
Fic TWC de Ladyaradia
5. Geh (Vete)
(…) No hicimos nada malo, pensamos todo el tiempo. Todo lo demás en nosotros se verá, así es como podemos continuar. ¡Vete! ¡Vete! ¡Vete!, vayámonos, abandonémonos. No intentes entender por qué no podemos continuar más. ¡Vete!, intentemos separarnos. Solo seremos capaces de continuar si no nos vemos más. ¡Vete!, ¡vete! Vete, hazlo por nosotros. Yo no podría hacerlo, yo no sería bastante valiente (…)
Con la anuencia de Charlotte y las respectivas familias de Gustav y Georg, los cuatro chicos fueron a vivir al apartamento estudio de David Jost por unos meses. No tenían grandes presupuestos, pero sí muchos deseos y esperanzas de que esa vez sí se concretara su sueño y grabaran un disco que aceptara comercializar alguna de las disqueras con las cuales Jost estaba negociando contrato. Tenían varias canciones para escoger, ensayar y preparar un demo, algunas con más colaboración en los textos de los productores, y otras, la mayor parte, salidas de las creaciones de Bill anotadas en aquel ya enorme cuaderno que puso en manos de David Jost el primer día que todos fueron a ver la banda.
Durante las sesiones de ponerles melodía y arreglos, Tom, quien casi siempre adivinaba ¿o sabía de algún modo? la música perfecta para acompañar esas palabras, se sentía inclinado a pensar que su hermano debía estar sufriendo alguna decepción que no había querido contarle. ¡Extrañaba tanto ser su único confidente!
Quizás Andreas supiera lo que pasaba con Bill, pero lo más seguro es que no le iba a contar. Bill lo miraba a veces, bromeaban, pero no podía evitar seguir viendo en el fondo de sus ojos esa extraña tristeza que hacía eco en su alma de algún modo, como una sensación rara de que le faltaba el aire: eso era lo poco que quedaba de su conexión antes tan fuerte que ni siquiera necesitan decirse las cosas en voz alta; había sentimientos escondidos, cosas secretas, que ya no lograban descifrar uno del otro. Pero al menos les quedaba la música, esa intensa emoción que los conectaba de nuevo y les daba la sensación de bienestar que suponía juntar sus almas.
Una cosa sí era segura: si no lograban sacar algo más de su estancia en ese lugar, sí podían decir que al menos habían afianzado más la amistad de los cuatro integrantes de la banda; habían dejado de ser cuatro chicos que hacían música juntos para convertirse en grandes amigos que tocaban juntos. Y David Jost era como otro padre para ellos. Él sobre todo le mostraba mucha admiración a Bill, y le reconocía un gran talento no solo para la música, sino para manejar su propio futuro: Bill tenía claro lo que quería, y estaba dispuesto a no rendirse antes de cumplir todo lo que soñaba; y a no dejar que nadie intentara imponer sus intereses a los que decidiera la banda. Lideraba a los demás, que confiaban en su instinto y sabían que Bill no los traicionaría en ninguna negociación. En esa pequeña familia de amigos, David se sentía una parte más, así que estaba dispuesto no solo a negociar para ellos con las disqueras sino también a proteger las decisiones que los cuatro chicos tomaran.
Fue un día que los cuatro estaban solos y habían acabado el ensayo en el que Tom aprovechó para ir hasta donde estaba su hermano, escuchando música con audífonos sobre un sofá, mientras Georg y Gustav discutían lo que pensaban hacer en las vacaciones antes de volver a la escuela.
—¿Me puedes escuchar? —le hizo señal de que se quitara los audífonos.
—Claro, Tomi —Bill le dio una de sus genuinas y dulces sonrisas—. ¿Qué pasa?
—Nada, que ellos están haciendo planes para las vacaciones, y yo… quiero que hagamos lo mismo. Si todo sale bien, esta puede ser la última vez que tengamos unas vacaciones como chicos corrientes.
—¿Crees que nos vamos a hacer famosos?
—¿No lo crees tú?
—Sí… sí —Bill se sentó más derecho—. ¿Y entonces… qué crees que deberíamos hacer?
—Nada del otro mundo; solo que… quiero que compartamos más cosas juntos de nuevo. ¿Recuerdas a las chicas que nos dieron sus números?
—Ajá.
—Pues tal vez salimos con ellas, juntos.
—¿Como citas dobles?
—Eso.
Bill miró por un momento a Tom; intentando adivinar si estaba diciendo aquello con sinceridad, o solo era sentimiento de culpa por haberle abandonado tanto tiempo para andar con sus nuevas amistades; pero sí, Tom parecía ansioso por su respuesta.
—Me encantará volver a compartir tiempo contigo fuera de los ensayos y todo lo referido a trabajo; he extrañado mucho eso.
—También yo, Billy —Tom le pasó el brazo por encima y se rieron—. Esto de ser gemelos, es algo… que pocos entienden, ¿verdad? Tendrían que ser como nosotros para poder entender.
—Eso es lo que quería decir… en todos esos textos, que extrañaba demasiado a mi gemelo. ¿Acaso no te diste cuenta, Tomi? Nos prometimos siempre estar juntos y tú…
—Hey, no me culpes a mí de todo que tú también hiciste tu parte. Me debiste decir que te sentías así.
—Oh, ¿tendría que habértelo dicho? Tú debías haberlo sentido.
Tom suspiró.
—Lo sentí, Bill, lo sentí, pero soy un cabezadura que no quiere dar su brazo a torcer. Actué mal, lo sé, ¿me perdonas?
—Claro —Bill se le acercó y le besó el rostro, y Tom lo apretujó contra sí antes de hacer lo mismo.
—Ewww —los interrumpió Georg que los miraba en su ataque de ternura fraternal—; parecen dos niñitas que acaban de hacer las paces y se preparan para salir de compras juntas.
—No te atrevas a insinuar que Bill o yo somos… afeminados porque ya golpeé a unos cuantos por eso —Tom se paró en jarras con las manos en las caderas.
—Pues en esa posición nos acabarás de convencer —dijo Gustav quien se había parado a curiosear de qué hablaban.
Ese comentario detonó la alarma para que los cuatro se pusieran a correr por el pequeño apartamento tratando de alcanzarse para darse una zurra… claro, en plan de juego.
&
Y llegaron las vacaciones; las dos chicas amigas que les habían dado sus números de teléfono accedieron a salir con ellos. Era algo chistoso en cierto modo, porque en un principio las dos se estuvieron peleando secretamente por Bill pero al final Ina convenció a Julia de que Bill estaba más interesado en ella, así que Julia se resignó a ser la pareja de Tom, aunque poco a poco empezó a gustarle más y más el chico guitarrista: es que Tom en un inicio podía ser muy tímido, pero, a medida que se lo conocía mejor, se podía disfrutar de su excelente sentido del humor, de su sensualidad escondida detrás de tanta ropa enorme, y de una inteligencia para pensar en cosas profundas que él disimulaba sistemáticamente.
Las chicas estaban dispuestas a llegar con ellos tan lejos como se lo pidieran, pero ellos no parecían estar interesados en eso; también porque casi siempre iban los cuatro juntos a todas partes, y a veces la conversación se volvía inentendible para ellas porque Bill y Tom se olvidaban de que tenían compañía y se empezaban a comunicar en su propio lenguaje lleno de medias palabras que se terminaban a nivel mental o solo se comunicaban en silencio y se reían solos, sin que ellas pudieran entender el chiste.
Igual, Tom necesitó varias citas para poder besar a su chica, mientras que Bill ya había pasado a las caricias excitantes sobre la ropa.
Y cuando Tom veía algo así, a Bill pegado a la chica, besándola o tocándola, no podía evitar sentirse cohibido y algo rabioso. “No debe haber nadie entre nosotros”, se decía sin entender bien por qué, “no quiero que ella toque a Bill, no quiero que lo bese”. Y cuando pasaba algo así, Tom se desconcentraba de su propio placer para sentir solo frustración por el que estaba viendo en Bill. No sabía explicarse por qué, pero se sentía traicionado, a pesar de que él mismo había sido quien le sugiriera a su hermano aquel plan para sus vacaciones.
Cierta vez Ina les falló a la cita en el último instante, y se quedaron los tres solos: Julia, Tom y Bill.
—¿Y entonces, qué hacemos? —preguntó Julia con su natural buen humor.
—Salgan ustedes dos; yo iré a visitar a Andreas que hace tiempo no…
—No, Bill —Tom lo interrumpió—; salgamos los tres juntos.
—Ah, no, yo no quiero estar en medio.
—Tranquilo, Bill; si alguien estaría en el medio, sería yo —aventuró Julia.
Los dos miraron a Julia, suspicaces; no sabiendo bien si solo bromeaba. Pero Julia sabía bien lo que quería decir: era su oportunidad perfecta para disfrutar también un poco de Bill, que había sido su primera elección al conocerse. Miró a Tom para ver si él se había ofendido, si se había sentido dolido por sus palabras, pero él solo estaba como extrañado, sin saber qué pensar.
—Seamos realistas, chicos —continuó ella al ver que ninguno de los dos reaccionaba—. Sabemos que esto es un ligue de verano, y ninguno de los cuatro tenemos pretensiones de que pase a más. Así que podemos alocarnos un poco…
—¿Qué… es lo que propones? —habló al fin Tom.
—Solo que nos vayamos a mi casa, allá no hay nadie hoy, y que disfrutemos los tres de una buena tarde juntos.
—¿Pero… cuál es el plan? —insistió esta vez Bill.
—El plan es… divertirnos, ser espontáneos.
Tom y Bill se miraron y respondieron a la vez.
—Ok, suena bien.
En su casa, Julia puso música para bailar y trajo cervezas.
—Debe ser ilegal que bebamos esto —dijo Bill, pero a modo de broma.
—Ajá —Tom sonrió con todo el rostro.
—Ventajas de estar sola en casa y tener un hermano mucho mayor a quien puedo chantajear con contarle cosas que sé a nuestros padres —Julia les guiñó un ojo.
—Pues brindemos por tu hermano —dijo Bill levantando la botella y luego dándose un gran trago.
—Por Julia —Tom tomó también de su propia cerveza.
Luego empezaron, más que a bailar los tres, a moverse sensualmente. Poco a poco, Julia los fue acercando y, mientras pegaba su cuerpo a Tom, besaba los labios de Bill. Mientras las manos se desataban, y empezaban a acariciar, ella, perdida en sus sensaciones, no notó hasta un buen rato después que muchas veces las caricias de Tom iban a parar a la espalda de Bill, y las de Bill al rostro de Tom, o viceversa; pero, cuando lo notó, una nueva lujuriosa idea vino a su mente.
—¿Sería mucho pedir que se besaran, para mí? Hagan que están besando al espejo.
Ellos se miraron directamente a los ojos, y no lo pensaron: se fundieron en un beso que estaban deseando hacía mucho, profundo y frenético, mientras sus cuerpos se pegaban uno al otro como si fueran a disolverse en un solo ser.
—¡Wow! —dijo ella provocando que reaccionaran separándose—. Ahora conmigo, por favor; pero… ¿nos quitamos la ropa?
Ella misma empezó a desvestir a Bill, zafándole la correa de los jeans, mientras Tom veía cada vez más asustado el giro de los acontecimientos. Y entonces salió corriendo hacia la puerta de la casa; y Bill corrió tras él, mientras Julia se quedaba fastidiada y alborotada en la sala, con el cinturón de Bill en las manos.
Bill solo pudo alcanzar a Tom en la casa; y pudo oír cómo le pedía a Charlotte algo que le dolió muchísimo.
—… tienes que tener en cuenta eso, mamá. Ya Bill y yo somos demasiado grandes para compartir habitación. Necesito mi privacidad.
—Creí que eran ustedes los que no querían dormir en habitaciones separadas, Tomi.
A Bill lo estremeció oír a otra persona llamarlo Tomi, aunque esa persona fuera su madre. Entonces atravesó la puerta de la cocina.
—¿Entonces ya Tomi te lo dijo, mamá? Ya somos grandes, ahora queremos nuestro propio espacio.
Tom evitó la mirada de Bill. Charlotte los miró a los dos, extrañada.
—Solo espero que esto no sea por una pelea de las suyas, porque después que acondicione el cuarto que udo de estudio para ti, Tom, no quiero que me vengas con que cambiaste de idea y quieres volver a dormir en la misma habitación con tu hermano.
—Ah, no, mamá —Bill no dejó hablar a Tom—; te aseguro que no es nada de eso —y diciendo eso se fue a su habitación, que al parecer iba a ser ahora solamente suya. Tom se dirigió de nuevo a la puerta de la calle y desde allí le habló a Charlotte.
—¿Estará listo para cuando regrese?
—Bueno, sin muchas comodidades, pero sí. Espera, ¿a qué hora regresas?
—Antes de las diez; no te preocupes, no me meteré en problemas.
—Ajá, eso espero.
Tom salió al fin. Mientras, Bill llegaba hasta su cama, se sentaba, y se secaba de un tirón unas lágrimas que intentaban salir. ¿Por qué? ¿Por qué Tom lo hacía sentir culpable de algo que habían hecho los dos? ¿Por qué lo castigaba con esa separación que le dolía tanto? Sintió la puerta cerrarse y supo que Tom iría a ese lugar al que hacía meses ya no iba: a donde sus “amigos” de la “casa libre”.
Continúa…
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