
Fic de TollWriter. Temporada I
Capítulo 7
Giré de nuevo para darle la espalda e intenté ser lo más normal posible, pero mis nervios estaban presentes.
—¿Mike, te encuentras bien? —preguntó Nathalie, la organizadora del evento de modas.
—¿Mike? ¿Eres el famoso maquillador del que todo el mundo está hablando? —murmuró Tom con entusiasmo.
Allí sí, giré. ¿En serio no me había reconocido? Pero al ver su expresión, supe que no.
—Sí —le tendí la mano, que atrapó para darme un beso en el dorso, así como la primera vez que lo vi. —Lo siento, es que estoy distraído —me excusé, volviendo a girar y haciendo como que arreglaba mis cosas.
El seudónimo lo había adquirido por todo el odio que tuve que afrontar cuando la bomba estalló. Porque, claro, todo en esta vida se sabe, y lo que sucedió con Tom no fue la excepción. Así que, cuando inauguré mi marca personal de maquillaje, tuve que inventar el seudónimo, y le di gracias a que me presenté con Nathalie como Mike.
—Bueno, te dejo con Tom. En media hora comienza el evento
Asentí y tomé las lociones para el rostro. Lo que sabía de Tom era que siempre se aplicaba miles de cosas en su rostro para que su cutis se viera perfecto.
Unté la loción en mi mano y giré de nuevo para masajear su piel. En todo momento, su sonrisa permaneció en sus labios, igual a la que recordaba. Igual a la que extrañaba.
Cuando terminé, tomé el ventilador portátil y lo acerqué para tener su piel limpia y seca.
—Sí —mencionó cuando contestó una llamada que entraba—. No molestes a Axel. Deberías ser tú quien estuviera conmigo.
Escuchó atentamente a lo que le decía y luego colgó.
—Es insoportable —riñó cuando guardó su teléfono. Por mi parte, no dije nada, ni sonreí, y solo me limité a mi trabajo, que era maquillar. Muy poco le gustaba el maquillaje, así que solo le pasé un polvo compacto para que su piel no brillara por las luces.
En eso me dedicaba cuando…
—¿Estás nervioso? —preguntó, tomando mi mano. —Oh, estás muy helado —murmuró, dándome calor con sus manos.
—No —aparté mi mano muy bruscamente. La cercanía me ponía nervioso, y pensé que no se notaba, pero definitivamente sí lo notó.
—He tenido algunos problemas personales, y también, antes de que entraras, había recibido una llamada.
—¿Problemas sentimentales? —preguntó.
—No, problemas con mi primo.
—Oh, la familia siempre dando problemas.
—¿Por qué lo dices?
—Mi hermano y su novio siempre me dan problemas, y más cuando tuve la grandísima idea de nombrarlo como mi mánager y mi abogado.
—¿Qué pasó con Gustav Schafer? —no pude evitar preguntar.
Tom me miró confundido, pero siguió hablando.
—Teníamos muchas diferencias.
—Oh.
Terminé de retocar su maquillaje y le quité la protección de su vestuario para sacudir los restos.
La puerta se abrió, y por ella entró Nathalie, hablando velozmente por su auricular. Dio algunas órdenes y terminó diciendo que ya iba para allá.
—Estamos listos, Tom —le dice Nathalie, y el chico del cableado le pone su micrófono. Por lo que he escuchado, es que será el presentador del desfile.
Nathalie comienza a dar las explicaciones a Tom. Aunque me quiero ir, tengo que esperar a mi equipo de trabajo que está en otra área maquillando a los modelos.
Me quito la chaqueta para colocarla en la silla y saco mi teléfono. Georg está en la sede principal y me está mandando los pendientes del día y para recordarme que debo pasar por mi madre y mi tía Gene, que vienen de visita por las fiestas navideñas.
—¿Entendiste todo? —Nathalie le pregunta, y él asiente. Toma las tarjetas de presentación que le entrega y sigue a Nathalie para salir, pero antes…
—Nos vemos, Mike —me dice, despidiéndose de mí con un movimiento de manos—. Eres igual a él —mira mi cuello y sé que es por mi collar. Sonríe, y es lo último que me dice para salir del camerino.
Nathalie cierra la puerta, y cuando me encuentro solo, es que me doy cuenta de que me ha reconocido, o al menos al collar.
Debo irme, porque una confrontación con él no podría aguantar. Así que recojo todo y salgo de prisa para bajar en el ascensor. Los pisos pasan tan lentos que aprovecho para llamar a Sarah y dejarla a cargo de todo.
Cuando se detiene, busco mi camioneta y me apresuro por salir de allí. Lo hago derrapando hasta dejar el estacionamiento con dirección al aeropuerto.
Cuando llegué, obviamente con retraso por el tráfico en la carretera, estacioné frente a donde estaba mi madre y mi tía. Al verme, se acercaron para subirse al auto con visible molestia.
—Lo siento, estaba el tráfico pesado —me excusé.
—Está bien, pero hace mucho frío —se quejó mi madre, colocando su cinturón. —¿Dónde estabas? —preguntó curiosa.
Mi expresión cambió al recordar nuestro encuentro, pero por ahora no lo diría.
—Estaba en un evento de modas
—De acuerdo, pero necesito que estos días que vienen estés libre
Asentí y conduje hasta un centro comercial donde compraron todo lo necesario para la cena navideña. Luego, seguimos el trayecto para ir a la agencia de maquillaje y recoger a Geo. Después, fuimos al trabajo de su esposa, Susane, y por último, recogeríamos a su hijo, Gregory, en la guardería.
&
El festejo de la Nochebuena en nuestra casa era muy sencillo: cenábamos, escuchábamos música y compartíamos hasta que salíamos al Rockefeller Park para cantar villancicos, ver el árbol y hasta bebíamos chocolate caliente en una cafetería cercana.
Allí estábamos; los demás habían bajado del auto, y yo estaba viendo dónde estacionar la camioneta. Los sitios cerca estaban ocupados, así que debía alejarme un poco para encontrar un puesto vacío. Finalmente, encontré uno y me acerqué para acomodar el auto. Siempre durábamos dos horas, las mismas que pagué en el parquímetro.
Cerré mi chaqueta y comencé a caminar hasta el parque. Las calles estaban húmedas por la nieve que últimamente estaba muy fuerte. Me cubrí mis rastas con la capucha de mi chaqueta porque otra vez comenzaba a nevar. Seguí caminando hasta ver a lo lejos el enorme árbol. Como siempre, estaba repleto de personas que venían con el mismo objetivo.
Me adentré entre la multitud hasta llegar frente a ese árbol. Mandé un mensaje a Geo para dar con su ubicación. Este me dijo que estaba en la pista de hielo y que lo esperara allí, frente al árbol, mientras que ellos terminaban. Le dije que sí, que tomaría un chocolate caliente.
La cafetería estaba repleta; sin embargo, la mesera me daba prioridad por darle muestras de maquillaje gratis. Me atendió rápidamente, y salí de nuevo para tomarlo frente a ese árbol. Los villancicos comenzaron a sonar, y los fuegos artificiales adornaron el oscuro cielo.
—Eres difícil de encontrar, Mike —escuché a mi lado. Me sorprendí por lo imprevisto, más no por el dueño de esa voz.
—Pero fue más difícil hallar a Bill Trümper —añadió.
No lo miré, no hablé; solo nos quedamos viendo los juegos artificiales que aún alumbraban la noche de Navidad.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉
ahora sí quisiste buscarlo, culero?