
Fic TWC. Temporada 2. Parte III
19: Parte III
Y la víspera de año nuevo llegó, con Bill y Tom ansiosos por lo que pensaban hacer. Ante todos, incluido el chamán maya, quienes renovaban sus votos eran Shiro y Shay (y de verdad lo iban a hacer deseosos, porque eran una pareja consolidada y feliz), pero los chicos que les servirían de testigos reafirmarían allí también su amor ante las fuerzas divinas del universo.
Ese era el plan. Desde que Bill supo de las bodas mayas había querido hacer una ceremonia así con Tom, pero, si acaso como dos hombres tal vez se los hubieran permitido sin tantos problemas, estaba seguro de que no aceptarían hacer una ceremonia así para unos hermanos gemelos. Por eso entre él y Shay planearon aquel viaje a la Riviera Maya, y ella y Shiro les darían la cobertura perfecta para participar también de la ceremonia. En su interior, ellos sabrían que todas las bendiciones, conjuros y energías de unión evocados serían igualmente suyos.
Las dos parejas acudieron descalzos y adornados con joyas a la hoguera plantada muy cerca del mar.
La ceremonia inició con el chamán presentando a los novios ante las siete direcciones: la Energía Cósmica arriba, la Madre Tierra abajo, los cuatro vientos—Norte, Sur, Este y Oeste— y el interior de sus corazones, templos del amor del Ser Superior. El tatuaje en el pecho de Bill y el brazo de Tom parecía arder en su piel ante esas energías.
En el altar también estaban representados los cuatro puntos cardinales con flores, velas o jícaras, recipientes de calabaza, que contenían el balche, una bebida sagrada que luego tomarían los novios cómo símbolo de su unión. También había ofrendas en la mesa (arroz, frijoles, maíz y fruta): así se recreaba el espacio sagrado en el que confluirán las energías y a dónde fueron invocados los dioses mediante los cánticos y la música de caracoles, flautas, sonajas y tambores, para testificar y bendecir el matrimonio.
La ceremonia comenzó, y mientras todas las parejas presentes repetían los textos que les habían enseñado —“Agradecemos el apoyo y la fuerza que proviene de la energía superior”, “Vivimos la fortuna, somos amor”, “Vivimos la alegría, somos salud”, “Vivimos la armonía, somos perdón”, “Vivimos la paz, somos prosperidad”—, Bill y Tom, amparados en la noche y lo concurrido de la ceremonia, llevaban a cabo cada uno de los rituales necesarios.
Cuando llegó el momento de beber el balche, la jícara fue pasando de pareja en pareja, y fueron sus amigos quienes la pusieron en sus manos, una jícara para cada uno; ellos bebieron cada uno de la que sostenía el otro mirándose a la vez fijamente a los ojos. Luego de beber, la playa entera desapareció a su alrededor. Y vio algo que no reconocía.
—Alejandro, ¿qué piensas? ¿Por qué te has quedado así de quieto?
—¿Yo? No… —el más rubio volvió sus ojos hacia el de cabellos broncíneos—… no me di cuenta, Hefestión. Creo que tenía una visión del futuro…
—¿De nuestro futuro? —la sonrisa de Hefestión se adornó con cierta picardía unida a la ternura que siempre dedicaba únicamente a su rey y amante.
—Sabes que a veces… me pasan esas cosas; hay algo extraño en mí, como una cierta… videncia.
—Ya lo sé, sí —se acercó al rubio y lo tomó de la cintura; se aferraron uno al otro fuertemente—. Pero no me gusta que hables de esa premonición tuya de que moriremos jóvenes.
—Tampoco a mí me gusta; pero esta vez no era nada de eso. Más bien nos veía en un lugar diferente, y tú y yo parecíamos diferentes pero nuestra alma era la misma, y sentíamos este mismo amor uno por el otro, o quizás… mucho más.
—¿Mucho más? No puedo imaginar amarte más de lo que ya te amo.
Sus labios se fundieron en un beso hambriento; poco a poco fueron cayendo en la cama, despojándose de las pocas ropas que aún llevaban. Peritas saltó de la cama, donde solía meterse cuando su dueño estaba solo, al ser desalojado por los dos cuerpos que se unían en una vorágine de excitación, calor y amor infinito. El perro entonces se acostó en una esquina y cerró los ojos; estaba acostumbrado a arrullarse con los gemidos del rey y su más importante general, de aquellos amigos que muchos decían parecían hermanos y que se habían amado desde que se vieran por primera vez, a los siete años.
Otras sensaciones llegaron:
Tras la muerte de Hefestión, Alejandro solo tuvo la fuerza suficiente para vivir hasta hacer su funeral, y luego cayó enfermo: no podía vivir sin la otra mitad de su alma, la otra mitad de su ser, solo fue perdiendo los deseos de luchar, así que de nada valieron las conquistas que esperaban, sus tres esposas y dos hijos por nacer, todo el ejército de soldados de todo el mundo conocido que lo adoraban como un dios, todo eso era nada sin él, y de algún modo sabía que tendría que pagar un karma por un amor como ese, por no enfrentarse una vez más a la muerte sino entregarse sin condiciones, deseoso, quizás antes de su tiempo previsto, pero con la única intención de unirse a su amor en el más allá, en otra vida, en todas las vidas que vinieran.
Tom y Bill se miraron a los ojos, se abrazaron y se enredaron en un beso posesivo, sin límites, con miedo de que algo pudiera separarlos, mientras sus amigos los observaban algo nerviosos de que estuvieran siendo tan descuidados.
Sabían que, como otras veces compartieron sueños, ahora habían compartido la misma extraña visión, esos sentimientos poderosos que habían traspasado la barrera del tiempo y de vidas pasadas y se les habían mostrado solo para que supieran que lo suyo siempre fue, era y seguiría siendo, y que, sí, tal vez estaban pagando algún karma teniendo que vivir ese amor inmenso a pesar de ser, en esta vida, hermanos gemelos.
—Nunca debemos dejar que esto muera, ni separarnos; Tom, yo moriría sin ti —dijo Bill tomándolo por el cuello y acercándolo a su pecho; Tom suspiró y abrazó su cintura, quedándose tranquilo allí. Shay y Shiro se acercaron a ellos.
—Odio interrumpirlos cuando están así de cariñosos —dijo ella, en un tono risueño—, pero todos se están marchando de la playa, deberíamos volver al hotel.
—Vuelvan ustedes —contestó Tom—, me gustaría quedarme un rato más acá, y bailar con los mayas…
—¿Con los mayas? —lo miró Bill sonriendo.
—Sí, no nos podemos marchar tan rápido de aquí, Billy.
—Si quieres, amanecemos, por mí no hay problema —levantó su característica ceja haciendo un gesto pícaro, y Tom solo apretó su mano a la vez que sonreía.
En efecto, cuando todos se marcharon, los mayas comenzaron sus bailes por el inicio del año, y ellos, aunque de lejos, seguían el ritmo de aquella música y gestos que les hablaban a sus espíritus. Luego empezaron a caminar lentamente por la orilla de la playa, tomados de la mano, alejándose un poco más; pero Bill quiso sacar una foto y recordó que su teléfono estaba apagado en su bolsillo, porque, mientras estaban en la ceremonia, los aparatos electrónicos estaban prohibidos y lo prendió con el tiempo suficiente para tomar una sola imagen al baile que ya casi acababa.
Cuando estuvieron fuera de la vista de todos, se sentaron muy juntos frente al mar, muy callados, disfrutando el hecho de estar vivos y juntos. Fue Tom quien rompió el silencio.
—Es la… cuarta vez que nos casamos… simbólicamente; ojalá que la próxima vez… pudiéramos hacerlo como se debe.
—¿De veras lo necesitas tanto? —la voz de Bill sonó algo decepcionada.
—¿Tú no? No es por un papel ni nada; es solo esa necesidad que tengo de gritar a todos que soy tuyo y eres mío… de romper este silencio que… duele… —Tom no pudo reprimir un sollozo y Bill tomó su rostro, haciéndolo mirarlo.
—Mi amor, ¿entendiste lo que nos pasó esta noche? Hemos rasgado el velo de una parte de nuestras vidas pasadas; no sé cómo pasó, pero una cosa sí está clara: fue real y nos enseñó que no importa lo que pase, en cada vida estaremos juntos, siempre volveremos al origen, y lo sabes. Y si no es en esta vida, será en la próxima cuando podremos vivir nuestro amor en libertad y gritarlo al mundo entero.
Tom apoyó su cabeza en el hombro de Bill, y suspiró.
—En la próxima vida, o en la próxima, siempre está lejos, siempre está en el futuro…
—Siempre estaremos juntos, eso es lo único importante. Hemos pasado ya tanto, Tomi, y lo hemos superado todo para estar aquí, aho… —se vio callado por los labios ansiosos de su gemelo, y empezaron a hablar solo con sus sentimientos; en verdad, ya no necesitaban más palabras. Sus cuerpos y almas expresaban mejor todo lo que bullía dentro de ellos.
Después de una tanda interminable de besos apasionados, solo se quedaron recostados en la arena, uno junto al otro, tomados de la mano, sintiendo la fuerza del mar, la inmensidad del universo, y hablando de cosas insignificantes o bien, trascendentes, como la idea de la reencarnación que ellos ahora acababan de sentir como algo tan real…
—Ahora está haciendo frío, deberíamos entrar… —Tom se inclinó sobre Bill y acarició su mejilla.
Bill asintió sonriendo y se fueron de la mano hacia la habitación de Tom otra vez. Ya allí, cayeron enredados sobre la cama, en un amasijo de piernas y brazos donde parecía imposible encontrar las fronteras entre un ser y el otro; dedos, labios y lengua hundiéndose en los rincones más ocultos. Bill se colocó tras Tom, a un lado; mojó dos dedos de su mano derecha con saliva y los hizo penetrar el cuerpo de su gemelo, quien casi gritó, más y más excitado, mientras Bill lamía con la lengua la parte trasera de su nuca.
—Aj, ah, Bill, lograrás que…
—Shhhh —le tapó la boca con la mano izquierda y retiró de donde había dejado, moviéndose en círculo, los dedos de su mano derecha; con esa misma lo acercó más a sí, piernas junto a piernas, y comenzó la embestida. Tom lanzó una exclamación, pero en pocos segundos estaba disfrutando el inmenso placer de estar ahí, vencido y vencedor, unido a quien era el centro de su universo.
—Te amo… Bill… así… sí…
Bill parecía renacido, su rostro resplandecía con un brillo de divinidad y su cuerpo se agitaba al compás de los acelerados latidos de su corazón: ahí estaba, haciendo suyo al único que realmente deseaba en aquel mundo que parecía estar en sus manos, pero solo pedía demasiado de ellos.
—No te… importa gritar ahora, ¿eh? Y que mamá escuche…
—Ah, solo importas tú, Bill, solo tú…
Buscó sus labios y se besaron profundamente antes de llegar juntos al clímax. Durante el transcurso de la noche, siguieron amándose incansablemente, como si no existiera el día siguiente, ni ninguno más.
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Era más del mediodía cuando Tom despertó en medio de intensas sensaciones de placer: Bill estaba recorriendo con sus labios cada parte que alcanzaba de su cuerpo hasta detenerse en la casi invisible cicatriz que Tom llevaba en su mejilla; dejó pasar por allí sus dedos, suavemente, y lo miró entonces.
—Recuerdo cuando te hiciste esto: fue mi culpa, que te empujé tan fuerte contra esa mesa… —Tom solo sonrió arrimándose más a él.
—No importa; me gustó lo que vino después: el sexo de reconciliación siempre es bueno.
—Ah, sí —Bill también sonrió recordando.
—¿Sabes qué? Creo que me dejaré el cabello largo y sin rastas, y voy a dejarme una barba, así como me vi en nuestra visión.
—Oh, ¿viste? Yo tenía un cabello muy rubio…
—Como ahora…
—Pero mucho más largo. Tendré que dejármelo crecer, ¿no? —Los dos rieron—. Digo, si es que vamos a seguir nuestra visión.
—Cambiaremos por completo nuestro look para la parte final de DSDS… —Tom se rio y Bill le hizo eco.
—Ay, Tomi, sé que tal vez debemos ir afuera con mamá y nuestros amigos, pero… quiero seguir aquí… contigo… continuar… saboreándote lentamente…
—Hmmm —fue lo único que pudo argumentar Tom cuando Bill tomó su erección en su boca; realmente no podía oponerse a eso, y el mundo afuera… pues quedaba olvidado.
Continúa…
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