Relato 10: El tío Bill

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 10: El tío Bill

— Oye. — volteo a ver a Natasha mientras tomaba mi vaso de ponche con un poco de alcohol. Me acerco a su oído lo suficiente para poder escuchar lo que me iba a decir. — Tu tío te estaba buscando.

— ¿Mi tío? — levanto una ceja en medio de confusión.

— Sí… y creo que se lo llevaron a la pista. — camino con ella a mi detrás entre todos esos tipos borrachos hasta que doy con la pista. Me escurro por debajo hasta estar cerca. La cara se me cayó de la vergüenza de ver a Bill dejando que Georg le de bebida en la boca. Estaba demasiado ebrio y animaba la fiesta aburrida que estábamos teniendo.

— ¿Ese no es tu tío? — suspiro frustrado.

¿Cómo lo saco de ahí sin que me tachen de aguafiestas en la secundaria?

— ¡EHHH! — chilla al acabarse la botella de ron «San Miguel».

Ese idiota va a caer en un maldito coma etílico.

— Vino a buscarte porque tú mamá le ha dicho que se pasó la hora, Tom, y en eso el más borracho ~hablo de Georg~ le ofreció unas copas, bailar y ahora míralo. Se desconoce.

— ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! ¡Hacia abajo! ¡hacia abajo! ¡más abajo! — me quemaba la cara solo con ver ese baile acompañado del aliento de los demás. — ¡Para arriba! ¡para arriba! ¡más arriba! ¡woooo!

No puedo más.

Tengo que sacarlo.

Maldición.

— ¡Tooooom! — ignoro a Daniela porque estoy muy sumido en mis pensamientos. — Oye, no te hagas… me dijeron que esa cabellera negra es tu familia. No sabía que era de herencia, que rico. ¿Cuando lo presentas?

— ¡Sí, Tom!

— Queremos vacilar con él, ¡se ve que es todo un galán! — di un último bocado a mi vaso para tirarlo al suelo, enojado. Rodeo la cintura de ambas señoritas y las acerco lo suficiente a mí para que me escuchen. — Ya di que sí.

— Quizás suene algo decepcionante, doloroso y agobiante pero… mi tío Bill es gay, está casado con un asesino que se encuentra en prisión. — ellas me miran con horror y sigo. — ¿Quieren saber por qué?

— ¿Por q-qué?

— El chico está preso porque asesinó a una mujer que igual quería con el, ¿que cosas…? ahora no le va a gustar enterarse que un par de señoritas se lo quieren bajar.

— ¡Vámonos!

— ¡Olvida ello, Tom! Es guapo pero amo mi vida. — se agarran las manos y salen huyendo de la escena. Me echo a reír a carcajadas.

— Cualquiera diría que lo hiciste por celos.

— No. — digo tranquilo. — Podrá ser mi tío y todo pero soy yo el que lo cuida.

Natasha arquea una ceja.

— ¿Qué edad tiene?

— Veintiuno.

— ¿Y tú?

— Diecisiete, con permiso. — me escurro entre todos hasta estar frente a frente de mi hermoso tío borracho, de cabello descuidado y húmedo.

— ¡Tom! condenado hijo de tu mamá, te busqué mucho, ¿dónde estabas? — se tira a mis brazos tambaleando de lo ebrio que se encuentra.

Respiré nervioso.

— Aquí, ahora vámonos. — ni siquiera doy el primer paso y ya los chicos me estaban bardeando para que no lo lleve conmigo.

— ¡No, Tom!

— ¡No te lo lleves!

— ¡Deja de ser así! ¡aburrido!

— Si, sobrino. Déjame. — susurra en mi oído para luego morderme. Irritado de su actitud lo elevo (cuerpo al hombro) y salgo sin importar los comentarios fastidiosos. Todos los comentarios de esos borrachos me los paso por mi lado más oscuro. — Que aburrido, Tom. Suéltame. — continuo hasta estar completamente fuera de lugar. Veo entre todos esos autos el de mi tío y camino hasta dirigirme a pasos rápidos.

Es un buen momento para conducirlo yo.

— ¿Las llaves? — hago que se siente en el suelo mientras cruzo los brazos.

— ¿Vas a conducir?

— Sí.

— No, idiota. Aún no eres mayor de edad.

— ¿No me las vas a dar?

— No. — me tomé el atrevimiento de buscarlas en los bolsillos hasta conseguirlas pero eso implicó tener que manosearlo y que no se negara me hizo creer que estaba más allá que acá. — Joder… solo no me vayas a matar. Aún no te he besado. — se ríe como un loco desquiciado y yo solo pienso en lo que acaba de decir.

¿Por qué quería besarme?

Agh, dejo de lado esos pensamientos y hago que se suba en el asiento del copiloto con su respectivo cinturón de seguridad y luego me subo yo en la del chofer. Pongo a andar el auto a la perfección mientras estaba sumido en mis pensamientos.

Tal vez lo dijo por molestar o algo así…

Nuestra relación más que de un tío a un sobrino parece la de un par de hermanos unidos y es comprensible porque mi tío es el último de la familia, el único hombre de todas mis tías y no tiene esa confianza que la tiene conmigo…

— Tom…

— ¿Mhmm?

— Tu mamá me va a mandar a la mier… ¡hip! — sonreí divertido. — Maldita sea. — de la gaveta saca unos dulces para ponerse a comer.  — Con est… ¡hip! agh, esto… se me va a bajar… creo.

— Mejor, porque ya llegamos. — el rostro de Bill se puso pálido y se sentó al instante a penas el auto se detuvo. Se ve en el espejo retrovisor, arregla un par de cosas, respira tantas veces y me mira.

— Vamos. — entrego sus respectivas llaves, le ayudo a bajar y entramos. Cómo era de esperarse estaban las siete tías, mamá y mi abuela con los brazos cruzados.

Bill estaba nervioso y yo tranquilo.

Íbamos a salir de esta.

— Hasta aquí llega el olor a tragos, Bill, ¿por eso te ofreciste a verlo?

— ¿Por qué lo regañas? Fui yo quien lo emborrachó para que me dejara quedar un poco más de tiempo. No tienes idea como me insistía, si vas a regañar a alguien que sea a mí.

— Vete a tu habitación, Tom.

— No.

— Obedece. — me sentía muy ansioso. Está en problemas por mi culpa, Dios.

No.

— Hazlo. — lo miro con pena antes de obligarme a mi mismo a irme de la escena pero no subo, si no que me quedo en las gradas a escuchar.

— ¿Ves como estás? Ya no podemos confiar en ti, Bill. Nos estás decepcionando.

— Solo tomando te la pasas, gastas el dinero a lo loco.

— Ma, es mejor que le quites las tarjetas de crédito y todo. Uno no tiene dinero para desperdiciar.

Pero…

— Yo solo te voy a decir una última cosa, imbécil. — saco un poco la cabeza para poder observar. Mamá picotea el pecho de Bill con su dedo índice. — No te quiero cerca de mi hijo, no quiero que aprenda tus mismos pasos, ¡alcohólico! — estoy enfurecido.

¿Cómo se atreve Simone a ponerle un dedo encima?

¡No lo puedo permitir!

— Vámonos. — empiezan a irse una a una dejando a Bill ahí, con la mirada al vacío y en mis sentimientos un mar de emociones.

¿Cuál es su problema?

— Maldición. — murmura sentándose en el sofá luego de agarrar una botella. Rápido voy a quitársela para que no siga. No puede seguir alimentando el odio de mis tías, tenemos que hacer algo para callarles la boca. — ¿Qué mierda?

— Estoy molesto contigo. — me siento a su lado mientras lo veo fijamente. Bill suspira recostando la cabeza justo en la parte de mi entrepierna.

Me removí incómodo.

— Puedo tolerar todo menos que mi sobrino favorito me diga eso. — decido acariciar su cabello a modo de hacerle mimos. Miro hacia el televisor en dónde me veo con él desenfocado y hablo:

— No comprendo cuál es su problema contigo y mucho menos el que mamá te haya golpeado. Quiero reclamarle, quiero gritarle con toda mi furia que…  la odio.

— Quizás porque soy gay. — se me cortó la respiración y vuelvo a removerme incómodo.

Debo aclarar que no es porque me haya dicho que es gay si no por su cabeza en mi entrepierna, parece que con cada movimiento me la soba y el miedo de no saber controlar me pone así.

— Piensan que es contagioso y terminarás siendo igual que yo.

Igual que él, eh…

Simone es una perra mojigata, ¿por qué no darle la contra?

Voy a… probar hombres por diversión, pero ¿quién?

Solo espero que esto no afecte para nada en mi heterosexualidad…

Pienso, pienso, pienso y no hay nadie que llegue a mi mente. No sé la sexualidad de mis compañeros y ahora me arrepiento de no haber escuchado.

Entonces sin querer mis ojos se posaron sobre mi tío ~quien duerme plácidamente en mis piernas~. No quiero afectarlo en nada pero creo que lo merece. Tan mal lo trataron por mi culpa.

¿Qué tanto soy capaz de hacer para que se vea más creíble?

Bill vuelve a removerse en mi entrepierna. Apoyo la mano en su hombro y la otra en la cabeza. Hago movimientos disimulados para saber y extrañamente se me levantó.

— Maldición. — dejo escapar todo el aire de manera entrecortada y le acomodo un poco mejor para poder liberar mi pene erecto. Abrí los ojos asustado cuando lo golpeó en la mejilla y Bill hizo una mueca media dudosa. Con la mano izquierda sostenía el cabello y con la derecha la jalaba mientras le daba un paseo en los labios.

Estoy consciente de que está mal pero… me excité con facilidad y ahora me da curiosidad.

— Uh… — gemí por lo bajo. Trato de abrirle la boca haciendo presión con la punta del glande para que entre en su boca. Me erizó la piel el sentir el contacto de la bola del piercing pasear el tronco.

Ahora son ambas manos las que llevo a su cabeza para subir y bajar en mi carne dura.

Se siente bien, ¿para qué negar?

«Tengo unas ganas potentes de follarle la boca hasta destrozarle la mandíbula.»

— Mhmm. — aprieto los ojos. Muevo mis caderas impulsado por el placer y las ganas de llenarle la boquita de mi leche recién preparada. Deseo hacerlo… — Oh… — meto mano debajo de la tela de esa franelilla blanca para acariciar el pecho.
Bastó sentir otra perforación en el pezón para eyacular en su boca.
Arrepentido de lo que hice lo alejo de mi cuerpo para que se acueste en el sofá mientras calmo mi respiración.
Acomodo la ropa y como todo un caballero cargo su cuerpo entre mis brazos para subir hasta su habitación.
Al llegar lo recuesto en la cama mientras veo su cuerpo con unos ojos diferentes.

Deseo a Bill como un hombre.

Voy deshaciendo el enterizo negro de su cuerpo hasta dejarlo sin ninguna cosa que tape su cuerpo. Después, me desnudo yo y suelto las rastas. Masturbo mi pene ~ahora más duro~ y acaricio cada parte de él.

Sin miedo voy y me acuesto sobre su cuerpo sin poner el peso. Beso desde el cuello, los hombros, clavículas… detengo en el pezón perforado para morder y jalar con los dientes, nada grosero. Acaricio la cintura una y otra vez. Frotó su pene flácido con el mío.
No dejo de observar su rostro…

Sigo bajando hasta que tengo frente a mí su virilidad. Le abro las piernas y beso entre ellas como si de una mujer se tratara. Besé los testículos y sigo bajando hasta dar lamidas constantes en su parte trasera. Con eso y lo húmeda que se encuentra mi entrepierna es más que suficiente para poder entrar.

Sin pensarlo vuelvo a estar sobre él, guío mi pene a su entrada y lo meto lentamente.

Una segunda corrida en su interior por estrecharme jodidamente bien provocó eso.

Estoy jodido.

Cargo sus piernas en mis antebrazos. Me muevo suave, lo más profundo posible una y otra y otra vez. No soporto tanto. Dejo sus piernas de lado para apoyar ambas manos en la cama y unir su boca con la mía.

— Bill. — susurro. Muevo mis caderas más rápido. Siento que su piel se pone de gallina, el miembro debajo de mi cuerpo se erecta y abre los ojos de golpe. Antes de que pueda decir algo le tapo la boca sin detenerme y pego mi frente a la suya a ojos cerrados.
Ya era tarde… — Shh…

— Tom, ¿qué mierda… ah? — empuja con ambas manos mi pecho. Le agarro fuerte para entrelazarlas y llevarlas a la altura de su cabeza. Callo sus siguientes palabras con mi boca. Me muerde a modo de darme un castigo pero finalmente termina por besarme.
No dejo el ritmo rápido que hago. Me gusta escuchar como se traga los gemidos a causa de mi boca.

Suelto sus manos. Me abraza y hace que pegue mi cuerpo al suyo.

— Ah, sí… al fin, carajo.

¿Cómo?

— Más, más…

— Nos van a oír.

— ¿Y qué? — caigo sin mucha fuerza en la cama y dejo que Bill se ponga sobre mí para que pueda montarme. — Ya, que lo sepa tu mamá y todas esas tías de una puta vez. — apretaba los deditos de los pies y me retorcía jodidamente excitado. — Acabas de encender la llama, Tom.

— Me alegro de haberlo echo. — apretaba su cintura.

Por primera vez toco un pene que no es el mío y me agrada.

Es muy curioso.

— ¡Mhmm!

— Maldición, Bill. Esta voy a correrme por tercera vez….

— Claro. — sonríe de manera juguetona acercándose a mí rostro. Nos damos un beso intenso con lengua. Bill contrae su entrada y hace que mi pene vuelva a rellenarlo con mi leche.

— Uf…

— Si la primera te viniste en mi boca.

Oh, no.

Bill cae rendido a mi lado dándome la espalda. Nervioso volteo para rodear su cuerpo entre mis brazos y darle un beso en la mejilla.

— Oye, ¿ya me tenías ganas?

— Siempre.

— Ah. — voltea para verme a los ojos. Yo soy pésimo en el contacto visual a si que miro sus labios y le beso.

— Ya duerme, mañana es otro día. — vuelve a voltearse para darme la espalda y pega bastante el trasero a mi entrepierna descubierta.

— ¿Qué va a pasar?

— Nada, si quieres probarme otra vez dime y no me negaré.

Sonreí con gracia antes de volver a abrazarlo y caer en un profundo sueño.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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