Relato 13: El vecino

Notas: Traté de hacer lo más romántico posible. Feliz San Valentín ❤️

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 13: El vecino

— ¡Buenas noches! — agita su mano y sonríe. Termino por cerrar la cortina, ocultarme detrás de la pared y colocar la mano en el pecho que sube y baja sin control. Vuelvo a sacar la cabeza por la diminuta abertura de la ventana pero ya no está, no aparece.
Voy corriendo al baño. Saco una vez más la cabeza por la ventolera que da a la habitación suya.

Me excité de verlo quitarse la camisa y más abajo los pantalones. Podía verle una parte del vello púbico si entrecerraba los ojos. Lamentablemente el espectáculo de terminó porque cerró la cortina dejando ver su silueta.

Vuelvo a mi realidad.

Observo los shorts de la pijama y en ello la erección que causa Tom, el vecino.

A pesar de que no es primera vez…

Son varias veces que coincidimos en la ventana, en el baño o en la calle y siempre me quedo con la erección, los nervios que siento al verlo o las ganas de tocarlo. Es increíble como levanta las cosas sin tocar.

Salgo del baño hacia la habitación que comparto con mi novio. Taylor se encuentra acostado, descansando tranquilamente. Acerqué mi cuerpo lo suficiente al suyo. Siento nervios a penas toco su cintura y beso su hombro desnudo.

Continuo besando hasta llegar a su boca, aumentando mi calentura.

— Taylor… — susurro su nombre. Estaba por meter mano a su entrepierna pero antes de que lo haga ya me agarró la mano hasta el punto de apretarla con fuerza. — Au, me estás lastimando, cielo.

— ¿Qué mierda haces?

— Nada, solo… te deseo. — miré los ojos rabiosos. Sentí mi pulso a mil y me daba miedo. — No me tocas desde hace mucho, estoy necesitado de ti, mi amor.

— Estoy durmiendo, ¿o no vez?

— Si, pe— pero…

— ¡Déjame dormir! Me tienes harto con tus estupideces. — Taylor empuja mi cuerpo con una fuerza bruta y caigo al suelo de espaldas. Rápido me levanto para irme corriendo a encerrarme en el baño. Me miro al espejo. Cierro los ojos para calmarme. Abro el grifo del lavamanos para mojarme el rostro.

Taylor no me toca desde hace cinco meses a lo mucho. Siempre está cansado, no tiene tiempo, me trata mal, me hace desplantes…

— Dios. — seco con toques suaves. No puedo dejar de mirar por el espejo la ventana de mi vecino y la erección sigue ahí más persistente. Sin dejar de mirar bajo la mano hasta los pantalones. Toco imaginando que está detrás de mí, que es el quien lo toca por mi…

Tom haciendo el trabajo sucio mientras yo me frotaba con necesidad en su polla. Mueve la mano más rápido. Besa mi cuello, deja rastros de saliva en el y muerde el lóbulo de mi oreja. Gimo con desespero.
Apoyo las manos en el lavabo.

Te necesito dentro, Tom.

Tienes que venir a cogerme, maldición.

— ¡Mhmm! — mordí el labio inferior dejándome venir. Manchando hasta el espejo pero con una sonrisa satisfactoria.

Lo siguiente era bañarme. No pensaba quedarme a dormir al lado de Taylor. Estoy molesto, lo odio, lo detesto.

Me puse una ropa sencilla, tomé las llaves y salí con destino a la casa del vecino. Toqué la puerta mientras miraba el reloj, eran las diez de la noche. Tom no se hizo esperar para dejarse ver con él torso desnudo y una toalla que envolvía su cintura.
Santo Dios.

No podía hablar ni despegar la vista de su cuerpo.

— ¿Otra vez quieres azúcar? Te compré una fundita pequeña, realmente se nota que tu marido es tu tacaño.

— Eh, no vengo por azúcar. — jugaba con la tela de mi saco. Miraba sus piernas peludas y más arriba el nudo de esa toalla. Estaba haciendo calor.

— Bueno, igual la compré para ti, le puse tu nombre: «para el vecino Bill».

— Que lindo, Tom. Gracias.

— No es nada, pero dime, ¿para que soy bueno?

— ¿Recuerdas que el otro día me invitaste a salir y me negué porque tengo novio?

— Ajá.

— ¿Aún está disponible?

— Sabes que sí, ¿quieres salir ahora? seré rápido en vestirme.

— Por favor. — sonreí con inocencia. Tom asiente tomando mi mano para dejarme pasar y hacer que espere en la sala. Miraba por la ventana de la sala mi casa con cierto temor.
Si Taylor llega a despertar y se da cuenta que no estoy me va a matar.

Me estoy arrepintiendo.

— Estoy listo. — agarra las llaves de su auto para ir al garage en lo que yo esperaba afuera.

El Porsche deportivo de Tom pronto se estacionaba frente a mí. Observo de un lado a otro con cuidado de que no me vean para subirme. A penas coloqué el cinturón de seguridad él ya lo puso a andar. Estaba jodidamente nervioso. Su perfume me debilita y el frío que hacía se colaba entre mis huesos.

— ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

— No me gustaría entrar en detalles, Tom.

— Lo siento. — regreso a ver esa sonrisa apenada.

Sentí como cosquillas en el estómago…

— ¿A dónde me vas a llevar?

— A un lugar donde los amigos se divierten, Bill. Me doy cuenta de que pasas mucho tiempo encerrado y siempre peleas con tu marido.

— Taylor no es mi marido. — murmuro de mala gana.

— Lo que sea, pero es algo tuyo.

— No me gusta salir. — contesto mirando por la ventana.

— ¿O él no te deja salir?

— ¿Qué? — fruncí el ceño, indiferente.

Le había dado al grano de una manera directa. Me dió escalofríos tener que aceptar esto con él porque frente a todos, Taylor y yo éramos la pareja envidiable pero internamente… cualquier cosa le daba celos, no me dejaba salir, odiaba que use maquillaje dentro de la casa…

— ¿Mhmm?

— Si no salgo es porque no quiero. — llegamos al lugar. Bajé primero antes de seguir hablando de un tema que me incomodaba. Entramos a la discoteca directo a sentarnos en las barras. Tom pidió un par de copas de whisky bruichladdich x4. — Empezamos fuerte.

Se encoge de hombros chocando mi copa con la suya.

Hablamos de temas que a ambos nos gustaban. Descubrí su buen gusto en la música, en algunas bebidas que me hizo probar y las amé. Según el eran sus favoritas. También bailamos algunas canciones en la pista, entre ellas una de perreo que me hacía desconocer.

Ese que estaba bailando y restregándole el trasero a Tom en la entrepierna no era yo.

Es otro.

El que su miembro lo sienta medio duro me provoca a seguir moviendo mi trasero así.

Si no paraba me volvería loco.

— Gracias por bailar conmigo. — besa mi mano al terminar. Volvemos acalorados a nuestro lugar para pedir otra ronda.

— A ti por pensar en mi y hacer que me divierta. — acerco lo suficiente para quedar cerca de su rostro. Tom no se aleja, al contrario, también se impulsa hacia mí. Apoyo las manos en sus muslos. Observo sus labios rosados, sin darme cuenta voy poco a poco. — Creo que me atraes.

— También me atraes a mi, Bill. Cómo no tienes idea.

Estoy indeciso.

Quiero besarlo y a la vez no… tengo novio, lo amo. Nunca me ha engañado, pero, carajo, me está olvidando y Tom me gusta ~acabo de aceptarlo~ me atrae, enloquece mis sentidos, mis hormonas…
mi cuerpo pide sexo y no por cualquier persona o por Taylor, si no por él….

Dios.

— Bésame.

Soy un mar de nervios.

Tom pone el dedo pulgar e índice en mi barbilla. Un poco de cercanía y ya pero jodí la oportunidad que tenía por respeto.

No lo besé…

— Tengo novio, Tom…

— Ay. — decide ponerle más bebida a su copa. — Ese perro no te merece.

— ¿Por qué? — cruzo los brazos y arqueo una ceja. Me ha molestado por completo su comentario, ¿cómo se atreve a llamarle perro a mi novio?

Dios.

— Porque no y ya.

— ¡Pff! — escupo ahora rabioso. — Hablas si saber.

— Si hablo es porque algo sé.

— Nah, ¿que vas a saber tú? ¡solo hablas por hablar! — levanto la voz casi atrayendo la atención de las personas que se encuentran ahí. — ¿¡Sabes qué!? ¡quiero que ahorita me lleves a mi puta casa! ¡no debí ir a busca…

Y me calló.

Tom me calló con un beso que me dejó mudo, sin poder reaccionar o pronunciar alguna palabra. Observo sus ojos cerrados con los ojos bien abiertos. Atrapa mi labio inferior para chupar a su antojo.

Al separarse limpia el rastro de saliva en la comisura y sonríe con picardía ante mi rostro ardiente.

— Llévame a mi casa, por favor.

— Claro que te voy a llevar.

— Gracias. — saca su billetera para pagar la cuenta. Salimos en completo silencio hasta donde estaba el auto.
Vamos el trayecto de regreso a casa escuchando música tranquila a bajo volumen. Desde ya tenía que estar alistándome para la insultada de parte de Taylor por oler así y no estar en casa.

Quité el cinturón listo para bajarme pero se pasa de largo. Lo veo en silencio.

— Taylor se va a molestar conmigo, Tom. No es broma, regrésame a casa.

— Pues que se enoje. — entramos en carretera, cada vez más lejos de mi casa. — No me importa.

— Pero a mí sí.

— Ya, aún así no te regresaré. Por primera vez hay que romper las reglas, Bill. Es tu novio, no tu papá.

Quedé quieto porque en eso tenía toda la razón.

— Al menos dime a dónde me vas a llevar.

— Peguche. — susurra metiéndose por un lugar que ya no había nadie, solo los dos. Estaciona el auto con vista al barranco y se baja para abrirme la puerta. Damos unos cuantos pasos hasta el mirador. Sonreí con lo bonito que se veían las cascadas a la luz de la luna. La brisa fresca golpeaba mi rostro y ventilaba mi cabello. — ¿Te gusta?

— Me encanta, Tom.

— Vamos que si hay como bajar. — jaló antes de que le diga que no. Vamos corriendo por una parte donde se encuentran algunos focos. Al estar cerca de la cascada, tuve que quitar los zapatos para sentir el agua. Para nada helada, estaba bien para mí cuerpo.

— ¿Puedo fingir ser una sirena?

— Eres libre de hacerlo, Bill.

Más emocionado que un niño pequeño no podía estar. Deshice de la ropa para quedar sin nada y me tiré al agua. Me sumergí mi cuerpo con ganas. Yo me creía una jodida sirena, iba de un lado a otro mientras Tom reía.

— ¿Acaso la sirena necesita un príncipe? Yo me ofrezco.

— Sí, ven. — Tom también se desnuda para entrar al agua y sumergirse conmigo. — Soy tu sirenita, Erik.

— Cántame, necesito quedar embobado por tu voz. Siento que es muy dulce.

— Agh, mientes. — le doy un manotazo para alejarme. Tom me sigue y jala mi mano para que vuelva hacia él. Estoy quieto, mirando sus ojos mojados. Hace el intento de volver a besarme pero me niego ladeando la cabeza.

Cada vez que lo intenta me pongo mal.

y cachondo.

— Bill…

— ¿Qué parte de que tengo novio no entiendes?

— Quiero que me beses, ¿o tampoco entiendes? Tu novio me importa muy poco, en serio, ¿con que moral va a venir a decirte algo? — en completo silencio dejo que acaricie mi piel. Arde en cada lugar que va dejando caricias. — Amo sentir tu mirada por la ventana. Esa casa es mi lugar favorito desde que te conocí. Por fin puedo decir que hice una buena inversión. — ladeo la cabeza a ojos cerrados. Siento como desliza su lengua por la piel de mi cuello.

— Es… inevitable.

— Lo sé…

— No puedo dejar de verte. — continua por mis hombros. Baja hasta los pechos y se centra en darle placer a uno y a masajear el otro. — Me encantas, lo juro. — agarro a mano llena las rastas para obligarle a qué levante la cabeza. Me fundí en un beso cálido con sus labios. Tom sigue el juego, agregando las manos a mi cintura. Juega con el elástico del boxer para poder bajarlo y hacer que rodee su cintura con las piernas.

— ¿Me dejas pasar? Es un buen momento, bebé… — gemí en medio del beso. Quiero frotar mi cuerpo hasta el cansancio. — No me digas que no.

— Tom…

— Por favor…

— Sí… hazlo. Lo necesito más que a nadie. Él no me toca y no soporto, Tom. Quiero sentirme deseado otra vez. — camina conmigo fuera del agua. Recuesta mi espalda en una roca grande para hacer de las suyas conmigo.

Baja sus besos desde en medio de los pechos a la pelvis. Da besos suaves a mi polla dura antes de seguir bajando a mis testículos y luego a mi trasero. Abro mucho las piernas para que tenga acceso a mi entrada. Me estremecí con la primera lamida.
Hizo que salpique semen como un loco sobre el pecho.

Quería tocarlo pero el pobre estaba muy débil debido a la mezcla del frío y la calentura del momento. Tenía ganas como que de orinar si intentaba solo rozarla.

— ¡Uhm! — las manos son llevadas a los pezones con la intención de elevar el placer.

Nunca me ví en esta situación de tener sexo a la luz de la luna.

— Ah… — la espalda de Tom brillaba por la humedad. Levanta la mano para meter a mi boca dos dedos que pronto entran en el interior para jugar. En lo que me penetra con ellos dedica su tiempo a observar y quitarse lo que le quedaba de ropa.

Tengo la garganta seca, el cuerpo acalorado, es… genial volver a sentir esto.

— Carajo…

— Voy a hacerlo.

Jala mis piernas, acercándome a él. En medio de besos lo dirige a la entrada y lo mete de golpe. Chillé y aruñé su espalda. Tom se mueve en un ritmo acelerado, de adelante hacia atrás. Cómo puede baja ambas manos para ponerlas en los glúteos. Aprieta con ansia.

Suelto gemidos desgarradores, rugidos como un animal. Me mueve el cuerpo de lo feroz que son sus bombeos.

— ¡Ah… ah…! — no los podía callar. Se me dió el deseo. Era él quien cumplía lo que anhelaba. — ¡Sí!

— Bill, te sientes tan bien, tanto que me oprime la polla. — empeñaba en ponerle intensidad. Hizo que olvide que tenía un novio en casa y las consecuencias que conlleva lo que estoy haciendo.

No me importa.

Lo aguantaré.

— ¡Ah, Tom! ¡Sigue así! — apartó las manos de mi trasero para subir al cuello. Envuelve el mismo con suma picardía. Así, está dando en mi punto dulce. La punta llega jodidamente bien. Eriza mi piel.

— Mierda.

— ¡Dios, sí! ¡Más! — obedece como lo quiero. — ¡Mhmm!

— Ay, Bill… oh…

— Joder.

— No sabes cómo quería tener el pene acomodando tus entrañas. Te veía y a gritos me pedía sexo con Bill… mi tierno, amable y encantador vecino.

Me sonrojé.

Esta es la segunda que siento las cosquillas en el estómago.

¿Qué puedo decir?

— Oh, Dios mío. — ahora soy empotrado contra la roca en cuatro.
Tom no espera para poder hundirse de nuevo en el placer conmigo. Desliza la mano desde mis caderas, pasando por la espalda, desvía hacia el brazo y entrelazó su mano con la mía. Apegué la mejilla a la piedra, con los ojos cerrados y la boca abierta, gimiendo sin contener. — ¡Tom! — no podía creer que estaba teniendo mi cuerpo debajo del suyo y chillando su nombre sin parar. — ¡Mhmm!

— Vamos, acaba conmigo. — temblé porque acaba de tocarme la polla con esa mano fría. Coloqué los pies de puntita con la intención de moverme en su contra. — ¡Ah!

— ¡Dios, no!

— ¡Mhmm, Bill!

— ¡Tom… ah! — gemimos al mismo tiempo nuestros nombres. Apretó el agarre en la mano dejándonos liberar en un maravilloso orgasmo. Explosivo, contundente y delicioso.
Esperó a que bajara de la nube en la que me sentía para sacar su miembro e ir hasta la ropa para poder vestirnos. Antes de que haga más frío volvemos al auto. De la cajuela saca una chompa para que me la ponga y absorba lo mojado de mi cabello.
Subí al cálido auto, encendió el aire acondicionado para que no muera de frío y volvimos a la cruda realidad.

El conjunto habitacional dónde vivía.

— ¿Qué hora es?

— Las tres de la mañana.

Ha pasado tanto tiempo…

Miro en silencio por la ventana. Tengo los ojos agotados y no dudo en cerrarlos para descansar lo que queda del camino a casa.

Tenía que alistarme para lo que venía con Taylor.

&

— Bill… Bill…

— Mhmm. — abrí los ojos lentamente.
Desperté de golpe mirando el garage de la casa de Tom.

Entonces ya llegamos.

— Tienes que volver. — remojo mis labios con el corazón latiendo desbocado. — ¿Te acompaño?

— No quiero ir, sé lo que me espera. — Tom suspira. Parece estar frustrado. Pongo la mano sobre la suya que se encuentra en la palanca de marchas y sonrío.
Voy acercando para poder darle otro beso tratando de despedirme pero me fue imposible. Metí mano debajo de sus pantalones para tocarle. Desabrocho los pantalones para liberar su erección y lo meto a la boca.

— Díos… ¿por qué? — Tom hace que el asiento se vaya para atrás y el espaldar lo baja para quedar recostado. Pone ambas manos en su cabeza, con una expresión relajada sin perder de vista lo que hago con la boca. — Maldición… — por mi parte sigo dándole lamidas para lubricar bien. Voy deshaciendo del pantalón para quedar sin nada.

Quiero aprovechar.

— Bill, ah. — recoge mi cabello en una coleta para guiar los movimientos. — Mhmm.

— Una última vez, por favor.

— No será último si lo quieres, estoy abierto a cualquier clase de propuesta que implique hacerte sentir bien.

Fue difícil sentarme sobre su regazo y meter su pene en mi interior. Pegué su frente con la mía y hacía meneos bruscos que lograban mover el auto.
Tom ayuda colocando las manos en la cintura. Bajando a mi trasero y amasar a su gusto.

Estoy demasiado caliente.

Mi boca es entreabierta. Tom mantiene la misa expresión mirando atento mi rostro. Me estoy retorciendo en el placer. Restriego la mejilla en una parte de su ojo sin control. Estoy sudoroso y una segunda vez lo hacía venir en mi interior.
Yo sé lo di en el pecho manchando la camisa.

Tom es adictivo.

— ¿Estás bien?

— Mejor que nunca…

— No quiero arruinar el momento, cosita, pero…

— Sí. — interrumpí recobrando el aliento y mi postura. Bajé del auto para así ponerme los jeans. Tom se acomoda dentro luego de limpiar con su camisa. — Lo siento.

— Te acompaño.

— No, está bien… — miro al suelo. No puedo verlo porque me siento ruborizado y un poco apenado.

— ¿Seguro?

— Sí.

O eso creía.

— Entonces ve. — mira su reloj. Hace una mueca con disgusto. — Ya van a ser las cinco…

¿Tan rápido?

— Está bien, Tom. Adiós y gracias.

— A ti.

Salgo de su casa para poder ir a la mía. Entro con tranquilidad pero para encerrarme en el baño, parece que Taylor sigue durmiendo sin darse cuenta de nada. Pude darme un baño de agua tibia. Al salir envolví mi cuerpo con el albornoz y fuí hasta la sala para tratar de descansar.

En realidad no pegué ni un ojo por el miedo que sentía.

Pasé las horas mirando programas hasta que se hicieron las diez de la mañana. Prepararía el desayuno como siempre. Le haría su desayuno favorito.

— Buenos días.

— Hola. — respondí con el mismo interés que le ponía él.

— ¿Qué te pasa?

— Nada, siéntate a comer. — ni siquiera lo esperé. Serví mi plato y el suyo. Comí el mío con tranquilidad, mirando al vacío y sin muchos ánimos.

En eso suena el timbre y Taylor se ofrece a abrir. No respondo, empieza a importarme poco.

— Llegó la correspondencia…

— ¿Qué dice? — el silencio que pasa me desespera. — Cielo, ¿qué dice?

Se me bajó la presión.

— Eres tú y el vecino, ¿no? — dejo de lado mi plato. Con lentitud me paré de la mesa. Empiezo a temblar con miedo y las lágrimas se llenan en mis ojos. Volteo para encararlo.

Antes de que pudiera decirle algo, Taylor me cacheteó con el dorso de la mano izquierda.

Es la que más duro pega.

Sobé la mejilla mirando al suelo, quieto.

— Bill, eres un asco, que pena me das.
¡Trabajo día y noche para tí! ¡Te pago la puta universidad para que tú vengas a hacerme esto! — otra cachetada con la palma de la misma mano en diferente mejilla y Taylor estaba tomando del cabello para tirarme al suelo, pateaba en todas partes del cuerpo con rabia.

Yo solo lloraba sin control.

— ¡Cállate! — parecía una jodida bestia dándose el lujo de maltratar mi cuerpo hasta que se tira para rodear el cuello con sus manos callosas.

Me iba a matar.

— Personas así de infieles como tú ¡no merecen vivir, hijo de perra!

— Taylor… — balbuceaba y tosía. Puse las manos sobre las suyas casi con la misma fuerza para alejarlas de mi cuello. Mi vista empezaba a nublarse. — No…

— ¡Bill! — creo que regresé del más allá solo con escuchar la voz de mi vecino.

— Tom. — la puerta era golpeada con desesperación. No iba a aguantar.
Estoy rindiendo… soy débil, no puedo más.

— Solo muere… jamás vas a ser feliz con nadie que no sea yo.

— Hijo de puta.

La vida volvió a mi.
Me escurrí debajo de la mesa con miedo mirando como Tom golpeaba a Taylor. Sin contemplación, con las ganas de que sienta que es igual de fuerte que él.

Tom lo golpeaba horrible y si no hacía algo también lo iba a matar. Entonces tuve que correr a defender a mi pareja de Tom. Jalaba su camisa hacia atrás para salvarlo, no podía parar de darle golpes.

— ¡Tom, no!

— ¡Bill! — exclama rabioso. Finalmente pude separarlo y mandarlo lejos. — ¡Dios! — ayudé a Taylor a ponerse de pie. Mantenía una expresión burlona, triunfante… — Ese perro… ese asqueroso perro ¡no—te—merece!

— Tom, ¿por qué sigues diciendo eso?

— Porque le gustas, ¿por qué más va a ser, eh? ¿qué tanto le hiciste a ese hijo de puta para que venga a defenderte si eres un don nadie?

Evito que Tom se lance otra vez poniéndome en el medio.

Ignoro los comentarios de Taylor. Le doy una mirada ansiosa a Tom, sigo exigiendo una puta explicación.

— ¿Tom?

— Mierda, que pena que tengas que enterarte así, Bill, pero tu marido mete una mujer tras otra cada que vas a la universidad y me pudre, ¡me pudre! que el hijo de puta este te trate como si fueras lo más bajo cuando en realidad es él, ¡y tengo pruebas por si no me crees! ¡las perras cámaras de seguridad de mi casa lo captan todo, Bill! ¡todo!

Volteo a ver a Taylor.

— No vas a creer lo que este pelagatos di… — terminé su frase con un puñetazo en la boca. Me sentí satisfecho al verlo en el suelo con la sangre saliendo de su nariz. — ¿¡Ves lo que ocasionaste!?

— Me voy de tu asquerosa casa, quédate con todo tu puto dinero, no me interesa. Voy a trabajar para pagarme la universidad, con permiso. — subí a hacer maletas de toda la ropa que tenía. También para llevarme algunas cosas que compré con mis ahorros. Tom me permitió meterlo a su casa y dejarme quedar en ella hasta que pueda encontrar algo mejor.

Una vez que me aseguré de sacarlo todo, Taylor se me arrodilla en frente. Evitando que salga con Tom.

— No me dejes sólo.

Ni siquiera llorar podía.

— Taylor.

— Por favor, te amo, fue un error.

— No, ¿sabes? hice bien en escapar con el vecino. Solo una noche calenturienta bastó para descubrir que entre él y yo hay cosas de las que puedo hablar sin sentirme avergonzado… me gusta, Taylor. Tom me gusta y está dispuesto a hacerme feliz, cosa que no pudiste. — entrelacé la mano con la de Tom.

— Bill, joder…

Lo besé con ganas antes de salir de la que era mi casa.

— ¡¡¡¡BILL!!!!

En serio fue la mejor decisión que he tomado porque en los días de convivencia, Tom me devolvió la confianza en mi mismo y las ganas de creer en el amor.

Finalmente fue mi novio.

Actualmente llevamos tres años de relación, vivimos juntos en la misma casa, no hay peleas y cada día me enamora de diferentes formas. Nunca… pero nunca me hizo falta lo que creía que era indispensable en una relación:

El sexo.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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