
Fic de WifesKaulitz. Temporada II
Capítulo 13
Todos chillamos al ver a Tom meter la canasta. Los piratas nuevamente prometieron darnos la victoria y pues la cumplieron con un total de 82 canastas. El partido con los Trash estuvo algo complicado porque todo el tiempo hacían faltas, agredían a nuestro equipo o sacaban la pelota e iniciaban nuevamente.
Me encontraba junto a Georg y Charlotte quién se había disculpado antes de iniciar el partido conmigo y con Tom dirigiendo a las señoritas protocolo para que no se queden sentadas y animemos a nuestro equipo local con las barras. Ahora iban a nombrar a Tom como el nuevo capitán del equipo. Junto con Georg nos acercamos con las medallas hasta estar en frente del equipo.
— Buenas tardes a todos los estudiantes de nuestra escuela «Arrayanes», es un honor estar aquí y compartir con ustedes la victoria de nuestro equipo local. — los abucheos de emoción de los estudiantes no tardaron en aparecer. — Hoy nombraremos al nuevo capitán del equipo porque se lo merece… Gracias a él, nuestra institución a llegado a las finales como debe ser. Un aplauso para Tom.
Todos aplaudimos. Yo no podía estar más feliz por mi novio.
Miré a Julián acercarse a paso lento hasta estar frente a Tom, le dijo unas cuantas palabras antes de darle la medalla junto con un abrazo.
El director agarró las medallas y se las colocó a cada uno, eran medallas de oro en forma de una pelota de baloncesto muy elegantes, al terminar gritó:
— ¡Arriba los piratas!
— ¡Arriba! — chillamos todos para luego aplaudir. Caminé hasta mi novio con una sonrisa, que felicidad compartir todo esto con él. Coloqué mis manos en sus hombros y el me rodeó la cintura con las suyas para darme un beso en la boca.
— Felicidades novio. — le dije con una sonrisa de oreja a oreja.
— Cual felicidades. — se acercó a mi oido para susurrarme. — Esta noche voy a romper mi record en la cama contigo.
— Ay… — terminó alejandose mordiendo el lóbulo de mi oreja delicadamente y se rió.
— ¡Hey Tom! — le llamó Julián acercandose a nosotros. — En la tarde iremos a campamento, es una costumbre del equipo cada que nombran a un nuevo capitán y debes estar presente.
— Pero tengo planes…
— Anda. — lo animé, me miró con los ojos entrecerrados. — ¿Cuantos días son? — pregunté esquivando su mirada.
— Tres.
— ¿¡Tres días!? Me tienen que estar mamando las bolas, Julián.
— Pues no, solo lleva ropa para esos días y ven a la escuela a las cinco. Es todo pagado.
— Mierda, que difícil. Ya no quiero ser capitán. — bromeó haciendonos reir a ambos. — Estaré aquí, lo prometo.
— Perfecto. Adiós chicos.
— Adiós. — lo miramos perderse entre la multitud de estudiantes, Tom me dió una nalgada fuerte que me hizo temblar de dolor en la zona golpeada.
Que manos tan duras.
— ¿¡Eso por qué fue!?
— ¡Porque estaré sin tí tres días y tengo que llevarme algo de tí y tú de mí! Además estoy triste porque no pudimos romper record.
— Para la próxima será.
— La próxima voy a dejarte sin caminar por un buen tiempo, es más… me vas a rogar que pare.
— Ajá.
— ¡En serio! — entrelazó su mano con la mía y salimos de las canchas hacia los vestidores. — Es mentira, jamás te haría daño princesa.
— No me llames princesa, Tom. Soy un macho.
— Pero no de pecho peludo, a si que eres una princesa, mi princesa.
&
— Gustav te voy a extrañar demasiado. — le dió un abrazo a su novio al borde del llanto. Habíamos quedado con Georg en ir a comprarles un detalle a nuestras parejas para que se acordaran de nosotros. Geo le compró a su novio un winnie pooh con algunas gomitas dulces y yo le compré a Tom una gorra, una camisa grande de las que suele usar, un osito pequeño café y le escribí una carta para que cada día la lea y no se olvide de mi.
— Geo mi vida, prometo que cuando vuelva no voy a separarme de ti, ¿está bien? — mi mejor amigo asintió como un niño pequeño para luego darle un beso.
Yo seguía esperando a Tom, que aún no llegaba. Empezaba a preocuparme si siempre era puntual, todo ese sentimiento se fue al verlo bajar de su ferrari que conducía Ana. Mi rostro se iluminó cuando se puso frente a mi y me abrazó.
— No sabía que estarías aquí para despedirme. — se separó de mi y me miró a los ojos.
— Toma. — le extendí la funda de regalo. — Abrelo cuando llegues, por favor.
— Bill…
— Por favor.
— Está bien, lo prometo. — asentí con una sonrisa, estaba a punto de llorar yo también porque odiaba las despedidas más que a nada en el mundo.
— ¡Ya vamonos! — les gritó el chofer subiendose al autobus y encenderlo.
— Te amo. — me dijo de la manera más pura y sincera antes de besarme. Le correspondí de inmediato, sentía que tenía que esperar una eternidad para volver a probar de ellos.
— Te amo más, Tom.
— No. Yo te amo mucho más, princesa. — susurró en mis labios y me reí. Me dió un último beso y corrió al autobus para subirse, lo vi abrir una ventana y darme un beso volado. Se lo devolví de la misma forma y el auto arrancó perdiendose en las calles de la ciudad.
— No llores, Geo.
— No lloro, tú estás llorando.
— No estoy llorando.
— Claro que sí estás llorando.
Nos miramos a los ojos y ambos nos soltamos en lagrimas abrazandonos fuerte.
— Quiero a mi Gustav de vuelta.
— No, yo quiero a Tom de vuelta.
— Ay, no. — hablamos al mismo tiempo y lloramos más.
— Hey. — vimos llegar a Doménica agitada, sudorosa y con el cabello despeinado. — ¿Dónde están?
— Ya se fueron.
— ¿Llegué tarde?
— Demasiado tarde.
— Nou. — nos abrazamos los tres y lloramos pegando nuestras cabezas. Que escena tan dramática la que estabamos haciendo pero así era el extrañar a la persona que amas.
Estos tres días sin Tom alegrandome con sus besos, abrazos y locuras no iban a ser lo mismo.
Después de llorar acompañamos a Doménica a su casa, porque ya era tarde y no podía ir sola a altas horas de la noche. Luego me fui a casa de Georg para no tener que ir a la mía por una simple razón.
Simone.
Si iba estaba seguro que me iba a comportar de una forma grotesca y no quería faltarle el respeto a nadie.
Continúa…
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