
Fic TWC de Ladyaradia
7. Reden (Hablar)
(…)Ven, no seremos molestados. Ya lo he dejado claro: “No molestar”. Da igual dónde estemos mañana, ahora el mundo está aquí dentro, sigue aquí tendido. Te escucho, miro tu cara, tus labios abiertos. Habla despacio, por favor, no tan rápido. Bienvenido al hotal. Solo queríamos hablar y ahora estás aquí tendido, y yo a tu lado… Hablar, hablar, hablar, hablar… Ante el timbre de la puerta, llama el mundo entero. Todos tiran de mí, pero no deseo a nadie más que a ti. (…)
(…) Un beso, una caricia. Nunca es suficiente. Tan suave, tan fuerte. No pares, tú empiezas. Habilidades instintivas como animal. Humano se conecta a humano. Chico conoce a chica, saben qué hacer. Humano se conecta a humano: ¿cómo puedo conectarme a ti? Humano se conecta a humano. Chica conoce a chica, saben qué hacer. Humano se conecta a humano: ¿Cómo puedo conectarme a ti? Déjame interactuar. ¿Cómo me puedo conectar? (…)- Human connect to human
Con el pelo más largo y gestos más delicados, Bill seguía arrebatando corazones; no importaba que cada vez se viera más ambiguo, o que sus actitudes a veces parecieran caprichosas y egocéntricas. Mientras, Tom era asediado por sus fans, que querían a toda costa conseguir una de esas noches con él de las que tanto se rumoraba.
Si al inicio del éxito de “Durch den Monsun”, los cuatro chicos de la banda creyeron que pasaban demasiado tiempo en hoteles, desde finales de noviembre del año anterior eso se había incrementado aún más, con las presentaciones para promocionar su disco “Schrei”: por toda Alemania, pero también por Suiza y Austria. Y como sus presupuestos no eran demasiados, los productores siempre les asignaban habitaciones dobles: una para Georg y Gustav, y otra para los hermanos Kaulitz.
Tom no podía protestar a eso; no sería justo para sus productores y no podría dar una buena razón por la cual no debería compartir habitación con su hermano gemelo, cuando Georg y Gustav, que solo eran mejores amigos, lo hacían sin problemas. No podría contarle a nadie que Bill cada vez lucía más sensual, que volvía la vista si él se desnudaba ante sus ojos con esa sonrisa de suficiencia, de saberse deseado; que Bill no perdía oportunidad para tocarlo, para rozarlo con su cuerpo, y entonces él sentía enchinarse su piel, y que todo su cuerpo se revolucionaba y sus sentidos no podían percibir nada más que el color y la suavidad de su piel, el aroma que desprendía, sus labios húmedos.
Pocos podían verlo sin maquillaje, con el pelo alborotado y la almohada marcada en la cara, pero esa imagen era algo que Tom adoraba, aunque no podía negar que a Bill le quedaba bien el maquillaje, que realzaba el color de sus ojos y los enmarcaba de una forma espectacular, y que el brillo sobre sus labios invitaba a besarlo, suavemente, para no maltratar su figura de ángel.
Sí, supuestamente eran idénticos, pero Tom se avergonzaba de su constitución cuando se miraba al espejo, porque él también tenía una figura delicada, y desde pequeño creyó que todos se burlarían al notarlo. Así que se cubría con ropa de tallas enormes, para que nadie viera en realidad su cuerpo casi tan frágil como el de su gemelo. Sin embargo, ¿cómo eso podía ser tan bello en Bill y en él era una vergüenza? Bill siempre le decía que era lindo, que nadie era más lindo; pero él no podía creérselo. Su timidez con las chicas venía de ahí, de esa inconformidad con su propio cuerpo y su miedo al rechazo. Una vez le confesó eso a su mamá, y ella le había dado la razón: Sí, Tom; tu hermano y tú necesitan parecer más masculinos para que consigan ser aceptados. Bill jamás aceptó ese consejo, pero él reafirmó que su imagen hip-hopera y su papel de macho-man eran justo lo que necesitaba para tener éxito. El problema era que ese no era él en realidad, y se sentía dividido, como si dentro de él existiera otro ser queriendo salir, a quien tenía celosamente aprisionado.
Y, de alguna manera, esa imagen que se había creado fue bien aceptada por los especialistas en publicidad que trabajaban para la banda. Ya que todos habían dejado claro que no aceptarían les impusieran ninguna imagen en lo físico que no fuera la que ellos escogieran en cada momento, les sugirieron, al menos, repetir algún tipo de papel estereotípico de comportamiento para que sus fans les pudieran catalogar y categorizar más fácilmente, y así diversificar a sus seguidores. Así surgió el rumor de que él había tenido sexo con 25 o más groupies de la banda, justo porque él y Georg se la pasaban haciéndose bromas sobre el tema, aunque ninguno de los dos hubiera pasado a una chica a su habitación en mucho tiempo. Claro que quien conociera solo un poco las interioridades de la banda sabría que, aunque Tom quisiera hacer algo como eso, no tendría muchas posibilidades para hacerlo, si siempre que estaba en una habitación de hotel ahí estaba Bill, durmiendo a su lado.
Por eso en la entrevista con Viva Live, pocos días antes de su presentación en una premiación en la cual los habían nominado, no pudo aceptar de pronto aquella mentira tan burda, y trató por todos los medios de negar de algún modo ese rumor de sus 25 citas sexuales. Y cuando la fan que preguntaba, alentada por el conductor del show, lo tomó por el brazo para preguntarle, Tom, instintivamente, se echó hacia atrás para topar con el cuerpo de Bill y recostarse por un momento sobre él.
Pudo sentir la alegría de Bill mientras él hacía eso, mezclada con su indignación porque siguieran insistiendo en ese tema que le dolía tanto escuchar, mucho peor cuando ella insinuó que tal vez las habían compartido los dos, él y Bill, esas 25 mujeres. Vino a su mente inmediatamente la única mujer que habían intentado compartir, y el resultado de eso: aquel beso y aquel abrazo nada fraternales que vivían día tras día en su mente, y entonces escuchó la voz de Bill, enojada.
—Tom y yo creemos en el amor verdadero y nunca…
Lo miró entonces; y sí, Bill estaba muy serio, casi temblando irritado, algo que afortunadamente el conductor captó y detuvo todo llevándose a la chica al fin. Mientras ella se marchaba, sintió como Bill cambiaba de ánimo rápidamente y se acercaba a su rostro ahí, frente a las cámaras; pensó que lo iba a besar y se tensó, pero Bill solo susurró muy cerca de su oído, casi rozándolo con sus labios: —Gracias.
Y Tom asintió, sin saber por qué, y sonrió sin poder evitarlo, feliz de que algo que había dicho o hecho hubiese hecho feliz a Bill; ya luego le haría explicarle qué.
&
Esa noche, en el hotel, esperó a que Gustav y Georg se marcharan al fin a dormir, para aclarar aquello con su hermano. No más se cerró la puerta de la habitación y Bill se lanzó sobre la cama, bostezando sonoramente, él fue a sentarse a su lado.
—¿Por qué dijiste eso?
—¿Qué dije? ¿Cuándo? —Bill se incorporó y lo miró justamente a los ojos; Tom desvió los suyos.
—En Viva Live, cuando me dijiste “Gracias”.
—Pues… ¿no lo sabes? Me dio mucho gusto que fueras tú mismo, que no aceptaras toda esa mentira de las 25 fans que han dormido contigo. Pero, sobre todo, que no me desmintieras cuando dije que tú y yo creemos en el amor verdadero; pensé que tal vez saldrías con una de tus patanerías y me harías quedar en ridículo, pero no lo hiciste. Por eso dije “Gracias”.
—No es esa la imagen que quieren que vendamos, Billy. Tú eres el romántico que busca a su alma gemela, y yo soy el macho-man que busca chicas solo para una noche.
—No te he visto con ninguna chica desde… aquella putita de la fiesta.
—Ah, vamos, no la llames así; la pobre chica fue contratada por nuestro staff.
—La “pobre chica” estaba posando junto a ti, para que te tomaran fotos como un estúpido borracho tocador de nalgas.
—Ok, ya empezaste —dijo Tom mientras se paraba de la cama—. Últimamente no te cortas ni un poco para llamarme todas esas “lindezas” que se te ocurren.
—Ah, no, Tomi —Bill se levantó sobre sus rodillas en la cama y se quitó la camiseta que llevaba para quedar solo en sus pijamas—. Lo que digo es lo que los demás están viendo de ti, no lo que veo yo. Para mí… tú eres otra cosa —su mirada y su sonrisa se clavaron en Tom, haciéndolo sentir mariposas en el estómago—. Tú eres… mi Tomi, mi lindo gemelo que se alegra cuando me ve feliz, que me ha defendido siempre, y que sabe tocar la guitarra endemoniadamente para acompañarme cuando canto. Amo que nos riamos juntos, que podamos conversar de cualquier cosa y siempre tengas una respuesta inteligente que dar, que te preocupes tanto por la banda, por lo que queremos lograr en el futuro, que seas tan profesional siempre; pero lo que más amo… es el brillo de tus ojos cuando me miras así, y tu temblor cuando te toco. Ven acá, Tomi, ven y recuéstate aquí junto a mí —se echó sobre la cama bocarriba, y la mirada de Tom quedó fija en la piel de su torso descubierto.
—Tu piel es tan… impecable, eres como… un ángel —Tom se iba acercando a pesar suyo.
—¿Eso crees? Yo pienso lo mismo de la tuya, menos mal que nunca la muestras a nadie, porque entonces tendría aún más fans locas por ti esperándote cada día frente al hotel. Creo que… me voy a hacer un tatuaje… justo aquí —dijo bajando algo sus pantalones para mostrar la piel de su abdomen, y pasó sus dedos por la parte derecha de su pelvis, como si él mismo se acariciara. La mano de Tom se le unió y él aprovechó para entrelazar sus dedos, su mano izquierda con la mano derecha de Tom, lo mismo desde que eran niños. Tom se recostó al fin a su lado, y puso la cabeza sobre él, mientras seguían con las manos enlazadas. Bill suspiró entonces, y Tom habló muy bajito.
—Quedémonos así esta noche, Bill; y no digamos nada más. Solo durmamos así, por favor. ¡Me hace bien!
—Claro, meine liebe, claro —dijo Bill dulcemente, mientras los dos intentaban calmar los repiques de sus corazones.
&
Dos meses más de viajes constantes, en los que la inspiración se aparecía a cada rato y Bill anotaba nuevas ideas para canciones. Una de ellas prácticamente se la dictó Tom, cuando hablaban de su futuro: “Creo que nuestro pasado ahora parece un vacío oscuro, pero… ¿y nuestro futuro, Bill? Ya no podemos volver atrás, solo podemos ir hacia adelante, pero… ¿qué encontraremos más adelante?” Y entonces Bill le respondió: “No, ya no podemos volver atrás, afortunadamente”.
Recordó eso mientras viajaban a sus primeras vacaciones en mucho tiempo, aunque no eran reales vacaciones: se instalarían en un bungalow en Cádiz, España, con la esperanza de que allí no los reconocieran tan fácilmente como en otros lugares de Europa y pudieran tener más libertad para salir, vivir un poco como adolescentes que eran todavía, mientras se inspiraban y componían algunas canciones más para su segundo disco.
También recordó que en los últimos tres meses su trato con Tom había sufrido muchos altibajos. A veces él no se resistía a tocarlo, a besar sus labios con hambre, a pedirle que lo dejara dormir abrazado a su cuerpo y entonces sus manos se fueran a recorrerlo como sin querer y se quedaran ahí, sobre alguna parte de su piel que quedara descubierta, mientras los dos sentían aquel calor conocido que los ponía intranquilos y enardecía sus cuerpos; y otras se alejaba, se ponía tímido, se sonrojaba al encontrar sus ojos, y evitaba por todos los medios verlo desnudo. Lo peor era la frustración que sentía Bill porque, en el momento en que él intentara corresponder a cualquier caricia que Tom le hiciera, o mostrara que se estaba excitando demasiado, Tom se alejaba enseguida, así que había estado intentando no perder la paciencia, disfrutar al menos aquel tipo de intimidad entre los dos que no lo llenaba, pero era preferible a cuando Tom lo abandonaba, cuando lo dejaba solo y perdido sin él.
Al llegar al bungalow, marcado con el número 483, David Jost comprobó que todo estuviera bien; instalaron todos los equipos para hacer de aquel lugar un pequeño estudio improvisado, y les pidió que siguieran todas sus instrucciones.
—Recuerden que sus padres han confiado en mí, chicos. Ya Georg es mayor de edad, pero el resto de ustedes no; que no se les olvide eso. —Tom fue a protestar pero David no lo dejó—. Sí, sí, ya sé, que la idea es que pudieran disfrutar también un poco al estar aquí, y por supuesto que no me voy a quedar a fastidiarles la diversión, además porque este lugar es bastante pequeño y yo tengo trabajo esperándome en Hamburgo…
—Y tu novia —dijo Bill, sonriéndole.
—Ajá, y mi novia. A ver si ustedes se encuentran alguna compañía femenina en estos días. Pero con cuidado, ¿eh, chicos? Sexo seguro y no se metan en problemas con novios celosos.
Gustav se sintió aludido.
—Ok, ya sé que tuve un lío así hace poco, pero aprendí la lección, amigo.
—Eso espero.
Allí también había solo dos habitaciones para compartir, y Tom se pasó un buen rato protestando porque los productores estaban ahorrando demasiado con ellos, y que ya se estaba volviendo costumbre darles solo dos habitaciones como si no necesitaran privacidad. David solo lo miró mientras hablaba sin hacerle mucho caso.
—Lo pensaré para la próxima —dijo, ya con sus cosas para marcharse en la mano—, esta vez habrá que resignarse; o regresas a casa si es que te molesta mucho. Pero la idea también es que compongan algo, así que sin ti… el resto de la banda no tendría por qué quedarse.
Georg y Gustav miraron a Tom alarmados, y Bill solo se fue a sentar lejos para evitar darle una mirada de pura rabia.
—No; está bien por esta vez, pero haz que sepan que no estoy muy contento con su tacañería.
&
En los primeros días allí, salieron a conocer el lugar, a caminar libremente por las calles sin que nadie se les fuera encima. Crearon una especie de rutina en que dormían toda la mañana, salían un rato en la tarde, y luego, si les había surgido alguna idea para componer, trabajaban en ella. Debían usar bien el tiempo, porque en julio volverían a la gira, a lugares más lejanos y que no habían visitado antes, así que solo tenían menos de un mes para utilizar. Una noche decidieron beber junto a la piscina.
—He visto varias españolas que están buenísimas —dijo Georg, dándole un codazo a Tom, mientras Gustav asentía; llevaban ya varias copas y todos estaban bastante achispados. Bill les clavó una mirada asesina, como siempre que hablaban de ese tema con Tom en su presencia, pero esta vez Gustav se atrevió a reclamarle.
—Lo siento, Bill, pero el que tú hayas decidido esperar porque se te aparezca tu alma gemela no quiere decir que obligues a Tom a hacer lo mismo.
—Mira, tú, enano, no te metas entre Tom y yo —Bill se paró encolerizado y Tom se apresuró a agarrarlo.
—Hey, Bill, ¡no quieres pelearte con Gustav por una tontería!
—¡No es una tontería!
—Ay, suéltalo Tom, a ver si me araña con sus uñas bien pintadas y se le parte alguna.
—Gustav, no te permito… —fue ahora Tom quien lo miraba enfurecido.
—¿Qué? ¿Qué le diga niña a tu hermanito?
—Te voy a demostrar si soy una niña —se soltó Bill e intentó patearlo; Georg agarró a Gustav y Tom sostuvo a Bill por la cintura.
—Hey, hey —dijo Georg—, esto se está pasando ya; mejor salimos.
—Sí, vamos a buscar españolas, ¿vienes, Tom? —Gustav se ganó un rechinar de dientes de Bill y Tom solo apretó más su agarre.
—No, paso esta noche. Me voy a ir a dormir y voy a cuidar de mi hermanito, que tiene muchas copas subidas.
—Ok —Georg se llevó a Gustav y entonces Bill se removió para que Tom lo soltara y fue directamente a sentarse en un columpio algo más alejado de la piscina. Su cara mostraba furia y tristeza a la vez, y Tom lo miraba desde lejos, preocupado; no solo por la reacción furiosa de Bill, sino por lo que estarían pensando sus amigos de aquellos constantes ataques de celos. Solo unos minutos después, no pudo resistirse a llegar hasta Bill e intentar abrazarlo.
—Billy, tenemos que… —pero Bill lo esquivó. Se sacó la ropa quedándose en bóxers y se lanzó al agua de la piscina—. Bill… no hagas eso, te vas a enfermar, el agua está fría, Bill… —pero Bill no lo quería escuchar, nadaba haciendo piruetas y Tom cada vez se inquietaba más, porque no era tan buen nadador y estaba haciendo cosas peligrosas con demasiadas copas en la cabeza.
—Por favor, ten cuidado —Tom se sacó la ropa también y se sentó en el borde de la piscina, atento. Bill se acercó.
—Ven, Tomi, ven y nada conmigo.
—No quiero mojarme el pelo a esta hora.
—Ah, vamos —Bill empezó a halarlo hacia el agua; cuando al fin logró hacerlo caer, se aferró a su cuello con las manos y puso las piernas alrededor de su cadera, mientras le susurraba—. Es que es el colmo que estos idiotas no entiendan que para mí es importante el amor verdadero, yo no puedo andar por ahí acostándome con cualquier fan que haya visto al frente en un concierto, porque… ¡no las conozco!, y necesito mucha más intimidad para… tener sexo. No creo en el sexo sin amor y, en el fondo, sé que tú tampoco.
—Yo… Bill… —Tom balbuceaba; tener a Bill encaramado sobre su cuerpo, sentir su aliento en su oído, su voz que le hablaba con tonos sensuales, su cara tan cercana, ¡sus labios!, aquello le podía demasiado.
—Admítelo, Tomi, admítelo. Tú quieres amar, y sabes que hacer el amor y no el sexo es lo único que puede llenarte de verdad —seguía susurrando cerca de su oído, haciendo que algo se derritiera lentamente en Tom.
—Ah, sí, yo, quiero amar, sí, quiero hacer el amor, pero… —Bill no lo dejó terminar; lo calló con un beso de esos que no les eran tan habituales, pero que encendían todos los motores de su bien dotada humanidad. Tom se dejó arrastrar por sus sentimientos y enredó su lengua a la de Bill, que empezó a empujarlo de a poco hacia la orilla de la piscina, para aprisionarlo allí y moverse sobre él; Tom jadeó excitado y reaccionó desasiéndose de Bill y volviendo a subirse al borde.
—Dejémoslo ya, Billy, antes que nos arrepintamos de algo.
—Yo no me voy a arrepentir de nada —Bill fue hacia él de nuevo y allí, sin salir completamente del agua, acercó su cara a la entrepierna de Tom, donde una erección se notaba claramente. La tocó con la nariz sobre la tela de los bóxers y le arrancó a Tom un gemido; sus manos inconscientemente fueron hasta Bill y tocaron su pelo negro que así, mojado, caía a los lados de la cara; suspiró. Bill sintió eso como una señal para adelantar su mano y liberar la erección de Tom, que quedó allí, empinada ante sus ojos. Tom miró hacia allí para ver en los ojos de Bill ese brillo hipnotizante, como el de una serpiente a punto de atacar. Y su boca se abrió sobre el glande, su lengua lamió haciendo que el piercing rozara con su frío metálico las partes sensibles, y Tom no pudo contenerse una queja de placer.
—Ahj, mmm… —se mordió los labios y echó la cabeza hacia atrás; con los ojos cerrados. No quería mirar, no quería mirar a Bill haciendo eso porque… Pero miró, y se paró como un rayo de allí, haciendo que con el impulso Bill cayera al agua.
—Tom; ven, Tomi. ¡No te vayas! —Bill lloró rabioso, mientras Tom corría a encerrarse en la habitación.
Bill golpeó el agua, salpicando las ropas que Tom había olvidado en su huida junto a la piscina. Bill salió entonces y se sentó en el borde, tratando de parar su llanto. Empezó a preguntarse si Tom tendría la razón, si ya debería dejar de intentarlo, no seguir luchando por obtenerlo; si no sería cierto que estaba mal de la cabeza, física y mentalmente obsesionado con Tom. ¿Puede que en verdad tuviera que matar ese sueño que lo enfermaba? ¿Lo que hacían estaba mal? Pero… ¿cómo puede estar mal algo que se siente tan bien?, ¿algo que solo entre ellos era posible, porque no se sentirían así con nadie? ¡Y ya lo habían intentado tantas veces, volver a ser solo hermanos, pero siempre terminaban igual que esa noche, siempre volvían a caer! “¡Ya no podemos vernos de otra forma! ¡Nadie, nadie podría estar en medio de nosotros! ¡Nunca podremos ser felices si no aceptamos lo que sentimos, que nos deseamos así; somos demasiado jóvenes para vivir engañándonos…!”, con esa resolución en su mente se levantó, recogió las ropas de Tom y las suyas, y fue hacia el interior, hacia la habitación que compartía con su gemelo.
Tocó a la puerta suavemente, pero decidido.
—Ábreme, Tom, por favor.
Sintió como Tom se levantaba de la cama y llegaba hasta la puerta para abrirla.
—Es tu habitación también —le dijo Tom con cara triste—, así que… adelante.
—No te estoy imponiendo mi presencia, Tomi —dijo Bill entrando y colocando las ropas de los dos sobre un mueble—, es solo que creo realmente que necesitamos hablar.
—No, Bill, no puedo hablar ahora —sabía que cuando se sentía así no era muy bueno con las palabras, y su hermano lo enredaría fácilmente.
—Tenemos que hacerlo —insistió Bill—; es importante. Necesito saber qué es lo que sientes.
—¡Bill, lo que sé es que esto no está bien! Tú y yo estamos mal de la cabeza. ¡Es loco! ¡No podemos estar sintiendo estas cosas! ¡Somos hermanos! Si mamá se entera se muere, ¡y la banda!, vamos a destruir nuestros sueños y los de nuestros amigos; hay mucha gente implicada que va a pagar porque nosotros… nos comportemos como dos enfermos.
—Ah, Tom, eso no es del todo verdad, yo… ¿puedo sentarme a tu lado? —Tom asintió sin mirarlo y Bill lo hizo, se sentó muy junto a él y le tomó una mano, Tom lo dejó—. Lo he pensado mucho, ¿sabes? ¿Crees que no tengo miedo igual que tú? ¿Crees que no me asusta?
—No parece, porque insistes e insistes…
—Solo estoy escuchando a mi corazón. Yo… no puedo dejar de pensar en ti a cada momento. Necesito tu atención; estoy muy solo cuando huyes de mí. ¡Me haces falta! Quiero compartir cada momento contigo. Eres mi otra mitad y no sé vivir sin ti; tú eres mi sol, mi estrella guía, sin ti estoy perdido en la oscuridad. Cada canción que he escrito es para ti, eres lo único que me inspira y el único ser por el cual sería capaz de sentir esas cosas, no confío en nadie más en la vida. Me encanta pasar tiempo contigo, me haces reír, me cuidas; no puedo pensar en vivir lejos de ti si algún día te casas, ¡no podría soportarlo! ¡Prefiero morir!
A esas alturas los dos estaban llorando. Con cada palabra que Bill pronunciaba, Tom sentía que su alma se rompía en frágiles piezas y que el único que podría volver a armarlas era aquel que estaba a su lado, su hermano, pero también su alma gemela. Lo abrazó contra su cuerpo, buscó sus labios, y luego se recostaron sobre la cama para besarse muchas veces, como si no pudieran parar, y Tom le susurró a Bill: “Por favor, perdóname, no quería hacerte sufrir”, “Perdóname tú si… te he intentado seducir tan desesperadamente”, sollozó Bill, y entonces Tom se colocó sobre su cuerpo; lo miró a los ojos y limpió sus lágrimas con sus labios. “Me seducirías aun cuando no lo intentaras tanto”, dijo y lo besó profundamente; sin barreras esta vez. Se estaba permitiendo sentir, sentir tanto y tan fuerte por su hermano, ese deseo fulgurante que lo quemaba y no lo dejaba pensar en nada más. Quería sentir a Bill, quería acariciar su piel sin descanso, y sí, quería hacerle el amor, aunque no tuviera la más mínima idea de cómo hacerlo. Un beso, una caricia, no eran suficiente; necesitaba más, así que se deslizó hacia abajo y libró a Bill de sus bóxers y él se dejó hacer, solo ayudándolo con el movimiento de su cuerpo. La erección de Bill era aún mayor que la de Tom, si eso era posible, y por unos segundos el miedo volvió a ganarle, pero sacudió la cabeza e hizo más o menos lo mismo que Bill intentara con él en la piscina, metiendo poco a poco el glande en su boca, paseando su lengua, succionando alguna vez, haciéndolo entrar más cada vez mientras Bill se retorcía gimiendo y agarraba las rastas de Tom entre sus dedos, guiando de algún modo sus acciones. Su mirada se iba alguna vez a aquel lugar intocado que significaba para él la última barrera en el cuerpo de Bill, y la última barrera de su propio cuerpo. Suave y fuerte, sin parar, casi estaba logrando que Bill llegara al clímax mientras su excitación también crecía y se volvía dolorosa; Bill lo sintió a través de su conexión psíquica y lo detuvo para cambiar sus posiciones. Tom quedó sobre la cama, y Bill se arrodilló a su lado para empezar a hacer lo mismo que en la piscina había quedado inconcluso. Tom empezó a gemir sonoramente, seguro de que no aguantaría mucho más, y su mano voló a las nalgas de Bill, las apretó y acarició, y luego uno de sus largos dedos fue acercándose lentamente al agujero expuesto, y poco a poco fue entrando mientras Bill primero se contraía y luego se relajaba mientras aquel dedo tocaba algo en su interior que lo hacía querer gritar de placer. Tom llegó al orgasmo con una queja gutural y poco después Bill solo tuvo que tocarse una o dos veces para llegar también a ese momento de éxtasis; los deseos tanto tiempo guardados y las copas de esa noche les habían pasado factura y no habían podido durar mucho. Se recostaron uno junto al otro, jadeando. Luego Tom lo abrazó contra sí, y se rió.
—Uf, Billy, esto fue bueno.
—Un día va a ser mucho mejor —Bill hizo eco a la risa de su hermano, que ahora también, al fin, era su amante. Tom alargó una mano para alcanzar las mantas y los cubrió a los dos, que se quedaron dormidos así, desnudos y abrazados.
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Georg y Gustav volvieron al amanecer, todavía más tomados que en la noche. Gustav abrió la puerta de la habitación de los gemelos con la intención de seguir molestando un poco a Bill, al contarle a Tom de sus más recientes aventuras, pero Georg lo arrastró de nuevo afuera cuando sus ojos chocaron con aquella escena: las mantas se habían corrido un poco y al menos una nalga de Tom asomaba por fuera mientras mantenía apretado a Bill contra su cuerpo, y la mano izquierda de Bill, doblado el brazo hacia arriba, estaba enredada en la derecha de Tom de un modo que solo habían visto en novios mientras se besaban o andaban por la calle.
—¿Qué… qué fue eso? —Gustav sintió como si fuera a vomitar por la impresión.
—Ellos están… durmiendo… desnudos…
—¿Y qué? ¡¿Eso te parece normal?!
—Baja la voz, no queremos despertarlos. Ya sabes cómo son ellos dos, demasiado unidos, y se tienen ciertas confianzas que otros quizás no entendemos.
—¿Eso lo aprendiste en tus libros de psicología, Geo? ¿Que porque son gemelos se comportan así, como si no fueran seres humanos como los demás? ¡Eso es basura, amigo! Esos dos tienen algo, son más que hermanos. Ahora me explico los celos rabiosos de Bill, y por qué quería patearme anoche. Geo, ¿qué va a pasar ahora? Si alguien sabe, se nos destruye la banda.
—Cálmate, ¿sí? Nadie tiene por qué saber, porque los únicos que sabemos somos tú y yo, ¿entiendes? Y nosotros no vamos a decir nada.
—¿Ni siquiera a ellos? Creo que merecemos una explicación.
—Esperemos a ver si ellos quieren dárnosla. Porque lo que pienso es esto: si los forzamos a confesarnos lo que pasa, si creamos un conflicto entre los cuatro, puede ser lo peor para Tokio Hotel. Y no queremos eso, Gus. Esta banda es un sueño de los cuatro, y yo estoy dispuesto a protegerla por encima de todo.
—¿Hasta por encima de… nuestra moralidad?
—Ay, Gustav, ¡qué nunca hemos sido tan moralistas tú y yo!
Gustav se quedó callado un momento y luego se rió.
—Sí, eso es cierto.
Ellos también se fueron a dormir a su habitación, pero aún así volvieron a levantarse antes que los gemelos. El primero en salir de la habitación fue Tom.
—Hey, creí que no despertarían nunca más —dijo Georg.
—Bill aún no ha despertado.
—¿Noche difícil? —aventuró Gustav y se ganó una mirada reprobatoria de Georg.
—Como la de todos. Ustedes no tienen cara de haber dormido mucho. ¿Qué hicieron anoche?
—Uf, gozamos la vida, amigo —Georg prefirió hablar él antes que el genio de Gustav volviera a hacer aparición—. No sabes de lo que te perdiste.
—De hecho, ¿qué hiciste tú que compensara lo que te perdiste? ¿Cuidar de Bill? —Gustav no pudo contener la lengua.
—Bill y yo… necesitábamos hablar, y lo hicimos: hablamos mucho.
—¿Hablaron? Ah, bien por ustedes, les hacía falta, a ver si Bill deja al fin esas rabietas histéricas — “¿ahora a eso se le llama hablar?”, pensó para sí. Bill atravesó la puerta entonces.
—Ajá, despertó la… oh, perdón, el bello durmiente —Gustav no pensaba parar sin lograr vengarse un poco de Bill. Bill le hizo un gesto con el dedo de “Fuck yourself” y Tom se sonrojó, recordando.
—De hecho, estaba trabajando ahí, para que lo sepan.
—¿Mientras dormías? —le preguntó Georg, bromista.
—Estaba soñando con una canción. ¿Puedes recordar la melodía, Tom?
—¿Eh? —Tom pareció despertar de repente de su ensueño—, ¿qué dices?
—¿No soñaste con una melodía?
—No recuerdo, pero sí tengo una melodía prendida en la cabeza desde que me desperté.
—¿Puedes tocarla?
Tom tomó la guitarra y tocó los acordes. Era un tema suave, de una calmante emoción. Y Bill comenzó a cantar.
—En mi interior empieza a hacer frío, ¿cuánto tiempo podremos estar aquí juntos? Quédate aquí, las sombras quieren agarrarme, pero si nos vamos, vámonos los dos; tú eres todo lo que soy y todo lo que fluye por mis venas. Siempre nos apoyaremos el uno al otro, no importa donde vayamos, no importa la profundidad. No quiero estar aquí solo, quedémonos juntos en la noche. Algún día llegará el momento, quedémonos juntos en la noche… Todavía la tengo que terminar.
—Parece buena; pero creo que debería ser solo acústica: tu voz y la guitarra —sugirió Georg.
—También lo creo, sobre todo porque es sobre Tom y yo, sobre lo que sentimos uno por el otro —Tom le dio una mirada asustada, y se sonrojó por completo. Luego escondió la mirada de la de Bill que lo buscaba con insistencia. “No, Tom; no otra vez”, pensó Bill, sintiéndose algo herido.
Continúa…
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