Fic TWC. Temporada 2. Parte I

10: Mientras pasan los días IV

Los días desde su regreso a Los Ángeles fueron para Bill y Tom como una montaña rusa: lo mismo estaban en la cima, felices, que Tom volvía a retraerse en el dolor que le traía siempre recordar lo que había pasado con Bill.

Su madre aportaba a esos momentos porque en cada llamada suya a Tom repetía la misma frase: “esa relación te hace sufrir, los hace sufrir a los dos”. La más reciente, repetía una variación de aquel consejo que siempre resucitaba para él: “Tom, si pudieras cambiar todo eso y empezar una vida nueva, ¡eres tan joven aún! Puedes rectificar tu vida y llevarla por un buen camino; encontrar una buena chica. Ahí está Ria, por ejemplo…”. “Deja eso, mamá”, esa era siempre su respuesta, pero no podía negar que lo hacía dudar, mucho más después de saber que Bill podía mentirle, que podía traicionarlo y disimular durante casi un año; cuando estaba así, se enfurruñaba, guardaba silencio y Bill se veía de nuevo apartado.

—¿Qué te pasa, Tom?

—Nada, déjame en paz.

Ese era todo el diálogo en esos días entre ellos, y Bill sabía que no había otra salida que resignarse y esperar a que Tom saliera de esa fase y volviera otra vez a buscarlo, necesitado de su cercanía.

A pesar de que realmente creía que Tom lo estaba perdonando, entendía también sus dudas, porque era mucho lo que arriesgaban los dos por estar juntos, porque habían renunciado a muchas experiencias nuevas y se habían encerrado en su propia burbuja, en su propio mundo, durante mucho tiempo, y todo eso exigía una confianza y seguridad de uno en el otro que él sabía había resquebrajado con su traición. Por eso cedía, por eso no provocaba peleas con Tom a pesar de que este se pusiera caprichoso y armara berrinches, pero no podía negar que cada vez que esos episodios ocurrían era invadido por una enorme tristeza, y a veces sentía que no podría soportar esa situación por demasiado tiempo.

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Tom insistió en llevar a Ria al evento de Nivea al que los habían invitado Shiro y Shay; y Bill tuvo que tragarse su rabia, solo esperando que el próximo viaje que les esperaba tuviera tan buen efecto como el de Rusia: ¡viajar de nuevo a Tokio!

En realidad, una parte de la razón por la que su banda llevaba a Tokio en su nombre era que esa era la ciudad lejana, la casi imposible, donde creían que sería un sueño poder tocar alguna vez, y desde el inicio todos estuvieron grandemente excitados en su primer viaje, pero aún más Bill y Tom; ahora que regresaban, invitados por MTV Aid para ayudar a recaudar fondos para los damnificados del terremoto y tsunami del marzo anterior, el hecho de simplemente estar ahí y, aún más, sentir que podían dar algo de sí por los demás, era simplemente otro imponderable sueño. Y una esperanza además dentro de Bill de que la buena energía de su primer viaje se repitiera en el segundo, y eso mejorara de algún modo su tormentosa relación con Tom de los últimos tiempos.

Y al fin llegó el momento. De nuevo con sus amigos y compañeros de banda, de nuevo con la perspectiva de subirse a un escenario y sentirse libres, poderosos. Estaban emocionados como niños con juguete nuevo, y cada cosa les parecía asombrosa. Después de hacer varias promociones y entrevistas pasearon por la ciudad los cuatro, recuperando el sentimiento de sus inicios como amigos y como banda.

Otra vez los gemelos tenían una sola suite para los dos, una enorme suite doble, al igual que Georg y Gustav. Cuando quedaron solos, casi justo al llegar, Tom se apuró a desempacar las colas de zorro que compraran en su viaje anterior (la suya era blanca y la de Bill negra, una especie de combinación de ying y yang: el blanco iba bien con Tom, con su ternura y calidez; el negro con la oscuridad que a veces habitaba dentro de Bill y lo hacía actuar de un modo diferente a lo que le pedía su corazón) y se acercó a Bill con ellas en la mano. Bill lo miraba extrañado mientras le hacía tomar la suya, y se preguntaba qué loca idea había hecho a su gemelo ir directamente por eso de todo lo que habían traído en su equipaje.

—Debo preguntarte algo, de zorro a zorro…

—¿Qué? ¿Ahora qué te traes? —Bill sonrió, a veces sí lograban sorprenderlo algunas ocurrencias de Tom.

—Es sobre nuestros queridos amigos. ¿No los ves… raros?

—¿Raros?

—Ugh, parece mentira, siempre has sido el más avispado de los dos y ¿no te has dado cuenta de cómo esos se miran…?

—¿Tú crees que ellos…? ¡Gustav es casi el verdadero player de la banda y Georg nos ha estado mareando con lo de su novia!

—¿Pero tú la conoces? Yo solo los he visto hablar por teléfono. Por mí, Georg podría estar hablando con el aire al otro lado y no lo sabríamos.

—Ah, ¿y por qué fingiría tanto?

—¿Para que Gus no descubriera lo mucho que le gusta?

—¿De veras crees eso? —ahora Bill estaba muy interesado en la conversación.

—Claro, ¿por qué no? No porque sean heteros se puede excluir que se gusten mutuamente. Mírate, eres el mejor ejemplo de que las etiquetas no sirven…

—¡Tom! —Bill casi se sintió sonrojar.

—Te gustan las mujeres, ¿no? Por eso no resististe la tentación con… aquella…

—Me gustas tú, Tom; no empecemos a hablar otra vez sobre ese tema, porque sabes cómo termina.

—Conmigo enfurruñado y contigo triste, ¿no? Y no estamos en Tokio para eso…

—No… no estamos… —Bill se detuvo porque se dio cuenta de que Tom solo había repetido las palabras que él había formado en su mente, entonces… ¡su conexión se había vuelto fuerte de nuevo! “Bésame ahora”, escuchó claramente la voz de Tom sin que él abriera la boca, así que lo obedeció, feliz. Se separaron y se miraron a los ojos; Tom se levantó.

—Voy a ducharme…

—¿Ahora?

—Sí, ¿vienes?

Bill sonrió ampliamente.

—Por supuesto.

Los dos empezaron a quitarse la ropa ahí mismo, frente a las ventanas de cristal de su suite, tan alta que nadie estaría mirando. Tom entró primero al cuarto de baño, mientras murmuraba.

—Tenemos que averiguar más de esos dos, no me quedaré así y dejaré que me vean cara de bobo…

—Hey, Tomi, ahora piensa en nosotros y solo en nosotros… —dijo Bill mientras lo empujaba suavemente hacia la ducha. Luego, mientras Tom graduaba la temperatura del agua, Bill lo abrazaba por la espalda y daba húmedos besos en su nuca.

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Al día siguiente tenían compromisos publicitarios y algunas cámaras siguiéndolos. Bill y Tom empezaron una tonta discusión que solo los hizo reír al final; pero luego terminaron por incluir en ella a Georg, al que Bill aún le guardaba el servirle de apoyo a Tom para vengarse de él. La broma comenzaba a ponerse pesada porque Tom, de algún modo, empezó a defender a su hermano y atacar a Georg también. Georg le hizo una señal a su amigo mostrándole el dedo corazón: ya me las pagarás, cómplice traidor.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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