
Traducción de Crazy4Bill
Capítulo 3: Vainilla es mi favorito
Bill suspiró mientras se daba un vistazo a sí mismo en el espejo de cuerpo entero que tenía en su dormitorio con el ceño fruncido y le daba una miraba su atuendo con ojos críticos. Los jeans eran perfectos, pero la camiseta no lo era. Era demasiado simple, demasiado aburrida y no, de ninguna manera entregaba el mensaje de «Puedo ser un camarero, pero todavía tengo dinero para vestir bien» que Bill estaba tratando de lograr.
No es que Bill tuviera una gran cantidad de dinero, al contrario, en realidad tenía que romperse el trasero para pagar el alquiler y las facturas, y de buen grado había aceptado las horas de la noche, cuando le ofrecieron el trabajo, porque pagaban mejor, y de todas formas tampoco es que tuviera una vida o amigos o cualquier cosa para ocupar sus tardes.
Sin embargo, no quería que sus ropas le dijeran esas cosas a Tom porque a pesar de que el chico no usara ropa de diseñador de lujo, aún tenía un estilo muy agradable y no barato, así que realmente no quería que él pensara que era una especie de basura barata que ni siquiera podía vestirse adecuadamente.
—Oh, ¿a quién estoy mintiendo? —Murmuró y sacó la camiseta por la cabeza de nuevo, lanzándola a la cama con las demás. Nada de lo que poseía era lo suficientemente bueno, todo hacía parecer que su madre aún lo estaba vistiendo o algo así.
Había pasado mucho tiempo desde que había estado en una cita y ni siquiera estaba seguro de cómo iba a funcionar, pero no podía recordar haber estado tan feliz alguna vez, como cuando vio el número de Tom en esa servilleta, y no podía negar que estaba entusiasmado. Básicamente había estado saltando arriba y abajo, como una niña ridícula de catorce años de edad que acababa de conseguir ser notada por su amor platónico, y si no hubiera sido por Kevin metiéndole algo de sentido común en la cabeza, él habría llamado a Tom de inmediato, pero por suerte para él que su amigo había señalado que llamar a alguien a las 2 am era un poco desesperado, por lo que Bill había puesto la servilleta en el bolsillo, tratando de olvidar que estaba allí para que pudiera terminar en el trabajo y luego ir a casa y dormir.
Había llamado al día siguiente, sin importarle lo desesperado que pareciera, y Tom había contestado después del primer timbre, y después de algunos saludos torpes y una pequeña charla, Bill se había atrevido a pedirle salir y Tom había dicho que sí, con la condición de que Bill le dejara pagar. El pelinegro había sacado algunos argumentos serios en contra de eso, pero al final acordaron y decidieron que Tom lo recogería a las seis del día siguiente, cuando Bill tuviera día libre en su trabajo.
Y ya eran las 5:15, y Bill todavía no tenía idea de que atuendo decente ponerse, pero al menos su maquillaje ya estaba muy bien aplicado y su cabello estaba siendo amable con él, para variar, así que si podría tomar una decisión acerca de la ropa que le quedaba mejor.
Miró las diferentes camisetas, como si fuera su culpa por no ser lo suficientemente buenas, dejó escapar un profundo suspiro y tomó la primera que se había probado. No era nada especial realmente, era negra con una impresión al azar, pero después de ponérsela, tuvo que admitir que a pesar de que era simple, le iba bien con los jeans de color gris oscuro que había decidido usar, y después de asegurarse de que su trasero lucía tan sexy como posiblemente podría, asintió con la cabeza lentamente hacia su reflejo, por fin satisfecho.
Luego se dirigió a su escritorio donde había puesto sus accesorios favoritos, sonriendo mientras empezaba a escoger los que serían la mejor opción para el atuendo, sintiéndose aún más emocionado ahora, cuando finalmente estuvo seguro de qué ponerse, y con otra sonrisa escogió sus cadenas favoritas, casi disfrutando de las mariposas en el estómago nervioso.
Quedaban treinta minutos.
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Tom tomó algunas respiraciones profundas antes de salir de su carro, caminando lentamente al edificio donde se encontraba el apartamento de Bill. Estaba nervioso, no podía negar eso, pero también tenía que admitir que después de que Bill lo había llamado, se había sentido como diez veces mejor por todo este asunto. Sabía que había sido una estupidez el haber ignorado las indirectas que Bill le había dado y cuando el hombre de pelo azabache le entregó ese latte gratis con otro corazón, había decidido simplemente dejarlo en manos de Bill y dejó su número. Si el pelinegro quería llamarlo, lo haría, o podría fingir que no había visto la servilleta y Tom podría seguir fingiendo que nunca había sucedido
Pero Bill lo había llamado y Tom ni siquiera había sido lo suficientemente paciente para mantenerse tranquilo, en lugar de eso, había respondido después de la primera señal, obviamente, no estando seguro de que en realidad era el número de Bill, pero nadie lo llamaba a excepción de sus padres y a veces los G’s, por lo que, realmente, no podría haber sido cualquier otra persona, y había estado demasiado ansioso por descubrirlo a dejarlo sonar durante más de un segundo.
Tom tomó otro par de respiraciones profundas mientras se dirigía a la puerta, obligando a su corazón frenar un poco antes de levantar la mano para tocar el timbre. Estaba tan nervioso que casi huyó, pero de alguna manera se las arregló para estar quieto; tragó saliva al oír los pasos en el otro lado de la puerta de madera, y un momento después se abrió, y Bill estaba allí con una amplia sonrisa en sus labios perfectos.
Tom no podía hacer otra cosa que mirar al ver el hermoso y alto pelinegro que tenía delante. Él siempre había sabido que Bill era guapo, pero esto, esto era diferente, y la mandíbula de Tom cayó en cuanto lo vio. Teniendo ante sus ojos vestido con algo completamente diferente de su ropa de trabajo. Su atuendo no se parecía en nada a lo que Tom había imaginado, era tan… apretado, que hizo preguntarse a Tom cómo podría incluso entrar en esos jeans, parecía imposible.
No se quejó, sin embargo, Bill parecía más sexy que nunca, y Tom tuvo que obligarse a levantar la mirada hacia el rostro del otro joven, en vez de comenzar a desvestirlo con sus ojos. No era que su ropa dejara mucho a la imaginación, y fue un poco difícil para Tom no mirar.
Luego estaba la cara y el pelo. Tom se había acostumbrado al maquillaje de Bill, ya que había estado usándolo en el trabajo la semana pasada o algo así, pero era más oscuro y le sentaba mejor que nadie que Tom alguna vez hubiera conocido. Su cabello también era diferente, lo que solía ser una cola de caballo sencilla cuando Bill trabajaba, ahora estaba colgando suavemente sobre sus hombros, estilizado y perfecto, que lo hacía lucir aún más sexy, si es que eso era posible.
—Hola —dijo Bill suavemente, con una sonrisa aún en los labios, y Tom casi se olvidó cómo respirar mientras oía su hermosa voz. De alguna manera él había esperado que fuera diferente. No sabía por qué, ya que Bill seguía siendo la misma persona que había estado todas las veces que le había estado sirviendo el café, pero por alguna razón se sentía como que era un completo desconocido.
—Hola —Tom respiró, sonando como un completo idiota, y estaba seguro de la sonrisa que trató de hacer, más bien parecía una mueca extraña que cualquier otra cosa. Él no pudo evitar pensarlo, sin embargo, Bill estaba fuera de su liga, no había manera de que a alguien tan guapo como el hombre de cabello negro pudiera gustarle alguien tan aburrido como Tom.
—¿Estás bien? —Bill sonrió y lo miró a los ojos mientras se mordía el labio de una manera que casi hizo desmayar a Tom.
—Oh —Tom tosió torpemente—. Sí, lo siento, es que… wow —él miró el atuendo de Bill de nuevo antes de encontrarse con los ojos del pelinegro—. Te ves absolutamente impresionante.
—Gracias. —La sonrisa de Bill se ensanchó y Tom pudo ver un pequeño rubor en sus mejillas—. Tú también te ves bastante bien —luego le guiñó el ojo, lo que hizo que las mejillas de Tom tomarán un color rosado embarazoso.
—Así que… ehm —Tom murmuró, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. ¿Estás listo para salir?
—Sí, lo estoy. —Bill sonrió, tomó las llaves y salió del apartamento, sin dejar de sonreír mientras cerraba la puerta y empezó a salir del edificio junto con Tom.
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La cita fue perfecta, Tom había llevado a Bill a un pequeño restaurante, no era nada lujoso o caro, era normal, agradable y Bill no pudo dejar de sonreír mirando sobre la mesa, encontrándose con la mirada de Tom, como le contaba sobre su vida en la universidad. Bill no podía dejar de ser curioso y le hizo a Tom cantidad de preguntas sobre las clases, profesores, de cómo se sentía viviendo en un dormitorio y compartiendo la habitación con alguien más. Realmente nunca había tenido amigos y ni siquiera había pensado en ir a la universidad, por lo que toda aquello era todo un mundo nuevo para él, y quería saber más.
—¿Y qué hay de ti? —Preguntó Tom después de terminar la historia de Georg haciendo tonterías de sí mismo durante una de sus clases—. ¿Planeas ir a la universidad?
Ya sabía que Tom tenía veintidós años, y por lo tanto mayor que Bill, que tenía veinte años, y que él había ido a la universidad inmediatamente después de la secundaria, con ganas de mudarse lo más lejos que podía de sus padres y dos hermanas. No es que no le gustaba su familia, pero él había estado esperando no tenerlos cerca cada segundo, y trató de visitarlos mucho, así que particularmente no los extrañaba.
—No. —Bill suspiró, esperando no arruinar el estado de ánimo, pero no quería mentirle a Tom, o sólo decirle la verdad a medias, así que tendría que afrontarlo.
—Mis padres no podían pagarla y mis calificaciones estaban lejos de ser lo suficientemente buenas para obtener una beca. Yo tenía planes de trabajar y ahorrar para la universidad, pero apenas puedo cubrir el alquiler, así que no creo que vaya a suceder.
Podía ver cómo cambiaba la expresión de Tom, y trató desesperadamente de inventar algo que hiciera que todo el tema volviera a ser agradable.
—Está bien —dijo rápidamente, sonriendo de nuevo—. Me gusta ser mesero, esta ciudad es agradable y es un placer trabajar con Kevin. Es mucho mejor que mi anterior trabajo y mi jefe es muy comprensivo. Él siempre me deja saber antes que nadie si necesitan personal adicional algunos fines de semana, así que está bien, en serio.
—Kevin es un buen chico. —Tom asintió, sonriendo una vez más—. Y si quieres probar algo de la vida universitaria, puedes venir conmigo a una fiesta típica universitaria. —Le guiñó un ojo un poco, y su sonrisa se ensanchó—. Música, alcohol, idiotas borrachos por todas partes —dejó escapar una risita—. Es una estupidez realmente, pero es agradable para relajarse a veces.
—No te juzgo —Bill dijo con una pequeña risa—. Viendo lo duro estabas estudiando el otro día, yo diría que te lo mereces.
La mesera vino con un postre que acordaron compartir, una torta de chocolate con vainilla y crema encima y Bill no pudo evitar sonreír al ver como Tom probó la crema de primera, sin ningún tipo de pastel en absoluto con ella.
—En serio te encanta la vainilla, ¿verdad? —Bromeó, y se encontró con la mirada de Tom y como este lo miró sorprendido.
—Creo que sí. —Tom rió y puso un poco más en la cuchara, antes de inclinarse más cerca en la mesa, dándole a Bill en los labios—. Pero no tanto como a ti. Pruébalo.
Bill abrió la boca y dejó que Tom le diera el pequeño pedazo de regalo, y sonrió al sentir el sabor, simplemente amándolo.
—Vainilla es mi favorito —Bill asintió y se lamió los labios—. ¿Cómo lo supiste?
—¿En serio? —Tom se rió entre dientes, luego se sonrojó un poco—. Creo que ese momento no fue tan importante para ti como lo fue para mí.
—¿Qué quieres decir? —Preguntó Bill, alzando una ceja en sorpresa—. ¿Qué momento?
Tom se sonrojó de nuevo, bajando la mirada hacia el pastel entre ellos—. La primera vez que te pedí un café —murmuró.
Bill frunció el entrecejo, tratando de recordar, pero simplemente no pudo, y Tom dejó escapar un suspiro bajo, levantando la mirada para verlo de nuevo.
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—¿Qué le puedo ofrecer hoy?
Tom casi se ahogó con su propia saliva mientras miraba al magnífico hombre parado delante de él, y por un breve momento olvidó por completo la manera de hablar, luego se dio a sí mismo una patada mental por ser tan idiota, y negó con la cabeza en la confusión antes de bajar la mirada al menú.
—Uhmm… No estoy seguro —murmuró esperando que su voz no le fallara—. ¿Qué recomiendas?
—Depende de lo que quieras. —El mesero de cabello negro sonrió—. ¿Te gusta lo dulce? ¿Amargo? ¿Agridulce?
—Uh… dulce, creo.
—Entonces me gustaría recomendarte el café con leche de vainilla. —El hombre sonrió suavemente—. Personalmente, es mi favorito.
—Suena Bueno. —Tom sonrió de vuelta—. Tomaré uno de esos, entonces.
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—Oh, wow… —Bill rió—. ¿Cómo te acuerdas de eso?
—Me has gustado desde la primera vez que te vi. —Confesó Tom, sonrojándose nuevamente—. No pude pedir nada más después de eso.
—¿Te gusta? —Preguntó Bill suavemente, preocupado que Tom hubiera perdido todo el dinero en algo que ni siquiera le gustaba, sólo por él.
—Oh, sí, me gusta —contestó Tom con una sonrisa—. Nunca había probado uno antes que me lo recomendaras, pero debo decir que es la mejor cosa que he probado.
—Entonces tenemos algo en común. —Bill se rió y abrió la boca para que Tom le diera de comer de nuevo, esta vez un poco de torta con la crema.
—Espero tener más que eso en común. —Tom sonrió con sus cálidos ojos enfocados en Bill.
Bill volvió a sonreír, asintiendo levemente. Realmente esperaba lo mismo.
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Era más de medianoche cuando Tom se bajó de su coche para acompañar a Bill hasta la puerta, y él todavía no podía dejar de sonreír. La cita había sido absolutamente perfecta, para ponerlo simple. Había sido un poco incómodo los primeros minutos, pero tan pronto como llegó su comida, la tensión había disminuido repentinamente de a poco, y de repente fue mucho más fácil llegar a algo de qué hablar. Pero a pesar de que habían estado hablando toda la noche, Tom todavía no se sentía como si supiera lo suficiente sobre el hermoso pelinegro que caminaba junto a él hacia la casa, y él se moría por saber más.
Se detuvieron ante la puerta de Bill y Tom apenas podía respirar cuando el otro se volvió hacia él, todavía con esa hermosa sonrisa que había estado decorando sus labios casi toda la noche y que hizo poner débiles las rodillas de Tom.
—Así que, aquí vivo —dijo Bill suavemente, y Tom sintió un rubor arrastrándose hasta sus mejillas por lo que debía ser la centésima vez esa noche.
—Sí —murmuró el de rastas suavemente, mirando la nariz de Bill, demasiado nervioso de mirarlo a los ojos.
Bill soltó una risita, pero luego sonrió de una manera que hizo que Tom creyera que en realidad no significaba nada.
—Pasé un muy buen rato esta noche —dijo Bill, y Tom finalmente se atrevió a mirarlo a los ojos, sonriendo nerviosamente mientras lo hacía—. Lo digo en serio —dijo Bill cuando vio Tom vacilando—. Lo disfruté mucho.
—También yo. —Tom murmuró suavemente, feliz de que pudiera siquiera decir una palabra. Se sentía como si se fuera a desmayar allí mismo en el pasillo—. Fue agradable… O, quiero decir, es…
Su torpe explicación quedó interrumpida por Bill inclinándose más cerca, presionando suavemente sus labios con los suyos, y por un momento Tom se olvidó por completo de cómo reaccionar cuando alguien lo besaba, o cómo respirar siquiera, pero a medida que su mente se dio cuenta de lo que realmente estaba sucediendo, dejó escapar un leve zumbido, levantando una de sus manos a la mejilla de Bill, respondiendo al suave beso sin más vacilaciones.
Y hombre, se sintió bien. Tom había besado a un buen número de chicos en su vida, y también a algunas chicas antes de que descubriera que no significaban nada para él, pero nunca había besado a alguien como Bill. El pelinegro sabía exactamente cómo mantenerlo dulce pero todavía increíblemente caliente sin ir demasiado lejos, y su mano descansaba suavemente sobre el cuello de Tom, pero sin empujarlo más cerca. Lo mantuvo suave y simple, sin hacer nada para profundizar, y antes de separarse, Bill le dio una suave mordida al labio inferior de Tom, suficiente para hacer que Tom quisiera más, pero no tanto para desesperarlo.
—De hecho, todo fue muy bonito —Bill murmuró en voz baja, con la frente apoyada en Tom durante unos segundos antes de apartarse, sonriendo cálidamente.
Tom asintió con la cabeza y se obligó a respirar, y tan pronto como Bill comenzó a buscar sus llaves en su bolso, tomó unas cuantas respiraciones profundas, decidiendo que era su turno de dar un paso en esta ocasión.
—Así que… ehm… —dijo lentamente y esperó a Bill abriera la puerta y se encontrará con su mirada de nuevo—. ¿Podemos salir de nuevo en algún momento?
Bill sonrió suavemente, y presionó otro beso en los labios de Tom antes de alejarse y terminar de abrir la puerta.
—Sí —dijo suavemente sin dejar de sonreír—. Creo que me encantaría.
F I N
(Parte 1)
Notas de Crazy4Bill: ¡¡¡Y casi que no!!!! Por fin nuestro impaciente mesero lo llamó y el otro Impaciente esperando la llamada y por fin salieron, su primera cita, que fue perfecta, y ese beso… wow.. me puse en los zapatos de Tom y puff… sentir el primer beso de la persona que te gusta… jajaja Ok…
He dicho que es triste este final, pero no porque haya acabado mal, sino porque es una historia demasiado hermosa que me cautivó desde el primer momento, pero ya saben esto tiene que continuar y tendremos secuela y espero pronto poder postear, y ya verán lo que les pasa a este par de impacientes.
Gracias por acompañarme con esta linda historia y agradezco a Sandra, que me haya dejado traducir. Nos vemos pronto con «Crema de vainilla»