bill. No quería saber que harían si se les acababa el agua antes de llegar al muro o dónde podrían encontrar más para beber del otro lado. Bill estaba despreocupado.

Tom lo miró, observando la expresión casi tranquila del Danachi bajo la luz tenue. La luna se veía grande en el cielo y colgaba muy debajo en el horizonte mientras el gris comenzaba a trepar desde el otro lado, señalando el inicio de un nuevo día. Bill tenía sus pies sobre el tablero y sus manos extendidas sobre el asiento para canalizar energía en el auto. Era una posición familiar, una en la que Bill sólo se movía cuando no podía más o cuando Tom le pedía que se detuviera para poder estirar sus piernas doloridas o tomar un poco de agua tibia.

La media luz hacía que conducir fuera difícil. Sombras y formas se alargaban sobre la arena frente a Tom y sus ojos picaban por el cansancio. No había más señales de vida en la arena que los rodeaba, aparte del pequeño cactus trepador que parecía ser la única cosa que era capaz de vivir en el aire tan ligero.

Tom nunca había llegado tan al norte. Hace mucho habían pasado la latitud que era peligroso cruzar para los humanos, pero no había experimentado jaquecas o la falta de aire que la atmosfera a esta distancia del muro normalmente provocaba. Cada vez que Tom ponía su boca contra la de Bill cuando se detenían a descansar, sentía que un aire de calma lo bañaba. Cada vez que sus cuerpos se encontraban bajo la caliente luz del sol o un cielo frío y estrellado, Tom se sentía tan energizado como Bill.

Debajo de sus pies, un estremecimiento pasó a través del motor, sacando a Tom de sus pensamientos. A su lado, Bill abrió los ojos.

—Alto. —dijo el Danachi con una voz ronca tras horas de silencio.

—¿Qué? —preguntó Tom, teniendo poca elección después de eso, pues Bill bajó los pies del tablero y el auto comenzó a desacelerar por su cuenta—. ¿Qué pasa?

—Llegamos —dijo Bill, simplemente—. ¿Ves?

Tan pronto como el auto se detuvo, Bill abrió la puerta del copiloto y estiró sus brazos hacia el cielo decolorado. Rápidamente, Tom fue detrás de él, con los ojos pegados a la vista que se presentaba ante ellos, la cual parecía nacer de la neblina de antes del alba y que se iba aclarando conforme se deslizaba hacia el cielo del amanecer.

—¡No jodas!

El muro se levantaba frente a ellos como una borrosa línea gris. Tom no comprendía cómo no había podido ver antes el bloque en el horizonte, pero aquí estaba, saliendo de la nada. Entonces, se volteó hacia Bill.

—¿Hasta aquí?

Bill le dio la vuelta al auto y le ofreció una mano a Tom.

—Hasta aquí. —dijo.

Tom se le quedó viendo al muro frente a ellos. Pudo ver el ligero brillo de la zona de protección que se deslizaba por el aire y desaparecía en la cima del concreto gris que lo conectaba al suelo. Bien podría ser el muro de su base, si no fuera por esa extraña y clara barrera que parecía no ser nada y al mismo tiempo mantenía todo alejado. El cascarón había sido diseñado para proteger a los que estaban dentro, pero cuando el virus se dispersó, se convirtió en una jaula.

Manteniéndolo todo encerrado.

Era todo y nada. El filo de todo lo que Tom había conocido, y ahora, la cosa se levantaba en el camino de todo lo que nunca se había atrevido a admitir que anhelaba.

Los dedos de Bill apretaron los suyos cuando comenzaron a caminar lentamente hacia el muro de concreto. Tom cargó una botella de agua en su espalda y su pistola en su bolsillo. Bill no tomó nada del auto.

—¿Cómo se supone que vamos a trepar esto? —preguntó Tom, sintiendo un arranque de nervios cuando se detuvieron frente a la base del muro, mirando hacia arriba, a la brillante esfera de protección—. ¿Y a atravesar eso?

—Pasamos a través de él —dijo Bill, simplemente—. Es una ilusión.

Tom hizo una mueca.

—A mí me parece muy real —dijo y luego hizo una pausa—. ¿Qué nos va a pasar del otro lado?

Bill se volteó hacia él y se acercó, posando un pequeño beso en los labios de Tom. La acción envió un disparo de calidez al estómago de Tom y luego se encontró a sí mismo enderezándose.

—¿Confías en mí? —susurró Bill.

Tom parpadeó.

—Sí.

—Entonces vamos.

El muro no era alto; quizá ni siquiera era tan alto como el que rodeaba la base, aunque Tom supuso que no había necesidad ya que, para empezar, se suponía que nadie debería poder acercarse tanto. Era más grueso de lo que había imaginado y en la cima, la esfera descargaba una extraña energía pulsante que Tom podía sentir palpitando ligeramente contra su piel. Casi parecía agua, o cristal ligeramente congelado, pero a través de él, Tom no pudo ver el vacío de lo desconocido que había temido encontrar, sino un desierto similar al que habían atravesado, aunque tal vez ése lucía un poco más verde. En vez del cielo ardiente, la roca y la arena gris que estaba detrás de Tom, había plantas pequeñas y de color verde oscuro a lo largo del paisaje arenoso. El cielo que se cernía sobre él lucía despejado.

Tom levantó una mano para tocar la esfera, con vacilación, sintiendo un frío deslizándose a través de sus dedos cuando rozaron la superficie. No era sólida, Tom hubiera podido sumergir su mano a través de ella si hubiera querido, pero se resistió.

—¿Estás listo? —le preguntó Bill.

Tom miró sobre su hombro hacia atrás, donde estaba el auto abandonado y el desierto exangüe que lo rodeaba. No había nada que pareciera tener vida, era como si el virus ya hubiera llegado hasta ahí, siguiéndolos hasta ese lugar en la base del muro donde estaban aislados, y se cernía sobre el paisaje, marchitándolo y eliminando la vida que en algún momento prosperó ahí.

Tom apretó la mano de Bill con la suya y tomó un respiro profundo.

—Listo.

Atravesar la esfera fue como pasar a través de una capa de agua fría. Tom creyó que estaría empapado cuando emergieran del otro lado. Creyó que el aire sería venenoso o que no habría aire, pero cuando lo inhaló a sus pulmones, resultó ser fresco y frío; tenía un olor completamente desconocido, pero no era desagradable. Su cuerpo  se meció con una compensación excesiva y cuando cayó del muro hacia la arena del otro lado, escuchó a Bill riéndose junto a él.

—¿Ves? ¡Lo logramos! —dijo Bill, colapsando a su lado.

—Estamos en el norte —dijo Tom, con asombro. Agarró un puñado de la arena que estaba debajo de ellos, sintiendo la forma en la que seguía conservando el frío de la noche mientras se deslizaba entre sus dedos. Lanzó un poco al aire, sintiendo que una felicidad casi histérica lo llenaba—. ¡Estamos en el norte!

Bill se rio cuando Tom se puso de pie con un salto, levantando los brazos.

—¡Estamos en el puto norte!

—¡Lo sé!

Bill permitió que Tom lo pusiera de pie y que lo abrazara; hizo un pequeño sonido cuando Tom lo apretó con fuerza. Permanecieron así por un largo momento mientras Bill acariciaba el cabello detrás de las trenzas de Tom y Tom inhaló respiro tras respiro de aire fresco.

Al final, Bill se separó un poquito y tocó el rostro de Tom ligeramente.

—Mira. —dijo.

Volteó el rostro de Tom hacia el horizonte en donde el cielo ardía en un feroz color rojo en algún lugar más allá de la baja línea de montañas que marcaban el borde de la vista de Tom. Esta vez, lo que causaba el brillo ardiente no eran las llamas de luchas y la enfermedad, y un momento después, Tom tuvo que entrecerrar los ojos cuando un sol brillante apareció contra una línea de horizonte negro. Convirtió todo el suelo en un mar dorado, ahuyentando la tinta purpura de la noche y derramando luz y calor sobre la arena. En cuestión de minutos, la oscuridad se había ido y la mañana los rodeó por completo. Golpeó a Tom como si se tratara de una energía caliente y levantó su rostro hacia ella, abriendo sus ojos nuevamente sólo hasta que sintió los labios de Bill contra su mejilla.

El Danachi se alejó, aun sosteniendo la mano de Tom con la suya y dándole un suave tirón.

—Anda, vamos.

Tom volteó una vez, viendo el muro gris que se levantaba detrás de ellos y la forma en la que el sol del amanecer se separaba a los lados de la esfera, sin poder penetrar realmente la extraña superficie. Luego apretó los dedos de Bill entre los suyos.

—Vamos.

F I N

Y así acaba Remnants. :'(

Espero que al menos la espera haya valido la pena y que les haya gustado el último capítulo. 🙂 

Me entristece mucho despedirme de esta historia porque es mi favorita. 🙁 Pero fue un honor poder traducirla y compartirla con ustedes. 

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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