

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 32
— Muchas gracias por venir.
— Gracias a ti Anne, por prestarnos tu casa y despideme de la señora Mayra, por favor. — le dí un abrazo antes de subirme al coche junto a Erik y Sam.
Eran las 16:24 p.m. y Simone ya me había dado las primeras cinco llamadas del día y lo hice con el único objetivo de no verle la cara a Tom. Me coloqué mis lentes de sol y cerré los ojos en el camino, pensaba en que haría cuando llegara a casa.
Tal vez encerrarme en mi habitación.
— ¿Qué hace el auto de Tom fuera de tu casa? — se notaba una chispa de celos en su voz.
— ¿Kaulitz? ¿En mi casa? — una sonrisa apareció en su rostro. — Tal vez viene a pedirte disculpas.
— No. — dije antes de bajarme del coche junto con ellos. — Mamá lo invitó a cenar.
— No me lo creo. — corrió hasta la puerta de la casa. — Nos vemos, Erik. — le dijo antes de entrar y dejar la puerta entre abierta.
— Supongo que esta es la despedida…
— No seas tonto, él sigue con Charlotte y ya. No se hable más. — giré para entrar a mi casa pero me detuvo.
— No le digas a nadie lo que sucedió, por favor.
— ¿Que te follé anoche? — asintió avergonzado. — Ah, no pasa nada. — le di un beso fugaz en los labios y corrí hasta adentrarme a la casa. Me paré en la ventana hasta que lo vi marcharse, giré para subir a mi habitación y me sobresalté al verlo parado detrás de mí comiendo palomitas. — Ah, eres tú.
— Apestas a licor.
— Ajá, ¿y? — me crucé de brazos adoptando una posición de que me importa.
— Pues que apestas a licor.
— ¿En qué te afecta? — comencé a andar a mi habitación y comenzó a seguirme.
— Estaba preocupado pensando lo peor y solo estabas con Erik haciendo de las tuyas, Bill. — entró junto conmigo a la habitación y cerró la puerta a su espalda. Lo ignoré empezando a quitarme la camisa, no sentía ninguna vergüenza porque ya nos vimos desnudos esa vez después del partido. El día en que traté de hacerle un oral y que no me dejó por la interrupción de su gran amigo.
No iba negar que su presencia en mi habitación me intimidaba un poco y que sentía como miraba cada movimiento sin perder ningún detalle.
Se acercó a mi por la espalda como solía hacerlo y sentí desfallecer en sus brazos.
— Tom.
Me besó en el cuello, caminamos hasta estar al lado de la cama. Me giré para estar frente a frente, miré sus labios entre abiertos cerrarse con los míos. Ahí estaba yo cayendo nuevamente en sus brazos. Sus brazos que eran como una droga para mí. Me recostó en la cama, subió su rodilla apoyandose en la misma sin dejar de besarme. Mis manos se colaron por debajo de su grande camisa, la misma que tomé para poder sacarle y quedar iguales; su gorra se cayó junto con su camisa. Le quité la bandana, luego la goma que ataba su cabello dejando libre sus rastas. Estas cayeron recreando la viva imagen que me imaginé antenoche.
Me puse más cachondo.
Volvimos a unir nuestros labios. Desabrochó el pantalón y me lo quitó de un solo cuando lo jaló, metió su mano debajo de mis boxers y atrapó mi pene, gemí contra su boca cuando me rozó el glande. Lo liberó de esa dolorosa prisión para masturbarme.
Yo tocaba su entrepierna por encima de la tela de su ancho pantalón, lo sentí crecer a penas mi mano hizo contacto en el punto débil de todo hombre. Vi sus jeans caer al suelo, su boca mojada e hinchada por mis besos, el rostro sonrosado y sacar su miembro duro esperando por mi.
Se subió completamente sobre mi sin aplastarme, restregó su pene con el mío y ambos gemíamos en la boca del otro. Me miró a los ojos antes de descender sus labios a mi cuello y lamerlo a su antojo.
— Ah. — jadee cuando su mano tocó mi pezón y lo estiró con delicadeza. — Hmm.
Quería restregarle en la cara a Charlotte lo que estaba haciendo con su amado novio en este momento y hacerla llorar todo lo que yo lloré de una manera que recuerde toda su maldita vida.
— Bill… — su mano libre acariciaba mis caderas recorriendo cada centímetro de mi piel, sus besos estaban cargados de lujuria y pasión. Al separarse sus ojos me barrieron hasta sentrarse en los míos que lo miraban provocativos, sus ojos estaban casi negros, deseosos por mí. Me puso de pie, agarró mi pene y el suyo restregando las puntas entre ellos, deslicé mis manos por su espalda dejandole marcas apropósito, mis labios los pegué a su cuello para dejarle chupetones, me encargué demasiado bien para que no se borren en un buen tiempo y se acuerde de mi cada que entre a bañarse y se mire al espejo. Ese sentimiento era tan exitante que sentí una ola de calor acumularse en mi pene y ambos nos dejamos caer en un maravilloso orgásmo. Me tiré en la cama cerrado los ojos controlando mi respiración.
Estaba encantado con la sesión de masturbación que habíamos tenido.
— ¿Es cierto que me amas, Bill? — susurró en mi oído, suspiré y reposé mi cabeza en su pecho. — Anoche cuando me llamaste tú lo dijiste.
No.
Me.
Jodas.
¿¡A que rato lo llamé!?
¡No recuerdo haberle llamado a decirle en ningún momento que lo amaba!
— No he dormido pensando en lo que me dijiste. — tomó mi barbilla con su mano e hicimos contacto visual, puse mi mano en su cintura haciendo círculos imaginarios con mis dedos pensando en qué le iba a decir. — Estoy dispuesto a dejar a Charlotte por tí si es así. — pegó su frente con la mía y suspiró.
¿Es en serio?
— No Tom, no es verdad. — me separé suavemente de su cuerpo y seguí con lo mío, no quería verlo porque caería fácilmente a sus pies. — Ya debes saber que cuando una persona se pasa de tragos hace y dice estupideces.
Busqué mi albornoz para cubrir mi cuerpo con el, a Tom le lancé el otro que tenía de color blanco y lo recibió.
— Parecías muy sincero cuando lo dijiste.
— Pues mentí.
— Joder, me siento usado.
Continúa…
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