Corrompiendo a Tom 3

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 3: Sex with Andreas

Bill empezó a reírse a carcajadas sobre lo que acabo de decir, haciendo que me remueva de su cama con un toque de molestia. Empecé a buscar los boxers para vestirme e irme a mi habitación.

— ¿Qué te pasa? — no respondí. — ¿En serio crees que un hombre debe tomar la pastilla del día siguiente?

— Me imagino que por precaución, Bill.

— No. — sonríe de una forma tranquila. Yo sigo por los pantalones, dándole la espalda y sentí como me apretó las nalgas de una forma sádica. Volteo a verlo con el rostro sonrojado y los nervios a mil. — Somos hombres, no tiene nada que ver.

— Lo siento, es que aún no sé cómo funciona.

— No te preocupes, eso demuestra que eres un hombre responsable y precavido. Habla muy bien de ti. — asentí en silencio. — Solo no le digas eso al chico que vas a estrenar, le vas a asustar.

— Okay. — suspiré colocando la camisa en mi cuerpo y finalmente las chanclas. Volteo para verle mientras meto las manos dentro de los bolsillos. No soy capaz de mantener contacto visual con él, por lo cual, decido mirar hacia uno de sus pósters de rock. — Creo que debo irme.

— ¿En serio?

— ¿Qué?

Bill bufó.

— ¿Me coges y te vas así? ¿sin ni siquiera compartir la cama conmigo esta noche? eso es demasiado, Tom.

— Yo… no lo sabía… — suspiré esta vez si observando como se sienta en frente de mí para encender el cigarro que estaba a un lado de su botella de coca cola.

— Al menos págame.

— Bill, si quieres que me quede a dormir contigo, dime y ya

— No, solo bromeo. — asentí dando media vuelta para salir. De un momento a otro entramos en una etapa de tensión. — No olvides decirme cómo te fue… — le oí decir cuando ya estuve completamente fuera. Fuí hasta el baño para darme una ducha. Al quitar toda la ropa de mi cuerpo entré a la bañera, mordí mi labio inferior pegando la espalda contra la pared y me dejé caer al suelo.

¿Qué mierda acabo de hacer?

Estoy seguro que en el momento que lleguen a descubrir ese pequeño encuentro entre los dos… todo el mundo va a decir que lo hice a propósito por vengarme de mi hermane y nada que ver.

La mala relación de Thiago conmigo se debe a que es producto de la infidelidad de Gordon hacia mí madre hace unos cuantos años y el idiota nos robó todo lo que teníamos para mantener a su familia. Mi madre quedó en la ruina y tuve que trabajar con ella desde muy pequeño para salir adelante.

Gracias a eso conocí a Bill, un niño que igual vendía dulces en los semáforos conmigo y mamá lo adoptó como un hijo suyo. Entonces los dos crecimos juntos, fuimos a la misma escuela, colegio y universidad. Estudiamos las mismas carreras y todo gracias a Simone que se portó de una forma increíble con él. Le quería como si fuera su verdadero hijo y quizás más que a mí, ahora siento que fallé a la promesa que le hice antes de que ella muriera gracias a una depresión por aquel engaño…

Prometí cuidar a Bill pase lo que pase y la mierda que acabo de hacer con él por mi maldito egoísmo me pone demasiado mal.

Soy una mala persona…

&

El segundo día de trabajo fue productivo. Cuando llegué lo hice de un humor bastante bueno, entretenido y tenía ganas de hablar con todo el mundo menos con una sola persona.

Bill.

Cada que pienso en lo que sucedió entre los dos siento mi rostro ponerse rojo y la vergüenza se apodera de mí.

Dejando de lado al pelinegro centré mis ojos en el móvil, específicamente en el número de Andreas. Observo como Bill viene caminando hasta donde estoy yo y rápido marqué el número para no tener que hablar con él. Hay mucha tensión entre los dos.

— ¿Aló?

— Andreas, soy Tom, ¿te acuerdas de mí?

— Claro que sí, bombón. — mordí mi labio inferior con una sonrisa.

— Llamo para saber si sigue en pie nuestra cita, espero que no te hayas olvidado.

— Nuestra cita será en mi casa, ¿sabes? compré cositas para preparar entre los dos y que sea más divertido.

— Ya estoy emocionado de verte. — levanté la mirada y choqué con la de Bill, que me miraba fijamente. Volteo para darle la espalda. Me ha puesto demasiado nervioso con esa mirada penetrante, atocigante e intensa. Se me olvida como hablar. — ¿Te gustaría pasar por mí o voy directo a tu casa? para que me pases la dirección. — a pasos lentos me dirigí hasta el baño para encerrarme en uno de los cubículos.

— Georg dijo dónde trabajas y prefiero ir a buscarte.

— Bueno, salgo a las ocho.

— Nos vemos a esa hora, bombón. Llevaré muchos globitos porque sin globos no hay fiesta. — colgó la llamada dejándome pensativo. Remojo mis labios mientras observaba el techo del baño.

¿Por qué Andreas llevaría globos si no vamos a hacer una fiesta?

Es solo una cita.

Cada vez entiendo menos.

Uhm…

Salí del baño de manera urgente para ir a buscar a Georg para que pueda auxiliarme en ello pero la entrada de Bill al baño de detuvo. Retrocedí dos pasos hacia atrás y guardé el móvil en el bolsillo. Miré al suelo sin dejar de sentir vergüenza por lo de anoche.

— Esta noche iremos a la disco, ¿quieres ir?

— Uhm, no… voy a ir con un amigo en la noche a preparar una cena y no creo poder.

— Ah… — arquea las cejas mientras cruza los brazos como con un poco de molestia. — ¿Me vas a dejar de lado?

— Bill… odio hablar de mí intimidad con las demás personas pero… ¡es el chico con el que voy a tener mi primera vez! — susurré/grité.

— Creo que lo olvidé.

— Estabas drogado cuando lo mencioné, ¿qué esperabas? ahora mejor contesta la pregunta que te voy a hacer y espero que no te burles porque me voy a enojar.

— Ladra.

— ¿Por qué dicen que sin globitos no hay fiesta? ¿qué tienen que ver los globos en la cena, eh? — Bill mordió su labio inferior para no echarse a reír mientras que yo mantenía la seriedad en el rostro pero en el fondo quería tirarme a su boca de una forma nada amistosa.

— Se refiere a los condones.

— Oh…

— Pues sí.

— Cada vez aprendo cada cosa nueva.

— Y podrías aprender más. — susurra.

— Gracias. — salí del baño mientras reía por lo bajo. No era una risa de que me haya dado gracia sino una forzada para salirme de la situación de vuelta a mi lugar. Tomé asiento en el puesto junto al lado de Georg y le arrebaté el mouse para jugar «friv».
Era un día de frío a si que no vendría ningún cliente a perder el tiempo en una jodida heladería, parece que hoy no hay mucho por hacer.

La hora de salida estaba a cinco minutos y ya empezaba a limpiar las mesas, hacer cuentas de lo poco que se vendió y esperaba ansioso a mi quedante.

Anoté el valor en un cuadernillo pequeño y le guardé justo en la caja con seguridad.

— ¿Estás seguro que no quieres ir con nosotros? — entra diciendo Erik con el pelinegro a su detrás. En el momento que iba a responder veo entrar a Andreas con una sonrisa dirigida hacia mí. Sin responderle nada di unos cuantos pasos hasta estar en frente de él. Abrí los ojos demasiado cuando sus labios tocaron los míos con demasiada confianza.

Se separó gracias a la tos descontrolada que empezó a hacer Bill junto a Erik.

— Entonces no, vamos Bill. — Andreas y yo regresamos a verlos. Jala a Bill del brazo pero él se resiste. Se niega a mover un tan solo pie.

— ¿Nos vamos? — pregunta Andreas a mi lado y asentí. Le resté importancia a la escena que montó Erik con él.
Nos subimos cada uno a su auto y seguía por las calles que se metía hasta llegar a su casa. Estacioné el auto detrás del suyo para poder entrar al mini departamento.
Al encender la luz observo con detalle lo que tiene de adorno.

Todo es de color blanco con rosita.

Muy colorido para mí gusto.

— Dime si en verdad quieres preparar algo de cenar o podemos ir directo a lo que vamos. — entrelazó su mano con la mía para tumbarme al sofá. Se quitó la camisa para después sentarse sobre mi regazo y mirarme con deseo. — Espero que elijas desde la segunda opción a la primera.

Andreas empieza por restregar su trasero en mi intimidad, haciéndome acuerdo a la noche anterior con Bill.
Solo eso bastó para que consiga una erección dolorosa y empiece a soltar gemidos roncos de gusto. El problema de todo esto es que no me lo estaba imaginando con él, si no con él propio Bill.

Arranca la ropa de mi cuerpo igual a manos ágiles y baja dando besos hasta tener mi entrepierna en frente de él.
Abrí un poco los ojos para observar como rompía el preservativo y lo colocaba con la boca.

— Wow… — suspiré.

— Haré todo el trabajo yo, no te preocupes. Tú solo disfruta. — se levanta sobre mi cuerpo. Termina de desnudarse. Metió dos dedos a mi boca para llenarlos de saliva. Los empapé recordando la forma indirecta en la que lubriqué a Bill.
Tragué saliva cuando llevó dos de sus dedos a su parte trasera para tocar. Yo le acariciaba el pecho, la espalda y hundía las manos en su cabello rubio suelto en hondas, un poco largo. — Mhmm…

Finalmente se dejó caer sobre mi masculinidad y comenzó a dar saltos.

Necesito mencionar dos cosas de lo que estoy sintiendo.

• Una: No estaba tan estrecho.

• Dos: ¡No sentí las ganas de querer correrme rápido!

Eso me hizo sentir motivado para follarle siguiendo los mismos pasos de anoche.

La voz de Bill retumba en mi cabeza desde el inicio del acto hasta el final que terminamos en su cama, mirando hacia la ventana y dándonos cuenta de que ya había amanecido.

No dormí nada por tener intimidad toda la noche con él.

Seguramente me dormiría en las horas de trabajo.

— No me cansaré de repetir que me ha gustado el aguante que tienes, Tom. Necesito que se repita mil veces más. — asentí levantándome de su cama, apresurado.

— Tengo que irme a trabajar, discúlpame por no quedarme más tiempo.

— No te preocupes, todo está bien. Me encantas. — me despedí de Andreas con un beso en la boca y salí de volada hasta el trabajo. Corrí hasta el baño para limpiar cualquier rastro de sudor y asearme como pude con algunos paños. Sentí demasiado fresco ya que en el auto siempre traía cosas para estos aprietos y ya estaba listo para empezar.

Los chicos llegaban uno por uno y como siempre al último el más irresponsable, que me importista: Bill.

Este llegó con su novio al parecer. Estaban parados afuera del local. Se daban besos, abrazos, caricias descaradas en frente de todo el mundo y no me importó que estuviera con Thiago.

Fui corriendo hacia Bill sin importar nada. No podía contener la emoción de contarle mi experiencia en la cama con el chico que tanto quería impresionar desde que quedamos en hacer eso a pesar de que no fue tan especial como la noche anterior entre  él y yo. Fue más especial, único ¿o era porque estábamos drogados?

No lo sé, solo se sintió genial.

— ¡Bill! ¡Bill! — grité llamando su atención. Miré a Thiago como si fuera la cosa más sucia del planeta al ver como le decía algo a Bill y este se ponía medio pálido hasta que finalmente se fue, dejándonos solos. — ¡Si funcionó! — grité feliz. Estaba por abrazarle y saltar para que me cargue en sus brazos pero sería muy extraño y más porque su enamorado a cada rato nos veía de lejos. — Le gustó… bueno, a él porque a mí no tanto… no… me hizo sentir como tú.

Me sonrojé ante la mirada penetrante de mi amigo, hizo que me ponga nervioso hasta los dedos de los pies y respire sin control.

¿Qué pasaba por su mente?

No podía saberlo, solo me causó cierta cantidad de calor.

— Que bueno que haya podido ayudar en algo, Tom.

— Sí… — miré al suelo con timidez. Pisaba las hierbas de la acera sin saber que más decirle, esperaba que me pidiera detalles como todo amigo chismoso pero no lo hizo. Quizás su novio ya le hizo unas cuantas amenazas sobre acercarse a mí o no sé.

Es muy extraño a veces el comportamiento que Bill tiene conmigo cuando está con su elle.

— ¿Está todo bien, Bill?

— Claro, ¿por qué no? — relame sus labios con los brazos cruzados.

— Es que creí que compartirías mi felicidad.

— ¿Quieres que realmente comparta esa felicidad contigo? — asentí con el ceño fruncido.

— Tampoco quiero…

— Ven. — jaló mi mano como si yo fuera un niño pequeño. Encargó el local a la chica nueva con una actitud demandante. Al llegar al baño me empujó dentro de uno de los cubículos y me miró fijamente. Empecé a tragar saliva varias veces mientras observo como hacía presión en mis hombros para hacerme bajar.
Quedé arrodillado y en silencio miraba como empezaba a desabrochar su pantalón.

Pude observar su entrepierna dura.

— Bill, creo que…

— Calla, así estoy compartiendo mi felicidad contigo, ¿no lo vez? — asentí en silencio. Bill se estaba tocando en frente de mi sin vergüenza alguna. — ¿Qué te enseñó ese rubio idiota, Tom?

— Nada nuevo, casi fue una réplica de la noche entre los dos.

— ¿Me pensaste?

— No sé si debería responder.

— Hazlo, te estoy dando permiso, bonito.

Suspiré.

— ¿Me pensaste? — volvió a repetir con la voz un poco más grave. Mandó una ligera descarga eléctrica a todo mi cuerpo y sentí una punzada dura en la entrepierna. Bill paseó su miembro por mis labios. Apreté los ojos antes de responder:

— Mucho, Bill.

— Me siento halagado. — sonríe. Finalmente hizo presión en mis labios para meter su entrepierna dentro de mí boca. Gimió dulcemente mientras lo recibía entero. — Tú tienes algo que me pertenece y esta noche lo quiero cobrar. Cancela todos los planes que tengas porque te voy a dar como nunca nadie te lo ha dado en tu maldita vida, Tom.

Así empieza a mover sus caderas para darle a mi boca como un loco. Estaba ahogandome con su entrepierna y yo no podía hacer nada porque a mí parecer era justo que Bill se cobre el favor que me hizo.

Creo que no tenía ningún problema con eso, es más, sentí ansias de que llegue la noche.

El gorro de lana cayó hacia atrás y dejó al descubierto las rastas despeinadas. Agarró la coleta en su mano de una forma fuerte para hacer que trague toda su longitud. Sentí una arcada terrible y lo sacó. Bill se acerca mucho a mi rostro para probar mi boca llena de aquel sabor saladito. Toma mi mano para que le toque sin parar.

Su lengua se desliza por la comisura de mis labios para limpiar una y otra vez hasta dejarme sin ningún rastro de saliva.

— Eres muy dulce y no sabes las babosadas que quiero hacerte a ti y a tu dulce culo. Me siento oprimido desde ya y aún no entro en ti.

Me siento ofendido y excitado.

Es como estar entre la espada y la pared.

— Abre la boca, vamos. Billy te lo va a dar todo, gatito sucio. — obedecí sin quejarme. También saqué la lengua y eso pareció volverlo loco. Se masturba con una fuerza impresionante hasta que llenó mi rostro con su esperma.
Dejé escapar todo el aire de mis pulmones con vergüenza y me levanté  acalambrado. — Ve a limpiarte, corre.

Salí del baño para tomar las servilletas. Me miré al espejo y sin querer una gota se deslizó por mis labios. De inmediato sentí el sabor de Bill y no estaba tan fuerte como creía.

Quizás era porque fumaba.

Le observo salir mediante el espejo y no pude quitar la vista de su rostro…

— ¿Qué me ves? — mordí mi labio inferior, sentía una pequeña vergüenza en mí. La forma que compartió su felicidad fue extraña pero más extraña fue la reacción que tuve y sigo teniendo.

— Es que… — suspiré dando media vuelta para encararlo. — Yo tengo una erección también… ¿qué hago?

— Yo sé que puedes aguantar, de momento no es mi problema.

— Esto es muy raro, Bill.

— Dejará de serlo cuando me cobre lo que perdí y después sí podemos hablarlo, ahora… ni una palabra de lo que pasó entre los dos a nadie, ¿está bien? — asentí con la cabeza. Bill sonrió después de besarme en la frente y salir del baño como si no hubiera pasado nada.

Estaba arrepentido.

Me sentí usado y muchas cosas más que decidí ignorar por el momento. Encaminé mis piernas hasta la salida del baño para empezar de nuevo. Georg me esperaba en el lugar de siempre jugando en la misma página del día anterior. Yo solo observo lo malo que es jugando solitario.

— Esa carta no va ahí.

— Mierda, con razón no tengo a dónde más mover y… ¡mas mierda! ¡ya perdí!

Yo reí.

— Bueno, déjalo.

— Ujum… — cerró la ventana para volver al menú principal y después encararme. — A si que… ¿nos dejaste por irte a coger? — no pude evitar sentirme acalorado y ruborizado.

— No, Georg. Era una cita nada más.

— No es cierto, anoche conocimos a Gustav y dijo que Andreas te iba a destrozar la entrepierna.

— Falso, solo… comimos.

— ¿O se comieron?

— ¡No! — exclamé jalando la coleta de su cabello corto. Georg comenzó a reír de manera escandalosa llamando la atención de las personas que pasaban por la calle y algunas de las mesas que estaban ocupadas. — Dios, basta. Yo… bueno sí pero no.

— Solo dime una cosa.

— ¿Qué?

— ¿Seguiste mis consejos?

— Sí y también los de Bill. — Georg me miró con curiosidad al escuchar eso último. — No vayas a pensar mal, también me dijo que hacer como me dijiste tú y esas cosas. Él es el experto con las chicas. Igual necesitaba un consejo de su parte.

— Yo no te dije nada…

Mierda.

— Es que conozco tu mente, Georg. Eres igual de mal pensado que Erik. — traté de excusarme de inmediato y tratando no sonar nervioso, por un pelo de rana calva y la cagaba todo. — Todos se congenian igual.

— Bill es peor, es más vulgar.

— Hola… — Georg y yo nos observamos fijamente a los ojos. Él estaba a punto de echarse a reír por mi reacción nerviosa. Lentamente me levanté para observar a Andreas que estaba ahí. Me sonreía muy apuesto, guapo y me hacía sentir como un niño pequeño. Realmente me emocionó su presencia. — ¿Podemos hablar?

— Anda, yo atiendo aquí, ya sabes.

— Gracias. — salí de atrás de la barra para poder acercarme a él. Tomé la iniciativa de plantar un beso en sus labios y sonreírle al finalizar. El rubio entrelazó su mano con la mía para poder guiarme hasta una de las mesitas y sentarse conmigo. — ¿De qué quieres hablar?

— Solo era una excusa para poder estar contigo, no tengo nada de que hablar en realidad. Me gusta tu presencia y no puedo parar de pensarte. — le acaricié la mejilla como respuesta.

¿Qué debo decir ante eso?

— ¿Si sabes que Tom está en horas de trabajo y no puede sentarse así como así a hablar? —  Andreas y yo nos miramos fijamente. Él estaba sin expresión alguna y yo traía el ceño fruncido a pesar de que tenía toda la boca embarrada de razón. — No existen los horarios de visitas aquí, amigo.

Lento me puse de pie a la par de Andreas, ignorando a Bill.

— ¿Te gustaría salir en la noche? Estoy libre y no tengo nada más que hacer, ¿qué dices?

— Creo que Tom no puede.

Cierto…

— Amigo, ¿puedes irte? ¡estoy hablando con Tom no con su perro faldero!

— ¿A quien le llamas perro faldero, imbécil?

— Andreas. — jalé su mano para poder sacarlo a la calle y así evitar una pelea. Yo no soy de las personas que sigue la corriente a los demás, trato de evitar y buscar una solución. — Disculpa a Bill, ¿sí? es mi mejor amigo y solo trata de protegerme.

— ¡Ese idiota me cae mal! ¡No le soporto! Desde que le ví supe que no me iba a caer bien.

— Ya… — agarré su mandíbula para poder plantar un beso en su mejilla. — Todo está bien.

— ¿Me explicas por qué no puedes salir conmigo en la noche?

Mordí mi labio inferior mirando hacia cualquier lado menos a él.

— Bill es como mi mamá, vivimos juntos y hoy nos toca hacer el aseo de la casa… sí.

— Entiendo, entonces mañana, ¿está bien? ¡sin ninguna excusa!

— Está bien…

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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