
Fic de WifesKaulitz. Temporada I
Capítulo 8
Susurró Samuel en mi oído haciendo que un escalofrío recorriera desde mi oído hasta los brazos. Me encogí más abrazandome, sonrojado y tímido. No quería hablar con él luego de lo que
tenía pensado hacer.
Mi nueva meta era este Tom romántico y detallista.
— Ninguno de nosotros cree que alguien como tú realmente le robó el corazón.
— ¿Cómo yo? — fruncí el ceño.
¿Qué quiere decir?
— Sí, sabes… Tom siempre ha estado con chicas muy guapas, rara vez con chicos pero todos solo por una noche. Nunca los toma en serio… no digo que eres feo, Bill. Al contrario, eres un niño muy atractivo solo que seguimos sin creer. No me sorprendería si te vemos sufriendo por él.
— ¿Quieres hablar claro conmigo?
— Está contigo hasta cogerte, joder. Luego te va a botar como basura.
— No es cierto. — saltó Tamara a mi detrás. Me sentí aliviado. Samuel estaba poniendo todos mis sentidos nerviosos alterados e iba a reaccionar de una mala manera.
Lo juro
— Vamos, Tom me mandó por tí.
— Ah, ¿fue a buscarte? — asintió con la cabeza. Jaló mi mano para llevarme por donde se había metido Tom anteriormente, dejando a su amigo atrás.
— No hagas caso las cosas que te dice Samuel, por favor. Tom y él tuvieron una pelea un tanto fuerte hoy a la salida del colegio porque resulta que también le gustas tú.
— No sabía… Tom, no me dijo nada.
— Tom es un idiota cuando le conviene. — reí tratando de disimular.
«cogerte y luego botarte como la basura…»
«¿Por qué iba a creer eso?» — mordí mi labio inferior algo inseguro. — «Quiero decir, Tom ha tenido sexo conmigo y ha seguido buscándome, tratándome bonito, dándome detalles. Incluso socialicé con su familia y él con mi papá.» — revolví mi cabello tratando de despejar esos pensamientos idiotas de mi mente.
Al estar de nuevo con Tom vi a todo su grupo de amigos del colegio metidos en una carpa jugando billar mientras sus parejas hablaban animadamente.
Otros estaban conversando en las mesas mientras bebían.
— Lo que más odio de salir con Tom es que siempre me deja sola por ir con sus amigos. — nos sentamos en una mesa mientras mirábamos donde estaba Tom jugando. — ¿Vez? Ni cuenta se dió que estamos aquí.
No le respondí nada.
Seguía pensando en las palabras que dijo Samuel.
— Hey. — Tammy chasqueaba los dedos, volteé a verla mientras le sonreía de manera forzada. — ¿Qué pasa?
— Nada, yo…
— ¿Estás pensando en lo que dijo el idiota de Samuel? — asentí como si fuera a regañarme. — Ay, cuñado. — acarició mi mejilla con un poco de compasión. — Te voy a ser sincera. Tom podrá ser mi hermano y todo pero jamás le voy a tapar una cosa así, ¿okay? Si ha tenido varias chicas y chicos, ¿para qué te digo que no si sí? Es verdad que los ha usado y los ha dejado pero contigo veo unas vibras diferentes, positivas, buenas… quiero decir que… cada que te mira o estás con él los ojos le brillan de emoción. Incluso me quedé asombrada cuando me pidió que le acompañe a ver unos girasoles para tí porque esperaba que con eso ya no te sientas enfermo… cuando no le respondiste las llamadas me tenía cabezona pidiéndome que me acerque a tí para saber como estás, por eso decidí llamarte. Siempre que pasamos por un lugar dice: a Bill le quedaría bonito tal cosa, a Bill se le vería mejor esto, a Bill lo otro. — sacó el móvil que reconocí al instante por la funda de color rojo que era de Tom. — Me lo confirma muchísimo más esto, Bill. — me enseñó su fondo de bloqueo. Ahí estaba yo con el ramito de los carritos que le hice junto con la gorra roja.
«Me daría un patatús.»
— Yo…
— No digas nada. — volvió a guardar el móvil en su bolsillo. — Si te llega a mostrar hazte el sorprendido.
Los dos comenzamos a reir con ganas.
— Ahora ve donde tu chico, hazle saber que estamos aquí. — agarré impulso para levantarme hacia donde jugaba Tom super concentrado. Toqué su espalda y este volteó a verme. Dejó el palo de lado para abrazarme y besarme la mejilla emocionado.
— ¿Recien llegas?
— No, llevo un tiempo aquí con tu hermana. — levantó la cabeza para mirar donde estaba su hermana. Ambos se sacaron el dedo de en medio haciéndose muecas.
— Tom… — piqué en su costilla para obtener su atención.
— Dime, niño bonito.
— ¿Podemos hablar?
— Claro.— tomó mi mano para dirigirme hasta un lugar alejado donde tengamos privacidad. Nos sentamos en una banquita solitaria. — ¿Qué pasa, bebé? ¿Ya quieres irte a casa?
— Sí, Tom… no me siento cómodo estando aquí.
— Oh, bueno. — sonrió comprensivo. — Está bien, nos iremos… pero antes… ¿puedo preguntar por qué?
— Samuel dijo algo que me puso inseguro sobre tí, per…
— ¿En serio? — frunció el ceño enojado. — ¿Qué te dijo?
— Tom. — le mostré un rostro frustrado. Lo vi con intenciones de querer armar un escandalo aquí y no quería ser el causante de ello.
No podía.
— Nada importante.
— Si no fuera nada importante no quisieras irte, Bill.
— Joder, solo sácame de aquí o ¡vamos a algún otro lugar! — está respirando agitado mientras me mira, me siento un niño pequeño bajo la mirada de un loco psicópata. Tiemblo con un poco de frío e ira. Comienzo a tomar mi rumbo solo para irme a casa.
A pesar de que su hermana me haya explicado hay algo en mí que no me deja en paz.
Soy demasiado inseguro cuando se trata de relacionarme con alguien…
— Espera. — corrió hasta mí para abrazarme de los hombros y caminar juntos. — Lo siento, Bill. — Tom besa mi mejilla causando un rubor en el rostro.
Entramos de nuevo al lugar para ir por el móvil de Tom e irnos a casa. La presentación con los amigos de Tom se quedó para otro día y mejor, no estaba seguro de presentarme con esa bola de idiotas.
En el transcurso de camino a casa ambos ibamos en silencio para nada incómodo. Ambos sumidos en nuestros pensamientos y de vez en cuando dandonos miradas coquetas.
— Llegamos. — murmuró de mala gana. — ¿Por qué las horas se pasan muy rápido cuando estoy contigo, Billy?
— Porque son las horas más lindas. — respondí poniendome delante de él. Me encanta cuando Tom agacha la cabeza sonrojado, ocultando una sonrisa. Abrazo su cuerpo con ganas y recuesto mi cabeza en su hombro. — ¿Qué hora es?
— Son las doce en punto.
— Oh. — fruncí el ceño en medio de un puchero. Tom aleja mi cuerpo para poder observarme. Cierro los ojos un tanto nervioso. Siento como sus labios empiezan a unirse con los míos volviendo a ser uno solo. Dejo escapar un gruñido al tiempo que siento como Tom me acorrala a la pared, se pega lo suficiente como para excitarme. Pongo mis manos en sus antebrazos para apretarlo y gimo en medio del beso. — ¿Tienes que irte?
— ¿Ya me estás botando?
— No, para nada. — susurré. Tom me abraza y coloca su mentón en mi cabeza. — No quiero que te vayas.
— No quiero irme… pero la escuela…
— Mierda.
«Maldita jodida escuela intrusa e inoportuna.»
— Tal vez pueda quedarme un ratito más y llamar a mi papá para que venga por mí, si quieres.
— No, está bien. Sería una molestia que lo llames a esas horas de la madrugada a molestar, ¡y sin tu hermana!
— Ah, cierto…
— Sí…
— Nos vemos mañana, corazón.
— Espera un rato. — empecé a abrir la puerta de la casa para ir por el regalo. Lo enfundé bien en algo que no pueda dañarse y salí para darle.
— Dios, ¿cómo pude olvidarme del detalle más importante de mi vida?
— No lo digas así que me pongo celoso.
Tom me miró.
— ¿Qué?
— Joder, ven aquí. — soy atraído por la nuca de nuevo a sus labios. No era un beso para nada dulce si no uno necesitado, deseado, desesperante… coloco las manos en las mejillas de mi contrario mientras ladeo la cabeza. Tom aprieta mi nuca inmovilizando mi cuerpo. De inmediato siento mi sexo contraerse y comenzar a palpitar de una manera desesperante. Nuestras lenguas juegan como nunca antes lo hicieron, me desespero sin saber como decirle de una manera no tan atrevida que lo deseo dentro de mí. — Bill… Bill… basta… — habla en medio de besos. — Hay alguien más entre los dos y está bien despierto. — sus manos viajaron hasta llegar a mi trasero y apretarme en contra de sus caderas.
— Ay… — gimo por lo bajo.
— Vamos, ve a dormir de una vez. Eres una provocación que me encantaría tentar en estos momentos. — juguetón bajé una mano para colarla entre sus pantalones. Mantiene contacto visual conmigo con la respiración entrecortada dejandose tocar. — Bill… ¿por qué?
— ¿Qué?
— Eso.
— ¿Eso qué?
— ¡Lo que haces! solo me prendes…
— No hago nada. — fingí inocencia.
— Si no sacas tu mano voy a obligarte a follar conmigo, no sabes como me…
— Shh. — puse el dedo índice en su boca. Tom lo besó de manera sensual con los ojos cerrados.
— Bebé…
— ¿Mhmm?
— Ya…
— ¿Bill? — saqué la mano de ese lugar de inmediato más nervioso que nunca. Los pasos de mi padre acercándose a la puerta se escuchaban cerca hasta que de dejó ver. — Hola, Tom.
— Buenas noches, Gordon. Traje a Bill sano y salvo.
— Gracias, sabía que podía confiar en ti. — estrecharon las manos.
— Cuidate, Bill.
— También tú, Tom.
— Oye, ¿no quieres que vaya a dejarte a casa?
— Por favor, pa. — lo miré suplicante.
— Ve a descansar, hijo. — asentí dándole un abrazo a Tom y luego corrí hasta mi habitación.
Joder.
&
Removía mi cuerpo en la cama incómodo sin hallar una forma tranquila para continuar durmiendo. Las ganas insistentes de orinar hace que me levante obligado al baño, hago mis necesidades pero sigo sintiendo ganas de orinar. Me siento sudoroso todo el cuerpo sin excepción. Vuelvo a acostarme para intentar conciliar el sueño pero me es imposible, la perra alarma suena haciendo que me levante de un humor de a perros.
Vuelvo a ir al baño para tomar una ducha de agua tibia. En lo que me comienzo a desnudar, veo la pijama en la parte de la entrepierna una mancha de sangre.
Me altero demasiado y tiro la pijama al suelo con pavor.
Respiro agitado.
Cierro los ojos llevando dos dedos hasta mi entrepierna y luego los alzo para poder verlos.
Dios mío.
Dios mío.
DIOS MÍO.
— ¡PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAÁ! — grito a punto de querer llorar.
— ¿Qué pasa, Bill? ¿Todo bien?
— ¡NO! ¡ME ESTOY MURIENDO! — la sangre se desliza poco a poco por mis piernas.
— ¿¡Por qué dices eso!?
— Es que… es que…
Me iba a desmayar.
— ¿¡Es que qué, Bill!?
— ¡ESTOY SANGRANDO, JODER!
— ¡DIOS! — ahora si empecé a llorar con desesperación. — ¿¡De dónde sangras!?
No respondí.
— ¡Bill!
— ¡Solo llama a la ambulancia, maldita sea! ¡Soy muy joven para morir!
— ¿¡De dónde sangras!?
— ¡De la entrepierna, papá! ¡LLAMA RÁPIDO!
— Espera lo busco en internet.
— ¿¡ES EN SERIO!? — hubo un silencio desesperante, mientras tardaba más sangraba y se me hinchaba el precioso abdomen que tenía. — ¡PAPÁ!
— Según internet, Bill… estás en los días más difíciles de tu vida.
… ¿qué?
— La menstruación o período, es el sangrado vaginal normal que ocurre como parte del ciclo mensual de la mujer. Todos los meses, su cuerpo se prepara para un posible embarazo. Si esto no ocurre, el útero, se desprende de su recubrimiento… esta es la sangre menstrual, que sale del cuerpo a través de la vagina… — lo oí suspirar con fuerza. — Bill, bienvenido a tu primer ciclo menstrual.
— ¡Papá! — lloré más metiendome a la ducha. — No es posible, yo… ¿¡estás seguro que es eso y que alguien no me acuchilló por la entrepierna!?
— No, Bill. — por el tono que usaba sabía que se estaba matando de la risa. — Tal vez el único que te ha acuchillado es Tom con su entrepierna.
— ¡PAPÁ!
— ¡YA! — estalló en risas. — No creas que no me he dado cuenta de las cosas.
— ¡Vete!
— ¿Te duele mucho?
— Sí…
— Está bien, iré a la farmacia por toallas sanitarias porque las vas a usar todo el tiempo y también a comprarte una pastilla para eso, ¿sí?
— Gracias, pa.
Continúa…
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