(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 2: La boda

— Josuet, me gusta un chico que está a punto de casarse. — confieso sacándome la gorra con frustración y luego dándome un frentazo en la mesa del restaurante. — Y yo estoy seguro que le gusto a él, tuvimos muchas cosas en poco tiempo de conocernos y no puedo permitir que se case, ¡joder! Estaría arruinando su vida con una persona que no ama y viviría infeliz si me ama a mí.

— ¿Quién? ¿El chico alto de cabello negro y largo? — asiento con la cabeza recobrando mi postura y colocándome la gorra. — Ay, Tom. Que triste tu caso, en serio.

— No me ayudas en nada, Josuet.

— Es que, ¿qué te puedo decir?

— No sé, algo para que me consuele un poco.

— Dile que no se case y ya.

— ¡No! — doy un golpe en la mesa, histérico. — Ya le dije ¿y sabes que me dijo? — niega con la cabeza. — Que me vaya de su vida, que no lo busque porque todo lo que vivimos no fue nada serio, pero ¿cómo? Si uno se siente cuando esa persona es feliz contigo, como lo disfruta, como sonrie…

— Entonces deja que se case y sigan siendo amantes a escondidas.

— Lo dices tan facil…

— Pero…

— ¡No quiere ni verme!

— Tómalo a la fuerza. — rie por lo bajo tomando el resto de cerveza que quedaba en su vaso. Levanta la mano para pedir otras dos más y el mesero se acerca a dejarlas. Doy un primer sorbo muy triste, la bebida entra con ganas por mi boca. — Quiero decir… ¿has visto esas películas dramáticas de romance en las cuales secuestran a la novia para que no se case y bla bla bla? — arqueo una ceja. — Haz eso y ya.

— ¿Y ya?

— Sí, estoy seguro que mucha gente se va a derretir de amor cuando lo hagas y te lo robes. Luego, vuelven como si nada y enfrentan las cosas. — sigo tomando la cerveza considerando, afirmando con la cabeza que su idea es absurda pero en plan perfecto. — Nuestros amigos te quieren mucho, no van a negarse a hacerlo ya que tu también les has ayudado.

Vuelvo a asentir, pero… ¿qué pasa si Bill no se siente cómodo con la idea de que me lo robe?

— ¿Cuándo es?

— Hoy a las cuatro. — Josuet mira su reloj de mano. Relame sus labios para luego sonreir.

— Tenemos media hora, Tom. Es tiempo suficiente para estar pendientes en el momento que el señor pregunte quien se opone y entras tú. Serás el centro de atención, del resto me encargo yo.

No digo nada pero la idea me hace sentir nervioso, feliz, eufórico…

Josuet empieza a textear en su móvil algunas cosas con emoción. Yo solo observo y pienso. Me gustaría hacerle una visita antes de lo que viene, decirle nuevamente lo que siento por él para saber su respuesta porque tengo la esperanza de que sea diferente. Sin más me despido de mi amigo y salgo en dirección a la casa de Bill.

Logro colarme como siempre por su ventana pero no lo encuentro. Me dedico a echar un vistazo a toda su habitación.

Tantas veces que compartimos juntos aquí…

Me dolía mucho el corazón, no podía soportar todo el dolor que sentía porque los recuerdos de momentos de felicidad se vieron interrumpidos por su compromiso. Las lagrimas me caen sin haberme dado cuenta y ya era demasiado tarde. Abro el cajón en donde guardaba parte de mi ropa y hallé una foto nuestra tomada con su cámara instantánea.
En serio se le ve muy feliz conmigo.

— Bill, tienes que… ¡hey! — volteo asustado a ver en dirección a la puerta. Él está ahí de espaldas, con la puerta puesta seguro mientras su amiga forcejea para entrar. Se asegura antes de alejarse y verme.— ¡Ábreme!

— No puedo, Juliana. — a pasos lentos camina hasta estar cerca de mí. Trago saliva mirando lo hermoso que se ve sin maquillaje. No dudo en levantar mi mano para acariciar su mejilla con suavidad. — Estoy encerrado, creo que la chapa se dañó.

— Lo que faltaba. — murmura al otro lado de la puerta.

— Ya voy a buscar con que arreglarlo, no te preocupes.

— Okay, no tardes. — no dice mas nada. Esta vez es Bill quien levanta su mano pero para abofetearme y hacer que me aleje de él. Mis ojos lo miran desconcertados

— ¿Que carajos haces aquí? — murmura entre dientes, enojadísimo. Yo miro al suelo con tristeza. — Tu visita es lo que menos me espero, ¿no ves que ya debo irme? ¡me voy a casar con la persona que si AMO! — hace énfasis en la última palabra logrando desmoronarme por completo.

— ¿Qué va a pasar conmigo? — cuestiono con un terrible nudo en la garganta. — ¿Con mis sentimientos?

— Tus sentimientos me los paso por la raja del culo.

Dios…

— Me importa una mierda lo que hagas con tu vida desde hoy, Tom. — un gran suspiro se escapa por mi boca. Mi cuerpo tiembla con frío y las piernas poco a poco se debilitan. — Ahora vete y déjame ser feliz. — me acerco un poco a él. Mantenemos contacto visual en silencio. — Por favor. — susurró.

Tenía unas ganas grandes de romperle la boca e ir llevándolo lejos, que nadie sepa de él y si pudiera, también borrarle la memoria para que nos volvamos a conocer y de nuevo enamorarnos pero solo pude robarle un beso. Me golpea en el pecho para que no lo haga pero me aferro más atrayéndolo por la cintura.
De a poco va cediendo al beso y enreda sus manos delgadas en mi cuello.

Camino un poco con él hasta acorralarlo en la pared que está junto a la ventana. Le pongo de espaldas y mordisqueo el lóbulo de su oreja.

Gime con delicadeza e intentando reprimirse. Siento a mi miembro endurecerse con el roce de su culo en él y estoy ansioso de metérsela. Desabrocho su pantalón de smoking y dejo que caiga al suelo con sus boxers. Luego hago lo mismo con mi pantalón.

Beso su hombro, un poco más hasta su cuello. Alineo la punta en su entrada y voy ingresando de a poco. Tapo su boca para mayor seguridad e inicio un ritmo acelerado para cogermelo. Apoya ambas manos en la pared. Empina un poco su trasero hacia atrás para que le entre profundo.

— Mhmm. — Bill quita su mano de mi boca. Está húmeda y con esa misma acaricio su cintura. — No, Tom… — echa su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. — No me ha – gas esto.

Planto un beso en su cabello e inhalo su olor.

— Tom. — esta vez apoya su frente en la pared. Baja su mano hasta su miembro para estimular.

— Tus palabras podrán decirme muchas cosas, pero tu cuerpo, Bill. — me acerco tanto a su oido para que me escuche bien. — Pide por mi, pide por su dueño.

— Joder, sí… — él me gusta tanto que no puedo controlarme cuando estoy cerca de él. — Follame más. — lo hago más rápido. Aprecio su hermoso culo pálido y lo nalgueo a mi antojo. — ¡Ah! — siento su entrada contraerse alrededor de mi pene y no puedo controlarme con la sensación placentera que siento. Lo echo todo en su interior.

Su cuerpo tiembla debajo del mío indicándome que también acabó. Respiramos agitados.

— Bill…

— No digas nada. — salgo de su interior húmedo para acomodarme y que él lo haga también. Me aterra verle a los ojos a si que para no causar un problema me alisto para salir de donde entré. — ¿A dónde vas?

— Por ahí. — entonces doy un salto y caigo entre los arbustos, ileso. Camino con las manos en los bolsillos tanteando el único bareto que tenía para fumarlo. Busco la fosforera en mi pantalón pero no la hallo, quizás debió caerse en el suelo de la casa de Bill.

No me sirve de nada.

Llego al estudio en donde toda la pandilla suele reunirse y ahí logro encontrar una nueva fosforera, pero no como la anterior. Tenía las iniciales de mi nombre porque me la regaló Bill por un mes de vacilar.

Pongo en mi boca el bareto, lo enciendo de una calada y guardo la fosforera en mi bolsillo. Relajado estoy en el sofá escuchando a mis amigos hablar en la otra sala.

Veo salir a Georg con el ceño fruncido.

— ¿Todo bien? — niego con la cabeza dandole otra calada y compartiéndola con él quien ahora se sienta a mi lado. — Si es que todo sale bien, ¿tienes a donde llevar a Bill?

— Sí. — busco en mi bolsillo las llaves de mi propia casa para entregarla en sus manos. — Las llamo las llaves de la suerte, Georg. Aun las conservo a pesar de haberme salido por mi vicio.

— ¿Dónde está?

— Quedlinburg. — sonrio de lado. — A un hora de aquí.

— ¿La dirección? — desde el móvil le mando la ubicación. — Genial, ahí llevaremos a Bill para que no pase nada.  — asiento fumando otra vez hasta acabarlo. Tiro lo que queda en el suelo y aprieto los ojos.

Georg es un gran amigo.

— Hola, Tom y Georg. — levanto y bajo la cabeza devolviendo el saludo. No puedo hacerlo con la boca, las palabras se me traban un poco.

Estoy muy drogado.

— Te compré un smoking para que la situación se vea mas seria.

— Me niego a usar uno, Kylie.

— Ay, por favor. — abro los ojos para ver a la mujer. Ella trae un vestido largo y rosado.

— Te ves bien.

— Gracias.. peeero, te voy a acompañar. — levanto mi trasero para tomar el traje e ir a ponermelo en el baño.

No me siento cómodo porque no es mi estilo.

Recojo las rastas en un moño descuidado una vez que estoy listo y salgo de ahí.
Todos se quedan sorprendidos al verme.

— Te luce el smoking.

— Me encanta. — dice Kylie acercándose a acomodarme.

— Tomale una foto. — sugiere Josuet. — Estas cosas no se ven seguido en él. — entonces Andy saca su móvil y toma una foto. Bufé estresado lanzandole la funda que tenía en mi mano y reía con descontrol.

— Es hora de irnos, chicos.

A decir verdad no siento nada solo por estar drogado. No escucho sus planes ni nada de lo que debería hacer en este momento.

En menos de lo que esperaba estaba pisando la cerámica de la iglesia con Kylie a mi lado agarrada de mi brazo. Gustav se encontraba junto a mí.
Él era la única persona ~del círculo social de Bill~ que me agradaba y nos llevábamos como nunca.

Sin más saludamos.

— Que bueno verte. — da un toque en mi brazo.

— Lo mismo digo. — mi vista la pongo en la novia. Diane Moistuzier es la hija de uno de los socios de mi padre a si que todo lo que venga de esa familia tiene que ver con dinero.

No me sorprende.

Luego de tanto parlamento de parte del cura llega el momento que el público ansioso esperaba menos yo. Me ponía rabioso, melancolico…

— … Diane Moistuzier, ¿aceptas ser la esposa de Bill Trümper para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?

— Acepto.

— Bill Trümper, ¿aceptas ser la esposa de Diane Moistuzier para amarla y respetarla hasta que la muerte los separe? — mi cuerpo se congela.

Estoy estático.

Bill solo mira a la mujer que tiene a su lado sin decirle ni una sola palabra y me desespera.
Actuo por impulso a pesar de que Kylie y Gustav tratan de detenerme.

Entonces Bill me mira.

«Tom, ¿qué haces? así no va el plan» — dice Josuet en el audífono. Decido ignorarlo y caminar un poco hasta quedar cerca de él.

— T – Tom. — susurra estupefacto.

— Vamos, dile que sí.

— ¿Qué haces aquí, eh? — su madre me jala del brazo para sacarme pero lo evito de un movimiento brusco.

— Hazlo. — los invitados empiezan a murmurar ante la escena tan bochornosa que se presenta en este momento. — Mierda, Bill.

— ¿Qué ocurre, Bill? — Diane cuestiona media asustada. Sus ojos van y vienen del azabache hacia mi.

— Maldición. — el pelinegro camina hasta mi para sacarme de la iglesia y enfrentarme.

— ¿¡A dónde vas!?

Él la ignora.

— ¡Bill! ¡AAAGHH!

«No lo había visto de esa forma, pero hay que actuar». — esta vez es Andreas quien habla cuando Bill y yo estamos fuera de la iglesia.

— ¿Qué te pasa, idiota? — me da un empujón con rabia y yo miro a todos lados menos a él. — ¿Qué te dije?

«En posición…»

— ¿¡Por… — no termina de hablar porque Kylie le da un golpe que lo desmaya por atrás. Con susto actuo y tomo el cuerpo de Bill en lo que llega Georg para subirlo al auto y llevárselo junto conmigo.

«Señores» — los tacones de mi amiga rechinan en el suelo haciendo eco. Supuse que entró a la iglesia. — «Lamento informarles que Bill huyó con Tom porque no quiso casarse con la señorita Moistuzier.»

Diane pega un grito que por poco y nos deja sordo. Todos hablan al mismo tiempo y no puedo entender nada de lo que dicen. Decido sacarme los audifonos y tirarlos por la ventana. Para mayor precaución hice lo mismo con el móvil de Bill.

— Toma. — Georg lanza un pañuelo con un olor medio dulce. — Ponlo en su nariz, empieza a despertar. — obedezco y lo pongo para que inhale lo suficiente. Hasta a mi me mareó un poco.
Voy mirando en todo el trayecto su rostro.

Me siento avergonzado.

Quizás con eso las cosas cambien un poco entre los dos y ya no quiera verme nunca más pero estoy aferrado a la idea de que recapacitará.

De que me entenderá…

— Ya llegamos. — abro la puerta para bajarme del auto. Estoy frente a la humilde casa de mis padres. Agarro las llaves que me da Georg y abro la puerta. Todo sigue igual, ordenado, acogedor… — ¿Dónde lo pongo? — señalo el sofá grande. Miro como lo acomoda bien y luego se acerca a mí. — Estaremos en contacto, ¿sí? Debo volver. — chocamos el puño y pronto estaba saliendo de la casa. Me dedico a cerrar todas las ventanas y puertas para asegurar la casa porque voy a salir a dar una vuelta.

Compro en la tienda más cercana una cajetilla de tabacos y fumo uno mientras me siento en una banca.

— ¿Eres Tom Kaulitz? — veo a una mujer de casi mi edad frente a mi con un vestido blanco de campesina.

— Eso creo.

— Soy Lucero, ¿te acuerdas de mí? — niego dandole una última calada a mi cigarro y apagándolo. — ¿Puedo?

— Sí. — le hago un espacio para que se siente a mi lado.

— Soy la hija de Camila, la mujer de servicio que trabajó por años con tus padres.

— Ah, ya…

— ¿Qué te trae de vuelta por aquí?

— Vine de vacaciones

— Que bien. — sonríe de lado muy amigable. — Me parece excelente que hayas vuelto a donde perteneces y más porque te han buscado por años, nunca dieron contigo y…

— ¿Qué?

— Es que, no sé si sea adecuado decirlo, pero… — respiro estresado. Odio que le den muchas vueltas al asunto. — Vamos a donde Mark, él te dirá. — rasco las rastas. La observo un poco antes de levantarme y seguirla hacia donde vamos. En el trayecto varias personas me saludan con emoción, me sentí algo famoso.

Hasta ganas de quedarme me dieron si las cosas con Bill no funcionan.

— Tom. — aclaro mi garganta incómodo cuando el hombre viejo de traje me abraza. — Soy Mark López, fiel abogado a la familia Kaulitz.

— Ah, ya…

— Tenemos que hablar, ¿tienes tiempo?

— Sí. — entro hasta su despacho con él y con Lucero a mi lado.

— Tus padres te buscaron mucho tiempo, Tom. — lo veo buscar unos papeles en su escritorio.

— ¿Y dónde están?

— Ellos murieron en un accidente. — relamo mis labios. Siento una punzada grande en mi pecho. — No paraban de buscarte y en una de sus búsquedas pasó lo que pasó… ya es un año de lo sucedido y lo bueno es que no te dejaron desprotegido. Tienes todos sus negocios, casas, autos y cuentas bancarias a tu nombre. Para cobrarlos solo debes casarte.

Lucero pone una mano sobre mi antebrazo ~cosa que me molestó en lo absoluto~.

— ¿En serio eso es bueno? — levanto la ceja enojado. — Yo los quiero a ellos, no su dinero.

— Te entiendo pero…

— No. — interrumpo levantándome de la silla para irme.

— De todas formas estará para cuando quieras cobrarlo. — le oigo decir. Voy a toda prisa a casa y al entrar veo a Bill aun durmiendo.
Es lo que menos me importa ahora.

Me siento culpable…

Mis padres murieron por mi culpa.

Maldición.

Voy hasta la cocina y saco una botella de trago purito para tomar ~ya que no tengo para fumar~. Me siento en el sofá en frente de Bill para sufrir en silencio.
Se queja poco a poco empezando a levantarse. Mira el techo y luego me mira a mi. Acomoda su cuerpo en el sofá. Tiene el rostro sonrojado.

— ¿Dónde estamos?

— En algún lugar del mundo.

— ¿Me secuestraste? — niego con la cabeza. — Lo hiciste.

— ¿Y qué? — levanto una ceja con despreocupación.

— Interrumpiste mi boda.

— ¿Y qué pasa?

— Te pasaste, te juro que si. — no respondo por darle otro sorbo. Estoy acostumbrado a la sensación del trago, no me hace nada. — Arruinaste mi futuro, mis planes…

— ¿Cuales? — suelto una risita por lo bajo.

— ¿Qué importa?

— Cuéntame. — insisto. — ¿Te sirvo un trago para entrar en ambiente, precioso?

— ¿Te estás burlando?

— No.

— ¡Dañaste mi futuro, Tom Kaulitz! — empezó.

— ¿Dañé tu futuro con Diane Moistuzier? Que curioso.

Sus ojos me miran como si quisiera matarme a golpes. Aprieta las manos formando puños.

— Un hombre como yo no puede estar con alguien tan insignificante como tú, no tienes ni donde caerte muerto, Tom. ¡Maldita sea la hora en la que te conocí!
Eres un drogadicto sin futuro, ¡no puedes darme nada de los gustos que me merezco!

— ¿Y con Diane si? ¿Con ella puedes tener todo?

— De algo tengo que vivir y de amor no lo es.

Eso si me dañó.
Respiro agitado y me levanto con la botella en la mano. Doy unos cuantos pasos hasta él y lo miro con toda la rabia del mundo.

La vista se me nubló al instante y las lagrimas caen con facilidad.

— ¿Te importa lo material más que lo que sientes por mí?

No responde.

— ¡Dímelo! — tiro la botella por donde vaya. — Dime y ahorita mismo te regreso a donde tanto quieres.

— Mierda. — Bill también se pone a llorar. — ¡Estoy confundido, ¿ya?! ¡Te quiero a ti pero también quiero lujos, dinero, todo! — me agacho un poco hasta quedar a su altura. Limpio las lagrimas de Bill con mis pulgares y beso sus labios con suavidad.

— Te pongo a decidir.

—  Tom, no me hagas esto.

— ¿El dinero o yo? — miro fijamente sus ojos. — Detrás de tu matrimonio hay un jodido secreto y te contaré dependiendo de lo que decidas. — llora sin poder contenerse y me abraza con fuerza. Lo hago de la misma manera.

— Perdóname, Tom… te quiero a ti, me voy contigo, quiero todo. Mi corazón late únicamente por ti.

Es lo que necesito para ser feliz.

— Te juro que conmigo no estás perdiendo, trabajaré como un burro para darte la vida que deseas, ¿sí? Solo tienes que… casarte conmigo.

— Cuando estoy contigo el dinero es lo de menos, soy muy feliz. — dejo de abrazarlo y vuelvo a mi postura. Tomo su mano para que se levante a mi lado. Agarro su cintura y lo beso.

— Quiero estar siempre contigo.

— ¿Siempre juntos?

— Siempre juntos.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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