Fic TWC de Ladyaradia

4. Rette Mich (Sálvame)

(…) Por primera vez solo en nuestro escondite. Veo nuestros nombres en la pared y los vuelvo a borrar. Quería confiártelo todo, ¿por qué lo jodiste? Vuelve y tómame. Ven y sálvame, me quemo por dentro. Ven y sálvame, no puedo hacerlo sin ti. Ven y sálvame. Sálvame. Sálvame. Nuestros sueños eran mentira y ninguna lágrima fue real. Dime que no es verdad, dímelo ahora mismo. (…)

Fue en su santuario secreto que ocurrió por primera vez aquello que los asustó tanto.

En realidad, habían tenido una pelea, por diferencias en sus opiniones sobre las chicas. Tom dijo que quería tener una novia, que una chica del noveno curso estaba más que interesada en él, y Bill se rió, dijo que Tom haría lo mismo de siempre: huir cuando tuvieran que darse un beso. Él protestó que eso no era cierto, y Bill dijo “¿me lo vas a contar a mí?”. “¿Por qué crees que sabes todo sobre mí, estúpido?”, fue la primera ofensa antes de que se liaran a golpes. Rodaron por el suelo tratando de imponerse uno sobre otro, pero ninguno había sido nunca muy deportivo, así que era difícil que alguno tomara verdadera ventaja. Pero al fin Tom logró inmovilizar a Bill bajo su cuerpo.

Quédate quieto ya.

Sólo si admites que yo tengo la razón: eres un gallina con las chicas.

¡No lo soy!

Ah, por favor, Tomi, yo te conozco mejor que tú mismo y no vas a poder… —Bill se vio de pronto callado por unos labios contra los suyos, en un beso largo y duro, que lo hizo relajar los músculos y dejarse llevar. Tom lo soltó al sentir que ya no hacía resistencia al agarre, y las manos de Bill, como si tuvieran vida propia, fueron a perderse en la espalda de Tom, desnuda porque al entrar a la cabaña los dos se habían sacado sus franelas. Su mano acarició inconscientemente, logrando que Tom sintiera como nunca antes aquella urgencia de fundirse con la persona que le hacía sentir eso, que le hacía sentir tan bien, y entonces reaccionó, alejándose rápidamente.

¿Qué haces, Bill? ¡No me toques así!

¿Cómo… qué? —Bill parpadeaba asustado también; por unos instantes se había dejado llevar por sus instintos y no había racionalizado que quien estaba ahí con él era Tom, su hermano, su gemelo.

Se pararon y se arreglaron las ropas, el cabello, y se pusieron de nuevo sus franelas; todo en absoluto silencio. Esa noche también durmieron cada uno en su cama; y al día siguiente, cuando Bill miró a Tom como siempre, buscándole la mirada con una sonrisa, él no pudo sostenérsela. Bill sintió como si algo se desgarrara dentro de él: ¿acaso su mayor miedo estaba tomando forma y Tom ya no sería el mismo para él? ¿Acaso iba a perder a Tom?

Como seguían en salones distintos en clase, las horas se les hacían largas y duras. Los dos querían salir corriendo a encontrarse a cada segundo y, a la vez, tenían miedo de hacerlo, como un miedo latente de que eso tan extraño que sentían cuando se tocaban se convirtiera en algo que no pudieran contener, y tenían esa sensación de culpa, de que lo que les ocurría debía ser malo, muy malo.

Georg y Gustav también se dieron cuenta de que había algo diferente en ellos; que se cohibían cuando iban a tocarse, y que solo hablaban lo necesario, algo muy diferente a como eran ellos dos normalmente: totalmente recargados uno en el otro, riendo por todo, peleando por tonterías, e interrumpiéndose todo el tiempo.

Tom comenzó un noviazgo con una chica llamada Theresia, unos tres años mayor que él, una “chica dura” que hacía grafitis y lo hacía parte, con ella, de un mundo diferente al que tenían en su banda de adolescentes soñadores. Mientras, Bill también tenía una novia, Linda, a la que conoció en sus clases de baile. Todos decían que ella era la bailarina más hermosa y a Bill le encantó su desenfado y cariño. Ella le hacía olvidar la actitud de su gemelo hacia él y fue enamorándose de su adorable forma de ser. Linda le llevaba dos años, así que fue quien lo guio en su primera relación sexual; y, además, ella confiaba mucho en el sueño de ellos de ser una banda reconocida, y los apoyaba.

Ver a Bill siendo feliz con alguien más, hería el corazón de Tom de un odo que no quería admitirse siquiera a sí mismo. Entonces, cuando Bill se empeñó en ir a aquel concurso de estrellas jóvenes, Tom no le dejó explicar sus motivos.

Solo haz lo que se te antoje, Bill. Ya veo que solo te importas tú mismo.

Bill iba a contarle que su plan era precisamente hacer esa aparición en TV por la banda, para ver si alcanzaban a ser vistos o conocidos por algún productor musical, pero Tom estaba siendo tan terco y cruel en sus comentarios hirientes que prefirió no decirle nada hasta que hubiera logrado su objetivo. Así que solo Charlotte lo acompañó a los castings y las presentaciones.

Mientras, Tom se había hecho de un nuevo grupo de “amigos”, unos que no habría llevado a su casa ni les presentaría a Gustav o Georg, y mucho menos a su abuela, quien se había quedado en la casa esos días mientras Charlotte estaba fuera con Bill: unos “rebeldes sin causa” que bebían grandes cantidades de alcohol y fumaban marihuana. Su novia lo había llevado ahí, porque ella era también parte de ese grupo. También escuchaban mucho hiphop, lo que los había acercado a ellos en primer lugar, pero también porque sentía la necesidad de hacer algo diferente, algo que lo sacara del doloroso pensamiento de que Bill no lo necesitaba tanto como una vez había creído, pero en cambio él no era nada alejado de Bill.

Tomaba alcohol para embotarse, y para tener el valor para salir con su novia, estrujarla en algún rincón y besarla, tratando de no recordar los besos que le daba a Bill. ¡Ah, maldito Bill! ¡Todo es mentira! ¡¿No estarías conmigo “para siempre”?!

&

Con su aspecto aniñado y una vestimenta fuera de lo común para cada una de las presentaciones, Bill logró lucirse cantando y, aunque no ganó en el show, sí obtuvo su objetivo: Peter Hoffman quiso conocer al resto de Devilish. Tom se sintió algo culpable por haberlo juzgado tan a la ligera, pero igual… ¡se había ido por muchos días, dejándolo detrás! ¡Haciéndolo extrañarlo tanto que dolía! “Él pudo estar muy bien sin mí”, pensaba mientras lo veía sonreír contando todo lo que le había pasado. Así que siguió evitándolo, huyendo, dándole sonrisas forzadas, yéndose a dormir a horas distintas para no tener que hacerle confesiones de ningún tipo.

Luego, en la escuela a la que asistían Bill y Tom, un chico se había convertido en su inseparable: Andreas. Andreas era un niño raro, un nerd de las computadoras, algo femenino y enamoradizo, difícil de decodificar por el resto de sus compañeros, y por tanto era mirado como otro “freak”; así que acercarse a los Kaulitz fue su mejor opción, los mayores “freaks” de la escuela, aunque ellos no se consideraran “freaks” a sí mismos. Andreas pasó a ocupar la mayor del tiempo libre que les quedaba cuando no estaban con sus novias, ensayando con Georg y Gustav, o tocando en lugares mayores cada vez; pero al final del día volvían a quedar solos.

Una noche Tom confesó a Bill que había roto con su novia, que se había dado cuenta de que no la quería y ella estaba exigiéndole demasiado, y le preguntó cómo le iba con Linda. Bill no se sintió capaz de decirle que todo iba muy bien con ella y solo atinó a decir una sarta de tonterías sobre que las chicas mayores siempre eran más exigentes. Le habría gustado que durmieran juntos como antes, pero Tom se apartó de él cuando quiso confortarlo con un abrazo.

Al día siguiente apareció Jörg, exigiendo a Charlotte que permitiera a sus hijos irse con él de vacaciones. Se apareció en Loitsche con los boletos para irse a Mallorca, como les había prometido por teléfono unos meses atrás. Los últimos pretextos de Charlotte tenían que ver con los nuevos productores que querían hacer un contrato con Devilish para grabar un disco.

Hey, ellos son unos niños, Charlotte. ¡No pueden explotarlos de esa manera! Tienen derecho a irse de vacaciones, mucho más si es con su padre al que casi no pueden ver.

¿Ahora eres un padre preocupado? No me hagas recordarte por qué salí casi corriendo con mis hijos de aquella casa.

No sé de qué hablas.

¿De verdad no sabes? Ellos no lo recuerdan, pero yo sí. Solo porque ellos no recuerdan y no quiero causarles más trauma los dejó seguir comunicándose contigo. Pero no me gusta que se queden solos contigo.

¿Qué les haría? Estás inventando cosas, Simone. Ellos son unos adolescentes y están viviendo muchas cosas nuevas: necesitan a su padre ahora.

Tienen a Gordon para eso, ¡y no me llames Simone, sabes que no me gusta ese nombre!

Pues es el nombre con que te conocí. Y en cuanto a Gordon, ¡no me hagas reír! Mira, les prometí a los chicos este viaje, Tom estaba muy emocionado por ir, y también Bill…

Bill y Tom entraban en ese momento: regresaban de un ensayo; uno más adelante del otro, Tom sonriente y Bill muy serio.

¡Papá! —Tom corrió a abrazarlo, sorprendido—. ¡No sabíamos que vendrías!

Ya, me imagino —miró a Charlotte con reproche—. Ven acá, Bill.

Bill se acercó, pero no fue tan efusivo como su hermano.

Preparen su equipaje, cosas sencillas. Se irán conmigo de vacaciones a Mallorca, esta noche.

¿A Mallorca? —Bill recordó todos los compromisos que acababan de adquirir; no sabía si aquel viaje era demasiado apresurado y los productores que estaban trabajando con ellos no iban a estar de acuerdo. Luego miró a Tom, todo entusiasmado con tener ahí a su padre, y se decidió—. ¡Qué bien! ¡Siempre quise ir a Mallorca!

Entonces, vamos, vayan a preparar sus cosas. Nos vamos en cuanto terminen —miro a Charlotte presumiendo su victoria y ella apretó los labios con rabia.

Bill y Tom subieron corriendo las escaleras hasta su habitación, y empezaron a guardar las cosas que consideraban más necesarias. Después de guardar un par de conjuntos, Tom agarró su guitarra, eso era todo lo que necesitaba, ¡y a Bill! Miró a su hermano guardando un montón de cosas para su cabello, para su maquillaje, y no pudo decir más que aquella frase que no sabía de donde le salía:

¡Vamos, niña; termina ya! —¿Por qué últimamente solo decía cosas hirientes para Bill? ¿Y por qué él no le replicaba ya? Ya ni siquiera se peleaban; Bill solo lo miraba dolido cuando le decía alguna patanería de esas, o le hacía algún gesto obsceno, pero nada más.

Cuando al fin bajaron y fueron a salir de la casa con Jörg, Bill abrazó a su mamá, que había sido tan comprensiva con él en los últimos tiempos, y ella le correspondió asombrada; Tom esperó para hacer lo mismo. Luego le sonrió a Charlotte.

Te quiero mucho, mamá.

Pero te vas con tu papá y me dejas —ella hizo un mohín como de decepción.

Solo serán unos días; pronto volveremos —contestó él, sintiéndose de repente un poco culpable por estar tan feliz de viajar con Jörg.

Cuídense mucho uno al otro, ¿sí? ¿Me lo prometen?

Claro, mamá, yo protejo a Bill.

Yo te protejo a ti, Tomi —Bill lo golpeó juguetón en el hombro mientras salían con su papá.

Jörg observó la actitud de sus hijos durante todo el viaje: no insistieron en sentarse juntos en el avión sino uno a cada lado suyo, y ya no parecían tener esa dependencia absoluta que él recordaba. Decidió que no le objetaría nada a las rastas de Tom, ni a que Bill se pintara el pelo aún de más oscuro.

Sorprendentemente, los tres compartieron muchos momentos divertidos. También para Bill y Tom fue un buen tiempo, y las cosas cambiaron entre los dos a su regreso: volvieron a hablar de cosas triviales, a reírse juntos, a sentirse de nuevo hermanos. Incluso se animaron a componer una canción sobre lo que habían sentido cuando sus padres se separaron y dejaron salir toda la frustración que eso les había producido para poder superarlo de una vez. Pero seguía habiendo una sombra; algo que no podían definir.

Bill, especialmente, era consciente de que odiaba ver a Tom pasar su tiempo libre con sus “amigotes” de baja calaña, o que se comportara tan patán con él, haciéndole bromas crueles. ¿Cómo no entendía cuánto lo necesitaba? Finalmente, también rompió su relación con Linda, solo porque no soportaba sentir esa sensación de dolor proveniente de Tom cuando estaba con ella. Linda, de cualquier modo, siguió apoyando mucho a la banda.

Nunca más Bill y Tom habían ido juntos a la cabaña abandonada, y allí fue donde el gemelo más joven se refugió: la música era su único refugio desde que la conexión con Tom parecía rota; el sueño de triunfar, de ser alguien importante, como tanto habían deseado desde pequeños. Por eso se llevó hasta la cabaña el cuaderno donde escribía los textos que luego podían o no convertirse en canciones. Miró su juramento escrito en la pared y las lágrimas empezaron a salir de sus ojos, manchando su cara de negro por el maquillaje. Hubiera querido tener algo con que borrar esas palabras que ahora le dolía tanto mirar; pero no podía. Por suerte, escribir es un modo seguro de hacer catarsis, y ahí, en lo que escribes, podrías hasta morir o matar a la persona que te ha herido sin que eso nunca se vuelva realidad, así que, se tiró al piso y empezó a escribir en su cuaderno, enjugándose las lágrimas.

Continúa…

Gracias por la visita. Si te gustó, no olvides dejar un comentario.

por ladyaradia

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!