Notas de la autora (mcpofife): Historia inspirada en este extracto de la entrevista que dieron los gemelos para la revista GQ en febrero 2010:
Periodista: Demasiada armonía es espeluznante, incluso entre gemelos. ¿Nunca se odiaron el uno al otro?
Bill: Sí, temporalmente. A la edad de 13, estuvimos en guerra por un año. Atravesábamos la pubertad y estábamos probando nuestros límites. En aquél tiempo, teníamos amigos por separado y cada uno pasaba mucho tiempo con su propia novia. Crecimos separados un poco por aquella época.

Notas de la traductora: Tom tiene una novia y Bill tiene sus propios rollos por ahí, pero no las puse como parejas en las advertencias porque no son importantes *risas*. La única pareja importante son los gemelos 🙂

«Thirteen» fic de mcpofife. Traducido por Analif

Capítulo 1

Tendrían trece años por sólo tres meses más, Bill estaba contento. No podía esperar para cumplir catorce porque era un año más cercano a los dieciocho. Cuando tuviera dieciocho, los adultos dejarían, por fin, de estarle ordenando cosas. Le gustaban los adultos cuando no actuaban como si fueran mejores que él sólo porque seguía siendo un niño. No era estúpido y no era un debilucho; nadie podía decirle qué hacer. Bueno, excepto su mamá, en ocasiones, pero igual nunca se la ponía fácil.

Trece años era también una mierda de edad porque Andreas era su mejor amigo. No que no adorara a Andreas, porque lo hacía totalmente y estaba seguro de que serían mejores amigos por siempre, pero hasta este año, su mejor amigo siempre había sido Tom. Por primera vez en doce años de vida fuera del útero (y los nueve meses anteriores, pero esos no contaban porque no había sido por elección), Tom y Bill habían sido inseparables. Actualmente, Tom se comportara como si prefiera comerse un tazón de vómito a pasar tiempo juntos.

Cuando Bill estuvo en Star Search, Tom no fue a ninguna de sus presentaciones. Bill hizo como si no le importara y como si no lo quisiera ahí, pero había estado devastado. Había espiado a su madre regañando a Tom una noche, diciéndole que Bill no lo estaba haciendo para excluirlo y que necesitaba apoyar a su hermano menor. Tom, enfadado, había negado sentirse dejado de lado y había dicho que tenía mejores cosas que hacer que ver a Bill hacer el ridículo. Lágrimas calientes quemaron los ojos de Bill ante el tono desdeñoso en la voz de su gemelo. Deseó que su madre simplemente lo dejara pasar. Tom lo odiaba y eso era todo lo que había.

A veces era diferente. En frente de una cámara o después de una particularmente violenta pelea, Tom se comportaba como antes. Le sonreía a Bill y era dulce con él, pero Bill sabía que era cuestión de tiempo antes de que las cosas se jodieran de nuevo. Bill no creía que la distancia entre ellos fuera su culpa. Él era la misma persona de siempre; era Tom a quien parecía agradarle menos. Antes, Tom aceptaba el peculiar sentido de la moda de Bill sin cuestionarlo. Ahora, Tom lo criticaba todo el tiempo y le decía niña. Antes, Tom le compartía todos sus secretos y odiaba que estuvieran separados. Ahora, incluso tener una agradable charla era algo raro y Tom prefería la compañía de sus estúpidos nuevos amigos y su todavía más estúpida nueva novia.

Dios, a Bill le ponía de los nervios.

Adalwolfa, mejor conocida como Wolfie, tenía unas enormes tetas para tan flaca chica. Tenía quince años, sabía un montón de trucos en patineta y siempre podía encontrar una fiesta. Era descarada y vulgar, y su rubio cabello lucía como si necesitara una buena lavada. Bill estaba sentado en el porche de su casa, comiendo ositos de gomita mientras esperaba que Andreas llegase, cuando ella se presentó. Llevaba puesto su usual vestuario de diminutos shorts de mezclilla, una playera y una grasienta coleta. Las zapatillas de deporte color verde neón, Bill no las había visto antes. – ¿Hey, dónde está Tom? – preguntó ella.

– Dentro – respondió cortante. No pudo evitar tener que admitirlo. – Me gustan tus zapatos.

– Joder, son demasiado grandes. No son míos – replicó la chica, bajando de su patineta y dejándose caer a su lado. – ¿Me das?

– Supongo que sí – respondió Bill a regañadientes, inclinando la bolsa sobre su mano y agitándola hasta que varios dulces salieron.

Ella se llevó el puñado entero a la boca y volvió a hablar mientras masticaba. – Erich va a tener una fiesta esta noche, por si quieres venir.

Bill la miró sorprendido. Era la primera vez que lo invitaba a un lugar. – ¿Quién es Erich?

– El tipo con el, como, lo que sea – dijo ella, señalando su cabeza – cabello púrpura. Tiene un cachorrito.

– ¡Oh, sí! – exclamó Bill, recordando el cachorro pastor alemán que había visto el fin de semana pasado. ¡Era adorable! Erich era agradable, también. Le permitía a Bill jugar con su perro por largo tiempo, hasta que Tom le insistía en que se fueran.

– Deberías venir – continuó ella. – Será muy divertido.

Bill mordisqueó un osito rojo, se encogió de hombros. – Probablemente Tom no me quiere ahí.

– Que se joda Tom; yo puedo manejarlo – Wolfie sonrió. El estómago de Bill se encogió. Necesitaba a una chica para convencer a su hermano de tolerarlo. – En serio, ven.

Bill reconoció a Andreas caminando por la calle y cerró su bolsa de dulces, guardándola en su bolsillo. – ¿Puedo llevar a un amigo?

– ¿A quién, Andy? – dijo ella, siguiendo su mirada. – Claro.

Otro golpe a sus entrañas: Tom no tenía problema en que Andreas estuviera con sus amigos. Andreas ahora no se iba con Tom, pero sí lo hacía cuando Bill estaba en Star Search y no se veían mucho.

Tom llegó corriendo a través de la puerta, dejando caer su patineta en la entrada. – Hey, ¿por qué no me dijiste que estabas aquí? Te acabo de ver por la ventana.

– Estaba hablando con tu hermano – respondió Wolfie, recogiendo su propia tabla.

– ¿Por qué? – preguntó Tom cortante. Bill se levantó y se apresuró al lado de Andreas.

– ¿Qué sucede? – preguntó Andreas.

– Nada – replicó Bill en voz baja, tomando su mano. – Vámonos.

Andreas se despidió de los otros agitando su mano mientras Bill lo guiaba a la casa y hacia las escaleras, esperando interactuar lo menos posible, pero Tom los siguió. – ¿Qué pasa, Andi?

– Bill me invitó – dijo.

– ¿Por qué se toman de la mano? – se burló, caminando tras ellos.

– ¡Qué te importa! – espetó Bill.

– No estaba hablando contigo – exclamó Tom de vuelta, agarrando el codo de Andreas para que su mano soltara la de Bill. – Andi, ¿quieres venir a la pista de patinaje? Muchos vamos a ir.

Andreas miró a Tom, después a Bill. – ¿Quieres ir?

– Él no está invitado – dijo Tom.

– Me quedo con Bill, entonces, haré lo que él haga – respondió Andreas, leal.

– ¡Sí, y yo tengo una política de No Idiotas, así que eso significa que no iremos contigo! – dijo Bill, tomando la mano de Andreas otra vez, jalándolo hacia su habitación y azotando la puerta tras ellos.

Escuchó a Tom maldecir y bajar las escaleras a paso fuerte, pero lo ignoró a favor de su estéreo. Se sentó en la cama, agitando la cabeza cuando Andreas lo miró con simpatía.

– Es un idiota.

– Desearía…. extraño pasar tiempo los tres juntos – admitió Andreas. – Eso raramente sucede ahora.

La mandíbula de Bill se tensó, determinado. Si Tom podía arruinarle el día, él podría arruinarle la noche.

– ¿Entonces por qué no lo hacemos? ¿Quieres ir a una fiesta esta noche?

Continuará…

Gracias por la visita. No olvides comentar 🙂

por Analif

Traductora del Fandom

3 comentario en “Thirteen 1”

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