La sangre también une 12

Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 12

En ese instante solo… sucedió.

Les juró que en la mañana estaba muy tranquilo, hablamos, comimos juntos… No entiendo lo que sucedió.

Había terminado de bañarme y me estada poniendo la ropa con la que vine cuando escuche muchos gritos y bulla en el pasillo cercano a los vestidores. No le di importancia y seguí en lo mío, no es raro ver a los chicos o chicas pelear en el patio o en los pasillos.

Por alguna razón, es inherente el comportamiento agresivo en las zonas más pobres de Leipzing. Suspiré y no pensé nada más al respecto.

Salí con mi bolso en el hombro, pasé al lado del disturbio y de reojo miré quienes peleaban esta vez.

Era Tom, golpeando a alguien que se supone que era su amigo. Detuve mi caminar y volví a mirar para asegurarme de no haber visto mal.

Pero no fue así.

Como se llamaba ese chico… ¿France? ¿Frans?… ah sí, se llamaba Frank. Es un chico que pertenece a la pandilla de Tom, en teoría.

De vez en cuando lo veía en la sala bebiendo y jugando, siempre lo veía pegado a Andreas y creí que eran buenos amigos.

Pero ahora el punto es que no me sorprende es que se este peleando, sino más bien con quien.

Estoy atónito, inmóvil como estatua, observando la escena. Frank esta tirando como trapo en suelo del pasillo, sobre él, esta Tom. Golpeando con ambos puños sin descanso y sin compasión, solo con odio. La mirada que posaba sobre Frank… era oscura, llena de odio o enojo.

Me había quedado de pie en un lugar que me daba un ángulo de visión perfecta del incidente. En medio del pasillo, por sobre todas las expresiones de miedo y desconcierto de los alumnos se escuchaban los gritos desgarradores de Frank, mismos gritos que poco a poco se iban desvaneciendo.

Hasta volverse pequeños quejidos ahogados por la sangre que brotaba en su boca.

Las miradas ajenas se volvieron una especie de sombras que danzaban alrededor de ellos, encapsulándolos y dejando al resto como meros espectadores.

La porcelana de color crema, manchada con la sangre de Frank, era iluminada pobremente por la luz natural que entraba por las ventanas del pasillo. Si cerrabas los ojos y ponías atención a los sonidos del ambiente, los golpes que chocaban en la victima se parecían a los sonidos que hacen los carniceros cuando golpeas la carne con esos martillos picudos hechos de hierro.

Y el bullicio del alumnado parecía ser el bullicio común de un negocio.

Si lo miras de otra forma, podrías decir que estabas haciendo cola para comprar carne en la mejor carnicería de Leipzing. No evite el estremecimiento de comparar ambas escenas.

Cualquiera diría que Tom va a matarlo, pero no es así.

De todo el lugar los únicos que sabíamos con certeza de que jamás mataría a alguien, somos yo y él.

En primera instancia no me llego nada a la mente. Después procesé los detalles, enfocando mi vista en los detalles. La figura de Tom no me había vuelto a parecer tan monstruosa como en este instante y para tan brutal golpiza no se veía tan enojado.

Entonces Tom se levanto y se limpió las manos en su polera, miro a todos a su alrededor y dijo lo siguiente:

—Esta es una advertencia… — Se limpió la pequeña línea de sangre que bajaba por su nariz. — Y no hace falta decir nombres para saber a quienes va dirigido .

Dirigí mi mirada a quienes Tom miraba con tanto repudio. Mis ojos se abrieron de sorpresa al ver que se trataba de sus «amigos». Todos ellos, en una esquina mirando como el pobre Frank había sido vencido por la bestia Tom, no es necesario decir que estaban cagados del miedo.

Todos, excepto Georg. Quien se quedo como espectador a una ligera distancia de ellos.

Este es el efecto de Tom sobre los demás. Esto es lo que sucede cuando de manera pública se conoce que te odia o que no te soporta, cuando estés a los pies de él, nadie se acercará a ti. Y si tienes suerte, al irse Tom, alguien de corazón piadoso se acercará a ti a llamar una ambulancia o llevarte a la enfermería.

Sentí amargo en la boca, pero no tenía ganas de vomitar. Ya no era como cuando tenía once años. Solo me dio cosa ver su cuerpo tirado como si fuera basura y los demás, tomando fotos en vez de llamar a la ambulancia.

Por puro morbo me acerque un poco a ver, lo poco que vi fue una cara deforme y rojo, mucho rojo. Después de ello solo llame una ambulancia y me fui a los vestidores.

Nada se sentía real, nada de lo anterior se sintió real, se sentía como si se tratara de un sueño vivido.

Miraba mis manos y no se sentían mías, tocaba mi rostro y tampoco se trataba de mi. Progresivamente comencé a sentirme, intranquilo. Mi vista se desenfocaba con frecuencia, lo que hacía sentirme mareado.

Sentía un nudo en el estómago y, aunque no estaba en peligro, comenzaba a hiperventilar. No entiendo lo que sucede conmigo.

NO puedo pararlo, NO puedo respirar, NO puedo evitar llorar. ¿Por qué estoy llorando? Las náuseas y las lágrimas me invadieron otra vez, y mis manos fueron a parar a mi cabeza, tirando con fuerza mi pelo, arrancando mechones sentía mi que mi cabeza se partiría si no paraba.

Trataba de contener los gritos mordiendo mi labio o mi lengua hasta hacerlos sangrar, mientras el mundo se desmoronaba y ardía en el fuego de lo incomprensible.

Pedía ayuda a gritos, pero al parecer, estos eran mentales ya que nadie vino a mi auxilio.

El vacío del gimnasio me consumía y me volvía loco. Las sirenas de la ambulancia, los gritos de los niños, las voces de los profesores todos ellos taladraban en mi cabeza logrando que, dentro de poco, explotara y mis sesos terminaran regados por el suelo.

Y yo, quedando como un cadáver, una victima más. 

No quería estar solo. No podía llamar a Georg, no podía llamar a Gus. Mamá… ¡Eso es, puedo llamar a mamá! Saqué mi celular en medio de espasmos y sollozos. Como pude, entré a los contactos y llamé. Sonó y no contesto, volví a llamarla innumerables veces, y en ninguna de esas llamadas respondió.

En ese instante, me di cuenta que nunca podía confiar en ella. No podía creer que de las casi doce llamadas, ninguna fue contestada. ¿Tan importante es el trabajo? ¿Tan importante como para ignorar cada una de mis suplicas?

Tom… Creo que quiero verlo, necesito que me abrace y me diga que todo esta bien. Sí… necesito a Tom.

Me repetía en susurros; esta era mi única meta en este momento, debía tranquilizarme por mi cuenta si quería verlo. Entre más rápido, mejor.

Después de largo rato de sentirme la marioneta del caos, de forma progresiva todo comenzaba a ceder. Mi respiración, aunque todavía algo irregular o agitada, empezaba a tener un ritmo constante y normal. El nudo que se había formado en el estómago se deshacía lentamente y con ellas las náuseas se iban lentamente. La tensión de mis manos poco a poco aflojaron el agarre en mi cabello.

Comenzaba a tener una sensación de control en mi cuerpo. Volvía a ser yo.

La visión se enfocaba y el mundo dejo de dar vueltas, mi corazón también volvió a latir con mejor ritmo que hace rato. Y es entonces cuando me di el permiso de respirar profundamente al menos unas cinco o siete veces, la fragilidad de esta calma aún me daba algo de paz.

Ya era algo con lo que podía manejarme.

Eventualmente el llanto se secó y con pequeños pasitos mentales, la sensación de irrealidad se desvaneció devolviéndome a mi propio cuerpo.

Por fin podía decir que ya todo había pasado, débil, decidí que era hora de regresar a casa.

El camino se hizo corto, a pesar de tener música reproduciéndose en mis audífonos los recuerdos no me dejaban en paz, no quería hacerle caso a la molesta vocecita que me gritaba lo obvio. Cosas que yo sabía, pero que pertenecen al pasado, cosas que le hacían tener la razón a Jost.

Y yo me niego a dale la razón a ese imbécil de mierda, me niego darle la razón a todos eses bastardos que nunca dejan el pasado atrás. Sí me ha maltratado, pero no me golpeado tan brutalmente como aquella vez ni como a Frank.

Yo sé que Tom no me volvería hacer algo parecido, porque yo lo conozco de verdad, no como toda esa bola de estúpidos.

Con esa discusión mental llegue a casa, abrí la puerta y pasé a la sala. En ella me encontré a Tom, sentado con ropa de casa, mirando su celular.

Yo no sabía que hacer primero. Dije que quería estar con él, pero nunca pensé en qué él fuera acceder. Me paré enfrente de Tom y lo mire ansioso.

Su rostro había sido dañado por unos pequeños golpes, en comparación con su victima, Tom Kaulitz estaba intacto.

Viendo que no me decía nada, pero sabía que quería algo, solté el bolso. Sin importarme si estaba esperando algo o no, con una mano aparté su celular. Me senté con las piernas abiertas sobre sus muslos y apoyé mi cabeza en su hombro.

En primer lugar se removió para estar más cómodo y seguir viendo su celular. Tom permaneció en silencio, no tenía la intención de decirme algo, nada.

—¿Tom?… — Pregunte en susurro y con voz temblorosa, me respondió con un «¿Uhm?», continué sabiendo que tenia su atención. — ¿Puedo pedirte algo?

—Depende.

—Necesito que me digas que todo esta bien. Necesito escucharlo de ti. — Rodee sus hombros con mis brazos. Tenía la necesidad de sentirme seguro.

Paso mucho rato en silencio, me resigne a que no diría nada y me conforme con abrazarlo. Finalmente, puso su mano en mi cabeza y suavemente acariciaba mi pelo.

Clave mis uñas en él, aferrándome a Tom, dejando que todo esto llenara lo máximo posible el vacío en mi corazón. Solo hacía falta una cosa para confiar plenamente en Tom, mientras tanto abrazaría lo que me da, sabiendo que en este instante no estaba solo.

—Billy. — Me llamo. — Estoy aquí. Todo estará bien.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉

por admin

Traductora del fandom

Un comentario en «La sangre también une 12»

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