

Notas de Amudiel: Cuando una persona guarda un secreto principalmente es porque teme la reacción de los que lo rodean, aunque en el interior sea solamente porque teme su propia reacción…
Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel
Capítulo 6: La negación y las pesadillas
—¿quieres dejar de manosearme el trasero? – pidió Bill colocando las manos en el pecho de Tom tratando de alejarse.
El perfumista los había llevado a una calle bastante solitaria con la excusa de fumarse un porro, no podían hacerlo en un lugar demasiado público, pues no era legal como en Canadá, mala suerte, el día en que legalizaran la cannabis mundialmente, sería el día más feliz de la vida.
El porro estaba finalizado después de unas caladas por parte de ambos hombres, Bill comenzó a contarle a Tom acerca de las campañas en las que se había desempeñado, Tom con cierta sorpresa descubrió que la primera campaña de perfume echa por Bill era precisamente la de Renacer, entre la palabrería de Bill acerca de la costosísima ropa de marca que les habían obsequiado a Georg y a él en las campañas de ropa, Tom se había perdido en sus labios, en su cuello, en sus gestos, en cada una de las líneas de su rostro, cuando sonreía o cuando arrugaba ligeramente el entrecejo, se preguntó cómo sería su rostro descompuesto por el llanto.
Quizás sería divertido averiguarlo.
Tom agarro desprevenidamente a Bill por la cintura apegándolo a sí mismo, quedando apoyado de espaldas en su camioneta, Bill sorprendido por el hecho no fue capaz de moverse, y Tom aprovechando su estupefacción bajo descaradamente sus manos desde su espalda hasta su trasero sin pizca de vergüenza, el cual comenzó a masajear.
—nop – contesto Tom a su pregunta, apresándolo aun más.
Bill podía sentir todos los firmes músculos del estómago de Tom, presionar contra su estómago plano, pero eso no evitaba que se olvidase del descarado masaje que estaba recibiendo en las nalgas, frunció el ceño mirando enfurecido al sujeto que definitivamente era su perdición, ¿Cómo podía pasar de estar hablando animadamente a ser el tipo pervertido y mandón que conoció en el hotel Westin?, realmente Tom era raro.
—En serio – siseo Bill – suéltame
—Sabes que cuando te haces al difícil solo me incitas a joderte mas – se acercó al cuello del modelo necesitando con todas sus células oler su particular aroma, delicioso…
—yo no estoy haciéndome al difícil, ¡suéltame ya!
—a los maricones les gusta que otro hombre les toque el culo, así que ¿por qué habría de soltarte?
—¡ya te dije que no soy gay! Y te recuerdo que tu también te excitaste ayer cuando me atacaste en mi habitación…
—te moviste demasiado, ¿querías que el “pequeño” Tom se quedase sin hacer nada cuando estabas rozándolo descaradamente?
—yo no roce nada descaradamente, estaba tratando de que me dejaras en paz
—¿es lo que te dices a ti mismo para no aceptar la realidad?
—Tom déjame
—y después me manoseaste el paquete
—estaba comprobando mi teoría
—es mentira, te agrada la idea de revolcarte conmigo, porque eres homosexual en fase de negación, por eso te comportas como un mojigato cuando te toco, si tan solo lo aceptaras todo sería más fácil
—¿todo? ¿Exactamente que sería más fácil?
—el que yo pueda dejar de pensar en tu asqueroso cuerpo de hombre mal desarrollado con complejo de travesti y seguir con mi vida en paz
—¡no entiendo nada!
Tom comenzó a sentir calor en cierta parte de su cuerpo, que cuando sentía calor, le daba por ponerse dura como una roca, demasiadas imágenes que no podrían ser precisamente descritas como “normales” pasaron por su mente, en las que el modelo estaba en un sinfín de posiciones y con múltiples expresiones en su rostro, eso solo empeoraba cierto problema entre las piernas de Tom, ¿se supone que tenía que quitarse esa obsesión con el modelo? ¿Pero cómo?
Pues fóllalo ahí estaba la voz ridícula de nuevo llévatelo a la cama y después de profanar su cuerpo te olvidaras de el
Definitivamente yo no puedo acostarme con un hombre, la sencilla idea de meterle algo por el culo a un tío me da asco, me repugna me da nauseas.
Sin embargo aquí estas tocándole descaradamente el culo a Bill, que coincidentemente es un tío, y sabes perfectamente, que lo último que sentirías al follarlo es asco.
—la gente nos está mirando – se quejó Bill, a pesar de ser una calle poco transitada en la que se podía fumar mota tranquilamente sin ser descubiertos por la policía, era difícil que pasaran desapercibidos, dos tíos manoseándose, o en este caso un tío manoseando a otro.
—pues que miren – se encogió de hombros Tom apresando tan fuertemente ese par de nalgas que casi alzo a Bill del piso.
—ya basta – de un empujón Bill se libró del agarre, estaba respirando agitadamente y sus mejillas tenían un atrayente color carmesí.
—Eres gracioso – declaro Tom guardando sus manos en los bolsillos de su chamarra – ¿quieres que te acerque a la pocilga que llamas casa?
—No es una pocilga, y seria amable de tu parte – Bill estaba inseguro… Tom era tan repentinamente cambiante, y totalmente impredecible.
—sube entonces
Bill subió a la camioneta negra en el lugar del copiloto, ¡Tom era un maldito bipolar! Por qué estaba de buen humor hasta hace unos momentos y ahora parecía querer deshacerse de el lo más pronto posible, ¿realmente era Tom así? ¿Tom el perfumista más famoso de Alemania? Sencillamente increíble.
—Eres raro – declaro Bill cruzándose de brazos en un gesto defensivo.
—y mira quien lo dice niño travesti
—¡déjame aclararte que nunca en mi vida use ropa de mujer!
—¿y esos bolsos de señora que usas? Por favor…
—¡es un prada! Son unisex – se quejó el modelo molesto con su interlocutor, pero claro que va a saber de moda Tom Kaulitz, con esas ropas anchas que usa y esos chalecos que mas parecen salvavidas que ropa normal.
—Bájate – estaban frente a su apartamento y Bill ni si quiera se había dado cuenta de ello, algo ofendido se bajó de la camioneta, la rodeo a paso lento y al llegar del otro lado miro a su peor pesadilla frente a el.
—pues… me divertí, adiós
—¿Por qué no hay ni una sola foto tuya sin camisa en las revistas? Ni si quiera en las de los pantalones de “horgi”, y conozco al publicista de eso, para los pantalones siempre le pide a los modelos que salgan sin nada arriba o torso al desnudo pero tu eres la única excepción
—¿estás viendo mis publicidades en revistas? – pregunto Bill incrédulo.
—…solo te levantaste la camiseta hasta el ombligo ¿pero por qué no te la quitaste?
Las manos de Bill comenzaron a sudar, ¿Por qué ese sujeto tenía que ser tan endemoniadamente perceptivo?, cuando estaba con Tom se sentía totalmente un libro abierto ante sus ojos y la idea comenzaba a asustarle.
—Miguel pensó que no tenía demasiado musculo en el pecho por eso me dejo con la camiseta…
Tom esbozo una sonrisa ladeada poniendo mucho mas nervioso al modelo ante su escrutinio, Miguel Shafer su publicista, que trabajaba para varias empresas a parte de la suya, había puesto a chicos mucho mas flacos que Bill al descubierto, lo que significaba que el modelo estaba mintiendo de nuevo.
—te dije que conmigo mentir no funciona… Bill
El modelo apretó fuertemente los puños mirando a Tom enfurecido, estaba harto de todo ese juego sea lo que sea que estuviese pasando, no entendía nada, no entendía a Tom ni sus absurdas palabras, en un momento podía ser agradable y hasta divertido, luego al siguiente estaba molesto e irritado, o se ponía a joderlo a preguntas como esa o la de sus padres.
—Mira… no tengo por qué contestarte nada – Bill se giró para adentrarse en su departamento, en su cuarto bajo sus sabanas y quedarse ahí hasta que tuviera que ir a la universidad, no quería seguir en ese juego porque sabía que podría salir perdiendo.
—Realmente seria mas fácil si me lo dijeras Bill – escucho la voz de Tom a sus espaldas – porque de todas formas lo voy a averiguar
—¡déjame en paz! – grito Bill incapaz de contenerse, escucho el ruido del motor de la camioneta cuando esta se alejó en dirección al Westin Hotel, suspiro, ¿Por qué a el le pasaban siempre cosas tan… raras?
Un escalón, dos escalones, cuatro escalones, quince escalones, veinticinco escalones y el pasillo, siempre le había gustado contarlos al subir al departamento que compartía con sus amigos, era de alguna manera para el una especie de mantra para relajarse, sin embargo, desde el corto tramo de pasillo que separaba las escaleras de la puerta de entrada, todo su mantra se fue a la mierda.
Era como tener dos personas en su interior, una parte suya, estaba muy contenta y relajada de ya no tener que lidiar con Tom y su curiosidad aplastante hacia temas que jamás en la vida tocaría nuevamente, y otra parte suya, la mas exasperante estaba deseando tener cerca al perfumista nuevamente, como si lo extrañara, como podía extrañarlo si apenas lo conocía 3 míseros días, el sábado en la presentación del renacer, el domingo cuando fue atrapado frente a su departamento en la camioneta negra, y por ultimo ese día lunes que había ido a recogerlo al instituto.
¿Qué demonios estaba mal con él?
Vamos Bill se razonable se dijo a si mismo tu no quieres volver a verlo, no quieres estar bajo su penetrante mirada que parece que te atravesara con ella, no quieres que su carácter extraño aplaste al tuyo, quieres librarte de el.
Pero en el fondo sabio que no quería.
—¿Qué tal Bill? ¿Cómo te fue con Kaulitz? – pregunto Georg como siempre sentado en uno de los sillones de la sala viendo tv.
—ah… le enseñe un poco la ciudad, solo eso
Georg alzo una ceja algo confundido, Bill solía hablar hasta por los codos y ahora estaba extrañamente silencioso. No dijo nada, pues si algo sucedía Gustav era indicado para arreglarlo, el no tenía el tacto suficiente para eso.
—Seguro – sonrió Georg, señalo su cuenco con palomitas de maíz – ¿te unes? – pregunto.
—estoy cansado, pero gracias Hobbit – Georg soltó un gruñidito y se encogió de hombros.
Cuando Bill fue hacia el pasillo que comunicaba la sala con las habitaciones y el baño, tuvo un mal presentimiento al ver a Gustav apoyado contra su puerta mirándolo, casi acusatoriamente.
—Hola Bill – saludo el rubio – ¿todo en orden?
—claro ¿Por qué? – las manos de Bill automáticamente se encajaron en los estrechos bolsillos de sus pantalones, Gustav interpreto el gesto como “no quiero que sepas que estoy confundido”
—quería hablar contigo ¿Por qué no pasas un momento?
—seguro
Bill entro a la habitación de Gustav, era del mismo tamaño que la suya, solo que con otra decoración, eran tonos negros, grises y blancos, realmente elegante… que contrastaban con los posters de Metálica y demás, Gustav se sentó en su cama sin pedirle a Bill que se sentase ni nada.
—¿Qué tal tu tarde? – pregunto el rubio mirando fijamente a Bill.
—normal… — trato Bill, pero sabía que era en vano – raro – dijo rendido al fin.
Extrañamente Gustav no dijo nada, no podía decir que expresión traía su amigo en su rostro pues miraba directamente el piso, no escucho a Gustav moverse pero cuando vio las zapatillas de su amigo aparecer en su campo de visión alzo la mirada, Gustav era demasiado rápido y antes de que Bill se diese cuenta le quito la bufanda del cuello, Bill soltó un gritito agudo y se cubrió con su largo cabello enrojeciendo.
—¡G-Gus! – no se atrevía a mirarlo a la cara, prefería mirar la pared.
—¿dime quien te hizo eso?
El corazón de Bill latía tan rápido que el modelo temió que se le subiera por la garganta, con algo de temblor en las manos desabrocho el primer botón de su camisa negra y dejó a la vista parte de su clavícula donde habían dos marquitas mas.
—ayer cuando acompañe a Sara hasta la entrada estaba sin camiseta y creo que me picaron los mosquitos
Era una mentira a medias, no podía sentirse culpable, de hecho si tenía picaduras de mosquitos en su pecho pero lo que Tom le había hecho en el cuello…
—Bill, desde que Georg y tu aparecieron en mi vida son como mis hermanos, y no quiero que nada malo les pase – insistió Gustav.
—Realmente estoy bien – trato Bill abrochando de nuevo su camisa – si algo sucede, te lo contaré
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Las luces eran realmente interesantes, atraparon totalmente la atención de Tom, de tantos colores, rojos, azules, violetas y verdes, danzando por todo el local, miles de cuerpos sudorosos bailando, muchas chicas se habían quitado las blusas quedando en brasier, había otro par de chicas en la barra dejándose disparar chorros de cerveza en sus camisetas blancas, era mas que claro que no llevaban brasier debajo.
¿Por qué las luces de ese lugar estaban pareciéndole más interesantes que las dos chicas sentadas a sus costados?
Incluso la canción que estaba sonando en ese momento era mas interesante que las perras rodeándolo, ¿para que había ido a ese lugar si no era a follar?, claro que fue a follar con una chica, o dos, o diez, chicas con grandes pechos, cinturas estrechas, piernas hermosas y torneadas, cerebros vacíos…
Because you live and breathe…
¿Por qué hasta la estúpida letra de esta estúpida canción le recordaba a Bill?
Los voluminosos pechos de una de sus acompañantes se clavaban firmemente en su brazo, nunca en su vida le había parecido mas fácil conseguir chicas, estas eran incluso mas fáciles que pagar una prostituta, Tom froto con cansancio su frente, las luces…
Reconocía cada color de ellas, casa destello girando sin control en ese lugar, pero no podía ver el color, no podía reconocer la magnificencia de ello…
Siempre había sido así, yo no soy gay
¿Realmente cuantas veces has pensado eso en estos días? le contesto la horrible voz que odiaba cada segundo mas.
—¿entonces les gustaría acompañarme a mi hotel? – sonrió Tom a las chicas.
Sus estúpidas risitas fueron su respuesta, las llevo en la camioneta negra hasta otro hotel lejos del Westin, no podía arriesgarse a que lo vieran “engañando a la buena de su esposa” después de todo.
Cuando se unió físicamente a ambas chicas, pensó que todo estaba bien, el placer de fundirse con esos cuerpos femeninos y poseerlos, reafirmando su hombría, sus gemidos demasiado agudos, demasiado femeninos…
¿Cómo serían los gemidos de Bill?
Sacudió la cabeza tratando de concentrarse en lo suyo, pero ya había cometido el enorme error de pensar en el modelo misterioso, quería conocer todas sus expresiones, todas sus tonalidades de voz, porque los ligeros espasmos y los sordos jadeos que había escuchado de Bill, lo hacían vibrar mucho mas que aquellos chillidos de esas dos desconocidas que estaba follándose.
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—¿De qué basurero saliste?
—No lo recuerdo – Tom se arrojó en la cama de esa habitación de hotel – creí que dijiste que te irías ayer…
—¿y dejar que hagas el ridículo? Si tu culo se hunde, el mío también lo hará y eso no es conveniente, jefe
—Me duele la jodida cabeza – Tom se cubrió los ojos con un brazo – ayúdame Vic…
—soy tu asistente no tu empleada domestica
—también eres mi amiga, no puedes dejarme agonizando…
—pues bien merecido lo tienes por ingerir toda esa mierda – no obstante la chica de los ojos azules salió de la habitación dispuesta a encontrar algún analgésico para su retorcido jefe, no le fue muy difícil encontrarlo, pero ahora tenía algo mas en mente.
Su jefe había estado rondando a ese modelo como jamás rondo a nadie, y de repente volvía a ser el capullo de antes, el que se monta orgías en medio de la noche, eso sonaba a que Tom quería estar “seguro” de su inclinación sexual, una forma de cerrar los ojos ante la realidad.
El modelo comenzaba a atraerle de maneras que no debía, y Victoria sabía que eso asustaba a su jefe, sentirse atraído por alguien del mismo sexo, no debía ser fácil y sobre todo para una persona como Tom Kaulitz, que media la hombría de su persona con la cantidad de chicas que pasasen por su cama.
—Ten – le tendió la botella de agua mineral y las pastillas analgésicas – ¿y bien ya recordaste algo?
—creo que si – Tom metió la mano al bolsillo de su pantalón y saco un par de bragas rojas muy diminutas – ug si ya recordé – las lanzo a un lado
—Eso es bastante desagradable – convino Victoria frunciendo la nariz.
—Consigue unos boletos a Hamburgo para hoy en la noche – Tom hizo caso omiso de la mirada de Victoria hacia la lencería olvidada en un rincón de la habitación – ¿podrás?
—con gusto
—Genial – Tom se metió bajo las mantas – por eso dije que te necesitaba
—Eres peor que un niño – Victoria cerró la puerta con cuidado de no hacer mucho y ruido y reservo vía teléfono, un par de asientos en el vuelo de las nueve para Hamburgo, quizás ahora toda esa locura sería una mas de las de Tom y podrían olvidarse de Bill Trümper.
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Gustav se levantó rápidamente al oír los gritos de Bill en su habitación, cuando salió a toda prisa casi choca con Georg que tenía la misma mirada de susto, sin decir una palabra ambos amigos irrumpieron en la habitación del menor, lo que vieron los dejo una vez mas, helados.
Bill se retorcía en la cama, llorando y gritando sus uñas arañaban su rostro haciendo marcas rojas, que si pronto no detenían, podrían abrirse y sangrar, Bill se convulsionaba a tal punto que su espalda formaba un arco casi doloroso, las frazadas se enredaban y caían al piso, pero lo mas horrible eran los gritos de horror de Bill, sin perder mas tiempo Gustav se acercó al joven y sujeto sus muñecas para evitar que siguiera lastimándose, Bill se retorcía bajo su agarre.
—¡Bill despierta! – Gustav miro a Georg pidiéndole ayuda con los ojos, el castaño se acercó rápidamente y golpeo las mejillas de Bill llamándolo – ¡Bill!
El pelinegro dejo de moverse y abrió lentamente los llorosos ojos, Gustav estaba algo sofocado encima de el atrapándolo con sus manos y cuerpo, y Georg sentado a un lado mirándolo con preocupación, un ardor se apodero de su rostro.
—¿He soñado de nuevo? – pregunto a sus amigos, ambos asintieron.
—Bill…
—No recuerdo – dijo el modelo rápidamente sentándose – el sueño, jamás lo recuerdo – Gustav sabía que estaba mintiendo, aun podía ver el terror en sus ojos, se acercó a Bill acariciando la espalda de su amigo.
—si algún día llegaras a recordar ¿prometes contarnos? Sabes que… puedes confiar en nosotros
Bill asintió algo cohibido sabiendo perfectamente que jamás sería capaz de contarles algo como eso a sus amigos, lo odiarían, nadie debía saber jamás los pecados que estaban implicados en el nombre de Bill Trümper.
—¿estás bien? ¿Quieres que nos quedemos un rato?
—no… mañana tenemos clase, no se preocupen estoy bien
—¿seguro?
Bill asintió con la cabeza antes de acomodarse nuevamente en su cama, Gustav alzo las mantas derramadas y las acomodo sobre su amigo antes de salir con Georg. Ya fuera lejos de Bill, Gustav sujeto el antebrazo de Georg y suspiro abatido.
—tú también lo notaste ¿verdad? – dijo el castaño acariciando el brazo de su rubio amigo.
—el siempre recuerda, y no nos quiere decir
—me pregunto si tendrá que ver con su pasado, recuerdo que cuando le preguntamos jamás quiso decirnos nada…
—estoy seguro…
—¿crees que algún día tendrá la suficiente confianza para decírnoslo?
—eso espero Georg… Bill es una buena persona, no merece cargar con lo que sea que Este cargando
—ojala pudiéramos ayudarlo de alguna manera
—sí, buenas noches Georg
—buenas Gus
Bill en su habitación no pudo volver a dormir, los espasmos en su cuerpo se lo impedían, había vuelto a tener aquel sueño horrible, y no le había pasado ya en tiempo, volvía a tenerlo justo ahora que conocía a Tom…
De alguna manera se sintió extrañando sus fuertes brazos rodeando su figura, lo hacía sentir tan vulnerable y protegido a la vez, Tom siempre lo hacía contradecirse, y se asombraba de estar pensando en el perfumista con tanta frecuencia siendo que solo lo conocía tres días, poco a poco el sol comenzó a colarse débilmente a través de las cortinas, Bill suspiro rendido, no podía dormir, así que decidió cambiarse desde temprano.
Más tarde ese día en el desayuno Gustav y Georg (aun en pijamas) notaron que Bill de nuevo volvía a desayunar estando listo para salir, y que además tenía unas ojeras debajo de su maquillaje negro.
& Continuará &