Fic de WifesKaulitz. Temporada I

Capítulo 5

Limpió mis lagrimas junto con el maquillaje corrido con una sonrisa compasiva. Mientras comía la paleta para endulzar mi momento amargo, me levanté e hice que siguiera hasta mi habitación.

— ¿Queen? — miraba los posters colgados en mi habitación. Asentí dejando la paleta de lado en su propia envoltura y la guardé en el cajón del escritorio. — ¿Qué canción es tu favorita de Queen, Bill?

— Todas pero si hablamos de la que más he oído es Killer Queen.

— Killer Queen. — murmuró repetidas veces. Me tiré a mi cama luego de quitarme los zapatos. Seguía admirando los posters con atención. — ¿Y de los Beatles?

— Yesterday.

— ¿Rolling Stones?

— Angie.

— ¿Nirvana?

— Come as you are.

— Mhmm, estos son… ¿Eagles?

— Hotel california.

— ¿Michael Jackson?

— Beat it. — sonreí de lado. Volteó para verme igual sonriendo hasta acostarse a mi lado.

— Los otros posters no los conozco pero de seguro tienen puras canciones buenas.

— A algunos los tengo nada más por guapos, Tom.

— Ah. — levantó las cejas. — ¿Yo… — se acercó hasta estar cerca de mí, a tal punto de rozar los labios. — soy guapo o te parezco guapo, Bill?

— Demasiado. — susurré. — Eres un papi, un dios, un pecado, Tom. Guapísimo.

— Entonces voy a traerte un Tom de cartón para que lo tengas siempre contigo. — reí divertido con él.

— Me basta con el Tom real, a ese lo puedo besar sin que se dañe o se arrugue.

— Entonces una foto mía y yo una tuya. — nos miramos un rato sonrientes.

Tomé la iniciativa de atraerlo hacia mi boca rodeando su cuello con mis brazos.
Se trepó sobre mí, dejando su peso sobre mi cuerpo mientras se abría un espacio sobre mis piernas. Comenzó a palpitar mi zona intima ganosa. Ladeábamos la cabeza y nos metíamos la lengua a la boca. Estas jugaban con un toque de suciedad. Inmediatamente mi ropa interior se humedeció. Friccioné mis caderas en busca de su pene, arrebatándole gemidos tragados por mi boca. Nos separamos para tomar aire y volver a comernos la boca.

— Puedo… — susurró en mi boca. — ¿tocar?

— Sí, mierda, no preguntes. — atrapó mi labio inferior en un mordisco suave. Apreté los ojos sintiendo como su mano se colaba entre mis pantalones hasta llegar a mi sexo. Apenas tocó en el centro me humedecí mucho más.

— Wow, Bill… ¿puedo lamerte?

— Que no preguntes… — mordió mi labio con más fuerza. Luego, se alejó de mi y yo ansioso me deshice de toda mi ropa para que proceda a hacer de las suyas en mi entrepierna. — ¡Ay! — lloriqueé al sentir como atrapó todo mi sexo con su boca y succionaba. — Ah…

— No tengo la puta necesidad de lubricarte, ya lo hiciste tu mismo. — entonces procedió a desnudarse él pero se quedó en la mitad porque me miró preocupado. — No tengo preservativo, Bill.

— A pelo, no tengo problema.

— ¿Seguro?

— Sí, solo si me vas a comprar la pastilla del día después…

— Es lo de menos, solo quiero que te sientas seguro. — retomó la acción de desnudarse. Mi entrepierna se contrajo jodida al ver al miembro de Tom despierto ~tamaño promedio para no exagerar pero grueso~. Volvió a subirse sobre mí. La respiración se me cortó al sentir como me punzaba entre los labios con su glande. — Okay, Bill… voy a… introducir mi pene en tí. — aferré mis uñas en sus brazos con los ojos cerrados y bien apretados sintiendo el horrible dolor. — ¿Estás bien?

— S- sí…

— Okay, ¿te duele? ¿quieres que me detenga?

— ¡No! — abrí los ojos para encontrarme con los suyos, lo abracé del cuello para acercarlo y besarle. — Sigue, por favor… no te detengas.

Alivio sentí cuando lo sacó embarrado de sangre y volvió a meter. Esta vez apreté las uñas en su espalda, mordí mi labio y algunas lagrimas se me iban sin poderlas contener. Ya no lo sacó para seguir moviendose lento, tanto como creía adecuado para que pudiera acostumbrarme a su tamaño. Un ligero rubor se extendía por las mejillas rojas de Tom cuando abrí los ojos, estaba muy excitado y tan duro en mi interior que posiblemente ya no podía parar.

— No sabes como me estoy controlando para no dañarte, esto es una jodida tortura. — exhalé con fuerza. Dolía un tanto las caderas. Por un momento pensé en pedirle que pare y que no siga más. Llegué a un punto en el cual el dolor estaba siendo reemplazado por gusto y mi boca soltaba gemidos de placer.

— Hazlo.

— Te va a doler más.

— Por favor… tan duro como puedas… — me miró desconfiado ante mis súplicas. Llevó mis piernas al hombro para moverse con facilidad. Así me llegaba profundo, un poco más de dolor mezclado con excitación. — ¡Ah… ah…!

— Mierda, dulzura… estás muy bueno.— gruñó besando mis pies. Me sentía poderoso.

Momento…

Dije que…

«¿Acaba de besarme los pies?»

¡AAAGGGHHH!

¡TOM ME BESÓ LOS PIES!

¿¡SABEN LO QUE ESO SIGNIFICA!?

— ¡Ah, sí!

Mi piel y la suya chocaban con fuerza provocando un sonido que le encantaban a mis oidos. Toda esa sensación de placer hacía que mi cuerpo sienta muy bueno. Parece que estuviera flotando. Apretaba mis piernas y cerró los ojos.

Nuevamente se abrió paso entre ellas ~quedamos en pose de misionero~. Mis uñas se prendieron en su espalda otra vez. Cada penetración se volvía tan intensa. Gruñía excitado al sentir como desprendí la piel de su espalda hasta llegar a su trasero y poner a mano llena para apretarle. Estoy en un punto en donde siento mi cuerpo sacudirse.

Todo el estrés que he tenido recorre en toda mi zona nerviosa hasta centrarse y volverse en unas inmensas ganas de orinar. Empujo a Tom para que se detenga pero me abraza más para moverse con algo de intensidad.

— ¡Quitate! — me puse alarmado. Estaba que se me salía y él se aferraba como una garrapata. — ¡Para, Tom, que me hago chis!

— Hazlo.

— ¡No!

— ¡P- por favor! — cerré los ojos para mi máxima concentración. Le abrí más las piernas hasta que toda la orina salió disparada hacia su cuerpo. Tom gimió alto disfrutando ser mojado con eso. Apreté los ojos, salía mucha orina con cada penetración. Me puse a temblar por puro gusto.

Unos movimientos más y Tom salió de mi interior para eyacular en mi abdomen. Lentamente abrí los ojos para verlo todo sudado y su mirada se tornó una apenada.

Pude besarlo con una pizca de vergüenza.

«Lo había bañado con mi orina.»

Joder…

— ¿Estás bien?

— Tengo mucho sueño.

— Ven… — se acostó a mi lado. Metió su brazo debajo de mi cabeza y me abrazó sin tanto rodeo. — Descansa.

&

Nuevamente volví a clases un lunes por la mañana. Todas las primeras clases mi mente solo pensaba en el encuentro sexual con Tom y sonreía emocionado.

«Quiero que se vuelva a repetir.» — pensé removiéndome en mi asiento acalorado. Antiayer luego de aquel encuentro agradable pasé casi toda la tarde con él en cama. Tuvo que cargarme para acostarme en el sofá mientras le daba la vuelta al colchón y ponía otros tendidos.

El domingo en la mañana se fue luego de comprar la pastilla del día después y ya no volví a saber nada de él.

Todo era porque cuando me llamaba ignoraba o apagaba el celular. Aun me daba pena verle a los ojos luego de hacer eso y otra razón poderosa.

La razón: no quería llegar a tener un vínculo amoroso con Tom. No pienso sufrir una decepción nada más porque se aburrió de mí y se fue a buscar nuevos horizontes con entrepiernas mejores que la mía.

Solo lo quería para sexo y ya.

«Que no se me olvide.»

Punto

&

— Vamos a comer. — me levanté para ir a nuestro lugar de siempre con Mara y Delancy a paso lento ~tenía una incomodidad media dolorosa en la entrepierna~. Buscaba con la mirada a los chicos de tercero hasta que los vi en el otro extremo jugando fútbol. Ahí estaba Tom, me lo imagino algo sudoroso.

Sudoroso… mhmm…

Pequeñas partes de mi encuentro con él golpean en mi mente con fuerza.

Dios.

— ¿Y tú, Bill? ¿Cómo has estado?

— Bien… — regresé a ver a ambas chicas con lentitud. Por tener la mente en otra parte no escuché lo que hablaban.

— ¿Qué hiciste el fin de semana?

— Nada.

— ¿Nada?

— Sí.

— ¿Por qué?

— No sé. — suspiré.

— Que raro, casi siempre nos cuentas tus historias del fin de semana, Bill.

— Ahora no tengo nada que contar. — en realidad si tenía, la noche de sexo con Tom pero para hablarlo solo con Mara porque con Delancy presente no podía. Estaba seguro que se iba a enojar por no hacer caso a sus consejos y eso llevaría a una discusión entre las dos.

No quería eso.

Sin decir nada me levanté de la silla para ir a la enfermería con la mano en el abdomen. Quería irme a mi casa con alguna excusa. Iba a pasos lentos hasta llegar y con la ayuda de la doctora recostarme en la camilla.

— ¿Qué sucede, Bill?

— Me duele la pancita, tengo mareos y ganas de vomitar.

«No está demás exagerar un poco.»

Ella tocó mi frente y frunció el rostro en un tono de preocupación.

— Tienes algo de fiebre. Voy a darte una pastilla y si no te pasa llamaré a y representante para que venga por tí. — asentí con la cabeza. Sacó de una cajita una pastilla para darmela en la boca. El amargo de esa cosa hizo que involuntariamente me llame una arcada y salga corriendo al baño a escupir la pastilla con exageración. — Voy a llamarlos nomás, no te veo bien. — enjugué mi boca con abundante agua para quitar ese amargo y volver a la camilla. Minutos después entró la doctora con mi mochila junto con mi papá que me miraba con preocupación.

Lo miré con cierto recelo, no lo había visto por mucho tiempo y no teníamos una relación tan buena de padre a hijo. Solo saludábamos cada que nos veíamos.

Todo andaba mal entre los dos

Maria Sol hizo que firme una constancia de mi salida a casa. Iba todo el trayecto en silencio hasta llegar. Subí a mi habitación para ponerme una pijama y reposar, también para dejar de pensar en ese rubio idiota que se llevó mi virginidad.

— Bill. — Gordon entró con una tacita de té a mi habitación. — ¿Podemos hablar? — afirmé con la cabeza recibiendo la bebida para tomar. — Tienes quince años y se que vas a entender. El amor entre tu madre y yo se terminó por las constantes peleas que teníamos. Me cansé de ello por lo que encontré a alguien que me trata mejor y la amo. Te prometo que en cuanto tenga la oportunidad te voy a presentar con ella. — suspiró. — Ojalá puedas llevarte bien ya que tenemos planes de casarnos.

— Ah… — arqueé las cejas.

— Sí… también voy a estar pendiente de ti al igual que mi nueva novia. Quiero que confies en mí como yo lo hago en tí, hijo. Por favor.

Entrecerré los ojos desconfiado.

— Okay, pa… ¿qué pasa si te digo que soy gay?

— Lo sé. — sonrió de lado. — Es algo que nunca pudiste ocultarmelo y que me enteré a pesar de no estar contigo.

— Joder. — también sonreí. — ¿Puedo tener novio?

— Siempre y cuando no descuides tus estudios… — me miró a los ojos. — ¿Por qué? ¿Ya tienes uno?

— ¡No! — exclamé alarmado.

— Si llegas a tener no dudes en presentarmelo, no le haré pasar un mal rato, al contrario. Lo trataré como uno más de la familia.

— Gracias, pa. — me levanté para abrazarlo. Gordon revolvió mi cabello con amor.

No sabía que necesitaba una charla de estas con él.

— Voy a mandarte comida para el almuerzo. Llamaré antes para que estés atento al chico del delivery y lo recibas. — me besó en la frente. Se despidió luego de decirme un te amo. Me tiré a la cama estando a punto de derrochar mucha felicidad si no fuera por el móvil.

«Número desconocido.»

Ojalá fuera mamá.

— ¿Mami?

— Hola, Bill. Soy Tamara, la hermana de Tom.

— Ah… holi, ¿cómo estás?

— Yo bien, te cuento, pero mi hermano no. Me ha echo saltar una clase porque quiere saber cómo estás. Te vimos salir con el que debe ser tu padre de la enfermería, nos preocupamos mucho y también por qué no le has tomado las llamadas ayer.

— ¿Está contigo?

— Sss… ¿no?

— Es que no me he sentido nada bien.

— ¿Y las llamadas, Bill?

— Traía el móvil apagado, sin batería.

— Ah, okay… eso nomás era cuñado.

¿Cuñado?

¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿CUÑADO??????????

— Está bien.

¿Desde cuando?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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