Trente quatre 9

Fic de WifesKaulitz

Capítulo 9: Neuf

Después de dar todos mis datos (negarle una salida al chico del albergue) y dar todas las informaciones necesarias regresé a casa con los animales. Mamá se enamoró de inmediato de ellas pero lastimosamente la husky ya tenía un dueño al cual le haría compañía para que deje de sentirse solito.

Recogí las cosas de Tom, las coloqué en una bolsa y salí con cielo hasta el auto.

Iba con los nervios a flor de piel, mirando como el cielo se tornaba oscuro pero en unos tonos atractivos, recordando la vez que ví el atardecer a su lado.

Necesitaba que eso vuelva a suceder.

Sin querer mis ojos vieron a Tom en la calle pero desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Tragué saliva asustado.
El auto se detuvo en su departamento, mi chofer me ayudó con cielo y yo seguía buscando a Tom entre todas esas personas del puesto de comida pero nada.

Mi mente me había jugado una y buena.

Suspiré acomodando mi cabello para poder entrar al departamento del tercer piso. Tenía sus llaves pero tampoco quería ser grosero y entrar sin su permiso, a si que solo golpeé.

— ¿Quién?

— Yo. — jugué con mis dedos sudoroso.

Estaba nervioso.

— ¿Quién es yo?

— Uhm, pues yo… no sé. — remojé mis labios. Pronto la puerta dejaba ver a Tom con una expresión sería, las rastas recogidas en una cola baja.

Quería refugiarme detrás de mi chofer para no sentir el miedo de esa mirada frívola.

Ahí estaba de nuevo ese Tom.

— ¿Qué quieres?

— Traigo algo para ti… cómo disculpas.

— Un momento, Bill. — suspira cerrando la puerta para quitar la cadenita. Acariciaba a la perrita para poder tranquilizarme, quizás me mira así porque está molesto por lo que hice ya que no estuvo bien. — Entra. — agarré la correa de la perrita para poder pasar. Ricardo se quedó a fuera esperando mi salida. — ¿Qué se te ofrece?

— Tom…

— ¿Y ese perrito? Que bonito.

Aparecieron unos escalofríos terribles de escuchar su voz media fingida, como si tratara de sonar dulce.

— Se llama cielo y es un regalo de mi para tí…

— Oh, Bill. — expulsé el aire de mis pulmones cuando tocó mi mejilla. La mano estaba fría, como un puto hielo… — Me encanta, gracias…

— Sí… también tú ropa… — dejé la bolsita en el sofá. — La camisa no la traje, me gusta para pijama…

— Uhm, no importa. Solo cuidala.

La perrita se llevó muy bien con él, empezó a dejarse rascar la pancita.
Cielo era una husky de cuatro meses de edad, según Andreas, el vendedor… la salvaron de una fuerte tormenta, que casi no tenían esperanzas de que viviera pero ahí estaba.

Muy linda.

— Tom. — caminé hasta estar detrás de él. Hice un roce leve de mi mano en su espalda. Vi como su cuerpo se tensó ante ello. Poco a poco volvía a su postura. — Lo siento, ¿está bien? — entonces rodeo su cintura para unirnos en un abrazo.

Que impotencia que no reaccione rápido y lo haga con efecto retardado.

OTRA VEZ.

— Bueno…

— No pude evitar sentir celos y por eso reaccioné así contigo.

— Descuida. — levanté la cabeza para estar cara a cara. Cerré los ojos, acercándome para darle un besito en la boca. — Te quiero.

— Gracias…

.

[𝙼𝚒𝚎́𝚛𝚌𝚘𝚕𝚎𝚜]

— ¿Me veo bien?

— Excelente, Bill. Me fascina tu cabello negro, se ve genial así acomodadito y planchado. — me miraba una y otra vez en el espejo, estábamos a media hora de la graduación.
Estaba nervioso porque también era la coronación y bueno, esperaba ganarle de verdad a Regina.
No sé por qué pero, algo en el interior de mi cabeza me dijo que no estaba haciendo las cosas mal.

— Gracias.

— Verás, después de la graduación tenemos que ir de volada a cambiarnos los smokings, al menos tú. Necesito que te veas hermoso, Bill.

— Es que lo soy. — empapé de brillo labial mi boca. Me sonreí a mi mismo a modo de darme ánimos.

— Niños, ¿están listos?

— Si, mamá.

— Pues vamos, ya se hace tarde. — agarre el otro conjunto y las otras cosas que traje de mi casa para llevarlas en el auto de la mamá de mi compañera. — ¿Y tus padres, Bill?

— Me esperan allá.

— Genial. — puso a andar el auto.

Dejando de lado todo, me ponía eufórico poder ver a Tom arreglado y también quería saber cuáles son las reacciones de los demás ante su cambio. Quizás no es mucho pero si que le sienta bien la ropa apretada.

Me provoca algo de calor.

En el lado negativo pues estaba muy resentido de que Tom no me haya dejado dormir en su casa si eso era lo que ambos queríamos o ¿solo yo? la cosa es que me botó de su departamento, obviamente no fue grosero pero me dolió en el alma.

Al llegar bajamos del auto.

Saqué junto conmigo el regalo que se le da a la acompañante. Lizeth colocó su mano muy radiante en mi antebrazo y así fuimos hasta formar la enorme fila para entrar uno por uno. Desde donde estaba, me emocioné mucho de ver a mis padres junto a Sally.

Me tomaban fotos hasta porque sí.

Mis padres dejaron de ser el centro de atención gracias a la llegada de Tom.
Todos ~sin excepción~ miramos babeando a ese par de rubios, los dos brillaban como un par de diamantes caros.

Pero Tom… mi Tom… estaba perfecto, digno de llevarse la mirada de las chicas que rápido comenzaron a murmurar cosas como:

«¿Ese es Trümper?,

¡que guapo está!,

¡cállate que si Regina te oye te va a matar!,

¡no, ese es el galán que sale con Kaulitz!»

La última me cachondeaba porque era la que más razón tenía.

— Que guapo se ve Tom. — susurra mi pareja. — Yo si…

— Uhm, ya. — froté mi labio superior con el inferior. — Todas lo quieren y hasta ahorita he sido el único que se lo ha comido. — solté con orgullo y altanería.

— ¿Es gay?

— Tal vez. — sonreí de lado.
Que rabia que Regina actúe como si fuera la princesa y Tom el príncipe azul. Le agarraba del cuello como si fueran un par de enamorados.

Me niego a seguir observando eso.

La ceremonia por dió por inicio, llamando a cada uno para escuchar el típico discurso por parte del inspector. Agradecía a cada uno de los padres presentes y también por gastar su dinero en una jodida escuela como esta.

Todo el discurso me venía valiendo gorro.

No podía aguantar tanto como lo miraban. Estaba a punto de marcar territorio y ¿cuál era la mejor forma? pues… confesando mis sentimientos desde los más puros hasta los más impuros esta noche. Sé a la perfección cómo funcionan las cosas en el momento de hacerle saber a la persona que quiero lo que siento.

Lo tenía…

Pasamos de uno en uno para recibir el título de graduado, el respectivo diploma en el cual me felicitaba por ser un haz en inglés. Mis padres aplaudieron orgullosos de mí logro, lo más triste de todo esto es que ya salía de la escuela y no sabría que iba a hacer con mi vida (a parte de entrar a los deportes con Tom).

Aún no pensaba que carrera iba a seguir o si mejor me daba un jodido años sabático para descansar y pensar en lo que haría.

Después el nombre de Tom resonaba mediante los altavoces para felicitarle por su increíble trabajo en los deportes, para darle el trofeo del año y sus más reconocimientos con su nuevo título de arbitro para los partidos. Lo que me dió rabia es que en el momento que tenía que pasar lo hizo solo, ¿donde estaban sus padres?

Miraba entre todo el público presente alguien que se digne a hacer presencia pero nadie. No sé si mi madre estuvo pensando lo mismo que yo pero le sonreí como agradecimiento de que ella haya pasado en representación para ponerle un parche cito y su respectiva foto.

El público aplaudió emocionado y las chicas gritaban por lo hermoso que sonrió.

Simone antes de despedirse le dijo unas palabras (lo supe porque movió la boca) y terminó por abrazarle.

El resto de la ceremonia ya fueron cuentos…

&

Estaba listo con mi atuendo diferente.

Estaba en la fiesta, sentado en una de las mesas que tenía mi nombre junto con el de Lizeth. Ambos esperamos ansiosos a que los números se acaben para que por fin puedan coronar a la chica o chico de la novatada final.

— No cabe la menor duda de que las perras están enchivadas con tu galán. — susurra Gissel detrás de mí.

Saludé con un beso en la mejilla.

— Es que está bien atractivo, no niego…

— Lo penoso de todo esto es que Regina lo acaba de descubrir.

Y QUE TAMBIÉN ESTABA EN SU ETAPA BIPOLAR, QUE ME MIRABA CON FRIALDAD QUE POR POCO ME… me congelaba el cuerpo.

Que eso era como una barrera para no poder acercarme a él. Tom les daba como la confianza de que se acerquen, le hablen y se volvía todo un loro hablando hasta por los codos.

Desconocía a ese Tom…

Otra vez repito que a mí me encanta el tímido que no puede hablar bien y tartamudea o se pone rojito como un tomate cuando nos miramos, lo beso o estamos cerca.

Ese niño me encanta.

— ¡Cómo último número..! antes de dar inicio a la destrucción, obvio…

— Silencio, ya va a empezar.

— Queremos llamar a la reina de la novatada del año anterior, ¡un aplauso para Regina George! — todos aplaudieron. Mi boca por poco y cae al suelo.

Está subiendo con Tom, agarrada de la mano…

— También a Lizeth Wester, Ana King y a… Bill Kaulitz. — a penas escucharon mi nombre me llevé la mirada de todos los presentes y aplausos de motivación. Caminé con mi pareja hasta posicionarse a un extremo de dónde estaba Tom. Igualmente le agarré la mano a Lizeth para poder subir.

Nos sacaban fotos por todos lados.

— A continuación unas palabras de la reina.

— Gracias, Iker. — toma el micrófono mirando a todos los candidatos.
Me sudaban las manos, las piernas y me picaba el rostro por los nervios, no quería quedar mal por dejarme llevar de los comentarios encamosos de Liz, realmente me estaba haciendo a la idea ~desde que puse un pie aquí~ de  que yo iba a ser la reina de la noche.

Cruzaba hasta los dedos de los pies.

— Hoy es un día muy especial para todos nuestros compañeros presentes, muchos van a empezar una nueva etapa en la universidad, algunos pasaran a curso de último nivel y a los que les falta pues sigan esforzándose en ser los mejores, obvio no tanto como lo fui yo pero por ahí vayan… para mí… es un honor representar el rostro perfecto de la institución, para: revistas, anuncios, pancartas… espero que, para todos aquellos que hayan botado por mi lo hayan echo porque quieren verme este año representando una vez más. Estoy segura de que ganaré y no es necesario decirlo pero no aguanto con la emoción del momento…

— Estúpida. — murmura Liz. — Que pereza escuchar el mismo discurso de todos los años, parece que no tuviera otra cosa más interesante que decir, no entiendo cómo los idiotas no se cansan de escuchar todos los años lo mismo, ¡dios!

— Tranquila, que si gano yo habrá un discurso diferente el siguiente año. — bromeé con la intención de bajar la tensión que se estaba formando por las palabras egocéntricas.

— …eso es todo, compañeros. — finalmente aplaudieron pero no con esa emoción de unos años antes.

Ya nadie le soportaba.

— Acaban de entregarme la tarjeta con el nombre de la reina de la novatada final. — comenta con emoción. — Ya ni quiero abrirlo porque sé que soy yo… pero aún así, les haré los honores. — miraba de un lado a otro mientras lo abría. — Maldición. — se le escucha susurrar… — La o él jodido reina del baile es Bill Kaulitz.

Todos se pusieron a brincar con emoción, aplaudiendo, gritando, tirando la bebida a todos lados.

Di un paso adelante, para estar con ella.

Karen me puso la corona y el listón que declaraba que ya era la reina del baile.

oficialmente.

— Y cómo último acto de amor, felicitación y buena intención…

Regina besó a Tom.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Un comentario en «Trente quatre 9»

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