

Fic TOLL de Cass-illusione. Temporada II
Capítulo 3
Bill POV
Pensé por un minuto lo que me había dicho Charlie, solo mirando hacia el frente con la mirada perdida intentando controlar mi respiración.
—Trümper… di algo— dijo nervioso Viktor, quitando el helado y los pretzels de mi regazo y los puso en la mesa.
Pase saliva y respire profundo.
—¿Qué quieres decir con que está saliendo con alguien?—
—No sabemos muy bien los detalles— dijo Charlie, poniendo su mano en mi hombro. –Bueno, Viktor sabe los detalles pero no dirá nada.
—Charlie— Viktor apretó los dientes y tenia las aletas de la nariz dilatadas. –Escucha Bill. Todo lo que él dijo acerca de eso fue… conocí este chico y como que me gusta, no sé qué hacer. Y yo le dije… estás soltero así que haz lo que tengas que hacer, amigo—.
Le di un puñetazo en el pecho y él ahogo un grito.
–Eres un imbécil— le grité.
—¡Tu terminaste con él! Sin ninguna razón—.
—Tengo razones— le dije.
—Bueno, ninguno de nosotros sabe cuáles son. ¿Así que se supone que debemos hacer?—
Suspiré y cruce los brazos sobre mi pecho, hundiéndome más en el sofá.
—Nada. Y… a él le gusta esta perra herpes. ¿Qué más?—
—¿Um… herpes? No importa—. Viktor sacudió la cabeza. –Como sea, eso fue en… agosto…—
—¡¿Agosto?!— interrumpí a Viktor y salté del sofá. —Has sabido que él está interesado en otro chico desde agosto ¡¿Y no me dijiste? Viktor puto Alberico y Mark Charlie Morbello ¡Los dos están oficialmente muertos para mí!—
—¡Yo no sabía!— Charlie agarró mi brazo y detuvo mi salida dramática. –Yo no sabía, te lo juro. Viktor me lo dijo esta mañana, porque…—
—Porque sabía que regresaríamos a casa y no sabía cómo iban a estar las cosas entre tú y Tom así que le dije a Charlie ‘Oh, él está viendo a alguien, deberíamos mantenerlos alejados’ y Charlie dijo ‘no, tenemos que decirle’ y luego él amenazo mis partes masculinas y bueno ya sabes el resto. Aquí estamos—.
—Esto fue en agosto ¿no?— pregunté. Agosto. Termine con él en el puto agosto.
—Si, a finales de agosto, justo cuando nosotros entramos a la escuela—. Dijo Viktor.
Eso lo mejoro, pero no mucho.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?— pregunté.
—Eh… hace… dos días…— respire profundo y me di un golpe en la frente mientras caminaba de un lado a otro en la habitación.– Lo recogeré del aeropuerto. Sus papás estarán lejos así que él me llamó para decirme a qué hora pasar por él.
La adrenalina corría por mis venas muy rápido, estaba a punto de vomitar, gritar o de golpear a alguien o de hacer las tres cosas a la vez.
—¿Y dijo algo de él?
—Él dijo… que técnicamente no están saliendo, solo hablan. Eso es bueno, ¿no? Es decir, han estado «hablando» desde finales de agosto y aun así no están saliendo así que… probablemente no sea nada… ¿verdad?
Le entorne los ojos a Viktor y puse las manos en las caderas.
–Conocí a Tom a finales de agosto y comenzamos a salir hasta diciembre. Tú has estado «hablando» con Charlie desde el puto octavo grado ¡Y comenzaron a salir este año! ¿Qué era mi relación? ¡¿Tu relación es NADA?!
—Bill, no sé qué intentas decir, pero… por favor cálmate— dijo Charlie, sobándome la espalda. Me dio un pañuelo y lo miré, confundido. Estaba tan ocupado gritando y pensando formas de castrar a Viktor que no me había dado cuenta que había comenzado a llorar.
Me senté a un lado de Viktor y puse la cabeza entre mis manos.
–Todo esto… es un enorme desastre. Desearía que hubiéramos estado juntos cuando todo paso, pero… no hubo manera. Lo necesitaba y en toda mi vida nunca fui capaz de depender de alguien y él sabía eso. El me dejó cuando lo necesitaba. ¿Y luego va y sale con alguien más? ¡No se supone que deba salir con alguien! ¡Termine con él! ¡Se supone que yo debo de salir con otro y que él intente recuperarme! ¿Verdad?
—Bill… de verdad quisiera tener una idea de lo que estas diciendo, pero no la tengo. Así que no sé qué decir— murmuró Charlie, quitando un mechón de cabello húmedo de mi mejilla. –Te niegas a decirme cual fue la razón por la que terminaste con él. Y lo último que supe es que todo estaba bien entre ustedes. ¿Te acuerdas?
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Flash back.
Principios de julio
—Creo que es raro que Gordon tenga novia— dijo Gustav, mirándome desde el piso donde estaba pintándome las uñas de los pies. No se para que, si siempre andaba con botas o tenis.- Quiero decir, probablemente tengan sexo y… él es viejo.
Me atragante un poco.
—¿Y qué?— dijo Charlie, mirando feo a Gustav. –Tú mamá se coge al jardinero. Ella es vieja.
—De acuerdo, creo que ya tuve suficiente de esta conversación—. dije mientras intentaba pararme de mi cama. Gustav me dio un golpe en el tobillo e hice una mueca.
—¡Quédate quieto! Casi termino.
—¿Por qué putas importa como se ven mis uñas de los pies? ¿Quién se fija en eso?
—Yo— dijo Charlie.
—Yo también— añadió Gustav.
—Bueno, son unas perras vanidosas—. murmuré, mi cabeza de pronto giró hacia mi mesita de noche. Mi teléfono estaba vibrando. Me zafe de Gustav y conteste el teléfono como en dos segundos.
—¿Hola?
—Hey— solo escuchar la voz de Tom me ponía al borde de las lágrimas. Había pasado más de una semana desde que había hablado con él. Solo me había llamado una vez, justo después de que llegara para decirme que estaba bien.
—¡Hola! ¿Cómo estas? ¿Cómo esta allá? ¿Te lo estas pasando bien? ¡Nunca vas a creer lo que paso!
Tom rió y bostezó por el teléfono.
—¿Qué paso?— su voz todavía estaba ronca y me hizo recordar todas las veces que despertamos juntos.
—¿Estas cansado?
—Si. Son las siete de la mañana aquí.
—Oh. Bueno, como sea. ¡Gordon tiene novia! ¿Quién lo hubiera imaginado? Tal vez ahora se porte mejor contigo ya que no es un total… reprimido sexual y eso—. dije, haciendo una mueca.
—Si, tal vez— dijo Tom, riéndose un poco. –Y… ¿Cómo has estado? Disculpa que no pueda llamarte tanto como pensé que podría. Mi celular de mierda no sirve aquí y con la diferencia de horario y estoy tomando clases de tres diferentes idiomas además de mis clases de música y con los viajes y todo lo demás. Y pues… no tengo tiempo para nada, apenas si tengo tiempo para tomar un pequeño descanso—.
—Yo sé, Tom. Lo entiendo. Solo…inténtalo. Por favor. Necesito hablar contigo más de una vez cada dos semanas.
Miré a Charlie y Gustav que me veían intensamente. Charlie movió la boca diciendo «ponlo en altavoz» pero lo ignore.
—Lo sé, lo intentare. Lo prometo. Ya estoy más acostumbrado y… las cosas deberían estar más calmadas—. dijo Tom, tartamudeando. Sabía que se sentía culpable así que ya no dije nada de su falta de llamadas.
—Bueno y… ¿Es genial allá?
—Si. Lo amarías. Deberíamos venir aquí el siguiente verano o algo así, por que… no sé. Me la pasaría mejor si estuvieras conmigo.
—Lo haremos. ¿Estas haciendo amigos?
—Honestamente— dijo, suspirando. –En realidad no. Las personas del programa son de todo el mundo y muchos no hablan ingles… y es como raro… no sé. Hay pocas personas, esta bien. Pero no es como si tuviera tiempo para salir con ellas así que no me importa—.
Hice Mhmm por el teléfono y Tom gimió.
—Te extraño tanto, Bill. Yo… pienso en ti. Todo el tiempo—. Pasé saliva e intente contener las lágrimas. Tom me escucho como sollozar y suspiró otra vez.—¿Estas llorando? Por favor no llores…
—Estoy bien, solo… te extraño también.
—Bueno, solo faltan cinco meses y medio. Podemos hacerlo ¿cierto? Yo puedo hacerlo—. me aseguro Tom. Asentí incluso aunque él no pudiera verme. –Bill, me tengo que ir, el autobús se va en una hora y media y tengo que encontrar el camino de regreso al hotel. Estoy en un puto teléfono público en un pasillo.
—Esta bien— dije. –Te amo, Tom. Por favor llámame tan pronto como puedas—.
—Lo haré— dijo. –También te amo.
—¡Tom!— intenté decirle algo antes de que colgara.
—¿Qué?
—Yo también puedo hacerlo. Me refiero a esperar—.
El rió.
–Bien. Cuídate ¿si? Y se feliz. Quiero que salgas y hagas cosas. Dile a esos dos que te saquen. Pero pórtate bien.
—De acuerdo.
—Te amo Bill.
Y colgó, me senté y mire el teléfono en mi regazo y lloré un poco antes de que Gustav y Charlie se sentaran a un lado de mí.
—¿Qué dijo?— preguntó Charlie.
—Nada, escucharon la conversación. Esta ocupado. Y me extraña- hipe un poco y me limpie la cara con la mano. –Esta bien, estoy bien. Solo… lo extraño mucho. Quiero que este en casa. Pero puedo hacer esto, solo tengo que acostumbrarme a todo esto—.
—Creo que lo estas haciendo muy bien, Bill—. dijo Gustav.–Considerando la perra llorona que eres, esperaba algo peor.
—Vete a la chingada— dije, empujándolo de la cama. Charlie rió y comenzó a jugar con mi cabello.
—Ustedes no entienden, lo amo tanto…
—Si, si, los dos están tan enamorados, perfectos, felices y destilando rayos de felicidad. Lo sabemos—. mascullo Gustav, rodando los ojos.
—Se que te hará sentir mejor—. dijo Charlie, sonriendo. —¡Tragos en Port Angeles! ¿Qué dices?
Suspiré y forcé una sonrisa.
–Esta bien. Vístanme.
Fin flashback
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—Bueno… todo estuvo bien, por un rato. Y luego no. Las mierdas cambian pero ¡eso no quiere decir que lo que este haciendo este bien! ¡Por que no esta bien!
—Eh… hay que ver la película…
—A la chingada la película— le grite a Viktor, parándome del sofá– Me voy a la cama. Despiértenme antes de irnos si no me corto las venas para entonces.
—Dramático— murmuró Charlie mientras caminaba por el pasillo y azotaba la puerta.
—Bill, por favor. Han pasado tres días. No te he visto en meses y sin ofender pero nos estas aburriendo mucho—. dijo Gustav mientras intentaba quitarme las sabanas de encima.
—Gustav, te lo advierto, si no te quitas a la chingada de aquí, te morderé y te sacare sangre—. lo amenace.
—Santa madre de dios, ¡madura! ¡Los dos!— Charlie puso una mano sobre su teléfono para no gritar en el oído de Viktor. Una vez que nos callamos continuó hablando con el puto pendejo. Viktor ocupaba el tercer lugar en mi lista de personas que odiaba, después de Tom y su nuevo tonto. –Esta bien… no, lo sé… estaremos ahí… si, te veo después cuchurrumil—. colgó y juró que una vena en el cuello de Gustav estaba a punto de explotar.
—¿Qué putas es cuchurrumil?— preguntó él, con una mueca.
—Es mi apodo para Viktor. Es muy divertido, le digo así por que…
—NO— lo interrumpí y me senté en la cama. –No puedo escuchar esa historia otra vez. Hare como Picasso y me cortare la oreja…
—Ese fue Van Gogh, pendejo—. dijo Gustav, riéndose. Suspiré y bajé mis piernas de la cama.
—¿Y a dónde intentan arrastrarme exactamente?— pregunté.
—A la casa de Georg— Gustav sonrió y comenzó a sacar cosas de mi maleta.
—No—. me metí de nuevo a la cama.
—Él no va a estar ahí, Bill, no te preocupes—. dijo Charlie, rodando los ojos. –Solo levántate. Necesitas bañarte, vayas a ir o no.
Me levanté solo por que sabía que no tenía otra opción. Esos dos no me iban a dejar en paz hasta que hiciera lo que querían, y de todas formas, estaba un poco cansado de estar ahogado en mis penas y lástima hacía mi mismo. Los dos se habían quedado en mi casa estos últimos dos días por que Gordon se los suplico. Aparentemente era un retardado emocional y necesitaba estar bajo cuidado para que no me suicidara o una pendejada así. Además, estaba a punto de llorar del aburrimiento y a pesar de lo que dijera Charlie, yo sabía que Tom iba a estar ahí y quería ponerlo en su lugar. Me imaginé que una buena patada en la entrepierna podría hacer eso.
Después de que me bañara y Charlie me pusiera un pantalón de mezclilla y una camisa algo holgada tipo «chico bohemio» o como yo lo llamaba «chico indigente», le rogué a Gustav que me peinara, maquillara y me hiciera ver elegante como él.
Y ahí estaba, sentado en el asiento trasero del auto de Gustav, buscando una bolsa de papel para ponerla en mi cara para no hiperventilar. Los dos me veían sin ninguna expresión en la cara esperando a que me calmara.
—Mentiste— le dije a Charlie entre mi errática respiración. –El esta… aquí… tú… tú mentiste.
—Si, lo sé. No hubieras venido—. respondió Charlie, encogiéndose de hombros.
—Te odio. Te odio tanto. ¿Esta él aquí?
—Sip— dijo Gustav con una risita. Charlie le pellizco el brazo.
—Esta mintiendo, Bill. Claro que él no esta aquí. Mira, te ayudare mucho. Tú tranquilo, sin llorar, sin enojarte, solo actúa como si no te importara. Eso de verdad lo molestara.
Rodee los ojos. Si, gran consejo, Charlie. Eso lo molestara tanto que cortara a su nuevo novio.
Puta.
Los dos abrieron las puertas y salieron pero yo me quede ahí, quieto. Podía quedarme aquí y ponerme cómodo en el asiento trasero del auto por unas horas. Tomar una siesta. Dibujar corazones con mis iníciales en la condensación de las ventanas. Tal vez vomitar un poco.
—Bill, para hoy. Estoy harto de sentirme mal por ti—. dijo Gustav, sacándome a jalones del codo. De verdad era fuerte.
—Nunca te sentiste mal— murmuré, arrastrando el culo hasta la puerta principal. Intentaba posponerlo lo más que pudiera. Me empecé a desesperar tanto que apunte un árbol y pretendí que había visto un coyote detrás de el. No los engañe.
Entramos a la casa, escuche voces en la otra habitación. Juraría que todo iba en cámara lenta, mi corazón hacía boomboomboomboom, estaba sudando en lugares que no sabía que podían sudar, como en medio de mis dedos y el puto consejo de Charlie no se me salía de la cabeza así que iba diciéndome «Tranquilo, Bill. Tranquilo, Bill.»
No era posible. O me vomitaba en los zapatos o me desmayaba.
Entramos a la cocina y ahí estaba.
Sus ojos encontraron los míos, pase saliva y de pronto todo el nerviosismo se fue y todo se puso en silencio, bueno, de hecho todo estaba en silencio por que los otros cuatro tontos nos estaban viendo, y… él sonrió. El putopendejocabronhijodeputa me SONRIO.
No pude más y regrese a la realidad y corrí fuera de la cocina hacía el pasillo para ir al baño para respirar. Sus trenzas estaban un poco más cortas. Y su rostro se veía un poco… más delgado. O tal vez estaba imaginando cosas, pero no lo sabía. Pero parecía que solo habían pasado unos días y no unos meses desde la última vez que lo había visto.
—¿Estas bien?
¿Estoy bien? No, puto pendejo, ¡No estoy bien! Me dejaste en mi puto momento de necesidad. No te mantenías en contacto conmigo incluso cuando se suponía que me «amabas» TANTO. Y regresas con una nueva zorra cuando no habíamos hablado de nuestros problemas.
—Si, estoy bien. Emm… hola— puse cara de valiente y fingí una sonrisa, ya sabes, la que no llega a encajar con toda tu cara, hice un último esfuerzo y me pare de puntitas para abrazarlo. Él se quito de la pared y sentí sus manos enredarse alrededor de mi espalda y mi cara estaba enterrada en su cabello y ese olor que había extrañado por tanto tiempo estaba envolviéndome, presione mi cuerpo contra él mas fuerte de lo necesario y estoy seguro que lo escuche dar un frustrado pero tipo sexual suspiro y Tom estaba ahí, en casa, justo en mi brazos y…
Lo escuche aclararse la garganta y dio un paso hacía atrás hacía la pared y mantuvo sus ojos pegados al suelo.
—Eh… estaba pensando… ¿Tal vez deberíamos hablar o algo? Por que, tu sabes, hay mucho que necesito decirte y…
—¿Tom? ¿Podemos no hacerlo ahora?
Sus ojos se entrecerraron y su boca formó una «o».
—Sabes, esto— moví las manos entre el espacio entre nosotros. –Hay que olvidarlo. Superarlo. Y no estresarnos por esto. Es decir, tendremos que vivir a puertas de distancia el uno del otro en LA y si hablamos solo… traerá problemas.
Tom se veía muy confundido. Probablemente espera un puñetazo en la garganta o una patada en las bolas o una cachetada de niñita en la cara. Pero tenía que calmarme. Y era obvio que estaba funcionando, considerando que el niño se había quedado sin habla.
—Y… si— continué. –Es bueno verte. Extrañe tenerte cerca. Viktor y Charlie están tan… de hacerlo con la puerta abierta y varias veces desee a alguien cerca para compartir la mortificación.
—Genial. Tendremos eso para compartir— mascullo Tom, rodando los ojos.
—Si, es decir, si tu… ¿Vas a estar ahí?— mi voz como que se apagó al final, mierda, ahí va mi fachada de chico fuerte.
—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no estaría ahí?
—Bueno. Por ese chico.
Tom suspiró y sacudió la cabeza.
–Te pregunte si querías hablar de eso y dijiste que no.
—Lo sé. No quiero… hablar de eso. Vamos, vamos por algo para tomar.
Miré a Tom y vi lo consternado que estaba. Si, en parte era mi culpa. Pero también de él. No podía tomar toda la culpa. Hice lo que necesitaba hacer, por mi. Por nosotros. Había planeado enseñarle una pequeña lección y cuando el regresara yo le gritaría por lo que había hecho y le permitiría regresar a mi llorando. Y ahora, mira lo que había pasado. Era un desastre. Un enorme puto desastre. Los papeles habían cambiado y de alguna forma yo fui el idiota que termino rogando. Tenía que arreglar todo.
Agarré la muñeca de Tom y entramos a la otra habitación para reunirnos con nuestros amigos. Esa fue la noche en que mi estrategia comenzó.
Continúa…
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